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¿A quién hay que pedirle permiso para amar a Dios?

En esta nueva historia de Al Oiido, el podcast de Sentiido, cinco personas nos cuentan lo que significa para ellas ser LGBT y practicar una religión.  

Por: Andrea Domínguez*

Cada cierto tiempo escuchamos o leemos en las noticias algo por esta línea: que un pastor recriminó públicamente a los homosexuales en su iglesia, que un cura le negó la comunión a una persona por ser trans o que una comunidad cristiana sometió a uno de sus miembros, una persona LGBT, a una “terapia de conversión”. (Ver: Esto no es terapia).

La religión es ese espacio en el que muchas personas buscan respuestas a la necesidad humana de encontrarle sentido a la vida, pero, con frecuencia se convierte en fuente de discriminación, aislamiento e incertidumbre. (Ver: Diversidad sexual y nuevas alternativas espirituales).

Independiente de su religiosidad, 89,5% de los colombianos cree en Dios. Estamos hablando de ese Dios con “D” mayúscula, el que describe la tradición judeocristiana. ¿Qué pasa entonces con las personas LGBTIQ que quieren vivir su espiritualidad a través de alguna religión y son rechazadas o juzgadas por sus iglesias o pastores? (Ver: El activista espiritual).

Algunas viven una doble vida para poder mantenerse dentro de las congregaciones de fe. Otras abandonan dichos espacios pero conviven con el vacío que les causa haberse distanciado de sus iglesias. Muchas  otras buscan lugares incluyentes. Y también hay quienes abren nuevos caminos. (Ver: “Cuando acepté que ser homosexual no era enfermedad ni pecado, mi vida cambió”).

Yo creo que eso fue mi salvación, porque fue encontrar en la teología las bases para reconocerme sacerdote, profeta y rey. Cosa que también me trajo muchos conflictos, porque yo enseñaba a otros laicos y laicas a que no tenían que pedirle permiso a nadie, porque usted es profeta, usted es sacerdote y usted es rey, o sea, usted no tiene por qué estarle pidiendo permiso a nadie, ni preguntándole a nadie cómo vivir su fe”. Ella es Judith Bautista Fajardo, una mujer en la que se conjugan características que generalmente no van de la mano: es sacerdote, está casada y es lesbiana. (Ver: “Venimos a dejar el mundo mejor de cómo lo encontramos”).

La religión es ese espacio en el que muchas personas buscan respuestas a la necesidad de encontrarle sentido a la vida

En 2002, tres obispos católicos ordenaron en secreto a las primeras siete mujeres obispas.

Judith es, además, una de las tres primeras mujeres ordenadas como sacerdotes en Colombia, a través de la Asociación de Mujeres Presbíteras Católicas Romanas, un ala independiente que se desprende de la Iglesia a partir del momento en que tres obispos ordenan, en secreto, a las primeras siete mujeres obispas en 2002. ¿Cómo fue posible todo esto?

Bienvenidos a un nuevo episodio de “Al oiido”, podcast de Sentiido, con doble “i”, organización que aporta conocimiento en género, diversidad sexual y cambio social. Hoy les traemos una historia en la que Junto a Judith y a otros cuatro invitados, recorreremos caminos de intersección entre espiritualidad y diversidad sexual y de género. Soy Andrea Domínguez y esto es: “¿A quién hay que pedirle permiso para amar a Dios?”. (Ver: Estrategias de los discursos religiosos que discriminan).

Siempre recuerdo a la hora de dormir, remitirme a…Estamos hablando de siete u ocho años, tal vez, de sentir que había alguien que me escuchaba y dormirme conversando con ese alguien, contándole cómo me fue en el día, contándole lo que yo quería, lo que yo anhelaba”, dice Judith, quien se hizo parte de la congregación católica de las hermanas paulinas desde muy joven. A pesar de su rebeldía innata que la llevaba a cuestionarse por qué tenían que hacer todo de la forma como lo hacían, las paulinas la acogieron y le ofrecieron el primer sustento teológico. Hasta que Judith sintió que su lugar ya no estaba más allí.

