¿Y si no tuviéramos que decir que somos homosexuales?

¿Y si no tuviéramos que decir que somos homosexuales?

Periodista de la Universidad del Rosario. Orgulloso de pertenecer a la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género. Aliado del feminismo de tiempo completo. Siempre lleva un libro y una revista en su maleta. Le encanta tomar fotos con el celular. Sueña con hacer una maestría en estudios de género y seguir en la lucha por un mundo diverso e igualitario. @agualaboca
Publicado en

Un lector de Sentiido recuerda su salida del clóset. Ese momento en que se sintió liviano, libre y feliz. Por primera vez, él mismo. Sin embargo se pregunta por qué las personas homosexuales y no las heterosexuales tienen que pasar por este proceso.

La mayoría de personas asumen que todo el mundo es heterosexual. No hay cabida para nada ni nadie más. Foto: QueenSunshine
La mayoría de personas asumen que todo el mundo es heterosexual. No hay cabida para nada ni nadie más. Foto: QueenSunshine en Creative Commons.

Tenía 17 años, acababa de salir del colegio y la idea de contarle a mi mamá que era gay comenzó a rondar mi cabeza como un “bichito” inquieto que saltaba de un lado a otro.

Desde que estaba en transición, como a los cinco años, sabía que lo era. Eso quiere decir que pasé 12 años escondiendo a la persona que realmente era. Porque no nos digamos mentiras, no creo que descubramos de un día para otro que lo somos: eso siempre se sabe.

Recuerdo que en 2004 había un programa de radio en la desaparecida Superestación 88.9, que se llamaba El clóset. Lo pasaban todos los jueves a las siete de la noche y una de las locutoras, Carolina Lezaca, decía: “Se abren las puertas del clóset”. Estaba dirigido, como ya se imaginarán, a las personas LGBTI.

Yo lo oía con audífonos y a escondidas. Fue muy especial porque me ayudó a tomar impulso para poder sacar esa parte de mi vida que tanto me atemorizaba dar a conocer. Para hacerlo, escogí un día entre semana, justo antes de entrar a estudiar Periodismo y Opinión Pública en la Universidad del Rosario.

Invité a mi mamá a almorzar pechuga de pollo y papas a la francesa (en ese entonces el presupuesto solo me alcanzaba para eso). Siempre he tenido (y tengo) una muy buena relación con ella. Sin embargo, el susto que tenía era grandísimo.

Sentía un vacío en el estómago, no podía hablar bien y las ganas de vomitar se apoderaban de mí. Ella, tan amorosa como siempre, creo que se dio cuenta de las palabras que estaban por salir de mi boca y me ayudó. Dijo algo como: “mi vida, lo que tengas que decirme, cuéntamelo. No te preocupes, que nada hará que deje de quererte”.

Así que me lancé al precipicio, porque no crean, eso es como saltar en paracaídas desde una avioneta. “Mami, soy gay”. En mi cabeza retumbaron las palabras que siempre había querido decir, pero que nunca había podido, no por pena, sino por miedo.

Libre y feliz

Las manos y las piernas me temblaban. Quería salir corriendo a esconderme y dejar la pechuga y las papas servidas. Ella me miró con una expresión de ternura y soltó la siguiente frase. Estas son las palabras exactas, nunca las olvidaré porque ha sido uno de los días más especiales de mi vida: “Hoy te amo más que nunca”.

Su abrazo y beso hicieron que mi miedo desapareciera. Me sentí liviano. Libre. Feliz. Me sentí yo por primera vez en mi vida. Ella me confesó que, en efecto, siempre supo que tenía un hijo gay. Es aquí cuando vale la pena decir que nuestros familiares y amigos más cercanos, al menos los que nos conocen bien, también lo saben.

Es uno de esos secretos que ellos a veces parecen no querer reconocer. No sé si será muy loca esta idea, pero ¡ayúdennos un poco! No es justo que todo el esfuerzo que hacemos recaiga en nosotros.

Porque déjenme decirles, salir del clóset no es como ir de picnic al bosque. ¿No sería más fácil que ustedes, las personas que más nos quieren, nos dieran una manito entendiendo que somos comunes y corrientes?

***

Sigamos con mi historia. En ese entonces la actitud que había tenido mi mamá significaba su aprobación. Algo así como “está bien que seas gay”.

La dicha, empero, me duro pocos días. No quería tener que ocultarle a nadie más que era gay. Ahora tenía que contarle a mi papá, a mis hermanos y a los amigos que conocería una vez entrara a la universidad.

