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Ser gay no es ser incluyente: el mundo LGBT también discrimina

Género, diversidad sexual y cambio social.

“Cero plumas” y “nada de machorras” son dos de las frases que se ven en aplicaciones y redes de encuentro de personas LGBT. ¡Pacifista! y Sentiido indagan si existe “discriminación LGBT” o si se trata de la misma exclusión que existe en todas partes. Primera entrega.

Por: Sentiido y ¡Pacifista!

Ser gay no es ser incluyente: el mundo LGBT también discrimina | Sentiido
Sin importar cómo nos identifiquemos, todas las personas deberíamos actuar para eliminar la discriminación por orientación sexual, raza o identidad de género, entre otros motivos. Ilustración: Zafaraz | ¡Pacifista!

No. No es que el mundo sea un pañuelo, es que estamos acostumbrados a socializar con nuestros pares o con quienes sentimos iguales: personas de nuestra misma raza, entorno y estrato socioeconómico.

La gente normalmente frecuenta los lugares que se ajustan a sus expectativas sociales y se relaciona con quienes han pasado por sus mismos colegios, universidades y barrios. De ahí que todos se conozcan con todos.

Por supuesto, esta práctica también aplica en lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT). Tener una determinada orientación sexual o identidad de género no salva a una persona de excluir a otras (muchas veces de manera inconsciente) por motivos de raza o clase social, por ejemplo.

Finalmente las sociedades están atravesadas por premisas que las personas, sin importar si son heterosexuales u homosexuales, tienden a seguir. Una de ellas, rechazar —o al menos no relacionarse— con quienes no clasifican en su radar social.

En otras palabras, las personas LGBT replican la misma discriminación que aplica el resto de la población. (Ver también: Diversidad sexual y de género para dummies).

Ahora, tampoco se trata de desconocer que las relaciones entre personas LGBT están marcadas por ciertas particularidades. Por ejemplo, la frase “a ti no se te nota” no le dice nada a mucha gente, pero a las personas LGBT sí.

Viene a manera de piropo, como una manera de expresarle que su orientación sexual o su identidad de género pasa inadvertida. O, mejor, que son “tan de buenas” que la maricada no se les nota. (Ver también: “No soy marica, soy mariconcísimo”).

Muchas personas LGBT agradecen profundamente este “piropo”. Quedan felices de responder a los mandatos sociales. En parte, porque ellas, como el resto de la población, han crecido escuchando que lo correcto es que las mujeres tengan el pelo largo, se maquillen, sean flacas, delicadas y sensibles, mientras que los hombres lleven el pelo corto y sean fuertes y masculinos.

Y mientras algunas personas LGBT sueltan el control impuesto por la sociedad y se permiten mayor libertad para expresar el género a la hora de vestirse, hablar, peinarse o comportarse, otras tantas se sienten obligadas a ajustarse a lo establecido para evitar señalamientos y burlas, o para que les cobren menos duro el hecho de ser LGBT. (Ver también: A mí sí se me nota). 

En los días previos a la marcha del orgullo es común escuchar el reclamo de “que no se te note”, por parte de algunas personas LGBT.

La discriminación, exclusión o antipatía entre personas LGBT es una actitud que está en perfecta sincronía con lo que el resto de la sociedad les pide: “si va ser gay, al menos que sea masculino” y “si va ser lesbiana, al menos que sea femenina”.

“Es lógico que entre nosotros mismos suceda porque toda la vida nos han señalado de manera negativa”, recuerda Miguel Rueda, psicólogo clínico y director de Pink Consultores. (Ver también: Miguel Rueda y su apuesta por el amor).

De ahí, por ejemplo, que en las aplicaciones o redes de encuentro de hombres homosexuales se tienda a referirse a aquellos amanerados de manera despectiva con frases como “cero plumas” o “nada de locas”. Evidentemente, el machismo no es exclusivo de la heterosexualidad.

Según Franklin Gil Hernández, investigador de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, estas frases y otras como “busco gay serio” —tan propias de aplicaciones como Grindrresponden a lo que se ha considerado un valor social.

“Es frecuente escuchar a familiares y amigos de personas LGBT diciendo ‘es gay pero serio’. Eso se valora socialmente. De ahí que las personas LGBT también lo pidan”.

Las actitudes de discriminación entre personas LGBT se han llegado a conocer bajo el nombre de “endodiscriminación LGBT”. Pero, para Gil, el concepto no es muy claro y tampoco es útil pues hace que los problemas de discriminación parezcan un asunto que solo le corresponde resolver a gais, bisexuales, lesbianas y trans.

Además, dice el académico, hace que se refuercen “las creencias de que existe una ‘comunidad LGBT’ homogénea y de que son personas conflictivas y sin autoridad moral para reclamar igualdad porque se pelean entre sí”.

El hecho de que algunos bares que se anuncian como LGBT les nieguen el ingreso a ciertas personas, de que aplicaciones para buscar pareja perpetúen los estereotipos machistas y de que lo más favorable sea que “no se te note”, no son problemas específicos del “mundo gay”, sino de la sociedad en general.

La discriminación por orientación sexual, por raza o por identidad de género es un asunto que nos compete a todos y sobre el que, por tanto, todas las personas deberíamos actuar. Sin importar cómo nos identifiquemos.

Durante las próximas cinco semanas, Sentiido y ¡Pacifista! se ocuparán de las historias de personas que por su identidad de género u orientación sexual han sentido la discriminación incluso por parte de quienes encasillamos en una misma “comunidad” y que, tal vez por eso —por hacer de su exclusión un problema de una “comunidad”— hemos dejado por fuera de los asuntos que todos, como sociedad, deberíamos ocuparnos.

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