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9 miradas a las marchas LGBT de Colombia

Género, diversidad sexual y cambio social.

Franklin Gil Hernández*

Investigador de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional, sede Bogotá.

Franklin Gil Hernández. Foto: archivo particular.

¿Qué opina de las marchas LGBT que anualmente tienen lugar?

Las marchas son una expresión que obedece a una historia importante para los sectores LGBT, conmemoran la lucha que han tenido para su reconocimiento. Le dicen a la ciudad: acá estamos, existimos y exigimos derechos.

Cuando estuve vinculado a la organización de la marcha de Bogotá porque formaba parte de la Mesa LGBT de Bogotá, siempre salía la discusión de si tenía o no un carácter político. Siento que hay moralismo en esos cuestionamientos y una visión restringida de lo que es político.

Me parece que el solo hecho de que cuerpos que en el espacio público experimentan violencia y discriminación estén en la marcha, ya es un gesto político importante. Estén o no acompañados de pancartas.

Las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgeneristas son distintas como son distintas las personas en general. Y la manera como se expresan en la marcha es como cada quien considera que debe hacerlo. Los gestos políticos son incontrolables y me parece bien que sea así. No creo que haya que uniformar la marcha ni imponer cómo participar en ésta.

Hay personas preocupadas por la imagen que este evento da. Algunas quieren presentar una imagen “pura” de lo que serían los gais, las lesbianas, los bisexuales y los trans y les molesta que haya expresiones de diversidad, cierto nudismo y expresiones corporales. Pero siento que no tiene sentido imponer una imagen de lo que “debería ser” un gay, una lesbiana, un bisexual o un trans.

Hay quienes quisieran que la marcha fuera distinta, pero me parece que desconocen la historia de esta expresión. Algunas personas no se identifican con las expresiones de las mujeres trans ni quisieran que ellas estuvieran presentes, les parece que son inmorales o que son mensajes equívocos para la gente. Pero no entiendo qué sería lo que se “debería” mostrar en la marcha. Esas son expresiones de cada quien y me parece importante que todas estén presentes.

No creo que la marcha sea un espacio para dar una imagen correcta para ser aceptados. Las personas de los sectores LGBT no tienen que dar una imagen correcta para exigir derechos, es suficiente con que sean ciudadanos. No tienen por qué acomodarse a lo que esperaría la ciudad que ellas fueran. La marcha, además, es una expresión de diferencia.

El primer lugar político de las personas que somos considerados una minoría en relación con la sexualidad o el género, es el cuerpo. Tiene sentido que muchas de ellas hagan de éste su lugar de manifestación.

Hay que entender también que la marcha es un momento de la vida que está entre paréntesis. Es decir, la gente generalmente no sale a la calle vestida de esa forma o sin ropa porque, de hacerlo, se expondría a violencia o a discriminación. La marcha es un espacio de excepción en donde las personas hacen lo que deberían poder hacer en su vida cotidiana como estar en la calle cogidos de la mano de sus parejas sin temor a ser señalados o golpeados.

¿Qué le cambiaría, agregaría o quitaría a estos eventos?

Me parece que no es un evento para que alguien diga cómo debe ser. Mucha gente asiste y no sabe todo el trabajo que hay detrás durante la organización. Hay unas personas que asumen unas responsabilidades muy grandes por ese evento.

Lo importante es ofrecer las condiciones mínimas de seguridad, pero creo que la organización no consiste en dar normas de cómo se debe participar. Quienes la organizan dan el espacio para que la gente se exprese como quiera. Si hiciera una sugerencia sería que la gente se calmara por cómo asisten los demás y pensara más en los problemas de violencia contra las personas LGBT.

No tengo ningún problema en que los periodistas escojan imágenes de mujeres transgeneristas o travestis para representar a los sectores LGBT. Yo me siento representado allí. Es importante que las personas que sufren más violencia tengan mayor protagonismo. No me parece negativo que la marcha se visibilice a través de ellas. Por el contrario, es una posibilidad de visibilizar los cuerpos más sometidos a violencia.

¿Qué opina de los desnudos y del consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas durante estas marchas?

Creo que deben existir unas prácticas mínimas de cuidado para evitar que las personas se hagan daño. No veo el tema del control de las bebidas alcohólicas  y de las sustancias psicoactivas como un asunto para generar normas morales en torno a la marcha o como estrategias para dar una imagen correcta.

Cuando estaba vinculado en la organización de la marcha de Bogotá, alguna vez nos pidieron que las mujeres trans no mostraran sus senos. Con las entidades del distrito que hay que dialogar para tener los permisos necesarios, a veces hay situaciones que sus funcionarios no entienden, como que el cuerpo de las mujeres trans es un terreno político y que tiene sentido que los enseñen en la calle: es una declaración al público y a la ciudad de lo que ha sido su construcción de género.

También hay moralismo en algunas personas que no entienden la marcha. No solamente de algunas instituciones del distrito sino de las mismas personas que participan. Muchos miedos y prejuicios estás relacionados con una moralización muy fuerte y con construir una imagen de lo que “debe ser” lo LGBT.

Me parece más importante que la gente esté como quiera, pero que esté. Imponer normas de cómo debe estar va en contravía de lo que la marcha busca.

