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9 miradas a las marchas LGBT de Colombia

Género, diversidad sexual y cambio social.

Jessica Useche, “La Totoya Show”

Artivista (artista + activista) y líder social y comunitaria en Bogotá.

Jessica Useche “La Totoya Show”. Foto: archivo particular.

¿Qué opina de las marchas LGBT que anualmente tienen lugar?

Las marchas nacen y se fortalecen cada vez más dentro del discurso político. Aunque son eventos de visibilización social y política, es importante que la gente pueda expresar allí cultura y diversión. Finalmente también son espacios abiertos para esto.

Si fueran netamente sociales y políticas, no tendrían ese tinte de carnaval y de disfraces que se ve, por ejemplo, en la de Bogotá. Esto forma parte de las manifestaciones de la diversidad, de las expresiones de género y del deseo que tienen muchas personas de tener una oportunidad al año, diferente a Halloween, de ponerse un vestuario o lucir un maquillaje especial. La idea es disfrutar esta fiesta de la mejor manera posible.

Es importante recordar que son espacios de participación política y social y que es aconsejable evitar el consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas para dar una buena imagen a las personas heterenormativas (quienes consideran que las relaciones heterosexuales son las dominantes) que asisten a la marcha y a los medios de comunicación que las cubren.

¿Qué le cambiaría, agregaría o quitaría a estos eventos?

Yo le agregaría mayor conciencia política. Que los asistentes aprovecharan sus disfraces, puestas en escena y carrozas, para hacer más visibles sus apuestas políticas. También sería importante que a la gente le diera menos miedo expresar lo que piensa porque este año, especialmente, hemos estado en una convergencia de opiniones frente a la diversidad sexual y de género.

A pesar de que la asistencia es masiva, le agregaría aún más personas. Aún hay gente que dice que no le gusta este evento por las personas que participan, especialmente las mujeres trans desnudas o la gente de estratos bajos.

Si esas perdonas no asisten porque nadie las representa, lo mejor es que salgan y se representen a sí mismos. Si ellas, a diferencia de las demás, sí se sienten bonitas, de buen linaje y “gente bien”, que bueno que nos acompañen y demostremos que la diversidad es infinita.

¿Qué opina de los desnudos y del consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas durante estas marchas?

He sido una acérrima enemiga de los desnudos de las mujeres trans porque me parece que falta concepto. Puede que algunas lideresas y activistas trans lo hayan intentado camuflar con la idea de que son una apuesta política porque sus cuerpos son parte de su opinión política, y así mismo, porque han transgredido el sistema y no se han quedado encasilladas en ser hombres y se han construido como mujeres.

También dicen: “es el único patrimonio que tienen y por el cual han luchado toda su vida y por tanto tienen derecho a mostrarlo”. No niego que, evidentemente, sus cuerpos son un patrimonio que les ha costado trabajo, dinero y sacrificio y, por supuesto, sé que son cuerpos políticos, pero pienso que para ser considerados así no tienen que estar desnudos en la calle, dispuestos al exhibicionismo. Esto genera vulneración. Es como si en un país con un fuerte racismo, una persona negra caminara desnuda por la calles porque quiere hacer visible su color de piel.

Esa manera de hacerse visibles es, para mí, incorrecta. A través del desnudo se pueden hacer propuestas artísticas, pero en escenarios como el cine, la televisión o el teatro. O, en la misma marcha, pero con presentaciones más elaboradas. Falta unir lo artístico con lo político.

Respecto a los desnudos de los hombres gais no he escuchado comentarios negativos. Y es ahí donde es evidente la misoginia, la transfobia y el rechazo al cuerpo femenino. Los hombres gais son felices viendo a otros ligeros de ropas y, con mayor razón, si son bonitos. Acá entra el tema de la estética: quién es bello y quién no. Hay un aprecio por el cuerpo como producto de si vale la pena o no para mostrarlo.

Si las personas LGBT quieren salir desnudas, deberían pensar en unir sus conceptos de desnudez con propuestas artísticas y políticas. Esto les va a dar argumentos para ser “políticamente correctas” frente a las críticas que puedan recibir de quienes se oponen a los desnudos en este evento.

Respecto al consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas, está claro que las normas no se pueden transgredir. Empezando porque el evento tiene lugar en un espacio público en los que existen unos parámetros claros sobre lo que se puede hacer y no allí. Esto puede ser causa de malas experiencias con la Policía.

También es una manera de hacerse vulnerables ante los medios de comunicación y los espectadores. Y en un espacio de visibilización política, esto no tiene sentido. Es importante que las personas que participan en la marcha hagan buen uso del evento y tengan presente que las sustancias psicoactivas y el licor no tienen lugar en este espacio público. Por supuesto, cada quien es libre de hacer lo que quiera pero vale la pena reflexionar en esto.

¿Cómo ha visto la transformación de las marchas en Colombia?

