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Andy Panziera: no ser un hombre ni una mujer

Género, diversidad sexual y cambio social.

Para Andy Panziera, quien trabaja con infancias y adolescencias inconformes con el género que se les asignó al nacer, los seres humanos re-interpretan su género de manera permanente porque este no es estático.

Por: Irene Alonso Acosta*
Fotos: Archivo Andy Panziera.

no ser un hombre ni una mujer
Andy Panziera nació y vive en Argentina, estudió psicología y se identifica como una persona no binaria.

Andy Panziera dedica buena parte de su tiempo a acompañar a infancias y adolescencias que no se ajustan al género que les asignaron al nacer, en sus procesos de tránsito. También, acompaña a sus familias a entender y a apoyar la situación. (Ver: “Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT”).

De hecho, durante poco más de tres años, coordinó el proyecto “Género y Familia” en Santa Fe (Argentina), que busca que cuando un menor o un adolescente inicie un tránsito de género, su entorno también lo haga.

Tener esa experiencia de tránsito sola y sin apoyo carcome a la persona y puede ser causa de depresión. La aceptación es la mejor protección, como por ejemplo, cuando una familia llama a un menor por el nombre y con los pronombres con los que se identifica”, señala Andy Panziera.

En este sentido, recuerda el caso de una familia a la que le costaba mucho trabajo aceptar la identidad de género de su hija. “Para estos padres, permitir que ella usara una hebilla de Hello Kitty fue un gesto de amor enorme que le hizo ver a la menor que sus padres la amaban y que en este mundo había esperanza para ella”. (Ver: ¿Hebillas para mi hijo?).

“Cuando una familia le pregunta a su hijo o hija, ‘¿esta vestimenta es la que tú quieres o necesitas?’, es la mejor forma de protección”.

Por esto Andy trabaja con infancias y adolescencias, el eslabón clave en la interrupción de las violencias. “Son quienes van a seguir construyendo el mundo cuando ya no estemos“. (Ver: Los niños no son propiedad de sus padres).

identidades no binarias
Durante tres años Andy Panziera coordinó el proyecto “Género y Familia” en Santa Fe (Argentina).

La apuesta de Andy es por una democracia que tenga en cuenta las voces de las infancias y adolescencias. Una persona con 18 años, explica, aún con las dificultades del caso, puede expresar ‘soy trans’, pero esa posibilidad no la tienen las infancias. De ahí la importancia de proteger su reconocimiento y bienestar.

“No se trata de decidir ni de prescribir qué es lo más adecuado para cada quien y su familia, sino acompañarles a tomar decisiones informadas”.

En el primer encuentro con cada grupo familiar Andy se presenta. Les cuenta que ese fue el nombre que eligió, que se identifica como una persona no binaria y que sus pronombres son “ella” y “elle”. También, que nació en Argentina, que es judía y que estudió psicología en una universidad pública. (Ver: Alanis Bello: no quiero ser un hombre ni una mujer).

Para Andy, presentarse y que las demás personas lo hagan es un paso importante para autorreconocerse, reconocer al otro y entender que hay muchas experiencias de vida y formas de habitar el mundo. En su caso, desde 2017 empezó a identificar de manera clara que no se sentía hombre, pero tampoco mujer. (Ver: No soy un hombre ni una mujer, ¿entonces qué soy?).

Sabía que algo no cuadraba con el género que le habían dicho era el suyo y en la forma en la que quería mostrarse al mundo. Las personas cercanas también lo notaban. “Tampoco sabían cómo nombrarme porque estaban seguras de que yo no iba a hacer un tránsito para un día decirles: ‘hola, soy mujer’”. (Ver: Brigitte Baptiste, una navegante del género).

Más de una vez se preguntó por qué, por ejemplo, no podía usar falda o maquillarse cuando quisiera. También, había momentos en los que necesitaba llamarse en femenino. “Cuando algo de mi cuerpo me gustaba no podía nombrarme en masculino. Yo me sentía hermosa, no hermoso. Pero sin percibirme como mujer”.

no ser un hombre ni una mujer
Andy recuerda que una profesora le preguntó: “si a mí me gusta decir en el aula buenos días a todos y a todas, ¿cómo hago para que esto no sea binario?”. Su respuesta fue, “más bien diles: ‘hola, les deseo que tengan un hermoso día’”.

Llegó un punto en el que Andy se dijo: “no me puedo engañar más, no soy un hombre, así tenga voz grave y mi cuerpo sea de una cierta manera”. Pero fue durante sus consultas en psicología que empezó realmente a escucharse.

Recuerda muy bien el día en que alguien le habló del género como un espectro y que le señaló que había una amplia gama de grises. Fue, entonces, cuando cuestionó la idea de que obligatoriamente todas las personas tienen que construirse dentro del binomio “hombre – mujer”. (Ver: El género existe y no es una ideología).

“Quisiera un mundo en el que nunca te pidan que ‘demuestres’ que eres mujer cuando te identificas como tal”.

