Totoya, una “guerrera” de la santería

Totoya, una “guerrera” de la santería

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Jessica Victoria Useche encontró en la santería a unos guerreros que le ayudan a superar las limitaciones materiales y espirituales. Quinta entrega del especial de Sentiido sobre diversidad sexual y espiritualidad.  

mujeres transgenero que practican santería
Jessica Victoria Useche, más conocida como Totoya, se define como “espiritista cruzada cubana y aleya”.

Primero decidió que en su proyecto de vida se desarrollaría como una mujer, a pesar de haber sido clasificada como hombre al momento de su nacimiento.

Hace cuatro años también tomó otra decisión importante: haría un nuevo tránsito. Esta vez en su ámbito espiritual, del catolicismo pasaría al credo Yoruba.

Se llama Jessica Victoria Useche, pero es más conocida como Totoya.

Tiene 31 años y se define como “espiritista cruzada cubana y aleya”, uno de los rangos que existen en la santería cubana, credo de origen afrodescendiente, originalmente conocido como Yoruba.

Ella trabaja con el espíritu, el alma o aquello que le da vida a un cuerpo.

“El propósito es que el espíritu pase por unas pruebas y adquiera determinados saberes para que pueda ascender unos peldaños y acercarse a la perfección o al camino para formar parte de la energía suprema creadora”.

Aunque su familia se define como católica, sigue tradiciones que, según Totoya, sin ser calificadas de santería, resultan afines a este credo. “Me refiero a tener colgada una mata de sábila o una herradura detrás de la puerta o a llevar el primer zapato del niño colgado en el espejo retrovisor del carro”.

Siguiendo la tradición familiar, Totoya buscó la paz espiritual en el catolicismo. Y aunque reconoce que fue una experiencia positiva, sintió que esta es una religión poco amable con los hombres homosexuales, como en un principio se identificó y, con las mujeres transgeneristas, como después se definió.

Sin embargo, nunca se sintió cohibida para ir a misa, confesarse o comulgar, pero ahora que tiene la posibilidad de poner ambos credos en una balanza -el catolicismo y su fe actual- se siente más plena con la santería.

No obstante, aún mantiene algunos vínculos con el catolicismo. “En los aniversarios de fallecimiento de mis familiares asisto a misas católicas”. La diferencia es que ahora participa con otra visión. “Por ejemplo, percibo más la Biblia como una lectura de Ifá, el oráculo sagrado en santería”.

Uno de los preceptos de vida de Totoya es entender que Dios es tan diverso que permite que cada quien lo conciba a su manera. “Hace un tiempo, por ejemplo, estuve en la ordenación de unos presbíteros de la Iglesia Anglicana. Me parece bonito estar en los momentos de elevación espiritual de los amigos”.

En su credo, por el contrario, no convocan personas de otras religiones para este tipo de celebraciones. “No lo hacemos porque en Cuba, la gente entiende y respeta a los santeros, pero en Colombia el asunto es distinto”.

¿Eso no es brujería?

En este país, asegura, aún los miran con desconfianza y son señalados de ser brujos. Según Totoya, algunas personas relacionan santería con brujería por los sacrificios animales que llevan a cabo. “Quienes formamos parte del credo Yoruba, tenemos claro que a través de la sangre se da vida”.

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Según Totoya, algunas personas relacionan santería con brujería por los sacrificios animales que se llevan a cabo.

Hace muchos siglos, explica, se realizaban sacrificios humanos, pero cuando esta práctica implicó a la hija de un orisha (figura sagrada o divinidad), pidió sacrificar a una cabra. Desde entonces el sacrificio humano se cambió por el animal.

“Aunque hay ofrendas con frutas, dinero y elementos de la naturaleza, una de las más determinantes para el orisha es la sangre animal. Y eso no es negociable, siempre será así”.

Otro aspecto por el que la santería también se califica de brujería, agrega Totoya, es porque en Cuba, los esclavos afrodescendientes tomaban elementos para representar a los orishas y los guardaban en vasijas o soperas. Así, por ejemplo, si se trataba del orisha del mar, guardaban una estrella de mar en una sopera.

Esa tradición se preservó y mucha gente la interpreta como un acto de brujería. “En realidad, lo que les pedimos a los orishas es salud. Con esto nos garantizamos todo lo demás”.

Según Totoya, mediante la santería también es posible hacer daño, pero ese no es el precepto religioso. “En algunas ramas, se jura hacer siempre el bien mientras otra persona no nos haga el mal. En este caso, se está en potestad de responder para preservar el bien propio y el de los suyos”.

Reconoce, sin embargo, que hay quienes se dedican a hacer el mal y a mandar mala energía. Frente a eso, el santero debe actuar. “Pero hay quienes entienden esa obligación como brujería”.

Este credo es común entre algunas mujeres transgeneristas. Una líder trans cubana radicada en Bogotá lo difundió entre ellas. Y fue justamente ella quien hace cuatro años invitó a Totoya a una misa espiritual. Decidió asistir por curiosidad, por saber de qué hablaban en esos espacios donde le decían que había un contacto directo con los muertos.

En algunas ramas de la santería no se reconoce la identidad de género de las mujeres transgeneristas. “Aunque yo admiro a esta líder como mujer trans, dentro del ámbito religioso ella es un hombre con unos poderes muy grandes”.

