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Rodrigo Cuevas: el agitador folclórico

Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Literatura y Cultura del Instituto Caro y Cuervo. Candidata doctorado en Español y Portugués en la Universidad de Massachusetts. Descansa montando en bicicleta, tomando fotos y haciendo yoga.

Este artista español que se identifica como “agitador folclórico” y que cuestiona lo cotidiano a partir del humor y la tradición, habló desde Asturias con Sentiido sobre su propuesta, su vida, el movimiento LGBT y lo queer.

Rodrigo Cuevas
Foto: Cortesía Fernando Luis.

Vivo en el campo, tengo un show de cabaret en el que canto música electrónica a partir de canciones tradicionales de Asturias. No podría ser de otra manera. Es parte de la autenticidad”, Rodrigo Cuevas.

La lluvia en Asturias tiene un nombre particular: Orbayu. Es una suerte de rocío que hay casi todo el tiempo y que se siente como si lloviese desde la tierra. No cae, está siempre ahí. Llego al Bulevar de la Sidra (en Gascona), entro a La Finca (sidrería) y espero a Rodrigo Cuevas.

Hace un par de semanas lo vi en el Teatro Campoamor, rodeado de luces, en su traje ceñido, con madreñas (zapatos parecidos a los zuecos), su montera picona (un sombrero tradicional asturiano) y un envidiable chal. Ya lo había visto un par de veces en los anuncios que promocionan la sidra de Asturias; con calzoncillos y unos ligueros que se pasan de sexis.

Ahora llega con saco de lana y chaqueta de jean. Sonríe como lo hace en escena, pero ahora puedo ver que tiene el par de ojos más expresivos que jamás haya visto. Pide que nos sirvan un par de sidras, se ríe.

Rodrigo no deja de reírse. Dice que le emociona que lo haya llamado, su chico anda por Perú y siente que se está abriendo a América Latina, esperemos que así sea, por él, por nosotros.

Conoce buena parte de Europa y algunas ciudades de Estados Unidos. Estudió Sonología, en algunos sitios dice que es etnomusicólogo, pero aclara que no. A pesar de las mil etiquetas que le ponen, se identifica como “agitador folclórico”, porque le gusta agitar en el sentido de cuestionar desde lo cotidiano, lo pequeño, lo sencillo. Él es así: cotidiano, sencillo, encantador, cuestionador.

Hablamos un poco de Sentiido y sale el tema de la homofobia en España y en América Latina.

Rodrigo Cuevas (RC): Hasta donde sé, en América Latina hay una suerte de “machirulismo”, relacionado con el machismo y la homofobia. Le llamo así porque el machismo no atacaría a un hombre, “machirulismo” esa cosa de algunos hombres de ser machistas e ignorantes, incapaces de entender al otro, lo diferente. Siento que las mujeres no son tan dadas a eso.

Para mí, en España desde que se aprobó el matrimonio igualitario la sociedad cambió. Aunque fue una cosa que vino desde arriba y coincidió con una apertura general a cosas nuevas. (Ver: Matrimonio Igualitario en Colombia, paso a paso).

Aunque todavía hay homofobia, no es un problema como hace quince años, que no había visibilidad, ahora las parejas homosexuales van de la mano por la calle y se pueden expresar sin lío.

“Tengo mucha curiosidad de ver cómo es recibida mi propuesta en América Latina. Acá nunca tuve problema”.

Mira mi vaso. “Todavía no te enseñaron a beber la sidra. Tienes que beberla rápido porque se daña”. Me la tomo, se ríe. Hablamos un poco del show en el Campoamor del 10 marzo, día en que se presentó el documental “Rodrigo Cuevas. Campo y tablas”, evento durante el cual cantó algunas canciones, contó historias y bailó un poco.

RC: Esa noche no canté el cuplé de Sara Montiel, una suerte de cabaret español, relacionado con el sexo y la ambigüedad. Bueno, lo canta una mujer desde un posicionamiento súper sumiso y subyugada al hombre, “si me pega me da igual, es natural”.

Claro, yo le doy la vuelta y lo hago desde un punto de vista irónico. Lo canto con el acordeón y voy posándome cada vez encima de un hombre (del público). Es muy divertido. Eso lo he hecho en ambientes muy rurales y nada “culturetas” y nada “open-minded”.

Rodrigo Cuevas
Foto: Cortesía Marcos Suárez.

Creo yo que aquí en España estamos en un punto muy bueno respecto a la homofobia, al menos en ese punto de la aceptación, pero como todo, falta. Por ejemplo, la homosexualidad entre mujeres es otro tema, no está tan visibilizado. (Ver: ¿Dónde están las lesbianas?).

Por lo menos en España, me parece a mí que hay un problema de machismo en el mundo homosexual, o que al menos los patrones de comportamiento machista también afectan a la comunidad LGBT. Eso es un problema menos visible, que también es importante mencionar. (Ver: ¡Somos gais y nos vemos como gais!).

