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3 películas que vuelven homosexuales a los niños

Género, diversidad sexual y cambio social.
Quienes aún creen en la inocencia del cine y no se percatan de que éste sí puede convertir a un niño en un temible homosexual, Sentiido les da algunas razones para cambiar de opinión. Humor con Sentiido.
Argumentos para oponerse al homosexualismo
Los Trolls de la película Frozen muestran una terrible ambiguedad: son seres vivos y piedras, se adornan con plantas y hacen magia.

Se ha estudiado mucho esto de cómo el cine vuelve homosexuales a las personas. No están equivocados  los opositores de la película Frozen, porque además de ser esta una producción ausente de todos los valores centrales de la sociedad (los papás se mueren y dejan a las niñas a cargo de un castillo, la hija mayor produce hielo en vez de bordados, la menor canta mientras se sube a los muebles ¡con las zapatillas puestas!…), es un claro ejemplo de cómo los niños que nacen puros, castos y rectos, se convierten en pequeños desviados.

Por eso nos hemos dado a la tarea de analizar algunas películas animadas, con el fin de apoyar y ejemplificar claramente por qué Disney, Pixar, Warner, Studio Ghibli y todos los demás deben dejar de producir material con contenido sensible para menores. Es más, yendo más allá de los análisis que lo pasan por alto, aún los adultos también pueden volverse homosexuales tras ver películas indecorosas como las que se mencionarán a continuación.

Por ser el ejemplo más reciente, se puede empezar diciendo que Disney está entrando en franca decadencia. Todo ese mundo lleno de patos, perros y ratones tenía que traerse algo entre manos. Esta vez decidieron no poner a hablar a los animales ni a los relojes, sino que se enfocaron en que los personajes encarnaran toda la inmoralidad y ambigüedad que ronda hoy nuestra sociedad. Como bien lo afirma un amigo opositor de este tipo de cine, Marshmallow, el monstruo de nieve que crea Elsa es uno de los peores: al final de la película, cuando están pasando los créditos, se pone la corona de la reina que nadie más quiso tomar. Pasa de ser un feroz defensor del castillo de hielo, a la reina coronada de la montaña.

Los trolls, todos adornados con piedritas y hojitas de colores, tienen el descaro de ¡volverse piedras! Objetos inanes, sin sexo, raza ni orientación sexual, viven escondidos de la sociedad y crían a un niño que habla con un reno. Y no sin antes mencionar que hacen magia, como esa que se promociona en los volantes callejeros de “atraigo al ser amado”.

Las hermanas de Arandelle, por su parte, son la peor parte de la película. Si observamos detenidamente, todo entre Elsa y Anna se pone en términos de “verdadero amor” como si se tratara de una relación incestuosa. Primero, Elsa deja de jugar con su hermana, porque le clava un rayo de nieve en la cabeza. Anna, entonces, experimenta el primer abandono y desamor de su vida. En los años posteriores, como novia despechada, Anna se la pasa cantando al otro lado de la puerta de la habitación de Elsa y se escurre hasta el suelo como si no tuviera nada más que hacer en un castillo de esas magnitudes siendo ella una de sus propietarias.

Después, cuando se sabe toda la verdad sobre los poderes de Elsa (quien se convierte en una sexi princesa rubia en un castillo de hielo, propio de la cultura mafiosa que ronda en estos días), Anna arriesga su vida para que su hermana vuelva al castillo a ser ama y señora de todos y de todo, incluida su hermana y el supuesto “verdadero amor” que le tiene.

¿Y qué pasa al final? Nada más y nada menos que la realización del “amor verdadero”, no entre un príncipe y una princesa dormida en el bosque, sino entre dos hermanas. Incesto homosexual puro.

La “sirenita” japonesa

Argumentos para oponerse al homosexualismo
La ambigüedad de Fujimoto, el padre de Ponyo, solo puede definirse como un “travestismo acuático”.

El caso de Ponyo es muy particular y uno de los más aterradores. Como bien es sabido, Ponyo está inspirada en la historia de La Sirenita de los hermanos Grimm. El reconocido director Hayao Miyazaki hizo una versión de este atemorizante relato, que cuenta la historia de un ser que es mitad pez, mitad humano.

Para entender esto hay que hacer una recomendación importante: borrar de la cabeza la idea de la sirenita de largos cabellos que se los peina con un tenedor y canta bellamente. La historia de Ponyo es de una niña creada con el estilo animé, que en su proceso de convertirse en pez, pasa por un estado semejante al de un pato tenebroso.

