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Aborto en Colombia: lo que se dice vs. Lo que es

Género, diversidad sexual y cambio social.

El caso de la actriz Carolina Sabino, los debates en países como Chile y Perú sobre la despenalización del aborto, sumados a las palabras del Papa Francisco de absolver a las mujeres que se arrepientan, reviven las creencias más arraigadas sobre esta práctica.

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El desconocimiento y los prejuicios que existen alrededor del aborto llevan a que algunas personas, al mejor estilo de Pinocho, hagan afirmaciones sobre esta práctica que no corresponden con la realidad. Foto: Marko con Creative Commons.

La interrupción voluntaria del embarazo es uno de esos temas donde el desconocimiento lleva a quienes se oponen a esta posibilidad a hacer afirmaciones que no corresponden con la realidad.

Se dice, por ejemplo, que las mujeres que acuden al aborto son unas irresponsables porque para eso están los métodos anticonceptivos, desconociendo los serios vacíos que hay en Colombia sobre educación sexual y las diferencias que existen entre vivir en ámbitos rurales y urbanos.

Desde 2006, año en que la Corte Constitucional despenalizó el aborto en tres situaciones, hay quienes insisten en que lo que hizo esta entidad fue “promover” que las mujeres acudieran a este procedimiento como si fuera un método anticonceptivo más.

La pregunta es: ¿será que una mujer decide quedar embarazada para después abortar?

Hay que partir de la base de que ninguna quisiera interrumpir su embarazo, pero cuando es no deseado y afecta su bienestar y salud mental y emocional, en ocasiones no les queda otra alternativa. Sentiido seleccionó algunas de las frases que circulan sobre la interrupción voluntaria del embarazo y las contrastó con otros puntos de vista:

1. El aborto no es un tema de salud pública. Por tanto, el Estado no puede financiar interrupciones voluntarias del embarazo al incluirlas en el Plan Obligatorio de Salud (POS):

El aborto inseguro es la tercera causa de mortalidad materna en Colombia, algo que no es exclusivo de este país sino de América Latina. Las miles de muertes de mujeres en edad fértil constituyen un problema de salud pública.

Además, en el año 2000, Colombia firmó la Declaración del Milenio y uno de los ocho objetivos de desarrollo es la reducción de la mortalidad materna.

“El hecho de que aproximadamente 400.000 mujeres al año estén en riesgo de tener una complicación por cuenta de una interrupción insegura del embarazo es un problema de salud pública”, explica Carolina Melo, politóloga y ex coordinadora de La mesa por la vida y la salud de las mujeres, colectivo conformado en 1993.

Esto, sin contar con el costo que implica para el sistema de salud los legrados, las hospitalizaciones y la prescripción de antibióticos, producto de las complicaciones que se presentan en los abortos inseguros. Este dinero podría invertirse en anticoncepción.

“El hecho de que el aborto inseguro le quite dinero al sistema de salud lo convierte en un tema de salud pública”, Laura Gil, ginecóloga.

Otro problema es el subregistro que existe en el número de procedimientos que se llevan a cabo. Por los prejuicios y señalamientos que genera el aborto, muchas veces no son reportados en los sistemas de información.

Así, por ejemplo, mientras el Ministerio de salud señala que anualmente se presentan 2.000 casos de interrupciones en todo el país, la IPS Oriéntame, que atiende a mujeres en el marco de la sentencia de la Corte, registra 7.000 solamente en Bogotá.

Según Gil, estas son las consecuencias de que los países subdesarrollados tengan legislaciones tan restrictivas al respecto. En los desarrollados esto no sucede porque allí las mujeres tienen acceso a un aborto seguro.

Además, el hecho de que muchas mujeres no puedan decidir sobre su salud (de acuerdo con la sentencia de la Corte Constitucional) representa un problema de inequidad.

2. Quienes están a favor del aborto atentan contra una vida:

Edgar Iván Ortíz, presidente de las federaciones colombiana y latinoamericana de ginecología, explica que muchas veces las personas son “provida del feto”, pero no “provida de la mujer”. Y lo que puede suceder cuando se hace una interrupción voluntaria del embarazo en condiciones de riesgo es que los dos se mueran.

En ocasiones, se le confiere al nasciturus (ser humano concebido, aún no nacido) los mismos derechos de la mujer que lo lleva en su vientre.

Sin embargo, el artículo 90 del Código Civil colombiano establece que la existencia legal de una persona y su derecho a la vida empiezan al nacer. Esto es, al separarse completamente de su madre.

De esta forma, quienes se oponen a la interrupción voluntaria del embarazo le otorgan personalidad jurídica al feto, quien carece tanto de derechos como de deberes y le dan prioridad a la defensa de su vida, frente a la de la mujer embarazada, quien sí es sujeto de derechos.

En la sentencia C-355, la Corte Constitucional le dijo sí a la vida, pero primero a la de las mujeres. Si bien esta entidad señaló que biológicamente existe una vida llamada nasciturus (un embrión o un feto), el Estado no le puede prestar la misma protección que a un ser humano formado.

“El nasciturus tiene derecho a una protección jurídica, de ahí que exista el control prenatal y que sea ilegal el aborto en contra de la voluntad de las mujeres, pero no se puede elevar su estatus de vida al mismo de las mujeres. Si eso fuera así, el aborto siempre habría estado penalizado como homicidio”, añade Laura Gil, ginecóloga.

Por otra parte, la discusión de la prestación de un servicio de salud no puede darse desde el punto de vista moral ni religioso porque esta es una percepción individual según las creencias de cada quien.