¿Cómo ves a las personas LGBT en España?

RC: Muy separadas entre hombres y mujeres. Ahora, es verdad que las lesbianas pelean mucho por el feminismo y los hombres por los derechos LGBT. Aunque, la verdad es que las mujeres en el mundo LGBT son las grandes transformadoras, por lo menos acá.

Aunque no he estado mucho en el activismo es claro que siempre son mujeres las que organizan el orgullo LGBT en Vigo, en Coruña. Creo que al final el activismo en el que hay que poner el callo (o sudar la gota) y no de poner la carita, es de mujeres y luego son las que menos visibilidad tienen.

Tengo la sensación de que Asturias es una ciudad muy conservadora y pensé que iba a haber más rechazo.

RC: Asturias tiene una larga tradición de izquierda, muy combativa, de mineros. Hubo varios episodios de rebelión. Ahora, aunque es una zona de izquierda, es pequeña, hay cierta insularidad. Decir de izquierda no quiere decir progresista.

Entiendo que desde fuera pueda considerarse conservador, pero la verdad es que no, es una comunidad muy abierta y muy tolerante. El problema de Asturias es que tiene una emigración juvenil muy marcada. Acá no hay jóvenes y eso puede dar la sensación de que es conservadora.

Hablando de Asturias, ¿cómo terminas viviendo en una casita en el campo Infiestu?, ¿Puedes contarme sobre tu recorrido artístico? 

RC: Esa historia es larga. Vamos por lo musical que lleva a Infiestu. Siempre me gustaron las coplas. Estudié piano clásico y tuba. Luego me fui a viví en Barcelona tres años, súper cosmopolita.

“Ahí conocí el mundo underground que ya me tiraba mucho. Allá me metí en fanfarrias de música balcánica, lo que reafirmó mi gusto por lo tradicional”.

Cerca de mi escuela había una “casa ocupa” -una casa abandonada que lo empiezan a ocupar colectivos culturales para hacer actividades, talleres, etcétera- donde se hacían cabarets, fue así como me metí en La Macabra. Salía una vez al mes con una fanfarria y además era parte de la banda oficial del cabaret.

Ahí empecé a hacer de todo: organizar, cantar, todo. Fue entonces cuando conocí a una chica rosarina (argentina) con la que empezamos a hacer espectáculos de calle y ahí descubrí mi vena teatral, mezclada con la provocación, que siempre me gustó. Allí la propuesta estética era más hacia lo gipsy.

Rodrigo Cuevas
Foto: Cortesía Marcos Suárez.

Luego me fui a vivir a Galicia. Allí me llevaron a una fiesta de panderetas y esto me pareció la maravilla, como si tuviéramos el Golden Gate, el Big Ben, todo, ahí escondido en las montañas perdidas del norte de España.

Quizá eso está más vivo en América Latina, pero eso acá no se sabe que existe. Creemos que todo es moderno, pero no, está ahí, oculto, nadie lo ve. Si no hubiera ido a Galicia, a un entorno rural si no hubiera conocido toda esa riqueza cultural, no habría conocido mi propia vena para esto. Esto es nuevo para mí.

La parte cabaretera siempre la había tenido, pero esta parte musical/folclórica, no. Allí tuve una verbena psicodélica que se llamaba “La dolorosa compañía”. En esa propuesta empezaba de traje y luego me iba quitando ropa y terminaba vestido de mujer, siempre me gustó el transformismo. Y así poco a poco llegué a mi propuesta de hoy.

¿Cuál es tu propuesta? ¿Cómo dialoga con el humor, la tradición, la política, la estética queer?

RC: Es muy política pero muy cotidiana también, sin ser para nada panfletaria. Lo fundamental es el folclore y el humor. Canto, bailo, cuento historias. Algunas de las historias que cuento son creadas por mí, pero también hay algunas que son de tradición popular.

Intento recoger un legado que se perdió por la dominación cultural anglosajona. Y claro, como acá no tenemos los recursos que tiene Estados Unidos, pues nunca vamos a poder hacer frente a eso.

“Yo propongo reivindicar la tradición y agitar a partir del humor, la tradición y el folclor”.

En parte por eso lo queer. Porque si esto lo hiciera de traje, con una camiseta y un pantalón (aparte de que no sería yo) no habría tenido tanta visibilidad. Desde el principio he tenido la misma estética. (Ver: Queer para dummies).

Cuéntanos sobre el proceso de creación

RC: Muchas canciones son una versión. Tomo canciones populares y yo hago mi versión, pero también hay propuestas como la canción de reggaetón que canté en el Campoamor que son coplas tradicionales mezcladas y que las pongo ahí y las rapeo.

