Nuestro sitio usa cookies de terceros para permitirnos elaborar estadísticas sobre las visitas y gestionar el envío de nuestras newsletter. Más información aquí.
ACEPTAR
Love Simon

13 años fuera del clóset

Hace 13 años que salí del clóset, un acto que a muchas personas les resulta útil para “exhalar” con mayor tranquilidad. Una década después sigo saliendo.

Hace unos días vi la película Love, Simon (2018), la adaptación del libro Simon vs. the Homo Sapiens Agenda de la escritora norteamericana Becky Albertalli (1982). La película tiene certificación Fresh en Rotten Tomatoes (uno de los sitios que está definiendo si vale la pena o no ver una película) y 94% de aprobación por usuarios de Google. Luego de mucho pensar, creo que hago parte del 6% restante.

Hace 13 años salí del clóset. Mis papás no se parecían ni física ni emocionalmente a los de la película, con sus expresiones compasivas y palabras entusiastas para animar a su “nuevo” hijo gay, Simon. Mi salida del clóset, por allá a finales de los 2000, fue muchísimo menos popular. (Ver: “Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT”).

“A mis 15 años, flacucho, desgarbado y amanerado, ignoraba que mi identidad pudiera asociarse con ‘ser gay’, mientras que el resto de mi mundo parecía tenerlo claro”.

“Después de salir clóset, el bullying empezó a importarme cada vez menos. Pensaba: ‘Sí, soy una mariposa, ¿y?’”.

Empecé a abrir la puerta del clóset durante mi pubertad, cuando iba a cafés Internet para hacer tareas al tiempo que consumía contenido “raro”, buscando entender algo sin un propósito concreto. Esperaba ver y reaccionar. “¿Esto se parece a mí? No. ¿O sí?”. Al principio no sabía qué escribir en el buscador, pero más pronto que tarde me fui adentrando en las esquinas de sitios web que eran oscuros para mi edad: salas de chat en línea, arte vintage, blogs, pornografía. (Ver: Aceptarse).

Por culpa de un desacierto involuntario, me descubrieron accediendo a esas “páginas prohibidas”, leyendo sobre “gente dañada y corrompida”. El castigo fue tener sesiones de psiquiatría para “ahuyentar mi homosexualidad”, un “mal” que finalmente tenía nombre. Felizmente las sesiones no duraron tanto como para convertirse en una de las llamadas “terapias de conversión”, sino que me permitieron configurar mi frase de liberación ese junio de 2008, cerca del Día del padre: “Mamá, decidí dejar de ir al psiquiatra”. (Ver: Eso no es terapia).

En la película, Simon tiene una expresión de género que podría considerarse masculina, por lo que su interacción en el colegio no parecía ser una preocupación. Yo, en cambio, evitaba grupos de amigos hombres dentro y fuera de clases, y me escondía de los bullies para evitar confrontaciones con las que no quería lidiar. (Ver: Bullying escolar LGBT: más fuerte y dañino).

Después de 13 años se han construido mejores recuerdos, como cuando mis papás reconocieron no haber prestado tanta atención a ese aspecto de mi personalidad cuando era niño y su deseo de “hacer las cosas bien” con sus hijos más jóvenes, o simplemente aceptar mi sexualidad porque saben que no es ni fue una fase ni pueden cambiarlo. (Ver: Sí, todo mejora).

Puede que esto no signifique mucho para las personas heterosexuales, pero para aquellas cuyas existencias – ¡énfasis en el plural! – a veces no son ni siquiera reconocidas, la validación por parte de familiares cercanos tiene más peso del que nos gustaría admitir. (Ver: Aceptar a los hijos LGBT).

Love, Simon se queda corta, en comparación con la serie Pose, en ilustrar esa fuerza emocional. Lo hace con prácticamente tres escenas. La de Jennifer Garner, la mamá, en medio de una conversación corta pero sentida, es quizá la más aproximada, pero con una reacción más bien sosa de Nick Robinson, el protagonista, durante la que podría decirse es la parte más poderosa de la película: “Necesito que escuches esto. Aún eres tú, Simon. Ahora puedes exhalar. Ahora puedes ser más tú mismo de lo que has sido en mucho tiempo. Te mereces todo lo que quieras”. (Ver: “La vida y Dios me premiaron con un hijo gay”).

salir del clóset

Pero hasta entonces, Simon sólo ha puesto un dedo fuera del clóset. Todavía no ha descubierto que eso significa más que el hecho mismo de ser abierto, franco y transparente con su propia identidad. Tendrá amigos a los que esto no les importará, otros que no lo entenderán, pero seguirán con él, y otros que se sentirán fascinados y hasta lo interrogarán como si fuera un alienígena. Aprenderá a lidiar con la homofobia cada vez mejor y se atreverá a ver más, a hacer más, a experimentar más, a vivir más, por el sólo hecho de entender que pertenece a algo. (Ver: La Corte Constitucional de Colombia y los derechos de personas LGBT).

Ahora, el acto de “salir del clóset” no es posible para muchas personas. La idea de este escrito no es convencer a quienes no desean hacerlo sino presentar mi experiencia como mía, individual y enmarcada en mi realidad. Quizá por eso no puedo identificarme con Simon, y por esta o razones distintas tú tampoco puedas identificarte con mi historia.

“Salir del clóset no es una obligación sino más bien una herramienta para poder ‘exhalar’ con más tranquilidad”.

Más allá de mi decepción con Love, Simon, verla me recordó cómo “salir del clóset” es un acto, una obra, casi que un ritual de personas queer para reafirmar una identidad propia y conocida que, hasta entonces, era oculta. Para muchos centennials pareciera un acto innecesario: ¿por qué tengo que salir del clóset si los heterosexuales no tienen que hacerlo? (Ver: “¿Y si no tuviéramos que decir que somos homosexuales?”).

En la película hay escenas un poco divertidas, aunque nada innovadoras, sobre cómo sería ese ejercicio si las personas heterosexuales tuvieran que hacerlo. Lo cierto es que, para muchas, el hecho de no tener que salir del clóset es visto como un avance hacia la normalización de nuestras identidades, mientras que para otras, permanecerá como un acto de valentía y rebelión por muchos años más.

En mi caso, más de una década después, sigo saliendo del clóset. Descubro más y nuevas interpretaciones de lo que soy, de lo que nuestra identidad significa y de lo que puede llegar a ser, lo que se colorea “fuera  de las líneas”, como si cada vez que abriera la puerta de un armario se abriera hacia una habitación más espaciosa aún por explorar, una detrás de otra… Acabo de notar que mi salida de clóset sucedió durante el mes del orgullo LGBTQ. ¿Significará algo especial?

“Mi salida de clóset sucedió durante el mes del orgullo LGBTQ+. ¿Significará algo especial?”

Escrito por
Joshua Arteta González
Estudió Relaciones Internacionales y una maestría en Desarrollo Internacional. Le encanta reflexionar y discutir sobre temas LGBTI. Vive en Sri Lanka donde ser homosexual es un delito. Ama escribir y ejercitarse bailando. Se la han montado por su sexualidad, por costeño y por su apellido paterno.
Ver todos los artículos
Artículos relacionados

Deja un comentario

¿Qué piensas sobre este artículo?

Newsletter Sentiido