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9 miradas a las marchas LGBT de Colombia

Género, diversidad sexual y cambio social.

Wilson Castañeda

Director de Caribe Afirmativo, organización que trabaja en la promoción de los derechos humanos de las personas LGBT del Caribe colombiano.

Wilson Castañeda. Foto: archivo particular.

¿Qué opina de las marchas LGBT que anualmente tienen lugar?

En la región Caribe hay cuatro marchas que conozcamos. Solamente dos se hacen con ocasión del día del “orgullo gay” y tendrán lugar el 30 de junio. Son la de Valledupar (Cesar), llamada “Por la diversidad sexual”, que va para su tercera versión y que cuenta con la participación de entre 300 y 400 personas.

La otra es la de Barranquilla (Atlántico), denominada “Marcha por la ciudadanía LGBT”. Será también la tercera edición. Cuenta con entre 300 y 500 marchantes. La de Cartagena (Bolívar) o “Marcha para el reconocimiento de derechos de la diversidad sexual y las identidades de género diversas”, es la más antigua de la región, lleva siete años, y tiene lugar en noviembre. En 2012 asistieron 5.000 marchantes.

La de Santa Marta (Magdalena) se lleva a cabo en julio o agosto y participan entre 500 y 700 personas. El año pasado en Sincelejo (Sucre) se organizó una en enero pero este año no lograron repetirla. En Maicao (La Guajira) existe la intención de hacer una primera versión este año.

Las marchas de Cartagena y Santa Marta, especialmente, son el primer espacio para que la población LGBT del Caribe colombiano (principalmente las mujeres transgeneristas) sea visible. Es una oportunidad para sacar al espacio público sus necesidades, propuestas y agendas.

Son una posibilidad para mostrarse en escenarios profundamente culturales, entendiendo la cultura como un vehículo de reconocimiento y reivindicación y no como un escenario de reproducción de roles estereotipados.

¿Qué le cambiaría, agregaría o quitaría a estos eventos?

Lo importante es que las marchas del Caribe tengan cada vez mayor contenido. Hemos dado un primer paso que es apropiarnos de unos espacios culturales para reivindicar un grupo poblacional. Por esto, la ciudadanía se acerca con interés de espectadores. La idea es que estas personas se sientan motivadas, involucradas e incluso motivadas a marchar.

Las marchas tienen que conservarse en movilizaciones sociales. Pareciera que algunas quisieran ser un “copie y pegue” de las que tienen lugar en otros países, motivadas por el comercio, la “cosificación” de los cuerpos y por unas agendas no políticas de movilización.

En el Caribe, las marchas han logrado conservar cierta autonomía e idiosincrasia. En la de Cartagena, por ejemplo, no se ven las grandes carrozas de las discotecas, sino su esencia: la movilización social entendida como una expresión de mensaje político y social.

¿Qué opina de los desnudos y del consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas durante estas marchas?

Los cuerpos de las mujeres transgeneristas son portadores de mensajes políticos y símbolos de resistencia y transgresión. Nos oponemos a que sean usados en serie y puestos como imagen a mostrar por patrocinadores o movilizaciones que dejan a un lado su autonomía y mensaje político. Se pasa, así, de unos cuerpos autónomos, transgresores, cargados de sentido y reivindicación, a unos exhibidos y puestos al espectáculo y a la burla.

Respecto al consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas, el problema es poner en riesgo la movilización. Los espacios de la población LGBT se siguen viendo como un mercado y no como eventos de exigencia de derechos. El comerciante o el ciudadano que está allí, no ve a esas personas como portadoras de un mensaje sino como consumidores que no proponen.

El hecho de que cada año vayan ingresando con más fuerza patrocinios privados de licoreras, discotecas y se vayan ausentando los sociales y de gobiernos, conduce a que se vaya pasando de un estado de movilización social a un estado de “cosificación” de la lucha y eso es grave.

¿Cómo ha visto la transformación de las marchas en Colombia?

Hemos avanzado. Cartagena se prepara para su séptima marcha (quinta consecutiva) y hemos venido ganando en contenido. Cada año se involucran más personas y hay más preparación y preocupación por el mensaje que por la exhibición y eso nos parece interesante. También vamos logrando que cada vez sean menos los espectadores y más los marchantes.

Como las de Cartagena y Santa Marta se hacen en medio de las fiestas de la ciudad, hay gente que cree que son un espectáculo más como los reinados de belleza, las cabalgatas o las ferias de toros, y no es así.

Detrás de lo que todo el país conoce como el reinado de belleza, está la fiesta de la independencia y la historia del barrio Getsemaní que buscaba liberarse del yugo español. Ahí está la verdadera independencia de Colombia o donde se empieza a dar libertad y autonomía a, por ejemplo, las mujeres trans.

Para que las marchas no se sigan viendo como un espectáculo más de las fiestas de estas ciudades, el primer reto es llenarlas aún más de contenido y depurarlas de esa posible contaminación del consumo y del comercio, para que no pierdan su mensaje.

El segundo reto es no ver las marchas como algo exclusivo de la población LGBT, sino que se conviertan en un sello público de nuestra lucha social. Que la marcha sea el punto de partida y de llegada de nuestra agenda ciudadana, de nuestras acciones colectivas y la posibilidad para contarle a los miles de marchantes y espectadores lo que estamos construyendo. Que sea la oportunidad para sumar más personas a la causa y renovar los mensajes ciudadanos.