Fue ahí cuando pensé: “qué injusto, ¿por qué tengo que pasar por esto una y otra vez?”. Hoy en día sigue ocurriendo cada vez que cambias de trabajo o te presentan a alguien.

Es curioso, pero la mayoría de personas asumen que todo el mundo es heterosexual. No hay cabida para nada ni nadie más. A veces tenemos que llegar al ridículo de presentar a nuestras parejas como amigos, cuando todos sabemos que no lo son. ¿Acaso una relación heterosexual vale más que una homosexual?

No conozco a la primera persona heterosexual que haya tenido que explicar o contar que es heterosexual. En cambio, no conozco al primer homosexual que no haya tenido que explicar o contar que lo es.

Lo voy a decir claro: parece que a las personas LGBTI nos tocara confesar lo que somos. De lo contrario, estamos condenados a vivir con un disfraz y una máscara que nos permitan seguir las reglas que esta sociedad nos impone. Reglas que nos dicen qué está bien y qué no. Está bien ser heterosexual, pero está mal ser homosexual.

Vivir mi vida

Este escrito no se trata sobre si está bien o no salir del clóset. Personalmente, pienso que haberlo hecho con mi familia y mis amigas y amigos, me dio la oportunidad de vivir mi vida y no la que los demás quieren o pretenden que uno viva.

Creo que es importante que cada vez seamos más visibles para que las personas entiendan que esto no es nada del otro mundo, mucho menos una enfermedad, como hace poco una universidad nos quiso hacer pensar.

Salir del clóset abre el camino hacia los derechos de muchas y muchos que vienen detrás de nosotros. Pero también sé que en muchas ocasiones el clóset funciona como una herramienta protectora: para que los papás no les dejen de hablar a sus hijos, para que no los boten a la calle, para que no les corten la ayuda económica que les permite estudiar y, aunque suene doloroso, para que no los maten.

La pregunta que quiero que pensemos entre todos es: ¿Qué tal que no tuviéramos que salir del clóset? Y hay más: ¿Qué tal que el mundo entendiera que no se trata de aceptar que somos homosexuales, sino de vivir la vida como somos?

No quiero sonar a víctima, pero muchas veces las personas LGBTI parecemos intrusos en un mundo heterosexual. Y es que a veces pensamos: “qué bien, me aceptaron tal como soy”. No, ese también es un error en el que caemos todos, independientemente de nuestra orientación sexual.

No se trata de que nos acepten, ese cuentico tenemos que dejar de creérnoslo. ¿Acaso nosotros aceptamos a una persona heterosexual? No. La respetamos y la dejamos hacer con su vida lo que quiera. En últimas, le permitimos ser feliz.

Incluso, a veces cuando logramos por fin contar esa verdad que nos carcome, vienen preguntas, comentarios y actitudes que nos hacen pensar que algo hemos hecho mal.

“¿Estás seguro de que no es una etapa por la que estás pasando?”, “¿Qué hicimos mal como papás?” o “Es nuestra culpa que seas así”. Lo peor es cuando seres cercanos que queremos lo niegan: hacen como si nada hubiese pasado. Esa es tal vez la más dolorosa, porque te están negando como persona.

He tratado de salir de clóset de maneras sutiles. Es decir, hago un comentario para que las otras personas sepan que soy gay y que serlo no me hace ni más ni menos.

Me ha ido bien con mis hermanos y algunas compañeras y compañeros de trabajo, pero otras veces no tanto. Hace poco estaba en medio de una charla con cinco personas y una mujer preguntó: “¿por qué será que a los hombres les gustan las mujeres mayores?”.

Yo metí la cucharada y respondí: “a mí me gustan los hombres mayores porque me parecen más serios y ya están criados”. Su actitud cambió hacia mí de manera automática. Su mirada fue suficiente para darme cuenta de que no le agradó mucho mi comentario.

Por favor, la homosexualidad no es algo que se ejerce. No es algo que se escoge o que podemos dejar de ser o de ejercer como un trabajo o un oficio. Mi sueño es vivir en un mundo en el que la gente sepa que eres homosexual pero no tengas la necesidad de contarlo como si fuera algo diferente o anormal.

* Periodista y miembro de la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género.

Enlaces relacionados:

“¿Por qué no me había dicho que Diana era su pareja?”

Salir del clóset: justo y necesario. 

Salir del clóset por televisión. 

Salir del clóset a los 61 años. 

Así será mi salida del clóset. 

“La vida me preparó para tener un hijo gay”. 

Cuando tu hijo dice que es gay. 

Un amigo sabe ahora que soy gay.

Comentarios

Comentarios

Powered by Facebook Comments