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9 miradas a las marchas LGBT de Colombia

Género, diversidad sexual y cambio social.

Camilo Martínez Orozco

Licenciado en filosofía y magíster en ética aplicada. Actualmente se desempeña como asesor filosófico y terapeuta integral en Barcelona (España).

Camilo Martínez. Foto: archivo particular.

¿Qué opina de las marchas LGBT que anualmente tienen lugar?

Es un evento importante en la medida en que visibiliza a la comunidad LGBT. Esto es fundamental porque lo que no se ve, no se reconoce. Es clave que exista un evento masivo como este que ponga a este sector a la vista de los medios de comunicación y de las personas heterosexuales, los políticos y las altas cortes, entre muchas otras. Que la gente sepa que existen otras formas de vivir y de esa manera se gane reconocimiento.

La comunidad LGBT es diversa. Es mucho más variada de lo que algunas personas que forman parte de ésta quisieran que fuera. Hay colectivos cuyo eje de acción es la parte política o legal y marchan con su bandera y camiseta. Hay gente para quienes su cuerpo y manera de vestir son sus herramientas de lucha.

Me pregunto si quienes se preocupan porque la marcha pueda dar una “mala imagen” de las personas LGBT, no solamente estarán juzgando este evento con unos criterios heteronormativos (las relaciones heterosexuales son las dominantes) sino conservadores.

¿Qué sugieren? ¿Que nos vayamos uniformados? ¿Que se instaure un código de conducta? ¿Cómo nos ponemos de acuerdo sobre cuál es la imagen que queremos dar como comunidad más allá de la que cada quien quiera proyectar?

Buscar que todas las personas se vistan o actúen igual por salvaguardar una presunta imagen, es correr el riesgo de perder lo más importante de la marcha: celebrar la diferencia.

¿Qué le cambiaría, agregaría o quitaría a estos eventos?

Serían más temas de orden práctico. En la última que estuve en Bogotá, hace un par de años, me pareció que la organización era algo defectuosa, especialmente cuando se pasaba de una gran Avenida al centro de la ciudad. Lo más importante es garantizar siempre que sea una marcha abierta donde los diferentes sectores estén representados.

¿Qué opina de los desnudos y del consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas durante estas marchas?

Hay ciertas normas que son comunes tanto para eventos heterosexuales como para LGBT. Debe evitarse el consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas, de la misma manera que se prohíbe en otras marchas. En este sentido, la marcha es un evento masivo más, no veo ninguna diferencia porque sea LGBT. Más allá de cualquier aspecto moral, si ocurre una emergencia, es necesario que las personas estén en sus cabales para que todo salga mejor.

En cuanto a los desnudos, que son más bien con el pecho descubierto, no conozco las normas colombianas respecto a la desnudez. Supongo que una persona en público no puede hacerlo pero no sé si mostrar los pechos sea tratado igual que andar sin ropa. Todo depende de lo que diga la ley.

Sin embargo, el cuerpo de las mujeres trans es político. Son personas que quieren mostrar que han llegado a construirse como mujeres, que tuvieron que transformar sus cuerpos para acercarse a lo que son. Acá me acuerdo de una frase que dijo “La Agrado”, personaje de Pedro Almodóvar: “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Andar con los pechos al aire es una reivindicación de lo que han llegado a ser.

El hecho de que los medios de comunicación centren su atención en estas mujeres, es un reconocimiento implícito de la diferencia, de que estamos ante algo que no es común, porque estadísticamente así es. Por eso llaman la atención.

Debería reconocerse el valor que tienen estos cuerpos. No es presentar una foto como un espectáculo de circo. Sin embargo, hay razones por las cuales estas fotografías se siguen publicando: no hemos hecho el cambio cultural para que eso ya no sea tan sorprendente.

¿Cómo ha visto la transformación de las marchas en Colombia?

He estado en unas cuatro o cinco en Bogotá. Tomar la decisión de asistir la primera vez, no fue fácil. No tenía claro si era necesario ni qué se pretendía con este evento. Creía que era como un circo. Por un lado, tenía serios prejuicios de “ultragodo” y, por otro, no encontraba ninguna razón para superarlos.

Pero mi pareja en ese momento era muy activo políticamente. Llevaba algún tiempo insistiéndome en que fuera. Y si alguien tan cercano a uno y a quien uno quiere tanto, dice que ir a la marcha es importante, uno termina pensando que a lo mejor sí. Es claro que si no hubiera estado con él, la decisión habría demorado más tiempo.

Otro aspecto que también influyó para que asistiera, fue la idea de que la marcha da la sensación de comunidad, de no estar solo, de que hay otros como yo.  Eso lo puede decir un hombre homosexual, una lesbiana o una persona trans o bisexual. Permite que la gente pueda ver esa multitud y decir: “no soy tan raro”. Por eso celebro la diversidad de la marcha y su poder de visibilización.

