Inicio Blogs Un universo con esperanza

Un universo con esperanza

Abogada, experta en Derechos Sexuales y Reproductivos. Activista feminista por la no violencia contra las mujeres y por la igualdad de derechos LGBT. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

La aparición de una perrita abandonada en el Parque Nacional me permitió ver cómo, a pesar de lo que vemos en las noticias, vivimos en un universo con esperanza.

perros abandonados bogota
La aparición de Estrella suscitó una cadena de solidaridad que me mostró que siempre hay personas dispuestas a ayudar para que el mundo sea un lugar mejor. Foto: Archivo particular.

Los lunes festivos de junio tienen la cualidad de transmitir un aire de vacaciones aún para quienes seguimos en labores sin ninguna clase de receso escolar o laboral. Hace una semana, aprovechando uno de esos lunes con sabor a verano y vacaciones, fuimos con mi esposa al Parque Nacional con un plan corto y simple: tomar salpicón y regresar.

Estando en el parque vimos a un grupo de niños entre 12 y 15 años, en patineta y bicicleta. Era evidente que habían tenido un día intenso y divertido. Con ellos iba una perrilla, “…mas sin pasar adelante es preciso que un instante gastemos en describilla”, como diría el poeta José Manuel Marroquín.

Flaco era el animalejo, no “el más flaco de los canes”, pero evidentemente era una perra con necesidad de mejores cuidados, una cachorra sucia y llena de pulgas que corría alegremente detrás del grupo. En un momento se alejó y empezó a correr en otra dirección: los muchachos la llamaron, pero ella se negaba a hacerles caso y seguía corriendo.

Así que mi esposa y yo decidimos ayudar a recuperarla y la llamamos también. Unos momentos después corría hacia nosotros, batiendo la cola. Cuando se acercó uno de los chicos, de unos 13 años, nos dijo: “esa perrita no es mía, la encontramos en la circunvalar, casi la coge un carro. Para salvarla, la recogimos, yo me la eché entre el morral y la bajé de allá. No puedo llevarla a mi casa, mi mamá no dejaría.”

De manera que ahí estábamos, con una perrita sucia y pulgosa, que nos miraba atenta y batía la cola.

Una de las cosas que me enamora de Claudia, mi esposa, es su corazón siempre dispuesto a ayudar. Así que más tardamos en cruzar miradas que en la perrita estar en sus brazos, mientras decidíamos el plan de acción.

La atención de emergencia era relativamente fácil: comida, veterinaria, baño general y antipulgas. El dilema mayor, la urgencia, era dónde dejarla porque nuestros dos gatos no iban a recibirnos con mucha alegría si les llevábamos una cachorra.

Así que empezamos con un periplo que nos llevó a la veterinaria, donde la dejamos unas horas; llamadas múltiples a amigas para buscarle una casa temporal y regreso a recogerla, ya convertida en una cachorra igual de hermosa, pero limpia y casi sin pulgas.

Conseguimos quien la recibiera en su casa, dos amigas generosas que la asumieron como propia, y que llevaron su hospitalidad hasta el punto de recibirla a media noche en la cama, porque como era de esperarse en una cachorra, tenía la necesidad de sentirse en manada. También le pusieron nombre, la llamaron Estrella.

Pasamos la semana cubriendo turnos unas de las otras para no dejarla sola en ningún momento. También tuvimos que afrontar los afanes causados por compromisos concertados que no podíamos cancelar. Por fortuna, una vez más, amigos generosos la cuidaron en su restaurante mientras pudimos regresar por ella.

Al tiempo iniciamos un plan de búsqueda de hogar en las redes sociales y con las amistades que hacen parte de las cada vez más frecuentes, y necesarias, redes de adopción de mascotas en Bogotá.

Se calcula que en Bogotá hay alrededor de 800.000 perros y gatos abandonados. Viven en las calles, en los garajes, en parqueaderos, en los humedales o en los parques. El número tiende a aumentar al comienzo de año porque aún mucha gente no ha logrado dejar la inadecuada costumbre de regalar mascotas por navidad.

Un perro o un gato no son un regalo de temporada, son un compromiso por los siguientes 10 a 15 años y eso implica que la decisión de regalar una mascota no debería tomarse a la ligera o sin consultar a quienes recibirán semejante regalo.

La búsqueda en redes sociales dio resultado y el viernes tuvimos la hermosa oportunidad de ver a Estrella en compañía de su nueva familia, especialmente de quien se haría responsable de ella: Sebastián, un niño de 7 años que se fundió en un abrazo con ella desde el momento en el que se vieron uno al otro.

Esta semana fue intensa pero, más que nada, fue una semana muy bella. Todos los afanes cotidianos cedieron paso a la urgencia de estar con Estrella, de buscarle hogar, de cubrir los turnos para cumplir en nuestros trabajos.

Hoy que la miro en retrospectiva, me doy cuenta de que muchas personas ayudaron, apoyaron el proceso, la cuidaron y se involucraron generosamente porque sentían que podían hacer algo.

A veces las noticias diarias nos hacen olvidar que las cosas no son tan oscuras como nos las pintan.

Que esa pedagogía del miedo, la desconfianza y el egoísmo que replican sin cesar los medios de comunicación no es más que un reflejo, que lo importante, lo que de verdad cuenta, es mucho más brillante y muchísimo más poderoso. Creo que Estrella vino a recordarnos eso.

Así que una vez más me ratifico, a pesar de todo lo malo que aparenta ser tan fuerte, siempre hay luz de estrellas en el mundo. Citando una frase del escritor Orson Scott Card, una de esas frases que se vuelven favoritas y personales, creo que no hay nada que hacer: yo “elijo vivir en un universo con esperanza”.