Creo que para mí fue un ambiente muy, muy adecuado para buscar, para hacer mis búsquedas personales hasta que ya les dije no, esta camisa me quedó chiquita… Esa fue mi expresión: esta camisa me aprieta, me tengo que ir”. Y se fue. Tal y como decía el propio fundador de las Paulinas, Judith sentía que su parroquia era el mundo… ¡y salió a recorrerlo! 

Jamás abandonó la pastoral: siguió trabajando con comunidades necesitadas, siguió estudiando la Biblia. Se hizo teóloga y, gracias a su trabajo pastoral y académico, fue invitada a conformar el grupo de las tres primeras obispas latinoamericanas ordenadas por la Asociación de Mujeres Presbíteras Católicas Romanas. Este grupo nació en 2002 con lo que se conoció como “Las 7 del Danubio”, es decir, las siete primeras mujeres ordenadas obispas católicas romanas por tres tres obispos, dos de ellos del Vaticano y uno más argentino.

La ordenación ocurrió en secreto, sobre las aguas del río Danubio que queda entre dos diócesis para prevenir la anulación de la ceremonia: si las ordenaciones hubieran sido hechas dentro de una diócesis, el regente de esa diócesis, el arzobispo o el obispo regente hubieran podido declararlas nulas. 

La ordenación ocurrió en secreto sobre las aguas del río Danubio que queda entre dos diócesis para prevenir la anulación de la ceremonia.

“La iglesia no es el centro de la experiencia espiritual”, Judith Bautista.

Judith se ordenó en 2014. Para ella, ser obispa católica ha sido importantísimo. Primero porque el catolicismo es su casa… Pero también por lo que representa que una mujer sea ordenada. Sin embargo, ella misma afirma que la iglesia no es el centro de la experiencia espiritual. 

Para mí, por ejemplo, permanecer en la Iglesia católica ha sido como mantener mi dignidad. Yo siempre lo asociaba con mi mamá. De hecho, le enseñan a uno que la Iglesia es su madre. Pues aunque mi mamá me echara de la casa, no deja de ser mi mamá. Y la sangre de ella va a estar corriendo por mi cuerpo hasta que yo me muera. Así que igualmente lo siento así con la Iglesia católica. Yo me muevo en ámbitos muy marginales dentro de la Iglesia Católica pero aunque despotrica de mí, es mi mamá, o sea, es mi hogar, es mi casa y en mi casa tengo derecho”.

Por supuesto, el Vaticano no reconoce estas ordenaciones así hayan sido realizadas a través del conducto oficial y por obispos dentro de la estructura oficial de la iglesia. Pero tanto para Judith como para las más de 15 obispas y cerca de 400 sacerdotes católicas de esta orden que hay en el mundo, lo que le da sustento a estos roles no es la oficialidad Vaticana sino el apoyo de las comunidades en las que ellas trabajan.

Judith y su esposa Alejandra, cuyo camino está más cercano al budismo y a las tradiciones indígenas, han vivido su relación de cara al mundo y muy enfocadas en el camino espiritual. Su activismo como una pareja del mismo sexo ha sido compartir su vida juntas y hacerse presente en los espacios espirituales que comparten con otros, como lo haría cualquier otra pareja. (Ver: El budismo, de la mano con los derechos humanos).

Judith es una fiel defensora del respeto a la diversidad religiosa y de la perspectiva filosófica  omninsta que reconoce la importancia de la unión de todas las religiones en busca de la unión profunda entre los pueblos. De hecho, ella misma integra en su vida diversas herencias y reivindica sus ancestros muiscas, la sabiduría de las abuelas indígenas.

Creo que las iglesias no son el centro. En las iglesias son cajones que nos permiten vivir la realidad. Las iglesias y las religiones. Todos estamos llamados y llamadas a pasar un río, la espiritualidad es atravesar un río y afortunadamente, gracias a Dios, bendito sea nuestro Dios tan creativo, tiene un montón de barquitas para pasar el río. La una se llama cristianismo, la otra se llama islamismo, la otra se llama religiones originarias. La otra se llama catolicismo. Son pequeñas barquitas que atraviesan el mismo río, que es el río de la vida y el río de buscarle un sentido de la vida”, dice Judith.