Ponyo es una de las películas más peligrosas por dos razones. Primero, porque se les enseña a los niños, con el ejemplo de una pequeña que pasa de niña a pato y de pato a pez miniatura, que ellos pueden elegir la especie, raza y género que quieran solo con meterse al agua. Segundo, que no tienen por qué sentir culpa de ello, pues tienen el ejemplo de un mal padre (¿o madre?) cuyo género no está definido (el padre-madre de Ponyo es un travesti acuático, que además de maquillarse es capaz de manipular a su antojo el mundo que existe bajo el agua).

Sentiido conoció el caso de unas hermanas adultas, cada una con dos hijos, que fueron a ver la película. Eran cuatro niños -tres mujeres y un hombre-. Una de ellas era el caso más preocupante. Cada vez que Ponyo mostraba alguna señal de transformación como cuando los pies se le convertían en patas o la cara tomaba forma “patil”, la pequeña se emocionaba sobremanera demostrando que comprendía el mensaje subliminal de que ella también quería renegar de su género para tomar el de otra especie.

Seguramente la madre, por las reacciones de la niña, también debió mostrar señales de ambigüedad que le afloraron cuando vieron al padre travestido de Ponyo. No en vano dicen por ahí que entre iguales se reconocen.

Si se observa detenidamente, en realidad son los padres los más afectados con estas películas. Pierden las nociones básicas entre el bien y el mal, entre el odio y el amor y entre el invierno y el verano y entre lo femenino y lo masculino. Se dejan llevar por las nuevas tendencias cinematográficas y olvidan que las películas tienen la capacidad de convertir a las personas en seres horribles e invertidos.

¿No sucedió esto con películas para adultos como Secreto en la Montaña? Se han oído casos de hombres que, después de haber visto el inmoral romance entre dos vaqueros que no tenían nada más que hacer en medio de un campo silvestre, terminaron volteándose para el lado de los homosexuales, al reconocer que la soledad y el ocio influyen en las tendencias sexuales de los seres humanos (esto también es conocido como “Estilo de vida homosexual“).

Chihiro, la niña-niño

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Chihiro llega a tal punto de negar su feminidad, que viaja en pantaloneta sola en tren con un ser desconocido mientras sus padres han sido convertidos en marranos.

Finalmente, queda el caso de la película El viaje de Chihiro, otra vez del director Hayao Miyazaki (esto debe ser todo culpa de los japoneses). Este filme cuenta la historia de Chihiro, una niña (que en Occidente pareciera con nombre de niño) caprichosa, desobediente y egoísta que, por su falta de conciencia de que tiene unos padres que la mandan, elimina de su vida todo rastro de feminidad. Anda en pantaloneta, hace pataletas de niño, llora como niño y salva a sus padres de la bruja Yubaba como si fuera un héroe niño.

Aparece también en esta película un personaje extraño llamado Kaonashi, que en español significa “sin cara”. Ya se podrán imaginar de qué se trata. Es un ser sin propósito alguno, que persigue a Chihiro y le da ofrendas como si fuera un pequeño dios o como si quisiera llevárselo consigo quién sabe con qué fines. Aún así, el ambiguo personaje de Chihiro mitad niño, mitad niña, mitad japonesa, no lo ahuyenta sino que le permite ser su compañero de viajes y travesuras.

Estos son solo algunos pocos ejemplos de películas que les envían mensajes turbios y oscuros a los menores. Seguramente podrán encontrarse otros casos de ambigüedad sexual y de género en Madagascar, Toy Story (recuerden que el malvado vecino hace engendros con partes de muñecos y Rex, el dinosaurio, es un llorón afeminado de tiempo completo) y El Rey León (¿qué tal Skar, todo solterito rodeado de hienas? O es un proxeneta o en la noche se vuelve Drag queen. O las dos.)

Si bien es cierto que hay que darles herramientas a los menores para que aprendan a defenderse de este tipo de influencias, también es importante llevarlos a buenas dosis de películas correctas, que muestren cómo debe ser la sociedad: hombres/mujeres, buenos/malos, ricos/pobres heterosexuales/invertidos y así sucesivamente. Algunas de las películas que no pueden morir en esta selección de buenas influencias, son: Blancanieves, la Cenicienta, … y muchísimas otras.

1 Comentario

  1. No creo que sea sólo un artículo de humor. Creo que es una reducción al absurdo con una buena dosis de ironía. Lo disfruté bastante 🙂

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