Quienes organizan las marchas en ciudades como Bucaramanga y Cúcuta me han contando que allí estos eventos son claramente políticos y no quieren ningún tipo de carnaval. Allí se retiran a los vendedores ambulantes de confetis, pitos y licor. Son marchas que desde que nacieron tienen una apuesta política muy fuerte.

Lo importante es que la gente acuda masivamente y que, en Bogotá, se conecten con la propuesta del FlashMob que, este año, complementará el evento. Este tipo de manifestaciones culturales tienen alto impacto.

4 Comentarios

  1. A medida que haya mayor participación por parte de la comunidad de LGBTI las marchas cambiaran. Sin embargo, lo importante es la participación activa de la comunidad para mostrar su existencia en pro de defender los derechos humanos.

  2. En el mundo se están generando cambios importantes ante la visión de la comunidad LGBTI, este momento el indicado para unirnos y hacerles sentir al mundo que somos personas que caminos unos junto a otros, trabajamos, estudiamos, pagamos impuestos, vivimos en una sociedad y por tanto lo único que pedimos es que se nos trate como a cualquier otro ciudadano que tenga una nacionalidad Colombiana sin ningún tipo de violación a nuestros derecho y mas aun sin ningún tipo de restricción en nuestra libertad.

  3. A la marcha le sobran gays y le hace falta más presencia de distintas organizaciones culturales, políticas, comerciales, etc. Fui a una marcha en Bogotá y fue muy triste como habían “carrozas” que eran camiones de trasteo con “reinas” mandando besos. Aunque me sorprendió la cantidad de jóvenes, fue triste también verlos a todos tomando cerveza, medio ‘trabados”. ¿Creen ustedes que esa es la imagen que deberían proyectar? Dirán que precisamente lo importante es “rechazar las normas heteronormativas”, pero pues, verse como unos alcohólicos, drogadictos, con looks poco favorecedores no tiene nada que ver con una lucha de ideales, de igualdad. ¿Quizá en realidad es muy poca la gente dentro de la comunidad lgbti que está informada sobre su historia, quizá deberían educar primero dentro de la comunidad antes de salir a proyectar cosas fuera? Ojalá, como lo dice una invitada, marchara la policía, el ministerio de cultura, avianca, ecopetrol, la ópera de colombia, el museo nacional.

  4. Muy interesantes las opiniones en general, las cuales plantean puntos de vista diversos y bien argumentados. Sin embargo, pienso que una docente universitaria que es entrevistada para dar su opinión debería fundamentarse mejor. La antropóloga hace aseveraciones fuertes que desconocen el movimiento social – conflictivo y diverso, es cierto – que ha dado sentido a estas expresiones. Hay numerosas contradicciones e historias frente al tema, pero me parece ligero afirmar cosas como “Me parece que la marcha en Bogotá, la ciudad donde vivo, está vendida a la Alcaldía. Le hace campaña al alcalde de turno.” Y remata con: “Me parece que participar en esa marcha es hacerle propaganda a una administración y estoy en desacuerdo con que miles de personas sean usadas para justificar o avalar una administración distrital”.

    ¡Qué tal la cachetada!. Su opinión es la de alguien que no participa en la marcha y que tampoco la ha estudiado (cosa que salta a la vista por su desconocimiento y porque, de haberlo hecho, lo habría mencionado para reforzar su imagen de autoridad). Le recomiendo a la profesora leer el artículo “Hacerse sujetos políticos. A propósito de la marcha de la ciudadanía LGBT en Bogotá”, de su colega José Fernando Serrano, publicado por la Revista Javeriana. Es de fácil acceso para usted, ya que trabaja allá. Después de eso sería interesante escuchar su opinión y poder decir con alivio “Hemos bajado los índices de ignorancia, un poquitico profesora”.

    Soy médico de profesión e historiador por afición. Aprendí de mis maestros la importancia de la rigurosidad en el conocimiento: así se salvan vidas y se protegen mentes. También soy marica y la marcha es para mí el momento para recordarle al mundo que amo a quien me da la gana. Como médico tengo claro que la normalidad no es sinónimo de felicidad, sino de mayorías. Muchos colegas no lo saben pero yo sí. Tal vez porque soy marica y me pienso un poquito las cosas antes de prescribirle moralidades caducas a mis “pacientes”. Además, la experiencia clínica me ha mostrado, una y otra vez, la profunda infelicidad de esas mismas mayorías. No soy más feliz por ser marica, claro, pero sí me siento más pleno el día que salgo y le recuerdo al mundo quien soy. No soy tan valiente para hacerlo todos los días en la calle, pero la marcha es mía porque soy un anónimo protagonista de mi propia liberación. Esa clave es importante: ¿por qué se hablaba tanto de “liberación” en el movimiento guey por allá en los años setenta?. Interesante ¿no?

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