Restricciones de género

“Ella es respetada como una persona con una identidad de género diversa, pero en actos religiosos es un hombre”. De igual manera, Totoya recibió el fundamento que les entregan a los hombres, lo que significa que es reconocida por su sexo biológico y por el nombre masculino con el que fue llamada en su bautizo católico.

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“A los santos hay que lavarlos, darles comida y consentirlos”, dice Totoya.

A las ceremonias religiosas ellas pueden asistir con vestidos blancos, pero en los rituales son nombradas por su identidad masculina. “Al principio esto fue agresivo para mí, fue una prueba muy dura”.

Según Totoya, en la primera misa a la que asistió, una entidad espiritual le dio unas indicaciones con respecto a una situación de la que nadie conocía en ese recinto. Ella las cumplió y el problema se solucionó.

Al ver el resultado se llenó de curiosidad, ilusión y fe y empezó un camino de investigación y aprendizaje sobre santería. “En este credo no existe una iglesia a la que uno pueda asistir. Nuestras casas son nuestros templos”.

El paso a seguir fue iniciarse como espiritista a través de una misa en la que conocería a los muertos que la acompañan. Después empezó a organizar sus altares en los que incluyó representaciones de santos católicos, para aprender de ellos. Hay unos que no pueden vivir cerca, de ahí que tengan altares separados.

“A los santos hay que lavarlos, darles comida y consentirlos”. A algunas figuras les pone dulces y juguetes, pero se los quita cuando les está pidiendo algo para evitar que se distraigan. A otros les deja aguardiente y, a unos más, auyamas para que reciban las malas energías.

También tiene vasos con agua que, según como se ubiquen, los espíritus entienden el mensaje. Así, por ejemplo, pueden estar en posición de defensa contra la envidia o de ataque contra una enfermedad.

Otro de los objetos clave de su casa-templo es la copa que tiene ubicada en una parte alta, mirando hacia la puerta. Si se cae cuando la abra o pase rápido por ahí, puede levantarla porque se trataría de un accidente. Pero si se cae estando ella en otro lugar (afuera o dentro de la casa), significa que algo grave podría sucederle.

Detrás de la puerta, Totoya puso unas figuras que representan a los guerreros que cuidan y protegen su casa. “Aunque uno deja de llamarla casa para decirle ilé porque va más allá de la construcción para referirse al templo”.

Su siguiente ritual de iniciación fue el “bautizo de Ocha” o la entrega de collares, el bien más preciado de un santero por ser la primera esencia de santo que recibe en su cuerpo.

El valor de los collares

Se utilizan a manera de protección para que la persona tenga a sus orishas presentes. Son elaborados con unos hilos muy fuertes porque de romperse o caerse al piso, indicarían que algo malo puede pasar.

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En la santería, explica Totoya, el 99 por ciento es la fe e intención que se tenga y el uno por ciento restante los rituales que se practiquen.

En la santería, explica, el 99 por ciento es la fe e intención que se tenga y el uno por ciento restante los rituales que se practiquen. “Al haber sido un credo prohibido para los esclavos afrodescendientes, hay una serie de prácticas que han pasado de boca en boca desde hace muchos siglos”.

Unos rituales son de entrada libre como las misas espirituales o las fiestas de los orishas. La idea es que asista mucha gente porque hay posibilidad de compartir más y de recibir a cambio bendiciones y depuraciones. “Son rituales de puertas abiertas, el asunto es que cada quien sepa por cuál entrar”.

En esos espacios solamente se permite la presencia de unos testigos que deben ser las personas más importantes en la vida, como los hijos, la pareja o los papás. La idea es que se conviertan en el recordatorio y apoyo de quien recibe los fundamentos para que pueda cumplir con lo prometido durante la ceremonia.

Hay otros rituales privados como los de limpieza, rompimiento y cambios. “En estos participan el padrino o la madrina, es decir las personas que tienen la responsabilidad de guiarnos y acompañarnos”. Antes de tomar cualquier decisión, se necesita su permiso. “Cuando uno discute con ellos, el camino se trunca”.

Para Totoya, la santería cubana no es solamente una creencia espiritual sino una filosofía de vida en la que es importante desde la manera como la persona se vista, hable o lave su ropa hasta cómo distribuye los objetos de su casa.

“Desde hace más de un año mi vestuario está regido por los colores de los orishas, aunque tengo la recomendación de vestirme de blanco con la mayor frecuencia posible. Tengo prohibida la ropa negra, el licor, la carne de cerdo y las discusiones o las peleas, especialmente si son ajenas”.

En la santería, como en cualquier otro credo, es necesario gastar dinero. En este caso, hay que hacerles un reconocimiento económico a  los padrinos y madrinas. Pero como suele suceder, se hacen a manera de “inversiones” para garantizarse un mejor futuro terrenal y en el más allá.

“Es loable pensar que uno pueda llegar a un credo por elevación espiritual, pero la mayoría de las personas lo hace para pedir salud, trabajo o amor”. Finalmente, concluye Totoya, si lo material está solucionado, el camino espiritual estará despejado.

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Este especial fue posible gracias al apoyo de la Fundación Friedrich Ebert:

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