Inicio A Fondo Salud por las personas transgénero

Salud por las personas transgénero

Género, diversidad sexual y cambio social.
Carecer de un sistema de salud que contemple los tratamientos que la población transgénero necesita, es uno de los principales factores de riesgo de este sector.
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Lina Montero en una manifestación trans en Bogotá. Octubre de 2011.

Cuando cumplió 17 años, Lorena Duarte empezó a automedicarse las hormonas femeninas que alguien le había dicho podrían ayudarle a que su cuerpo se ajustara más a lo que ella era (y es): una mujer, a pesar de haber nacido con genitales masculinos.

Sin embargo, al cabo de unos años, Lorena decidió que lo conveniente sería realizar su proceso de terapia hormonal de la mano de un profesional de la salud.

Así que separó una cita con un médico de la Empresa Promotora de Salud (EPS) a la cual estaba afiliada. Una vez acordado el día y la hora, Lorena ensayó la respuesta que le daría al doctor cuando le preguntara por el motivo de consulta. “Preparé muy bien mi discurso para explicarle, de manera clara, qué es ser una mujer transgénero”, afirma.

Cuando llegó el día, se tomó casi media hora aclarándole que su identidad de género era femenina a pesar de que su genitalidad y su cuerpo eran considerados masculinos. Al final, el doctor le dijo: “entiendo muy bien. Ahora cuénteme: ¿cuándo fue la última vez que le llegó el período menstrual?”.

Esa respuesta confirma el desconocimiento que existe sobre el transgenerismo en un buen número de profesionales de la salud. Con excepción de algunos especialistas en salud mental, urología y ginecología, la ignorancia en el tema es lo que predomina y, principalmente, en el primer filtro: los médicos generales.

Una lotería

El problema es de fondo. Una de las causas de este desconocimiento es que buena parte de los médicos del país no reciben mayor formación sobre este tema durante sus estudios de pregrado. En otras ocasiones, valoran al paciente según sus prejuicios y los de una sociedad conservadora: a la persona le va según la “apertura mental” y el grado de transfobia del doctor.

A veces las personas trans le causan tal grado de confusión al personal de salud, que no saben si tratarlas de “él” o “ella” o manifiestan su desconcierto a manera de rechazo. “Las discriminan, las tratan mal o piensan que son así porque quieren”, señala Álvaro Franco, director de la especialización en psiquiatría infantil y del adolescente de la Universidad del Bosque en Bogotá.

Y aún peor, algunos médicos parecen mezclar todavía la orientación sexual (gay, lesbiana y bisexual) con la identidad de género (masculina, femenina, etc.).

Para entender mejor el manejo que algunos profesionales le dan al transgenerismo, puede tomarse como referencia el aborto. “Al respecto, no predominan las posiciones científicas sino las ideológicas”, señala Bernardo Useche, psicólogo y doctor en salud pública y quien realiza investigaciones en sexualidad y salud sexual.

Por otra parte, los protocolos médicos parten de la base de que la orientación sexual es heterosexual y de que solamente existe el sexo/género “totalmente” masculino o femenino, nunca trans.

Pero la discriminación no es solamente de los profesionales de la salud. Empieza desde el vigilante, quien en ocasiones considera el hecho de ser trans un motivo suficiente para calificar a esa persona de “sospechosa”. Ahora, hay personas trans que acuden a consulta por una gripa o por un dolor pero desde que entran a la entidad las tratan distinto (y no precisamente mejor) que al resto de pacientes.

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