Entre la primera marcha a la que asistí y la última, la sensación que tengo es la de un movimiento que va en aumento. Cada vez se sumaba más gente y más diversa. En algunas, me llamó la atención ver personas heterosexuales apoyando la causa, lo que me parece muy valioso porque la comunidad LGBT no puede entenderse como un gueto sino en relación con el resto de poblaciones.

4 Comentarios

  1. A medida que haya mayor participación por parte de la comunidad de LGBTI las marchas cambiaran. Sin embargo, lo importante es la participación activa de la comunidad para mostrar su existencia en pro de defender los derechos humanos.

  2. En el mundo se están generando cambios importantes ante la visión de la comunidad LGBTI, este momento el indicado para unirnos y hacerles sentir al mundo que somos personas que caminos unos junto a otros, trabajamos, estudiamos, pagamos impuestos, vivimos en una sociedad y por tanto lo único que pedimos es que se nos trate como a cualquier otro ciudadano que tenga una nacionalidad Colombiana sin ningún tipo de violación a nuestros derecho y mas aun sin ningún tipo de restricción en nuestra libertad.

  3. A la marcha le sobran gays y le hace falta más presencia de distintas organizaciones culturales, políticas, comerciales, etc. Fui a una marcha en Bogotá y fue muy triste como habían “carrozas” que eran camiones de trasteo con “reinas” mandando besos. Aunque me sorprendió la cantidad de jóvenes, fue triste también verlos a todos tomando cerveza, medio ‘trabados”. ¿Creen ustedes que esa es la imagen que deberían proyectar? Dirán que precisamente lo importante es “rechazar las normas heteronormativas”, pero pues, verse como unos alcohólicos, drogadictos, con looks poco favorecedores no tiene nada que ver con una lucha de ideales, de igualdad. ¿Quizá en realidad es muy poca la gente dentro de la comunidad lgbti que está informada sobre su historia, quizá deberían educar primero dentro de la comunidad antes de salir a proyectar cosas fuera? Ojalá, como lo dice una invitada, marchara la policía, el ministerio de cultura, avianca, ecopetrol, la ópera de colombia, el museo nacional.

  4. Muy interesantes las opiniones en general, las cuales plantean puntos de vista diversos y bien argumentados. Sin embargo, pienso que una docente universitaria que es entrevistada para dar su opinión debería fundamentarse mejor. La antropóloga hace aseveraciones fuertes que desconocen el movimiento social – conflictivo y diverso, es cierto – que ha dado sentido a estas expresiones. Hay numerosas contradicciones e historias frente al tema, pero me parece ligero afirmar cosas como “Me parece que la marcha en Bogotá, la ciudad donde vivo, está vendida a la Alcaldía. Le hace campaña al alcalde de turno.” Y remata con: “Me parece que participar en esa marcha es hacerle propaganda a una administración y estoy en desacuerdo con que miles de personas sean usadas para justificar o avalar una administración distrital”.

    ¡Qué tal la cachetada!. Su opinión es la de alguien que no participa en la marcha y que tampoco la ha estudiado (cosa que salta a la vista por su desconocimiento y porque, de haberlo hecho, lo habría mencionado para reforzar su imagen de autoridad). Le recomiendo a la profesora leer el artículo “Hacerse sujetos políticos. A propósito de la marcha de la ciudadanía LGBT en Bogotá”, de su colega José Fernando Serrano, publicado por la Revista Javeriana. Es de fácil acceso para usted, ya que trabaja allá. Después de eso sería interesante escuchar su opinión y poder decir con alivio “Hemos bajado los índices de ignorancia, un poquitico profesora”.

    Soy médico de profesión e historiador por afición. Aprendí de mis maestros la importancia de la rigurosidad en el conocimiento: así se salvan vidas y se protegen mentes. También soy marica y la marcha es para mí el momento para recordarle al mundo que amo a quien me da la gana. Como médico tengo claro que la normalidad no es sinónimo de felicidad, sino de mayorías. Muchos colegas no lo saben pero yo sí. Tal vez porque soy marica y me pienso un poquito las cosas antes de prescribirle moralidades caducas a mis “pacientes”. Además, la experiencia clínica me ha mostrado, una y otra vez, la profunda infelicidad de esas mismas mayorías. No soy más feliz por ser marica, claro, pero sí me siento más pleno el día que salgo y le recuerdo al mundo quien soy. No soy tan valiente para hacerlo todos los días en la calle, pero la marcha es mía porque soy un anónimo protagonista de mi propia liberación. Esa clave es importante: ¿por qué se hablaba tanto de “liberación” en el movimiento guey por allá en los años setenta?. Interesante ¿no?

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