Para ella, quienes han sido rechazados por alguna congregación de fe a causa de su orientación sexual o su identidad de género tienen derecho de cruzar ese río en una barca que no sólo les acoja y les respete… sino que les celebre. “Es decir, mi amor por mí misma no puede depender de lo que una iglesia diga, o de lo que un cura y un pastor digan. Pero lamentablemente luchamos contra el afuera y no asimilamos lo de adentro. Porque es que la herida está adentro, por más que yo le grite al cura, le grite al pastor, si yo adentro no estoy en paz con lo que soy y celebro lo que soy; o sea, yo creo que todo ser humano merece celebrar quien es. No importa si eres LGBT, si eres artista, si eres médico, si eres lo que sea. Todo ser humano creo que merece llegar a ese punto donde diga ¡guau! Lo que yo soy es lo último, lo máximo. Aunque reconozca sus errores y sus limitaciones”.

“Mi amor por mí misma no puede depender de lo que una iglesia, un cura o un pastor digan”, Judith.

“Yo decía por que el señor me manda semejante prueba a mi, qué hice”, Jhon Botía.

A partir de la Constitución de 1991, el derecho a la libertad religiosa en Colombia se encuadra en el esquema de derechos humanos fundamentales. Ocurre lo mismo en todas las naciones que hayan suscrito la convención universal de los derechos humanos. Jhon Botía Miranda está decidido a contribuir a garantizar ese derecho a aquellos a quienes les ha sido negada su pertenencia a un determinado culto cristiano en razón de su diversidad sexual o de género. (Ver: Colombia: 30 años de la Constitución que abrió el camino de la igualdad).

¿Por qué? Porque él lo vivió en carne propia. Hoy, Jhon es pastor de la Iglesia Colombiana Metodista de Bogotá, una congregación evangélica incluyente enfocada en la defensa de los derechos humanos y la justicia social. También es el fundador de Redconciliarte, que agrupa personas cristianas LGBT. Pero llegar hasta allí no fue sencillo. Antes de eso, fueron años de autodesprecio, de luchar contra su propia homosexualidad.

Me sentía sucio, me sentía que no hacía parte de la iglesia de Jesús, sentía que no era digno de su amor y eso me generaba un pesar y unos sentimientos encontrados porque yo de verdad quería seguir las enseñanzas pero este cuerpo me decía otra cosa y me generaba mucha frustración y mucho dolor porque yo decía por qué el señor me manda semejante prueba a mi, qué hice, no lo puedo cambiar”, dice Jhon.

Así se sintió vivir la homofobia en el seno de la comunidad de la que formaba parte desde los 12 años, la Iglesia de Jesucristo de los santos de los Últimos Días, también conocida como Iglesia Mormona. Intentó cambiar. Intentó creer en lo que le decían en su congregación: que su atracción por otros hombres era una etapa, que si conseguía una novia y la tomaba de la mano se sentiría bien. Que cada vez que tuviera un pensamiento homosexual se ocupara con otras cosas y que la heterosexualidad se volvería… ¿Un hábito, supongo?

Pero eso nunca pasó. Hasta que una noche, internado en el hospital por una grave infección pulmonar, tuvo una vivencia mística. “Yo creía que me iba a morir, mi cuerpo estaba realmente cansado Andrea, yo me acuerdo que yo esa noche le dije a Dios: Dios yo lo intenté, tu sabes que yo lo intenté, yo intenté ayunar, orar, intenté hacer lo mejor que pude pero no lo logré y como yo creía que me iba a morir y yo le dije a Dios: si usted me envía al infierno desde allá yo lo voy a alabar porque yo a usted lo amo, porque es algo que yo siento aquí en mi corazón. Yo, de verdad, Dios lo intenté“, Jhon.

Y esa noche ocurrió un milagro, sentí una paz increíble en mi corazón y por primera vez sentí que mis oraciones fueron contestadas, algo muy en el fondo me decía: todo está bien, no te he curado porque no necesitas curarte, no necesitas cambiar, todo está bien”. “Yo dije esto no puede venir de Dios, algo que me causa tanto dolor no puede venir de Dios ¿será que soy el único marica cristiano? ¿Será?”. Jhon empezó a buscar con quien orar, con quién leer la Biblia, con quién entender por lo que estaba pasando.

