Sentiido ¿activistas de la moral y las buenas costumbres?

El abogado  Mauricio Albarracín responde a las críticas sobre la Marcha LGBT que envió un lector. Esta es la crítica que le hace a Sentiido y a la columna de Mario Palacio.
Por Mauricio Albarracín
Publicado originalmente en www.malbarracin.com/
Fotos por: Jeannette Del Carmen Durán

Como respuesta a la marcha de la ciudadanía LGBT de Bogotá, que se realizó el 1 de julio pasado, en el blog Sentiido se han publicado algunas opiniones tanto de los editores del blog como de uno de sus lectores que escribió una entrada llamada “Una marcha de 365 días” y luego una segunda parte en respuesta a las críticas.

Respeto mucho el trabajo de Sentiido y soy un lector asiduo. Pero por estos días he leído este blog con sorpresa y perplejidad. Me impresionó está opinión de los editores: “Que el consumo de alcohol y de drogas sigue siendo un factor que perjudica la marcha, es un hecho. Sería importante que las organizaciones y la Mesa LGBT 

tuvieran una postura más enfática en este aspecto, puesto que no eran sólo quienes iban detrás de las carrozas bailando, sino integrantes de grupos que en una mano llevaban una pancarta y en la otra una lata de cerveza”.
Luego, como si no tuvieran suficiente, el señor Mario Palacio se despacha contra la desnudez en la marcha y considera que muchas de las acciones que se realizan durante la marcha reproducen estereotipos. Su respuesta a las críticas es más bien la extensión de la primera sin dar un buen argumento.

Estas entradas en Sentiido son la representación de los y las activistas que defiende la moral y las buenas costumbres de la población y el activismo LGBT. Estos activistas no se diferencian del Procurador que también se opone a la desnudez, al consumo de drogas y de alcohol.

No se si estos activistas están enterados que este movimiento es sobre el sexo y la sexualidad, y también sobre la libertad. ¿O es que acaso no está en el centro de la discusión nuestras prácticas sexuales? ¿Parte de la cuestión no es sobre lo que hacemos con nuestros culos, vaginas, vergas, bocas, tetas, cuerpos, etc?

La desnudez es parte esencial de esta revolución. Tenemos que ser capaces de defender la desnudez, o nuestro activismo caerá en la política de reuniones que sólo fortalece la burocracia y no cambia nada. 
Defendamos el sexo en público como parte de nuestra agenda. Hagamos del cuerpo un arma para desequilibrar el orden sexual que nos ordena quién debemos acostarnos. Como diría un grande de la literatura y el activismo, Pedro Lemebel:
“…Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero…”

 

Estos activistas prefirieron gastar su tiempo y energía en criticar la desnudez travesti y de algunos chicos en calzoncillos, en lugar de tomar en serio la hipocresía social y sexual en la que vivimos. 

¿Por qué las travestis si pueden estar desnudas en la Caracas en las horas de la noche (bueno, también las persiguen por esto), y no pueden estar en la séptima en la marcha de la ciudadanía LGBT? 

¿Han considerado que la violencia que se ejerce contra el cuerpo de las travestis por parte de policías, clientes, proxenetas y demás hombres que las persiguen, en algunos casos hasta eliminarlas? 

Acusar a las travestis de fomentar los estereotipos sobre la población LGBT es una acusación temeraria y falsa. Los que discriminan son los que tienen los estereotipos. No tenemos que parecer buenas y buenos heterosexulaes para que seamos respetados.

Estas opiniones participan del dispositivo ideológico por borrar el cuerpo travesti, para mantener el status quo sobre lo que permite verse o no en el espacio público. Estos editorialistas son policías de moral y las buenas costumbres, más preocupados por el “que dirán” que por la vida y dignidad de las travestis.

Y digo dignidad porque crear un cuerpo a pesar del odio, la violencia, la religión, la ciencia y la política es una acto de dignidad infinita. Y es aún más digno mostrarlo al mundo para desestabilizar esta sociedad puritana y moralista. La Agrado nos lo contó: 


Un cuerpo desnudo en el espacio público es la promesa de que algo está cambiando.

“Creamos en el activismo creativo: alto, valiente, sexy, alocado, feroz, apetitoso y dramático… pensemos que las manifestaciones son un buen momento y un buen lugar para levantar” (Dyke Manifesto, Lesbian Avengers, New York, 1993).

