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Apoya a tu pareja para que no trabaje tanto…

Coordinadora de proyectos en Sentiido. Doctora en Lenguas y Literaturas Romances (Universidad de California, Berkeley). Profesora de Género y Sexualidad y Literatura Latinoamericana en American University (Washington DC).

Una interesante iniciativa del Ministerio del trabajo de Colombia invita a que las mujeres tengan igualdad de oportunidades laborales empezando por el hogar. Sin embargo, hay otro mensaje que queda en el aire.

el machismo en la cotidianidad
Muchas mujeres deben “pedirle el favor” a sus parejas para que se hagan cargo momentáneamente de los deberes del hogar mientras ellas trabajan. Foto: Kheel Center

El pasado diciembre el Ministerio del Trabajo de Colombia, con el apoyo de la Alta Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), lanzó la Política Pública de Equidad Nacional junto con el Sello de Equidad Laboral “Equipares”. Esta iniciativa, que ya se ha llevado a cabo en México, Chile, Uruguay, Brasil y Costa Rica, busca fomentar el compromiso de la empresa privada con la inclusión justa y equitativa de la mujer en la fuerza laboral.

“Equipares” se enmarca dentro de un discurso que promueve la igualdad de género con lógicas económicas. Como lo dice Rafael Pardo, el ministro de trabajo: “la inclusión justa y equitativa de la mujer en el mercado laboral no es sólo una cuestión de derechos, es una herramienta de desarrollo económico y social que nos beneficia a todos/as”. La página web del Ministerio señala, además, que “la implementación de sistemas de gestión igualitarios mejora el clima laboral, reduce el ausentismo y la rotación de personal y aumenta el compromiso del personal con la empresa. Estos factores contribuyen a que las organizaciones sean más productivas y competitivas en el mercado”.

Que el gobierno se esté esforzando por promover la igualdad laboral de la mujer es loable, pues sin duda las mejoras en las condiciones de trabajo tienen un fuerte impacto en la vida de muchas mujeres. Sin embargo, no deja de parecerme preocupante que esto tenga que hacerse desde un lente de beneficio económico. Argumentar que las mujeres deben ser contratadas en las mismas cantidades, para los mismos puestos y con las mismas garantías que los hombres es inviable si no se promueve un cambio institucional más profundo.

El espacio laboral fue pensado para una sociedad en la que los hombres trabajaban y las mujeres se quedaban en casa. A pesar de que hoy la mayoría de mujeres trabajan, las dinámicas y expectativas de muchas empresas y lugares de trabajo han cambiado poco. Si hoy en día hay mujeres en (casi) todas las oficinas y negocios, no por eso hemos dejado de enfrentar numerosas barreras que impiden una verdadera igualdad y que no se soluciona con enfoques diferenciados de género (aunque sin duda esto es útil), sino con un cambio mucho más profundo y complejo de las estructuras laborales y sociales.

La estrategia del gobierno no sólo no plantea nada semejante, sino que, como el Chapulín Colorado, termina por decir lo contrario de lo que dice querer decir… Uno de los comerciales producidos para promover la iniciativa es un buen ejemplo de este trabalenguas:

Las imágenes muestran a mujeres pidiendo ayuda a sus maridos en el cuidado de los hijos y el hogar, y a éstos, negándose a hacerlo una y otra vez:

“¿Me ayudas con el mercado? Es que hoy entro temprano a trabajar”, “¿puedes recoger a la niña hoy?”, “¿puedes ir por lo del desayuno?” Al decir que no, las mujeres son vistas literalmente arrastrando el peso de sus esposos.

El comercial concluye:

“Sin tu ayuda ella se debe esforzar el doble. Cuando apoyas a tu pareja, sus oportunidades laborales mejoran. Apoya la equidad laboral, es cuestión de desarrollo. Gobierno de Colombia, Ministerio del Trabajo. Prosperidad para todos”.

La imagen de las mujeres intentando avanzar mientras llevan el peso de maridos y niños literalmente a cuestas es ingeniosa y efectiva para hacer visible lo que como sociedad tanto nos esforzamos por ocultar con discursos, a veces religiosos, a veces románticos, a veces pseudo-feminitas, pero siempre esencialistas respecto a la supuesta naturaleza femenina, a su genética disposición para hacer mercado y cambiar pañales.

“Ayúdame” solo por hoy…

Sin embargo, el comercial tiene un problema, o mejor, dos. Dos palabrejas que borran con el codo lo que se pretende hacer con la mano: “hoy” y “ayuda”.

En los tres casos que se nos presentan, el tono de las mujeres es sumiso y dubitativo. En los tres casos, las mujeres “preguntan”, “piden un favor”, una “ayudita”… Además, dicha “colaboración” está planteada desde la excepción: “¿puedes recoger a la niña hoy?”, y los demás días, ¿quién recoge a la niña, hace el mercado y va por el desayuno?

Los hogares que el comercial nos muestra no son espacios equitativos ni al principio ni al final. De manera perversa, el comercial afianza el mito que intenta desbancar pues refuerza la idea de la excepcionalidad del involucramiento masculino en las labores del hogar y la crianza.

Al plantear su propuesta de igualdad en términos de “apoyo a la pareja” se presume que el hombre, a diferencia de la mujer, tiene la opción de participar o no el cuidado de la casa. Recoger a la niña del colegio es una decisión que el hombre puede tomar o no según le convenga. Más aún es algo que hace como un favor a su mujer, no como parte fundamental de su responsabilidad de padre y esposo.

Para el comercial, hacer mercado o ir por el desayuno es una especie de gesto caballeresco para que “ella no tenga que esforzarse el doble”. Es decir, algo que el hombre hace “por” la mujer. En consecuencia, la estructura de subordinación permanece intacta: la responsabilidad del hogar y los niños sigue siendo femenina, la función del hombre es complementaria y, al fin de cuentas, opcional.

La igualdad no puede plantearse en términos de “ayuda” ni de “por hoy”. Debemos crear conciencia de que el trabajo que mantener una casa y una familia implica son tan responsabilidad del hombre como de la mujer. No se trata de “apoyar a tu pareja” para que “ella” no trabaje tanto y tenga más oportunidad. Hacer el mercado y encargarse de los niños no es un favor que algunos hombres hacen a sus mujeres, es una responsabilidad básica de aquel que quiere comer y tener hijos, sea hombre o mujer.

En vez de “apoya a tu pareja” quizás deberíamos decir algo como “asume tu responsabilidad”. ¿Quieres comer en tu casa?, pues, por si no lo sabías, eso implica que debes hacer mercado, cocinar y lavar los platos. ¿Quieres tener hijos? Pues bien, tienes que llevarlos al colegio, al médico, ayudar con las tareas, bañarlos, vestirlos, darles de comer. Hoy y todos los demás días también.

Esto no implica que los hombres sean los que tienen que hacer todo el trabajo del hogar mientras las mujeres se quedan en la oficina hasta las diez de la noche. La idea es que las parejas puedan negociar los muchos compromisos de la vida adulta según sus gustos, intereses, necesidades, habilidades u horarios. De lo contrario, las mujeres seguiremos a cargo del famoso “segundo turno” en el hogar, y los hombres seguirán esperando que les demos las gracias cada vez que pasan la tarde de un sábado con sus hijos.

“Equipares” es un paso importante del Ministerio del Trabajo y también de la empresa privada. Pero no podemos olvidar que sin profundos cambios institucionales —como la licencia de cuidado temprano para mujeres u hombres— sociales y culturales, este seguirá siendo otro de los muchos compromisos de papel.

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