Tener una posición

Tener una posición

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Para algunas instituciones educativas “tener una posición” en diversidad sexual y de género es “promover” que los menores sean lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT). ¿Por qué no entenderlo como lo que es? Promover el respeto por el otro.

Tener una posición en diversidad sexual
Por más de que un rector o un papá quiera que sus estudiantes o hijos sean heterosexuales esto no lo deciden ni ellos ni nadie. Cada quien es quien es. Foto: Emi Yañez con Creative Commons.

Ana, amiga de Sentiido, tiene tres hijos en edad escolar y un trabajo que le implica visitar colegios con mucha frecuencia. Hace unos días, ella nos contaba que en buena parte de las instituciones educativas del país se imparte educación sexual pero, aclaraba, “desde una óptica informativa”.

Al preguntarle a qué se refería con esta frase, dijo que se trataba de explicarles a los menores, según la edad, temas como el aparato reproductor masculino, el femenino, los métodos anticonceptivos y el uso del preservativo, entre otros, pero “sin tener una posición al respecto”. (Ver: Colegios: les llegó la hora de reconocer la diversidad sexual).

– ¿Cómo así? La neutralidad no existe. Cada decisión, mensaje y acción implican una posición que obedece a una visión de mundo – comentamos.
– Muchos colegios prefieren que los docentes a cargo de estos temas expliquen cómo ponerse un condón, sin calificar si su uso es o no aconsejable y a que en temas de diversidad sexual, el profesor o el tallerista no esté convencido de que todas las orientaciones sexuales e identidades de género son igualmente válidas – respondió.

En este contexto, “tener una posición” no es visto como fomentar el respeto por el otro, sino como “promover” que los menores sean LGBT. Y “no tener una posición” es asociado con no mencionar que existe la homosexualidad, la bisexualidad y el transgenerismo o, en caso de hacerlo, referirse a estos temas de manera despectiva.

 hay quienes creen que todo lo que se sale de la heterosexualidad son enfermedades que pueden contagiarse o “tendencias” que pueden fomentarse.

“Tener una posición” no es percibido como respetar el libre desarrollo de la personalidad o ajustarse al artículo 13 de la Constitución Política de Colombia que señala que todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, sino como “incentivar” que los niños sean LGBT.

“Tener una posición” no es visto como reconocer que desde 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró la homosexualidad de la lista de “enfermedades curables”, sino como pretender imponer un supuesto “estilo de vida”. (Ver: ¡Victoria! El estilo de vida homosexual sale del clóset).

La honestidad, la responsabilidad o el gusto por la lectura o los deportes son características que pueden promoverse, pero no la orientación sexual ni la identidad de género. (Ver: Ser LGBT no se aprende ni se impone, se vive).

De ser así, no existirían personas LGBT porque la heterosexualidad es lo que desde siempre se ha “promovido” en las casas, en los medios de comunicación, en los discursos religiosos, en la publicidad y en las instituciones educativas. Pero eso sí no es adoctrinamiento. (Ver: La obligación de ser heterosexual).

Poder ser quien uno es

Por más de que un rector o un papá quiera que sus estudiantes o hijos sean heterosexuales, esto no lo deciden ni ellos ni nadie. Cada quien es quien es. Y sí, hay que repetirlo: todas las orientaciones sexuales e identidades de género merecen el mismo reconocimiento, ninguna es ni moral ni legalmente superior a otra, así algunas sean mayoría.

Algunos dicen: “son pro-LGBT”, cuando de lo que se trata es de buscar la igualdad de derechos para todas las personas.

Más bien, “no tener una posición” es lo que conduce a cifras como las de bullying o matoneo escolar hacia estudiantes LGBT. (Ver: Resultados de la Encuesta Nacional de Clima Escolar LGBT).

“No tener una posición” parece significar lo que sucedió el miércoles en un colegio al norte de Bogotá. Un joven lector de Sentiido relató que ese día, antes de ponerles la ceniza en la frente, reunieron a todos los estudiantes para mostrarles un video donde se presentaba la homosexualidad, al lado de imágenes de guerra, como sinónimo de destrucción.

A pesar de que el video buscaba sembrar miedo en los estudiantes, en el caso de nuestro lector, logró el efecto contrario. Sintió indignación y nos compartió lo sucedido, porque le parecía que el colegio se estaba equivocando.

Abordar con los menores de edad las diferencias entre sexo y género y cuáles son las orientaciones sexuales e identidades de género, les va a enseñar a respetar las diferencias y a no crecer con estereotipos de masculinidad y feminidad. (Ver: Diversidad sexual y de género para dummies).

Así como de manera explícita se promueve el respeto por los diferentes credos religiosos, las mujeres, las personas afro, indígenas y en situación de discapacidad, también deben incluirse a las homosexuales, bisexuales, lesbianas y trans.

Es cierto. Puede que muchos actores de la comunidad educativa (docentes, directivas, empleados, etc.) hayan crecido con un único esquema de ser hombre y de ser mujer y sin contemplar la diversidad sexual y de género.

Lo bueno es que los tiempos cambian y así como hoy ya no se discute si la esclavitud es o no legal o si las mujeres pueden o no votar, tampoco puede debatirse si las personas LGBT pueden o no ser discriminadas.

El argumento de que la educación sexual debe estar a cargo de los papás y no del Estado no puede entenderse como una excusa para discriminar. Si bien el artículo 68 de la Constitución estipula que los papás tienen derecho a escoger el colegio que quieren para sus hijos, no pueden impedir que allí reciban una educación sexual integral donde se enseñe el respeto por la diversidad. Es un tema de ciudadanía.

Asimismo, los colegios no pueden apelar a la autonomía institucional para discriminar por más de que la institución tenga una filiación religiosa. Cuentan con soberanía pero dentro de un marco legal. No son repúblicas independientes y no pueden afirmar que su autonomía les permite violar los derechos de los menores.

La Ley General de Educación (115 de 1994) señala que todos los establecimientos que ofrezcan educación formal deben impartir educación sexual en preescolar, básica y media. Y una educación sexual integral implica abordar, con respeto y claridad, según la edad, las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género.

Por encima de la autonomía institucional y de las creencias religiosas de los papás, está la dignidad y la autonomía de niños y adolescentes. Ellos no les pertenecen a nadie, ni a sus papás ni a las directivas de las instituciones educativas. La misión de los adultos que los rodean es formar individuos que sepan ejercer su libertad de manera responsable. (Ver: Los niños no son propiedad de sus padres).

Y le corresponde al Estado, en cabeza del Ministerio de Educación, garantizar una formación en el respeto por los derechos humanos, la paz, la democracia, el libre desarrollo de la personalidad y la pluralidad en el marco de un Estado laico.

¿Qué es, entonces, “tener una posición” frente a la educación sexual en los colegios? No es estar en contra o a favor de la diversidad sexual y de género, sino de la igualdad, la dignidad y el respeto por la diferencia.

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