En realidad a mí me gusta coger elementos de la tradición para hacer música contemporánea. Yo hago un poco como hacen los raperos con los samples pero aparte de usar samples (que también lo hago), utilizo música tradicional. Eso en unas, luego en otras hago versiones de lo que me gusta.

¿Cómo escoges esas canciones?

RC: Suelen ser canciones con las que tengo un vínculo emocional; o porque las cantaba mi abuelo, porque marcaron una época de mi vida, porque me gustan mucho, porque me emocionan.

Y luego, pues escucho muchos cancioneros, que la verdad que tenemos muchos cancioneros buenos. Y luego, para mí es muy parecido todo el concepto de baile tradicional en España porque eso para mí tiene muchas similitudes con la música electrónica.

¿Puedes ampliar esta idea?

RC: Porque las fiestas tradicionales de acá son con pocos instrumentos; básicamente pandereta. Por ejemplo, en Galicia las mujeres tocan la pandereta de una forma muy electrónica. Cuando tocan muñeiras, una danza popular gallega, es el mismo ritmo rápido que no cambia durante horas y encima de ese ritmo van cantando coplas, y la gente baila.

Pueden estar tocándote una muñeira por diez minutos, y la gente baila y baila, y suda y suda, con un código tradicional compartido. Al final es tradicional porque es de una comunidad específica a diferencia de la música electrónica.

Rodrigo Cuevas
Foto: Cortesía Fernando Luis.

En el fondo, el concepto de llegar a estados alterados de conciencia a través del baile, la música y la sudación, es muy similar. Y creo que ese sentido liberador, es el sentido original de la música tradicional.

Así como ahora necesitamos desfogar, igual pasaba en las sociedades tradicionales. Sudar y echarlo todo afuera: una suerte de meditación activa. Como el mapalé. De hecho, para mí la música tradicional es toda lo mismo, esa separación por naciones es un invento moderno.

¿Cómo va tu propuesta con esa tradición, con esa cultura?

RC: No la conserva, ni la rescata, pero sí la reivindica. Yo no recupero, no soy folclorista. Tengo muy presente que todo lo que hago viene de la tradición. No creo que tengamos que ir al monte a cantar y bailar música tradicional, eso es irreal.

“La idea no es representar cómo eran las cosas sino apropiarnos de ellas”.

Yo la reivindico porque no creo que haya que hacer unas cosas y no otras, ni unas en un cierto momento y otras en otro. Creo que nada está reñido. Creo que tiene que haber folcloristas, pero también propuestas como la mía en que ese folclore esté vivo en los bares, en las fiestas electrónicas, en la vida cotidiana porque si no el folclore se queda en las bibliotecas y ahí pierde el sentido.

Ahora que lo dices me surge la pregunta por el acceso a ese folclore en relación al régimen franquista

RC: El régimen puso unos cánones estéticos muy claros y lo modificó muchísimo. Entonces los folcloristas de los que yo intento mamar son justamente aquellos que tratan de rescatar la tradición como era antes de la Guerra Civil.

“Eso estaba mucho más vivo y sin la censura y el trastoque que hizo la dictadura”.

Esa gente, esas fuentes, son personas que en el año 2000 cumplieron 80 o 90 años. Algunos de ellos lo transmitieron pero es claro que estamos al límite, por ello es más importante rescatarlo. Pero claro, ahí viene la pregunta de hasta qué punto es útil tener cuartos enteros de cintas.

Da lo mismo que se quede ahí que en ningún lado. Está muy bueno que esté ahí porque todos podemos ir a conocerlo pero lo importante es ir y hacer algo con ello.

Una vez reivindicada esta tradición, ¿cómo ha sido recibida la propuesta?

RC: Hay mucha aceptación de lo que hago. No te digo cómo fue de sorprendente cuando me llamaron para ser la imagen de la Sidra de Asturias. Eso fue en verano. Me llamó una agencia de publicidad, que iban a presentarme como imagen de la campaña, a mí me pareció de locos, pero dije bueno.

Rodrigo Cuevas
Foto: Cortesía Kike Llamas.

Ellos estaban conscientes de que era una apuesta súper arriesgada: un hombre medio vestido de hombre, medio de mujer, con elementos folclóricos. Muy irreverente. Y salió por altísima mayoría, y para mí fue cómo muy guay. De repente me veo en los autobuses, en las calles, eso fue una estocada.

¿Cómo lidias con la fama?

RC: No la sentí en Galicia, allí me conocían hacía ocho años. Echo mucho de menos el anonimato. Acá es diferente, y no sé si voy a volver a vivir ese anonimato. Bueno, y están los que no me quieren. Algunos que son claramente homófobos escondidos. No van a aceptarlo porque es políticamente incorrecto, pero es claro que lo son.