Eligió un nombre y la forma de vestir y de comportarse con la que mejor se siente, sin tener que identificarse como hombre o mujer. A diferencia de algunas personas trans que acuden a procedimientos quirúrgicos y hormonales para lograr determinados cuerpos, ese no es su caso.

De hecho, en 2019 hizo terapia hormonal, pero un día se vio al espejo y admitió que no se sentía a gusto al ver su cuerpo más cercano a lo que socialmente se considera femenino. “Dije: por ahí no es”. Lo suyo es salirse de esas etiquetas, esas categorías y esos moldes llamados “hombre” y “mujer” aparentemente tan fijos.

Sentiido: ¿cómo explicar las identidades no binarias?

Andy Panziera: Somos seres vivos que de manera permanente reinterpretamos el género. En ese sentido hay una experiencia al ser niña, otra al ser adolescente y otra al ser adulta. La vivencia del género no es estática. El escritor uruguayo Eduardo Galeano decía que la identidad no es una pieza de museo.

“Sigo siendo la misma persona de siempre, solo que en otro momento”.

Si bien en muchos casos el “soy mujer” va de la mano del “no soy hombre”, hay quienes tienen experiencias de hombre y a veces de mujer o que van alternando esa vivencia de género.

También estamos quienes, como yo, nos salimos del binomio hombre-mujer, de esas etiquetas, esas categorías, esos moldes a la hora de expresarnos, de elegir la ropa, el peinado… Estas son las identidades no binarias.

S: En últimas, ¿qué tan necesarias son categorías como “hombre” o “mujer”?

A.P.: ¿Cómo renunciar a la categoría “mujer”? Estaríamos tirando por la borda siglos de lucha. Hay algo allí que ayuda a la hora de reivindicarnos y de pelear en términos de justicia social.

También, desde el punto de vista psicológico, a muchas personas las categorías les ayudan a ordenar su identidad y a tener un espacio de enunciación. No se trata de hablar de una masa indiferenciada y sin significado. Para mí, el desafío es saber que hay categorías que no están ligadas a lo binario “hombre” y “mujer” y en entendernos como personas diversas.

S: Cuando una persona va más allá de las categorías “hombre” y “mujer” ¿termina desprendiéndose de otras como homosexual, heterosexual y bisexual?

A.P.: La persona con la que ahora tengo un vínculo es un hombre trans. ¿Cómo le llamamos a esto? Antes de que yo me identificara como una persona no binaria, ¿era un varón cisgénero que estaba con un hombre trans? ¿Y un hombre trans con una persona no binaria qué es? (Ver: Cis…¿qué?).

Entonces, ese ABC de los cursos de diversidad sexual y de género pueden ser un buen cuento para dormir con tranquilidad por la noche y asumir que lo entendemos todo. Es decir, podemos tapar el miedo y la incertidumbre con respuestas rápidas o podemos empezar a reconocer con modestia la complejidad de la realidad.

S: ¿Qué decirles a quienes dicen que las identidades no binarias y el género fluido son una moda?

A.P.: Les preguntaría: ¿la heterosexualidad es una etapa? ¿ser cisgénero es una moda? ¿será entonces que ser cisgénero y heterosexual, fue un capricho en algún momento de mi vida?

“Cuánto dolor experimenté por no escucharme”.

Ahora, los números de “des-transición”, si es que eso pasa, son casi inexistentes. Estamos hablando entre el 0 y el 1 % de los tránsitos de género. Lo que sí pasa es que durante el proceso, alguien puede identificarse inicialmente como mujer trans y después irse hacia una identidad no binaria. (Ver: Existencia y resistencia no binaria: consejos para aliados).

S: ¿Qué necesitamos cambiar para lograr un mejor mundo para las infancias y adolescencias?

A.P.: Pensar en un mundo en donde todos los mundos sean posibles. Uno en el que no nos encasillen obligatoriamente en un género, uno en el que no sea necesario decir cómo son mis genitales, cuál es mi género, con quién me acuesto y tener que pedir perdón si eso no es como “socialmente está decretado”.

“¿Qué tanto le aporta al ordenamiento social que un documento de identidad diga ‘hombre’ o ‘mujer’, basado en un criterio genital?”

Me refiero a un mundo en el que las infancias puedan decir “mi nombre es tal” y que esto no sea un calvario. Que se acabe eso de “es un niño”, entonces todos le van a regalar carros y ropa azul y si es una niña, cosas rosas y juguetes relacionados con el cuidado doméstico. (Ver: “Desde que las niñas son rosadas y los niños azules, estamos jodidos”).

Para mí libertad no es hacer lo que yo quiera porque la libertad es colectiva. Para mí un mundo basado en el reconocimiento de todas las personas y sus derechos humanos es el piso que espero para mí y para todas las infancias.

* Comunicadora social y antropóloga. Periodista de Sentiido.

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