Finalmente encontró a la Iglesia Colombiana Metodista. Al encontrar ese lugar, sintió que había llegado a casa. “En la Iglesia Colombiana Metodista de Bogotá nosotros consideramos a todas las personas dignas del amor de Dios y como son dignas tenemos que tratarlas a todas, el que sea, la que sea, con amor, con respeto, con honestidad. Nosotros no tenemos una lista de chequeo donde les vamos a decir a las personas ustedes se aprenden esta lista de cosas que pueden hacer y que no pueden hacer. No nos interesa si a una persona le interesa tener relaciones prematrimoniales, o si vive su sexualidad de forma abierta. No nos interesa, nos interesa más bien preguntarnos: tu eres honesto con la pareja que tienes o con las parejas que tienes, porque si tu no eres honesto estás lastimando a ese ser humano”.

“Algo muy en el fondo me decía: todo está bien, no te he curado porque no necesitas curarte, no necesitas cambiar, todo está bien”, Jhon Botía.

Hoy Jhon no tiene ninguna duda, haber nacido gay fue una bendición

Hoy día a la iglesia asisten personas de diferentes bagajes culturales, sexualmente diversas, de distintos niveles económicos… Pero todas en busca de compartir la misma fe.  Jhon enfatiza en que en su comunidad las personas no encuentran una fiscalización de sus acciones. “Lo que yo le digo a cada persona de la comunidad es: nosotros enseñamos principios y es su deber y su responsabilidad gobernarse a sí mismo. Si ustedes creen que aquí van a venir como en otras iglesia a que yo les diga cómo vivir su vida están bien equivocados porque hay libertad en Jesús, Jesús nos da esa libertad. Sean responsables y sepan que cada decisión y acción tiene una consecuencia así que asúmanla y a partir de ahí empiecen a guiar su vida”.

Hoy Jhon no tiene ninguna duda, haber nacido gay fue una bendición: “Yo estoy muy agradecido con Dios por la posibilidad de ser un hombre gay y cristiano, porque ser gay me permitió moverme de la zona de confort en que estaba y revaluar muchas creencias que había tenido. Si no fuera gay, jamás me habría atrevido a cuestionar los planteamientos de los líderes eclesiásticos de aquella época. Así que sí, ser gay fue una invitación a incomodarme para así abrirme a otras experiencias, a otras cosmovisiones, a otras lecturas de la Biblia que me permitieran entender que Dios ama a toda su diversa creación”.

Fidel Mauricio Ramírez, además de ser otro de los personajes de este episodio, es teólogo, licenciado en filosofía y doctor en educación. Es profesor universitario y académico, y también dedica gran parte de sus energías a construir puentes entre dos aspectos de su vida: el catolicismo y la diversidad sexual.  Siempre estuvo involucrado con lo primero, pero fue en 2007 cuando un episodio trágico lo movilizó al activismo de lo segundo. “El suicidio de una pareja de hombres gay en las puertas de la Iglesia de Lourdes me generó a mí un impacto muy fuerte, especialmente por la fuerza simbólica que tenía ésta“. 

Sí, se suicidaron afuera de la Iglesia y en horas de la noche. “Esos son simbolismos que dentro de los contextos religiosos tienen una fuerza muy grande porque es estar fuera de la puerta. Es justamente una negación de aceptación y de reconocimiento al interior de una Iglesia que efectivamente ha tenido unos discursos de odio tradicionalmente y que han fundamentado muchísimas de las formas de violencia y la oscuridad. Tiene una connotación muy negativa, especialmente por los momentos de crisis. Sí. Entonces yo hice una lectura teológica de esto y como hombre gay me cuestioné mucho acerca del trabajo que estaba realizando, pues mi compromiso era un compromiso con con la Iglesia que sufre con los más necesitados pero estaba desconociendo también otro sector poblacional del que yo también hago parte, como es el de las personas LGBT”. (Ver: Voces LGBT católicas se hacen sentir en el Vaticano).