Las lesbianas vengadoras son sabias. El señor Palacio no lo es. El autor de estas desatinadas entradas  termina su crítica con este llamado: “En vez de debatirse entre si llevar cerveza o vodka, gritar en contra del procurador o de la iglesia o dejarse en calzoncillos o en hilo dental un día al año, se podrían canalizar para reclamar y presionar, por la vía legal, la igualdad”.

Es una afirmación que me deja perplejo. Es propia de alguien que no tiene un mínimo conocimiento ni del derecho, ni de la sociedad. Si algo hemos hecho de sobra en el activismo colombiano es usar las vías legales. La igualdad, la libertad y los derechos hablan de gente que protesta, toma trago y se desnuda. ¿Con qué autoridad moral se siente este señor para decirle a la gente cómo debe reclamar sus derechos? Los derechos son de personas reales, no son abstracciones para seres perfectos, esos ángeles santurrones que el bloguero extraña en la marcha. 

Sobre las drogas y el alcohol, me indigna la poca crítica de estos blogueros sobre la política implícita a esta prohibición. Prohibir el consumo de drogas y alcohol en el espacio público corresponde a una política de seguridad muy conservadora, que quiere que los espacios públicos se mantengan ordenados y limpios (conocida como la política de ventanas rotas). Esta misma política es la que proscribe el sexo en el espacio público, persigue jóvenes y trata de eliminar toda “desviación” que afecte la seguridad, la moral y las buenas constumbres. 

La gente debería tener el derecho de consumir alcohol y drogas en el espacio público a menos que por sus acciones se dañe de forma clara, directa y causal a otras personas. La actual política de control del consumo de sustancias en el espacio público afecta la libertad personal y hace parte de ese fariseísmo nacional que usa la policía para perseguir muchachos pobres en los parques y calles, en lugar de capturar a los generales de la policía que son capos de la mafia. 

Por eso llevar la pancarta en una mano y la cerveza en la otra no es una contradicción. Ambos gestos son un ejercicio de la libertad. ¿Qué daño le hacen los marchantes a la sociedad tomando trago o consimiiendo drogas? En las marchas estudiantiles del año pasado el olor a marihuana y las chicas con la tetas al aire hacían parte de ese movimiento. El daño a terceros es la regla de oro de la libertad, como lo recuerda Mill, en uno de los más bellos libros de filosofía política: 
La única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un
miembro de la comunidad civilizada contra su voluntad es evitar que perjudique
a los demás. Su propio bien, físico o moral no es razón suficiente (…) La única
parte de la conducta de cada uno por la que él es responsable ante la sociedad
es la que se refiere a los demás. En la parte que le concierne meramente a él,
su independencia es, de derecho, absoluta. Sobre sí mismo, sobre su propio
cuerpo y espíritu, el individuo es soberano (
John Stuart Mill, sobre la
libertad
, Alianza Editorial, Madrid, 1986, pp. 65-66.)
Los guardianes de la moral y las buenas costumbres están entre nosotros y su agenda se opone a la libertad por el miedo al “qué dirán”. Las acertadas críticas de Sentiido contra la revista Aló y Alejandra Azcárate podrían aplicarse a su propio trabajo y pensar un poco sobre la responsabilidad de opinar.
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  • Ismael Florito