Muchas de las críticas son concretamente a temas relacionados con lo queer, ya sabes que vaya de bragas, (además no voy de bragas sino en calzoncillos). Pero es claro que son personas que no saben de arte, que no entienden la propuesta, así que no me importa mucho. Seguro son personas maravillosas, pero no va.

Yo oigo mucho la crítica pero cuando aporta, cuando es porque no entienden pues no. Claro que también ha habido críticas muy buenas, y algunas muy útiles. Yo les pongo atención cuando saben de lo que hablan y tienen contenido. Bueno, y no soy tan famoso.

Hicieron un documental sobre ti que se presentó en la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO). ¿Cómo es esto de tener 31 años y que hagan un documental sobre uno?

RC: Al principio se me hizo muy raro, le pedí a mi representante que los investigara porque debía ser gente rara. Pero supongo que lo que queda claro es que hacía falta una figura así. En Asturias. En España creo que también. Ahora estoy justamente en ese proceso de abrirme más espacio en España.

Rodrigo Cuevas
Foto: Cortesía Kike Llamas.

Este año gané el Premio Artista Revelación de Asturias, y eso ayuda. Ya veremos qué pasa en Europa y en América Latina (hace ojos). Pero lo que se presentó allí fue más una recopilación de lo que hice el año pasado. Ahora estoy con “El mundo por montera” que hasta ahora estuvo en proceso de creación y todavía está en ajustes, con la gira.

Y ¿cómo va eso? ¿Qué nuevos proyectos tienes?

RC: Mirando qué funciona y qué no. La verdad es que siempre fui una persona que estaba en cincuenta mil proyectos pero ahora estoy tratando de estar solo en este y estar tranquilo. Un proyecto que me gusta mucho pero tuve que interrumpir por la mudanza de Galicia a Infiestu.

Yo ahí tenía un grupo de música con el que hacíamos música tradicional y popular en la taberna del pueblo. Yo era el director y profe, les enseñaba a tocar instrumentos y todos los lunes nos juntábamos a tocar y cantar. Hicimos conciertos, hasta estuvimos en Portugal. Ese era un proyecto muy guay, en el que llevaba siete años y ahora lo interrumpí, pero eso me gusta mucho.

A mí me preocupa mucho la despoblación rural, y creo que se debe en buena parte a que se considera que las zonas rurales son aburridas y para mí es todo lo contrario, al final teníamos tantas actividades que teníamos estrés.

Había teatro, conciertos los viernes, un montón de cosas. Aunque era un proyecto personal, la idea de agitar el pueblo se volvió un proyecto comunitario. Eso me gustaría retomarlo.

En el documental era evidente que muchos de tus amigos son ancianos, aprendes mucho de ellos. ¿Cómo es esa amistad?

RC: Creo que en el mundo global hay mucho rechazo a los ancianos, los chavales del instituto no tienen más relación con los adultos que como figuras de autoridad pero no hay amistad. En la ciudad todo va por estratos: los jóvenes, los adultos de estas a estas edades, y los ancianos, pero no hay mezcla.

Rodrigo Cuevas
Foto: Cortesía Marcos Suárez.

De hecho, uno evita los bares de viejos o jóvenes. Hay una suerte de xenofobia hacia la gente de otra edad, y eso es muy malo para la cultura. Todos sabemos leer y tenemos Internet, pero la cultura tiene un componente de transmisión oral muy importante y si acabamos con esa transmisión pues le dejamos todo a los mass media.

Por eso creo que es importante tener amigos de todas las edades y eso en los pueblos es natural. Todos se conocen y se mantiene la transmisión oral, no me refiero al folclore, sino a cosas más sencillas que forman parte de la cultura y no salen en los mass media y que son muy importantes para la cultura. Esa es la realidad de la cultura viva.

En todo este proceso de pasar de hacer una propuesta sencilla y callejera a inaugurar SACO y la pantalla del Campoamor, ¿has sentido miedo? 

RC: No me gusta el miedo porque paraliza, no trae buenas cosas. Respeto el miedo porque trae precaución. Me da miedo perder la naturalidad, la espontaneidad porque a mí me encanta la improvisación, la habilidad de convertir el error en una virtud.

“Me da miedo perder la naturalidad o que se me llegue a agotar”.

*****

Yo quiero quedarme 10 años hablando con Rodrigo, ir a todos los conciertos y conocerlo más. Pero la realidad llama, él tiene que manejar hasta su casa en el campo asturiano, entre estas montañas llenas de niebla y verde.

Vuelvo a casa contenta con dos cosas claras: Rodrigo Cuevas tiene una de las miradas más expresivas que uno se pueda encontrar en el mundo, y ríe mucho. No escribí acá todas las veces que se rió porque terminarían muertos de agobio, pero sin duda, fue cada dos líneas. Así que ojalá hayan leído esta entrevista con risas de fondo.

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