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Una diversidad más amplia para el postconflicto

Género, diversidad sexual y cambio social.

La diversidad es una palabra elástica y las personas LGBT tienen mucha experiencia usándola. El postconflicto en Colombia será una oportunidad para ayudar a que bajo este concepto quepan muchas más personas. Todas en realidad.

Una diversidad más amplia para el postconflicto
La experiencia nos ha enseñado que la empatía, o la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, es una gran aliada de la diversidad. El postconflicto será un buen momento para demostrarlo. Foto: Umbrellas, London, Andrés García. Con Creative Commons.

Quedan pocos días para la votación del plebiscito que aprobará o no los acuerdos de paz establecidos en La Habana entre la guerrilla de las FARC y el gobierno colombiano. Mucho se habla de lo que el gobierno podrá o no cumplir, del problema de las armas y de la justicia transicional.

Sin embargo, hace falta poner en el mismo nivel lo que la ciudadanía está dispuesta a hacer para acabar con la guerra que se manifiesta en pequeñas acciones de la cotidianidad.

Aunque la votación del próximo 2 de octubre está orientada específicamente a que la población colombiana avale o no los acuerdos entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, los colombianos estamos siendo testigos de un hecho sin precedentes en el país, que nos ha permitido retomar viejas preguntas: ¿es posible vivir en un país con cada vez menos violencia? ¿alcanzará Colombia algún día la paz? ¿qué puede hacer la ciudadanía para impactar positivamente el futuro del país?

Además de las 1.750 víctimas LGBT registradas en la Unidad de Víctimas hasta 2015, las recientes movilizaciones contra la diversidad sexual y de género en Colombia han demostrado que aún queda un largo camino por recorrer para construir una verdadera cultura de paz.

Más allá de lo que se determine en las urnas, la cotidianidad es también una poderosa herramienta para iniciar cambios y demostrar que no todo debe empezar de cero.

O, como lo ha promovido la campaña Paz es Diversidad impulsada por la ONG Colombia Diversa, ¿cuántas personas LGBT no saben desde hace mucho tiempo el significado del miedo o las estrategias para defenderse (o protegerse) de la discriminación y del rechazo social?

Estas mismas experiencias son un excelente punto de partida para reconocer que, a partir del desarme y la reinserción de quienes decidan desmovilizarse, en Colombia habrá un nuevo sector social con el que hemos estado acostumbrados a convivir solamente en el plano de la violencia, la guerra y los bandos.

Es decir, para la mayoría de los colombianos, habrá unos nuevos otros (a pesar de que desde los años 80 ya hemos conocido varios procesos de paz) y por tanto, ya hemos convivido con personas desmovilizadas).

Esos “otros” constituyen una diferencia. Igual que las personas LGBT para quienes se oponen a la diversidad.

Las personas LGBT tienen, entonces, una tarea: ayudar a que el concepto de diversidad sea cada vez más amplio, en el que quepan más personas de las que caben ahora.

La fuerza de la diversidad es una oportunidad para que, en la vida cotidiana, disminuya progresivamente el rechazo, el acoso, la violencia contra quienes no representan el statu quo; quienes no representan lo que algunas tradiciones y prácticas culturales han impuesto durante años.

Ahí hay una oportunidad para demostrar que la empatía es la bandera de la diversidad y la diferencia. Ponerse en los zapatos de los demás, entender sus angustias, sus necesidades y sus alegrías. Suena sencillo, pero la experiencia también ha demostrado que esta es en realidad una gran carencia de la sociedad colombiana.

El Dalai Lama ha llamado muchas veces la atención sobre este punto. No es suficiente sentir compasión por quienes amamos y nos aman. Ese es el nivel más básico.

El camino más importante para construir la paz es promover la compasión hacia quienes no nos aman; hacia quienes nos hacen daño. Esto permite ver el mundo de otra forma y crear oportunidades para reconocer que, según este líder, “la experiencia de la compasión hacia un solo individuo moldea nuestras acciones para con los demás.”

El reconocimiento de la diversidad es, en consecuencia, altamente compatible con la empatía (o la compasión, en términos del Dalai Lama). Reconocer que todos somos diferentes y que podemos convivir gracias a (y no a pesar de) esto, es un camino que tanto el movimiento de mujeres como el de personas LGBT han logrado trazar con años de esfuerzo.

Que sea este uno de los mejores aportes de la diversidad sexual y de género a los cambios que se avecinan, con o sin el acompañamiento del gobierno y de las instituciones.

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