El reto es lograr marchas sociales. Lastimosamente la población LGBT, especialmente algunos hombres gais, se han construido en bares y discotecas y eso ha llevado a que estos espacios sientan derecho a ser protagonistas de las marchas. Sin desconocer que son lugares de encuentro, la idea es que no se vuelvan las marchas de los bares. Éstas son de lo social, por lo social y para lo social y por eso tienen que ser cada vez más reivindicativas.

Es cierto que son marchas festivas. Somos hijos de la revolución de mayo de 1968 y la alegría es una característica de nuestras movilizaciones, pero en medio de esto, es importante no perder el foco de una acción colectiva, de un propósito social y lograr protegernos frente al riesgo de que se conviertan en espectáculos de consumo y que la sociedad las vea como espacios de exhibición, donde no se lee el cuerpo como un vehículo político.

4 Comentarios

  1. A medida que haya mayor participación por parte de la comunidad de LGBTI las marchas cambiaran. Sin embargo, lo importante es la participación activa de la comunidad para mostrar su existencia en pro de defender los derechos humanos.

  2. En el mundo se están generando cambios importantes ante la visión de la comunidad LGBTI, este momento el indicado para unirnos y hacerles sentir al mundo que somos personas que caminos unos junto a otros, trabajamos, estudiamos, pagamos impuestos, vivimos en una sociedad y por tanto lo único que pedimos es que se nos trate como a cualquier otro ciudadano que tenga una nacionalidad Colombiana sin ningún tipo de violación a nuestros derecho y mas aun sin ningún tipo de restricción en nuestra libertad.

  3. A la marcha le sobran gays y le hace falta más presencia de distintas organizaciones culturales, políticas, comerciales, etc. Fui a una marcha en Bogotá y fue muy triste como habían “carrozas” que eran camiones de trasteo con “reinas” mandando besos. Aunque me sorprendió la cantidad de jóvenes, fue triste también verlos a todos tomando cerveza, medio ‘trabados”. ¿Creen ustedes que esa es la imagen que deberían proyectar? Dirán que precisamente lo importante es “rechazar las normas heteronormativas”, pero pues, verse como unos alcohólicos, drogadictos, con looks poco favorecedores no tiene nada que ver con una lucha de ideales, de igualdad. ¿Quizá en realidad es muy poca la gente dentro de la comunidad lgbti que está informada sobre su historia, quizá deberían educar primero dentro de la comunidad antes de salir a proyectar cosas fuera? Ojalá, como lo dice una invitada, marchara la policía, el ministerio de cultura, avianca, ecopetrol, la ópera de colombia, el museo nacional.

  4. Muy interesantes las opiniones en general, las cuales plantean puntos de vista diversos y bien argumentados. Sin embargo, pienso que una docente universitaria que es entrevistada para dar su opinión debería fundamentarse mejor. La antropóloga hace aseveraciones fuertes que desconocen el movimiento social – conflictivo y diverso, es cierto – que ha dado sentido a estas expresiones. Hay numerosas contradicciones e historias frente al tema, pero me parece ligero afirmar cosas como “Me parece que la marcha en Bogotá, la ciudad donde vivo, está vendida a la Alcaldía. Le hace campaña al alcalde de turno.” Y remata con: “Me parece que participar en esa marcha es hacerle propaganda a una administración y estoy en desacuerdo con que miles de personas sean usadas para justificar o avalar una administración distrital”.

    ¡Qué tal la cachetada!. Su opinión es la de alguien que no participa en la marcha y que tampoco la ha estudiado (cosa que salta a la vista por su desconocimiento y porque, de haberlo hecho, lo habría mencionado para reforzar su imagen de autoridad). Le recomiendo a la profesora leer el artículo “Hacerse sujetos políticos. A propósito de la marcha de la ciudadanía LGBT en Bogotá”, de su colega José Fernando Serrano, publicado por la Revista Javeriana. Es de fácil acceso para usted, ya que trabaja allá. Después de eso sería interesante escuchar su opinión y poder decir con alivio “Hemos bajado los índices de ignorancia, un poquitico profesora”.

    Soy médico de profesión e historiador por afición. Aprendí de mis maestros la importancia de la rigurosidad en el conocimiento: así se salvan vidas y se protegen mentes. También soy marica y la marcha es para mí el momento para recordarle al mundo que amo a quien me da la gana. Como médico tengo claro que la normalidad no es sinónimo de felicidad, sino de mayorías. Muchos colegas no lo saben pero yo sí. Tal vez porque soy marica y me pienso un poquito las cosas antes de prescribirle moralidades caducas a mis “pacientes”. Además, la experiencia clínica me ha mostrado, una y otra vez, la profunda infelicidad de esas mismas mayorías. No soy más feliz por ser marica, claro, pero sí me siento más pleno el día que salgo y le recuerdo al mundo quien soy. No soy tan valiente para hacerlo todos los días en la calle, pero la marcha es mía porque soy un anónimo protagonista de mi propia liberación. Esa clave es importante: ¿por qué se hablaba tanto de “liberación” en el movimiento guey por allá en los años setenta?. Interesante ¿no?

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