Desde entonces, parte de este trabajo lo realiza dando sus aportes para la construcción de una pastoral de la diversidad sexual y a través de la Red Católicos Arcoiris, una organización que se fundó en el 2015 en el marco del Sínodo de los Obispos por la familia en el Vaticano, aunque es independiente de la Iglesia Católica. Se trata de una estrategia para desarrollar una incidencia más directa en todos los procesos de reconocimiento, respeto y valoración de la diversidad sexual al interior de la Iglesia.

En esa labor, Fidel Mauricio ha concluido que es esencial descentrar la sexualidad del discurso religioso. “Realmente el marco no es la sexualidad, independiente como la practiques, sino los marcos éticos desde la cual la ejerces, o sea, es cambiar el foco de atención. Y esto lo estoy planteando y bueno, y ha tenido una muy buena acogida, porque realmente a ti no te van a cuestionar sobre si eres gay o eres heterosexual, sino más bien es cómo se establecen tus relaciones. ¿Si? Yo conozco relaciones heterosexuales totalmente violentas, construidas desde unas lógicas de poder y sumisión muy fuertes y también de unas lógicas de violencia en contra de la mujer que realmente resultan total y absolutamente pecaminosas en el marco de la moralidad cristiana. Por el contrario, conozco relaciones homosexuales construidas desde el amor, desde la colaboración, desde principios éticos que son el centro de la vocación cristiana”.

“Yo conozco relaciones heterosexuales violentas, construidas desde unas lógicas de poder y sumisión muy fuertes”, Fidel Mauricio Ramírez.

“Hay creyentes que deciden salirse de comunidades cristianas para crear su propia iglesia porque están cansados del discurso tradicional”, Fidel Mauricio Ramírez.

En otras palabras, hay que dejar de poner todo el énfasis en la sexualidad, hay que leer más allá de estos aspectos para así abrir nuevos significados a “la palabra de Dios”. Esto es teología queer. También lo es el hecho de que los creyentes se abran nuevos espacios cuando las iglesias los arrinconan contra una esquina. “La teología queer es también un movimiento y una práctica emancipadora. Entonces, ¿qué significa esto? Que cuando un grupo de creyentes decide salirse de una comunidad cristiana, crear su propia iglesia porque están mamados del discurso tradicional. Ahí también se empieza a configurar y a construir un discurso queer porque es en la periferia del discurso tradicional que lo queer puede entenderse por un lado desde lo teórico, que hay grandes desarrollos al respecto, pero también más desde la práctica emancipadora en contra de los discursos oficiales que se nos han impuesto”.

Viajamos ahora a un país vecino, separado de Colombia por una inmensa selva vegetal y lingüística… Pero a la vez similar al nuestro por su carácter diverso en lo cultural y por lo popular que es la fe cristiana entre sus habitantes. Sí, es Brasil. Bueno, de este país vienen dos invitados cuyas historias resuenan, de forma muy similar, con las vivencias que hemos escuchado hasta el momento. “Bueno, yo siempre estoy en espacios de personas que hablan español entonces, pero como un bueno pentecostal que soy, digo que es del don de lenguas”.

Escuchamos a Luiz Fernando Botelho. Bob, como le dicen sus amigos y colegas. A sus 26 años es reverendo de la Iglesia Antigua de las Américas y coordinador de la organización Evangélicos por la Diversidad, que agrupa a fieles evangélicos, sexualmente diversos, en Brasil y en todo el continente. Antes de llegar ahí, Bob creció marcado por una experiencia que tuvo a los 9 años de edad en una iglesia pentecostal en la periferia de Curitiba, al sur de Brasil. “Es como un grande evento que un pastor coloca la mano en mi cabeza y dice que yo voy a ser misionero, pregar para las naciones de la tierra y bueno, cosas como éstas. Y desde que este evento haya acontecido, yo nunca más quise ser otra cosa, solamente misionero”. (Ver: “Soy un gay a imagen y semejanza de Dios”).