    Sin entrar en el contenido general y central de la polémica, es necesario aclarar que consumir alcohol en el espacio público es casi la norma en países como Colombia; los intentos de regular eso son muy recientes, de alcance puntual, y han recibido una fuerte oposición, aunque no tanto de ciudadanos como de gremios de comerciantes e industriales (de cerveza, principalmente). De ahí que sea muy dudoso el contenido político de ese gesto. La cita de Mill, como tantos otros autores que se podrían citar en el mismo sentido, habla precisamente de seres abstractos, no de las personas reales envueltas en las miles de situaciones conflictivas que se derivan cada día del consumo de alcohol y otras drogas en los espacios públicos. Situaciones que son conflictivas justamente por que no hay una comprensión compartida sobre lo que se podría denominar una relación “clara, directa y causal” sobre daños a terceros, ni tampoco sobre el “daño” mismo. Para abordar adecuadamente el asunto de la convivencia entre “personas reales” en una sociedad moderna, hay que superar concepciones simplistas sobre el ejercicio de la libertad. Simplismo que escatima sistemáticamente la autorregulación como noción ética y política. Las políticas de seguridad que incluyen algunas restricciones a la venta de alcohol, por ejemplo la iniciada por la anterior administración en Bogotá, no están dirigidas a mantener el espacio público limpio y ordenado. Están dirigidas a descongestionar las salas de urgencias de los hospitales y los centros de retención de la policía, de paso brindando algo de tranquilidad a vecindarios deteriorados. El abogado Albarracín puede llamar a eso “fariseísmo” o darle cualquier otro calificativo, pero no puede evadir con ello el análisis de los problemas reales de seguridad y convivencia, que son motivo de profunda preocupación para juristas que se toman el asunto en serio. (De otra parte, no existe algo llamado “política de ventanas rotas”; en la ámbito de las políticas de seguridad se conoce la hipótesis de la ventana rota, que es una propuesta de análisis derivada de algunas observaciones metódicas llevadas a cabo en Estados Unidos hace varias décadas).

  • Mario Palacio

    Me entusiasma saber que dos de mis recientes columnas (“Una marcha que dure 365 días” y “Una marcha que dure 365 días II”) suscitaron voces en contra y a favor. Me parece que el debate y la expresión de diferentes puntos de vista es una de las formas más enriquecedoras de construir una sociedad incluyente.

    Sin embargo me sorprendió que algunos activistas, quienes abogan por la diversidad, optaran por atacar a una persona que piensa distinto. Uno de ellos, por ejemplo, calificó a los editores de Sentiido de manejar una doble moral y de seguir una actitud similar a la del Procurador por permitir que alguien que difiere de sus puntos de vista sobre la marcha pudiera expresarlos. ¿El argumento cuál era? ¿Que no piensa igual a ellos?

    Es mucho más cercana al Procurador Ordoñez una censura a la opinión por el hecho de estar en desacuerdo. Y peor aún, una que pide que “se tape los ojos” a quien considera que los desnudos en la marcha contribuyen a reforzar estereotipos.

    Vivir a la defensiva, con los guantes puestos, dispuestos a dar el primer golpe a quienes tienen otra forma de ver la vida, son actitudes que poco abogan por la diversidad. Cada cual tiene la libertad de creer que la desnudez es o no parte de esta revolución, que la marcha refuerza o no estereotipos o que vale la pena o no que se consuman bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas ese día. Todas las voces son válidas.

    Respeto y valoro las diferentes opiniones. Las de los activistas y no activistas. Lo que no comparto es quedarme solo con mi verdad.

  • http://desdemioscurorincon.wordpress.com fito109

    La verdad es que la discusión lleva ya un buen tiempo y no es nueva .. para mi se reduce a que hay un grupo de liderazgos y activismos LGBT-I que pretenden que es que los sectores no hetero normativos asumamos los valores y principios de la sociedad heteronormativa, creen que el fin de la discriminación es podernos camuflar y parecernos cada vez más a ellos y ellas.

    Mauricio no recuerdas que hace uno o dos años hubo un grupo dentro de La Mesa que proponia que las travestis marcharan “decorosamente vestidas” ¿?