La discusión es legislativa, de salud pública, teniendo en cuenta que Colombia es un Estado laico donde las decisiones se toman de acuerdo con los derechos de las personas y no según las creencias de la mayoría.

3. La despenalización del aborto promueve que las mujeres aborten si el feto tiene alguna discapacidad:

En su sentencia, la Corte Constitucional estableció que las mujeres pueden acudir a la interrupción voluntaria del embarazo cuando existe una grave malformación del feto que haga inviable su vida. Es decir, cuando se sabe que un proceso de gestación va a derivar en una muerte horas después del parto.

“Una manera muy cruda en la que algunas mujeres relatan esta situación era que se convertían en ataúdes humanos. En estos casos, el aborto es una alternativa para evitarles pasar por nueve meses de gestación y un parto”, agrega Melo.

Lo cierto es que la Corte solamente se refiere a las malformaciones que impliquen una inviabilidad del feto una vez esté por fuera del vientre. Solamente cubre aquellas tan severas que una vez este ser nazca, no va a tener ninguna posibilidad de vivir.

4. El aborto se va a convertir en un método anticonceptivo:

Ninguna mujer aborta por gusto, ni queda embarazada para después interrumpir su embarazo. Esta práctica se presenta, entre otras cosas, porque aún muchas de ellas son víctimas de abusos sexuales, carecen de educación sobre métodos anticonceptivos o tienen parejas que no quieren planificar.

“Quienes estamos a favor y en contra de la interrupción voluntaria del embarazo, compartimos la idea de que ojalá ninguna mujer tuviera que abortar. En lo que no estamos de acuerdo es en la manera de llegar a ese objetivo”, señala Mónica Roa, vicepresidenta de Estrategia y Relaciones Externas de la organización Women’s Link Worldwide.

Quienes se oponen, agrega, buscan prohibirlo. Quienes estamos a favor, buscamos garantizar una educación sexual de calidad, evitar la violencia sexual y aumentar el acceso a toda la gama de anticonceptivos.

En todo caso, lo que está en el fondo de la discusión son los embarazos no deseados. “Casi la mitad de la población en Colombia nació sin ser planeada. Fue concebida en un marco de incertidumbre. Y esto influye en el hecho de que, por ejemplo, las mujeres sean cabeza de familia en el 30 por ciento de los hogares”, añade Melo.

Un hombre que tiene diferentes hijos y después se desaparece, no recibe la misma sanción social ni condena moral de una mujer que dice: “no quiero tener este hijo”.

“Los procesos de crianza y cuidado son siempre responsabilidad de ellas”, señala Melo.
En los países donde la interrupción voluntaria del embarazo está despenalizada, esta práctica tiende a disminuir. Contrario a lo que se cree, las cifras no aumentan.

Además, es una estrategia para disminuir la mortalidad materna. Cuando se endurecen las leyes, aumentan las muertes, porque muchas mujeres se ven obligadas a acudir a procedimientos poco seguros.

Ahora, normalmente las políticas de despenalización vienen acompañadas de educación sexual y mayor acceso a servicios de anticoncepción –incluida la consejería para un mejor uso de estos métodos– lo que reducen los embarazos no planeados y la necesidad de recurrir al aborto.

Habría que preguntarles a los prestadores de servicios de salud de Colombia qué información les entregan a sus pacientes sobre anticoncepción y qué campañas publicitarias manejan al respecto. La clave está en avanzar en políticas de prevención.

5. Se está promoviendo que las mujeres aborten:

La despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo no obliga a las mujeres a abortar. Si una mujer que fue abusada sexualmente queda embarazada y quiere tener ese hijo, puede hacerlo. Eso es justamente lo que significa vivir en un Estado democrático, que cada quien decida.

“Pero si esa mujer no quiere continuar con ese embarazo, ¿por qué tendría que hacerlo? ¿Solamente porque a otras personas les parece que moralmente no es correcto que aborte? Esto no es propio de un Estado social de derecho”, afirma Carolina Melo.

6. Es riesgoso practicarse un aborto:

En la medida en que aumentan las semanas de gestación, aumenta también el riesgo de una interrupción voluntaria del embarazo. No es lo mismo practicar este procedimiento a las seis semanas que a la 16. Sin embargo, los riesgos son mayores de esperarse hasta el parto.

“Una de cada 100.000 mujeres puede morir en un aborto, pero la mortalidad materna, incluyendo parto y aborto, es mayor: 70 mujeres por cada 100.000 nacidos vivos”, afirma Laura Gil.

Sin embargo, cada mujer es quien debe sopesar la situación y tomar la decisión de qué es lo mejor para su vida. Esto es parte de su autonomía.

7. Si el embarazo es producto de una violación, la mujer puede darlo en adopción:

Impedir u oponerse a la interrupción voluntaria del embarazo de una mujer que fue víctima de un abuso sexual, es desconocer la violencia que hay detrás de esto. Presionarla para que continúe con un embarazo que no buscó y que es producto de un acto sin su consentimiento con el argumento de que después podrá darlo en adopción es revictimizarla.

“¿Dónde queda su dignidad cuando además de que abusan de ella, no cuenta con un ejercicio mínimo de reparación como es no tener ese hijo?”, pregunta Carolina Melo.

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1 Comentario

  1. y por que siempre quieren irse a los extremos como son los casos de violacion o abuso¡¿se supone que el apoyar la despenalizacion del aborto es por esto?

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