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9 miradas a las marchas LGBT de Colombia

Género, diversidad sexual y cambio social.

Luis Felipe Rodríguez Rodas

Licenciado en Lenguas Extranjeras, profesor, activista LGBT y defensor de Derechos Humanos en Cali.

Luis Felipe Rodríguez. Foto: archivo particular.

¿Qué opina de las marchas LGBT que anualmente tienen lugar?

Me parece importante salir a las calles a reivindicar los derechos humanos. Sin embargo, hay quienes no salen a marchar sino a desfilar y a emborracharse, olvidando el verdadero propósito de este evento que es exigir la igualdad de derechos, así como políticas públicas y el reconocimiento del Estado.

Por supuesto que puede haber carnaval y las chicas transgeneristas están en su derecho de salir como quieran. La marcha puede ser también una fiesta de reivindicación pero sin que esto le reste protagonismo al tema de los derechos.

El año pasado asistieron casi 5.000 personas a la marcha de Cali, algo nunca visto. Casi siempre participaban un promedio de 500. Quizás las sentencias de la Corte Constitucional a favor de nuestros derechos y el debate del Matrimonio Igualitario han llevado a que la gente salga, pero lo más importante es que la gente reciba el mensaje de ser sujeto de derechos.

Muchas personas, por ejemplo, no donan sangre porque piensan que las van a  discriminar, cuando ya existe una sentencia que prohíbe eso. Otras no denuncian que en sus trabajos las despidieron por ser homosexuales porque desconocen que hay sentencias que castigan esto.

Hay que hacer una balanza entre la fiesta y el hecho de exigir derechos. Todavía hay mucho por pelear.

¿Qué le cambiaría, agregaría o quitaría a estos eventos?

En Cali estamos haciendo dos eventos: el primero es una marcha que este año tendrá lugar el 7 de julio, y el otro es un pride, más carnaval, fiesta y rumba, que se llevará a cabo el 30 de junio.

En Bogotá apostaría a hacer lo mismo. Hay gente que sale a gozar porque no le interesa llevar pancartas con mensajes políticos, mientras que a otras personas no les interesa salir a tomar cerveza sino a reclamar la igualdad de derechos.

¿Qué opina de los desnudos y del consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas durante estas marchas?

Teniendo en cuenta que se llaman marchas, debemos tener ciertos comportamientos porque estamos frente a un público, cargado de prejuicios, que nos está observando. La idea es evitar las escenas obscenas o ser groseros porque hay quienes van gritando “somos maricas” y eso puede chocar.

También me preocupa que después de la marcha las calles quedan muy sucias. Muchas veces las discotecas llegan con carrozas desde donde riegan publicidad por todas partes. Así que otra apuesta importante sería dejar las calles limpias porque esto además de ensuciar la ciudad, afecta la imagen de la comunidad LGBT. Es tener la cultura ciudadana propia de cualquier persona.

Desde el punto de vista artístico, los desnudos me parecen muy interesantes y válidos. Los cuerpos y trajes de las mujeres transgeneristas son de admirar, pero a veces algunas salen de una manera vulgar, con un aire de “no me importa”, y esto a veces puede molestar.

En cuanto al consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas, me parece bien dentro de un consumo normal. Que la gente no se emborrache porque pueden presentarse peleas y dar una mala imagen. Es un tema de convivencia ciudadana.

¿Cómo ha visto la transformación de las marchas en Colombia?

Muy positiva. Cada vez son más las personas que salen y los medios de comunicación están muy pendientes del tema. Lo importante es no perder el enfoque de reivindicación y tener más equilibrio entre carnaval y marcha.

4 Comentarios

  1. A medida que haya mayor participación por parte de la comunidad de LGBTI las marchas cambiaran. Sin embargo, lo importante es la participación activa de la comunidad para mostrar su existencia en pro de defender los derechos humanos.