  • http://www.lasemblanzadeunamariposa.com Jorge Alberto Gardeazabal

    Cada quien opina desde su ángulo, por eso las razones son muy subjetivas. Cada cual es libre de expresarse como quiere. Por mi parte, aunque respeto las opiniones en contra, pienso que si el sentido de la marcha por el orgullo gay es ganar respeto, entendido como “dejar hacer a otros lo que quieran sin que a mí me importe o me afecte”, pues no tengo duda en que lo lograrán. Para la gente es más fácil tomar distancia de lo que no comparte, que dedicarse a imponer lo que en últimas no va a lograr. A eso es a lo que se le llama respeto.
    Por eso es que no asisto a las marchas del orgullo gay, porque sé que las personas que están en contra de los homosexuales, lo que más les incomoda es ver lo que en esas marchas se muestra: desnudos, alcohol, droga (salvo algunos que expresan sólidos argumentos que infortunadamente son acallados por el carnaval que los rodea, pues eso es lo que sacan en los noticieros).
    Uno no puede convencer a un puritano de que lo que hago es bueno mostrándole precisamente lo que más le disgusta. Eso es como refregárle en la cara que lo que piensa nos tiene sin cuidado, lo cual me lleva a concluir que para tal caso la marcha sobraría, pues puedo seguir con mi vida sin que me importe lo que piensen los demás.
    Si yo asistiera a una marcha por el orgullo gay y, por supuesto, lo que deseo es que mis derechos sean reconocidos como los de cualquier ciudadano heterosexual, intentaría mostrarle a aquellos puritanos en qué puntos es que se equivocan con respecto a nosotros los homosexuales. Jamás se me ocurriría agredir para ser aceptado. Mucho más allá del respeto, necesito ser comprendido. Pienso que en la medida en que logre disminuir la ignorancia con respecto a mi homosexualidad y logre poner a aquella gente de mi lado, habré conseguido lo que quiero. No hay necesidad de desnudarse. Los heterosexuales también se desnudan para tener sexo, eso no es nuevo para nadie.
    En fin, como se trata de respetar, allá cada quien si escoge el camino largo y difícil o el camino corto y efectivo. Como yo prefiero el camino corto, parece que tendré que esperar por largo, largo tiempo a que los del camino largo entiendan qué tan efectivo es su método.

  • http://desdemioscurorincon.wordpress.com Fito

    A eso es a lo que se le llama doble moral .. pretender que nos van a respetar solo porqué no ven más parecidos a ellos … camuflarnos dentro de la heteronormatividad no es respeto .. es miedo!

    • Miguel

      No se trata de camuflarse, decir eso equivale a creer que existen dos bandos, el de los “héterosexuales” y el de los “homosexuales” cuando en realidad lo que se pretende es precisamente lo contrario, mostrar que todos somos lo mismo, hacemos lo mismo y que lo único que nos diferencia es que existen gustos por personas del mismo sexo o por personas del otro sexo, o por ambas, o en el caso de los travestis que tomaron en sus manos tener el cuerpo con el que se sienten acordes y nada más.
      Porque si andar desnudo, borracho y drogado es lo que identifica a alguien parte de la comunidad LGTBI, entonces yo no puedo ser clasificado como tal, entonces creo que soy un heterosexual que tiene relaciones sexosentimentales únicamente con personas de su mismo sexo y la comunidad LGTBI no tienen nada que ver conmigo.

      • http://desdemioscurorincon.wordpress.com Fito

        Creo que el tema de comunidad ya lo teníamos clarito … no somos comunidad, no hay un núcleo común que nos identifique y la homosexualidad no es una unidimensionalidad, hay tantas formas de ser marica como las hay para no serlo … marchar junto a cuerpos rebeldes no me iguala a ellos .. Solo me enseña que es esa diversidad en la que creo y no en una diversidad domesticada.

        • http://www.lasemblanzadeunamariposa.com Jorge Alberto Gardeazabal

          Sí… Ya veo que la diferencia radica en que unos buscan una cosa y otros otra. Fito, lo que me diferencia de tus intereses y de los de muchos otros, es que yo quisiera que la homosexualidad fuera comprendida (desde todos sus ángulos por supuesto). A mí no me basta con que se nos respete, porque me parece que el solo respeto no disminuye la distancia.
          Desde cuando dices “camuflarnos dentro de la heteronormatividad no es respeto .. es miedo!” ya dejas ver muchas diferencias en el discurso de otros como yo. Por mi parte, no creo que me camufle cuando prefiero “hablarle” a quienes no me entienden, precisamente en un idioma que me puedan entender, para lo cual debo utilizar el idioma de ellos (la heteronormatividad que tu dices), no el mío… y eso, en vez de “doble moral”, me parece “sentido común”
          Y mucho menos creo que es miedo. Es sólo que el método de restregarle a la gente en la cara lo que más le disgusta, me parece que dificilmente nos va a llevar a que nos comprendan (la ofensa incrementa la distancia); pero claro, tú sólo deseas que te respeten, no que te comprendan.
          En fin, me parece que lo que ha faltado es claridad con respecto al propósito de la marcha de la ciudadanía lgbti: unos hemos creído que debe servir para sacar a la gente de la ignorancia, mientras otros, que es para que nos respeten así no nos entiendan. La diversidad del pensamiento es mucho mayor de lo que a veces creemos. Abrazo