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9 miradas a las marchas LGBT de Colombia

Género, diversidad sexual y cambio social.

Andrea García Becerra*

Antropóloga, magister en estudios de género y docente de la Universidad Javeriana en Bogotá.

Andrea García acompañada de su papá. Foto: archivo particular.

¿Qué opina de las marchas LGBT que anualmente tienen lugar?

Hace muchos años me divertía en la marcha de Medellín que era una especie de rumba por las calles. Aunque esto fue cuestionado por algunos activistas, a mí el hecho de tomarse las calles, espacios heterosexuales y binarios (hombres y mujeres) con otras manifestaciones, me parecía interesante y divertido.

Me parece que la marcha en Bogotá, la ciudad donde vivo, está vendida a la Alcaldía. Le hace campaña al alcalde de turno. No es porque quiera u odie a Gustavo Petro, sino porque tengo la sensación de que la marcha es una acción de la Alcaldía para generar capitales políticos.

Siento que la marcha en esta ciudad es institucional, financiada en buena medida por la Alcaldía y donde aparecen por todos lados los logos de las entidades de esta institución que trabajan estos temas.

Me parece que participar en esa marcha es hacerle propaganda a una administración y estoy en desacuerdo con que miles de personas sean usadas para justificar o avalar una administración distrital.

Debería ser un asunto más crítico y que cuestione más, que tenga otras intenciones y apuestas.

Actualmente no participo porque no me siento vinculada, acogida ni representada en la categoría LGBT. Me siento incluso rechazada por este movimiento, por algunas lideresas trans. En ningún momento me he visto beneficiada por una política pública o acción LGBT, no me he sentido incluida en esos procesos ni beneficiada de ese movimiento. Es más, me siento alejada de lo LGBT y de los movimientos trans.

A veces me parece que es un evento que se reconoce solamente como gay, que sigue nombrándose, visibilizándose y representándose como gay y eso me parece excluyente.

Siento que allí las mujeres trans son casi unas payasas, unos cuerpos que se muestran de manera espectacular y esa es una visibilidad muy violenta. Se resaltan sus tetas o cuerpos en las carrozas para destacar la categoría gay. Son cuerpos utilizados y manipulados.

No pertenezco a un movimiento gay y tengo problemas con esa noción del “orgullo”. No puedo decir que me sienta orgullosa por ser una mujer trans. Siento orgullo quizás de ser antropóloga, tener una maestría y poder dictar clases.

Tampoco salgo a las marchas porque no me parecen divertidas y porque no me gusta exponerme a las miradas de los otros.

¿Qué le cambiaría, agregaría o quitaría a estos eventos?

No sabría qué decir porque siento que son marchas que no me tocan. Tienen cosas interesantes como el hecho de que ciertos cuerpos salgan a la calle y que quienes miran desde los andenes o las ventanas se confundan al no tener claro si quien pasa es un hombre o una mujer, o que les llame la atención dos hombres dándose un beso o dos mujeres cogidas de la mano. Ese efecto desestabilizador me parece muy potente políticamente.

¿Qué opina de los desnudos y del consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas durante estas marchas?

Me parece que una de las marchas que tiene lugar en Medellín surge más que como una manifestación política o institucional, como un acto festivo.  Se trata de tomarse las calles con prácticas de fiesta y eso es parte de una historia.

En ocasiones me parece moralista la intención de represión de algunos líderes y lideresas con respecto a esas prácticas. Siento que eso responde a una mirada institucional, al hecho de que como la Alcaldía apoya la marcha, debe cumplirse con ciertos comportamientos.

He escuchado a algunas lideresas trans decir “las tetas de una mujer trans son algo político” y eso puede tener sentido. Aunque en términos personales, me parece muy violento hacerlo: las personas que salen así no solamente lo hacen durante la marcha sino en los lugares donde ejercen la prostitución. En este evento se hace evidente eso que forma parte de la vida cotidiana de muchas mujeres trans: la exhibición del cuerpo.

En las marchas aparecen los moralismos de qué dirán los niños chiquitos o los padres de familia al ver a toda esa gente tomando, pero a mí me parece que esto es más un moralismo institucional que intenta restringir comportamientos que atentan contra una moral burguesa, neoliberal y capitalista.

¿Cómo ha visto la transformación de las marchas en Colombia?

Me parece que hace unos años eran algo más parecido a tomarse las calles. La rumba era un componente importante. Se destacaban las carrozas de los espacios de homosocialización masculina (bares gais), los hombres gais y las mujeres trans. Salía a la luz pública del medio día y por las principales vías, todo eso que pertenecía a la clandestinidad.

Ahora me parece que, por lo menos en Bogotá, es un asunto más institucional, más de oficinas y de dependencias de la Alcaldía como la Dirección de Diversidad Sexual, la Subdirección de Asuntos LGBT, el IDPAC (Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal) y la Secretaría de Integración Social, así como de los lideres y lideresas de organizaciones.

