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Árbitros y homosexuales / Árbitros homosexuales

Género, diversidad sexual y cambio social.
comentarios destacados homofóbicos
Álvaro González, el de las delcaraciones. futbolred.com

La polémica desatada el martes 31 de enero a raíz de las declaraciones del presidente de la División Aficionada del Fútbol Colombiano (Difútbol), Álvaro González Alzate, no ha parado de suscitar todo tipo de comentarios en los diferentes medios de comunicación.

Las afirmaciones de González, que rayan con la comicidad, han permitido encontrar una galería de expresiones que nos indican que el tema de la aceptación de la homosexualidad va más allá de la ignorancia (como decir, por ejemplo, “no hay nada con más posibilidades de contagiarse, no hay peor enfermedad (…) que el homosexualismo”) y se camufla en cortas oraciones que a veces pasan de largo sin que puedan ser detectadas a tiempo.

Al oír la entrevista hecha por la emisora La W al exárbitro y ahora asesor en el tema Rafael Sanabria a propósito del dirigente González, salió a la luz información comprometedora como que éste es un reconocido manipulador de la maquinaria burocrática y que se vale de artimañas como el “uso” del conocimiento de la orientación sexual de los árbitros para obtener lo que quiere.

El escándalo suscitado por la demanda por acoso sexual hecha a Óscar Julián Ruiz destapó el meollo de todo el asunto.

Por esta razón nos vemos en la necesidad de separar el caldo de la costilla. Por una parte, hay una situación que no debe ser dejada de lado y es la que está implicando a ciertos árbitros en la “rosca” para escalar de posición pidiendo a cambio favores sexuales. Esto, independientemente de la orientación sexual, es un delito y una falta de ética profesional.

Por otro lado, está el “problema” de ser homosexual. Punto. Y tal parece que a muchas personas lo que más les interesa es hablar de esto para proteger la moral, los valores y la familia, etc. Pero esto es un cuento que ya conocemos.

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Rafael Sanabria, analista arbitral. elcolombiano.com

Volvamos a las declaraciones del exárbitro Rafael Sanabria. En el minuto 4 de su intervención, con todas sus buenas intenciones, Sanabria afirma que en una ocasión recomendó al hijo de un conocido para que ingresara a uno de los colegios de arbitraje de Bogotá y que “al cabo de dos años ese muchachito ya estaba perdido en la parte sexual”.

Más adelante (minuto 5:14) se rectifica diciendo que utilizó mal las palabras y que él recuerda que en la ciudad de Bucaramanga había “un árbitro que era homosexual, pero era una persona honesta, sincera y en la cancha era todo un varón”.

Reconocemos aquí que Sanabria está tratando de marcar una diferencia con Álvaro González al insistir que no hay nada de malo con ser homosexual. Se le anota el punto.

Sin embargo encontramos en sus expresiones el largo trecho que nos falta por recorrer en materia de difusión y de socialización de lo que significa no ser heterosexual. Esto implica que ser homosexual no excluye ser una persona con cualidades: podría empezarse, entonces, por el uso del “pero”: “Es gay, pero hace bien su trabajo”, “Es lesbiana, pero es respetuosa”, “Es transexual, pero estudió”.

Por el lado de “estar perdido en la parte sexual”, dejamos el beneficio de la duda al pensar que el muchacho podía estar sufriendo física y psicológicamente por tener que hacer favores sexuales por la presión de ascender profesionalmente y que por ese motivo “estaba perdido”.

No sólo los deportistas tienen que enfrentarse día a día con la dificultad de aceptarse a sí mismos como homosexuales o aceptar a sus compañeros. También es ver que en las diferentes instancias administrativas del deporte existen prejuicios arraigados relacionados con la creencia de que un homosexual no puede ser un buen deportista o, por el contrario, que una mujer tiene buen rendimiento porque es lesbiana y se parece más a un hombre.

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Visión de una web aficionada

La esencia de esta situación radica, esencialmente, en el machismo que rodea el ejercicio del deporte, su administración y las expectativas de los aficionados.

Aunque en la W se hizo constante énfasis en que la homosexualidad no era la esencia del problema, finalmente la discusión terminó dedicándose a esto, principalmente por parte de los oyentes que llamaban a comentar.

Hace poco hicimos una columna relacionada con la ya descartada propuesta de incluir una cátedra de temas LGBT en las clases de educación sexual en los colegios públicos de Bogotá.

Los comentarios a este tema en los diferentes medios del país cuestionaban el uso del erario público en temas tan poco relevantes como éste. Sin embargo al leer entre líneas esta cuestión de la homosexualidad y los árbitros, nos preguntamos si realmente es tan inútil que unas clases solucionen las dudas que tienen los estudiantes para que no se repitan declaraciones tan bochornosas como estas.

6 Comentarios

  1. Muy bueno el artículo. Sin embargo, quiero ahcer un apunte sobre el manejo de nuestra ya -bastante maltratada lengua española; en la línea 2 del quinto párrafo, la palabra es Proteger y no Protejer… Muchas gracias por sus aportes.

  2. Por esta razón es que es muy importante el uso correcto de las palabras, el significado no es lo que uno cree, el significado de las palabras está por encima de las creencias de la gente, y hablar por hablar es muy fácil. Gracias por compartir esta visión objetiva de un “problema” que se desvió totalmente por el mal uso de las palabras.

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