Bob estaba destinado… No, ¡llamado a ser misionero! Eso lo sabe hoy a sus 26 años. Pero a mitad de camino se encontraría con una roca gigantesca: el descubrimiento de su homosexualidad y el conflicto entre esta orientación sexual y su iglesia. “Yo fui voluntariamente procurar profesionales cristianos porque yo quería curarme. Quería la cura gay. Quería reverter mi sexualidad porque esto es ‘una cosa del maligno’, yo quería vencer y volver a iglesia, volver a mi ministerio, a mi profesión, a mi carrera profesional”.

Ayunos, oraciones, vigilias. Nada dio resultado. Después de una crisis psicológica muy severa al punto de intentar quitarse le vida, Bob decidió por fin aceptar su homosexualidad. Pero su comunidad no lo recibiría más.  

Por su parte, él no quería separarse de Dios ni de la religión. Empezó a estudiar teología, a aprender de otras lecturas e interpretaciones de la Biblia y a compartir lo que aprendía con otros. Fue así como nació Evangélicos por la Diversidad, una organización que promueve y fomenta una perspectiva afirmativa de la diversidad sobre la base de que es posible el diálogo entre la espiritualidad, el amor a Jesus, reverencia hacia la Biblia y la celebración de la propia sexualidad.

Hoy día Bob trabaja para ayudar a que personas LGBTIQ se reafirmen en su identidad, sea cual sea, porque para él, la espiritualidad no entra en disputa con la identidad de género o la orientación sexual. Según nos explica, en las iglesias se vende la idea de que la sexualidad no es una identidad para así poder promover la noción de que es posible cambiar o renunciar a la la vivencia de la homosexualidad… ¡O de cualquier otra diversidad sexual! (Ver: Qué es el fundamentalismo religioso y qué implica realmente).

“Ayunos, oraciones, vigilias. Nada dio resultado”, Bob.

“No desafiar los discursos religiosos radicales es una forma de permitir que la Iglesia continúe marginando a las personas LGBTIQ”, Bob.

Porque una cosa que yo necesité pensar fue que bueno, yo no voy a ser menos homosexual si me quedo solo por toda la vida. Yo soy homosexual y después de comprender que yo soy homosexual, que es una identidad mía, no es toda la identidad… Yo no soy solamente homosexual pero lo soy, así como yo soy blanco, así como yo soy hijo de mi Maria Irene Botelho y José Botelho, así como yo soy estudiante de geografía ahora en este momento… son aspectos de mi identidad, cosas que me definen, cristiano también es una identidad. Entonces el primer paso es reconocer que es una identidad, porque después empieza un proceso de dialogar las dos identidades, la espiritualidad y la sexualidad

Eso a nivel personal. Pero a nivel colectivo asumir esta lucha tiene un papel  importante a jugar contra los fundamentalismos religiosos, cada vez más fortalecidos por todo el continente. Aunque Bob entiende a quienes le dicen que no le preste atención a la iglesia porque esta ha sido opresora buena parte de su existencia… Para él es importante disputar los discursos de la Iglesia. Dice que no desafiar los discursos religiosos radicales es una forma de permitir que la Iglesia continúe haciendo cosas como marginar a las personas LGBTIQ o ir en contravía de derechos ya adquiridos por la sociedad.

La revuelta de Stonewall no fue un pedido de autorización para ocupar la ciudad, sino una afirmación del derecho de existir en la ciudad. Entonces es necesario una revuelta de Stonewall dentro de la Iglesia que para mi que  soy creyente y llamo de avivamiento y es necesario decir: acá estamos, no vamos a salir de acá. Y ustedes tienen que respetar, la Biblia me ampara, Jesús Cristo me ampara y yo no voy a abrir mano de mi espiritualidad porque no quiero”.

Nuestra última invitada es Alexya Salvador, primera mujer trans en ser ordenada reverenda evangélica en América Latina. Alexya es profesora, activista, teóloga y la primera mujer transgénero en adoptar en Brasil. Junto a su esposo Roberto, hoy cría a sus tres hijos en la ciudad de Mariporá, a las afueras de la gran São Paulo. 

Antes de romper todos los moldes, Alexya también tuvo que padecer mucha discriminación, empezando por la escuela en la que a pesar de ser la alumna más alta, era golpeada e insultada por los demás estudiantes por ser diferente. (Ver: Mujer trans, pastora evangélica y mamá).