  2. En el mundo se están generando cambios importantes ante la visión de la comunidad LGBTI, este momento el indicado para unirnos y hacerles sentir al mundo que somos personas que caminos unos junto a otros, trabajamos, estudiamos, pagamos impuestos, vivimos en una sociedad y por tanto lo único que pedimos es que se nos trate como a cualquier otro ciudadano que tenga una nacionalidad Colombiana sin ningún tipo de violación a nuestros derecho y mas aun sin ningún tipo de restricción en nuestra libertad.

  3. A la marcha le sobran gays y le hace falta más presencia de distintas organizaciones culturales, políticas, comerciales, etc. Fui a una marcha en Bogotá y fue muy triste como habían “carrozas” que eran camiones de trasteo con “reinas” mandando besos. Aunque me sorprendió la cantidad de jóvenes, fue triste también verlos a todos tomando cerveza, medio ‘trabados”. ¿Creen ustedes que esa es la imagen que deberían proyectar? Dirán que precisamente lo importante es “rechazar las normas heteronormativas”, pero pues, verse como unos alcohólicos, drogadictos, con looks poco favorecedores no tiene nada que ver con una lucha de ideales, de igualdad. ¿Quizá en realidad es muy poca la gente dentro de la comunidad lgbti que está informada sobre su historia, quizá deberían educar primero dentro de la comunidad antes de salir a proyectar cosas fuera? Ojalá, como lo dice una invitada, marchara la policía, el ministerio de cultura, avianca, ecopetrol, la ópera de colombia, el museo nacional.

  4. Muy interesantes las opiniones en general, las cuales plantean puntos de vista diversos y bien argumentados. Sin embargo, pienso que una docente universitaria que es entrevistada para dar su opinión debería fundamentarse mejor. La antropóloga hace aseveraciones fuertes que desconocen el movimiento social – conflictivo y diverso, es cierto – que ha dado sentido a estas expresiones. Hay numerosas contradicciones e historias frente al tema, pero me parece ligero afirmar cosas como “Me parece que la marcha en Bogotá, la ciudad donde vivo, está vendida a la Alcaldía. Le hace campaña al alcalde de turno.” Y remata con: “Me parece que participar en esa marcha es hacerle propaganda a una administración y estoy en desacuerdo con que miles de personas sean usadas para justificar o avalar una administración distrital”.

    ¡Qué tal la cachetada!. Su opinión es la de alguien que no participa en la marcha y que tampoco la ha estudiado (cosa que salta a la vista por su desconocimiento y porque, de haberlo hecho, lo habría mencionado para reforzar su imagen de autoridad). Le recomiendo a la profesora leer el artículo “Hacerse sujetos políticos. A propósito de la marcha de la ciudadanía LGBT en Bogotá”, de su colega José Fernando Serrano, publicado por la Revista Javeriana. Es de fácil acceso para usted, ya que trabaja allá. Después de eso sería interesante escuchar su opinión y poder decir con alivio “Hemos bajado los índices de ignorancia, un poquitico profesora”.

    Soy médico de profesión e historiador por afición. Aprendí de mis maestros la importancia de la rigurosidad en el conocimiento: así se salvan vidas y se protegen mentes. También soy marica y la marcha es para mí el momento para recordarle al mundo que amo a quien me da la gana. Como médico tengo claro que la normalidad no es sinónimo de felicidad, sino de mayorías. Muchos colegas no lo saben pero yo sí. Tal vez porque soy marica y me pienso un poquito las cosas antes de prescribirle moralidades caducas a mis “pacientes”. Además, la experiencia clínica me ha mostrado, una y otra vez, la profunda infelicidad de esas mismas mayorías. No soy más feliz por ser marica, claro, pero sí me siento más pleno el día que salgo y le recuerdo al mundo quien soy. No soy tan valiente para hacerlo todos los días en la calle, pero la marcha es mía porque soy un anónimo protagonista de mi propia liberación. Esa clave es importante: ¿por qué se hablaba tanto de “liberación” en el movimiento guey por allá en los años setenta?. Interesante ¿no?

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