Otro aspecto que ha cambiado es el intento por nombrarla. Al principio era claramente marcha del orgullo gay. De manera más reciente se ha buscado, con esfuerzo, cambiar el nombre y se habla de marcha del orgullo LGBT o de la ciudadanía LGBT, lo que constituye un tema importante, aunque creo que no se ha logrado del todo.

Me parece que en los medios de comunicación y en el imaginario de muchas personas sigue siendo una marcha gay, de hombres homosexuales, donde personas como las mujeres trans son solamente parte del espectáculo.

*Su opinión es personal y no compromete, necesariamente, la de institución alguna.

4 Comentarios

  1. A medida que haya mayor participación por parte de la comunidad de LGBTI las marchas cambiaran. Sin embargo, lo importante es la participación activa de la comunidad para mostrar su existencia en pro de defender los derechos humanos.

  2. En el mundo se están generando cambios importantes ante la visión de la comunidad LGBTI, este momento el indicado para unirnos y hacerles sentir al mundo que somos personas que caminos unos junto a otros, trabajamos, estudiamos, pagamos impuestos, vivimos en una sociedad y por tanto lo único que pedimos es que se nos trate como a cualquier otro ciudadano que tenga una nacionalidad Colombiana sin ningún tipo de violación a nuestros derecho y mas aun sin ningún tipo de restricción en nuestra libertad.

  3. A la marcha le sobran gays y le hace falta más presencia de distintas organizaciones culturales, políticas, comerciales, etc. Fui a una marcha en Bogotá y fue muy triste como habían “carrozas” que eran camiones de trasteo con “reinas” mandando besos. Aunque me sorprendió la cantidad de jóvenes, fue triste también verlos a todos tomando cerveza, medio ‘trabados”. ¿Creen ustedes que esa es la imagen que deberían proyectar? Dirán que precisamente lo importante es “rechazar las normas heteronormativas”, pero pues, verse como unos alcohólicos, drogadictos, con looks poco favorecedores no tiene nada que ver con una lucha de ideales, de igualdad. ¿Quizá en realidad es muy poca la gente dentro de la comunidad lgbti que está informada sobre su historia, quizá deberían educar primero dentro de la comunidad antes de salir a proyectar cosas fuera? Ojalá, como lo dice una invitada, marchara la policía, el ministerio de cultura, avianca, ecopetrol, la ópera de colombia, el museo nacional.

  4. Muy interesantes las opiniones en general, las cuales plantean puntos de vista diversos y bien argumentados. Sin embargo, pienso que una docente universitaria que es entrevistada para dar su opinión debería fundamentarse mejor. La antropóloga hace aseveraciones fuertes que desconocen el movimiento social – conflictivo y diverso, es cierto – que ha dado sentido a estas expresiones. Hay numerosas contradicciones e historias frente al tema, pero me parece ligero afirmar cosas como “Me parece que la marcha en Bogotá, la ciudad donde vivo, está vendida a la Alcaldía. Le hace campaña al alcalde de turno.” Y remata con: “Me parece que participar en esa marcha es hacerle propaganda a una administración y estoy en desacuerdo con que miles de personas sean usadas para justificar o avalar una administración distrital”.

    ¡Qué tal la cachetada!. Su opinión es la de alguien que no participa en la marcha y que tampoco la ha estudiado (cosa que salta a la vista por su desconocimiento y porque, de haberlo hecho, lo habría mencionado para reforzar su imagen de autoridad). Le recomiendo a la profesora leer el artículo “Hacerse sujetos políticos. A propósito de la marcha de la ciudadanía LGBT en Bogotá”, de su colega José Fernando Serrano, publicado por la Revista Javeriana. Es de fácil acceso para usted, ya que trabaja allá. Después de eso sería interesante escuchar su opinión y poder decir con alivio “Hemos bajado los índices de ignorancia, un poquitico profesora”.

    Soy médico de profesión e historiador por afición. Aprendí de mis maestros la importancia de la rigurosidad en el conocimiento: así se salvan vidas y se protegen mentes. También soy marica y la marcha es para mí el momento para recordarle al mundo que amo a quien me da la gana. Como médico tengo claro que la normalidad no es sinónimo de felicidad, sino de mayorías. Muchos colegas no lo saben pero yo sí. Tal vez porque soy marica y me pienso un poquito las cosas antes de prescribirle moralidades caducas a mis “pacientes”. Además, la experiencia clínica me ha mostrado, una y otra vez, la profunda infelicidad de esas mismas mayorías. No soy más feliz por ser marica, claro, pero sí me siento más pleno el día que salgo y le recuerdo al mundo quien soy. No soy tan valiente para hacerlo todos los días en la calle, pero la marcha es mía porque soy un anónimo protagonista de mi propia liberación. Esa clave es importante: ¿por qué se hablaba tanto de “liberación” en el movimiento guey por allá en los años setenta?. Interesante ¿no?

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