Então quando eu começo a participar da igreja também foi por conta disso… a igreja era o espaço que eu não apanhava, as pessoas não me batiam na igreja”. (Entonces cuando yo empiezo a participar en la iglesia también fue por eso, la iglesia era el lugar en el que nadie me maltrataba, las personas no me pegaban).

Alexya no habla español, por lo que estaremos doblando su testimonio a nuestro idioma. En fin… debido a su identidad de género, la iglesia eventualmente se convirtió en un lugar de opresión y rechazo para ella. Alexya no sabía aún muy claramente cuál era su identidad de género, ¡ni siquiera tenía referentes para hacerse una idea! Todo lo que sabía era que ella era diferente a los demás. Pero un día, saliendo del seminario en el que estudiaba filosofía, vio en una calle de Sao Paulo a un grupo de travestis

Alexya Salvador es la primera mujer trans ordenada pastora evangélica en América Latina.

Todos los conflictos en su vida personal y espiritual la condujeron a tres intentos de suicidio.

Eu nunca vou esquecer que quando eu vi aquelas meninas alguma coisa dentro de mim encontrou o lugar. Tudo aquilo que eu tinha dúvida aquilo que eu não tinha resposta eu falei … é isso que eu sou”. (Yo nunca voy a olvidar que cuando yo vi a esas chicas alguna cosa dentro de mi encontró su lugar. Todo aquello sobre lo que yo tenía dudas, aquello para lo que no tenía respuestas yo dije, es eso, yo soy eso).

Consciente de que en la Iglesia católica nunca podría ser abiertamente quien ella era, abandonó el seminario y habló con sus padres sobre su situación. Su mamá la aceptó como hija desde un principio pero a su padre, inicialmente le costó mucho más. Todos los conflictos en su vida personal y espiritual la condujeron a tres intentos de suicidio.

Sin embargo, por esa misma época conoció a Roberto, su actual esposo. Se enamoraron y juntos empezaron a frecuentar la Iglesia de la Comunidad Metropolitana de São Paulo, una iglesia incluyente que no sólo la acogió, sino que le dio fuerzas para realizar su transición de género y más adelante, la ordenó como pastora. No fue fácil, fue un proceso de años de estudio y preparación teológica hasta que en enero de 2020 finalmente fue ordenada.

Na América Latina isso é um referencial para mulheres iguais a nós , que também temos vocação para a religião. Nós não temos apenas como dizem por aí na sociedade, vocação para ser prostituta, não. Hoje nós somos professoras, vereadoras, advogadas médicas. Então hoje nós estamos em todos os lugares”. (En América Latina esto es una referencia para las mujeres iguales a nosotras, también nosotras tenemos vocación para la religión. Nosotras no tenemos solamente como dicen por ahí vocación para ser prostitutas, no. Hoy nosotras somos profesoras, concejalas, abogadas, médicas. Entonces, hoy nosotras estamos en todos los espacios).

Alexya explica que si antes su vivencia de la religiosidad estaba atravesada por el tema de la sexualidad… Hoy en día no es así. Porque durante los 20 años en que  estuvo en la iglesia católica vió una iglesia obsesionada con el pecado del sexo… “Hoje a minha fé ela é centrada na luta da justiça social. Ela é centrada na radical inclusão, na radical autoafirmação de quem nós somos porque hoje eu consigo compreender que foi desta forma que Jesus agiu, lutando para incluir todas as pessoas na justiça… que Jesus não compactuo com a corrupção, com a morte, com a segregação de pessoas por causa da cultura, se era mulher, se era judeu, se era dia de sábado, se era domingo, se era leproso ou se era sábio, não. Hoje a minha fé ela é centrada na pessoa humana, na dignidade da pessoa humana. Aí eu descobri verdadeiramente a face de Jesus”.

(Hoy mi fe se centra en la lucha por la justicia social. Se centra en la radical inclusión, en la radical autoafirmación de que nosotras somos… Porque yo hoy logro comprender que fue de esa forma que actuó Jesús, luchando para incluir a todas las personas en la justicia, que Jesús no aceptó  la corrupción, la muerte, la segregación de las personas debido a su cultura, o si era mujer, o si era judío, o si era sábado, o si era domingo, o si era leproso, o si era sabio, no. Hoy mi fe se centra en el ser humano, en la dignidad del ser humano. Y ahí fue que yo descubrí verdaderamente a Jesús).