¿Cómo ha visto la transformación de las marchas en Colombia?

El principal cambio es el número creciente de personas que participan. Otro tiene que ver con el nombre: pasar del “orgullo gay” a la ciudadanía LGBT que habla de la ampliación de expresiones que antes no estaban o estaban más ocultas por lo gay masculino. El recorrido también comunica cosas. El hecho de que termine en la plaza de Bolívar le da una connotación particular.

La participación de los bares también ha generado discusiones. Se tiende a clasificar a la gente que asiste entre quienes son serios y llevan pancartas y quienes son desordenados y van detrás de la música. Yo diría que son expresiones políticas distintas, no las pondría en una jerarquía de cuál es mejor o peor. La presencia de esos cuerpos ya es un gesto político.

*Su opinión es personal y no compromete, necesariamente, la de institución alguna.

4 Comentarios

  1. A medida que haya mayor participación por parte de la comunidad de LGBTI las marchas cambiaran. Sin embargo, lo importante es la participación activa de la comunidad para mostrar su existencia en pro de defender los derechos humanos.

  2. En el mundo se están generando cambios importantes ante la visión de la comunidad LGBTI, este momento el indicado para unirnos y hacerles sentir al mundo que somos personas que caminos unos junto a otros, trabajamos, estudiamos, pagamos impuestos, vivimos en una sociedad y por tanto lo único que pedimos es que se nos trate como a cualquier otro ciudadano que tenga una nacionalidad Colombiana sin ningún tipo de violación a nuestros derecho y mas aun sin ningún tipo de restricción en nuestra libertad.

  3. A la marcha le sobran gays y le hace falta más presencia de distintas organizaciones culturales, políticas, comerciales, etc. Fui a una marcha en Bogotá y fue muy triste como habían “carrozas” que eran camiones de trasteo con “reinas” mandando besos. Aunque me sorprendió la cantidad de jóvenes, fue triste también verlos a todos tomando cerveza, medio ‘trabados”. ¿Creen ustedes que esa es la imagen que deberían proyectar? Dirán que precisamente lo importante es “rechazar las normas heteronormativas”, pero pues, verse como unos alcohólicos, drogadictos, con looks poco favorecedores no tiene nada que ver con una lucha de ideales, de igualdad. ¿Quizá en realidad es muy poca la gente dentro de la comunidad lgbti que está informada sobre su historia, quizá deberían educar primero dentro de la comunidad antes de salir a proyectar cosas fuera? Ojalá, como lo dice una invitada, marchara la policía, el ministerio de cultura, avianca, ecopetrol, la ópera de colombia, el museo nacional.

  4. Muy interesantes las opiniones en general, las cuales plantean puntos de vista diversos y bien argumentados. Sin embargo, pienso que una docente universitaria que es entrevistada para dar su opinión debería fundamentarse mejor. La antropóloga hace aseveraciones fuertes que desconocen el movimiento social – conflictivo y diverso, es cierto – que ha dado sentido a estas expresiones. Hay numerosas contradicciones e historias frente al tema, pero me parece ligero afirmar cosas como “Me parece que la marcha en Bogotá, la ciudad donde vivo, está vendida a la Alcaldía. Le hace campaña al alcalde de turno.” Y remata con: “Me parece que participar en esa marcha es hacerle propaganda a una administración y estoy en desacuerdo con que miles de personas sean usadas para justificar o avalar una administración distrital”.

    ¡Qué tal la cachetada!. Su opinión es la de alguien que no participa en la marcha y que tampoco la ha estudiado (cosa que salta a la vista por su desconocimiento y porque, de haberlo hecho, lo habría mencionado para reforzar su imagen de autoridad). Le recomiendo a la profesora leer el artículo “Hacerse sujetos políticos. A propósito de la marcha de la ciudadanía LGBT en Bogotá”, de su colega José Fernando Serrano, publicado por la Revista Javeriana. Es de fácil acceso para usted, ya que trabaja allá. Después de eso sería interesante escuchar su opinión y poder decir con alivio “Hemos bajado los índices de ignorancia, un poquitico profesora”.

    Soy médico de profesión e historiador por afición. Aprendí de mis maestros la importancia de la rigurosidad en el conocimiento: así se salvan vidas y se protegen mentes. También soy marica y la marcha es para mí el momento para recordarle al mundo que amo a quien me da la gana. Como médico tengo claro que la normalidad no es sinónimo de felicidad, sino de mayorías. Muchos colegas no lo saben pero yo sí. Tal vez porque soy marica y me pienso un poquito las cosas antes de prescribirle moralidades caducas a mis “pacientes”. Además, la experiencia clínica me ha mostrado, una y otra vez, la profunda infelicidad de esas mismas mayorías. No soy más feliz por ser marica, claro, pero sí me siento más pleno el día que salgo y le recuerdo al mundo quien soy. No soy tan valiente para hacerlo todos los días en la calle, pero la marcha es mía porque soy un anónimo protagonista de mi propia liberación. Esa clave es importante: ¿por qué se hablaba tanto de “liberación” en el movimiento guey por allá en los años setenta?. Interesante ¿no?

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