En su trabajo como pastora, Alexya enfatiza el verdadero mensaje de Jesús. Da como ejemplo uno de sus textos favoritos de la Biblia: la primera carta de Juan en el capítulo 4, versículo 18 dice: “en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor, é um dos livros que eu mais gosto, todo ele é centrado no amor de Deus e o evangelista ele vai cuidar das pessoas e bem dizer como é que você diz que ama Deus se você não ama o seu irmão… então quando a gente pega esse viés do amor cristão o amor é a perfeição né, isso pra qualquer igreja.. amor é sinônimo de perfeição. Que amor é esse que não consegue aceitar o outro? Que amor é esse que consegue criar mecanismos de exclusão de segregação?“.

(Es uno de los libros que más me gustan, todo el texto está centrado en el amor de Dios y el evangelista aquí se ocupa del ser humano y nos dice, ¿cómo es que tú dices que amas a Dios pero no amas a tu hermano? Entonces, cuando tomamos ese enfoque del amor cristiano, el amor es perfección, eso es así para cualquier iglesia, el amor es sinónimo de perfección. ¿Qué clase de amor es ese que no logra aceptar al otro? ¿Qué clase de amor es ese que logra crear mecanismos de exclusión y segregación?).

Todas las voces invitadas a este podcast tienen en común haberse atrevido a escuchar sus voces interiores aunque el ruido afuera hubiera sido ensordecedor. Todas tienen en común haber tenido que defender su derecho a permanecer en la fe que eligieron para vivir su espiritualidad. Y las cinco están convencidas de que la paz está en el respeto a la diversidad, no sólo sexual sino también religiosa. Como lo dice Judith Bautista, la obispa católica que comenzó este episodio: “Entonces yo sí creo que que hay una perspectiva, que es la perspectiva omnista, que es la que yo he asumido. El omnismo no es una religión, el omnismo es una actitud, es una actitud de reconocer que ninguna religión puede atribuirse la autoridad para decir que ella completa la visión de la divinidad o de la vida, porque es lo mismo, intentar comprender la divinidad es intentar comprender la vida. De alguna manera, la sumatoria de todas las religiones, de esa visión de todas las religiones, podrían acercarnos a la visión de lo que es la grandeza de la divinidad, ni aún la sumatoria de todas cubre toda la divinidad”.

Agradecemos a nuestros cinco invitados por compartir sus experiencias. Este episodio fue producido por Andrea Domínguez. La posproducción estuvo a cargo de Rodrigo Rodríguez de Loro Podcast. Lina Cuellar es directora de Sentiido y María Mercedes Acosta es la editora general.

Las canciones que escucharon en este episodio son: “The Battle Hymn of the Republic”, de la United States Naval Academy; “Under the wire”, de The Minivandals; “Lens” de Bobby Richards; “Running waters”, de Audionautix; “Loss”, de Kevin MacLeod; “Lost and found”, de Dan Leibowitz; “Because for everything there is someone”, de Patches; “Getz me to Brazil”, de Doug Maxwell; “Underwater exploration”, de Godmode; y “Veracruz”, de Quincas Moreira. Todas estas canciones fueron usadas bajo licencia Creative Commons. También escuchamos dos piezas de Judith Bautista, “Capitán de mi alma” y “Pedacitos de vida”. Los efectos usados vinieron de la página freesound.org


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2 thoughts on “¿A quién hay que pedirle permiso para amar a Dios?

  1. Hola. Buen día. En esta nota se afirma que soy” una de las primeras tres obispas católicas romanas de Latinoamérica”, lo que no es cierto. En su momento lo aclaré con la entrevistadora quien lo corrigió en el podcast, pero hasta ahora veo que quedó en el artículo. Soy una de las tres primeras mujeres ordenadas como sacerdotes en Colombia, pero no soy obispa. Ruego corregir esta información. Gracias


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