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Así viví un foro sobre Matrimonio Igualitario

Cofundadora y editora de Sentiido. Comunicadora social y periodista, magister en Periodismo Digital. Ha trabajado, entre otros medios, en Revista Diners, Editorial Televisa Colombia y Revista Semana.

Aunque el matrimonio entre personas del mismo sexo está cerca de ser una realidad en Colombia, asistir a un foro en contra de estas uniones es una experiencia inolvidable. Así fue la mía.

razones para oponerse al matrimonio gay
El sacerdote Jaime Restrepo, el procurador general Alejandro Ordóñez y el senador del PIN Édgar Espíndola en foro contra el Matrimonio Igualitario en el Congreso de Colombia (abril 4 de 2013).

#No Callaré. Esta era la frase escrita en letras blancas, en la parte de atrás de las camisetas negras que llevaban puestas algunos de los jóvenes cristianos reunidos en el auditorio Luis Guillermo Vélez del Congreso colombiano, ubicado en el centro de Bogotá.

Era claro que la frase trataba de imitar un hashtag (palabras antecedidas con el signo # para clasificar temas en común en redes sociales como Twitter), pero el espacio entre una palabra y otra habría impedido que en la vida real funcionara.

Quizás para demostrar que dicho impase no era por desconocimiento de las nuevas tecnologías, los jóvenes improvisaron letreros en hojas tamaño carta que decían: “FF @contramatrimoniogay”. Pero era jueves, y el FollowFriday o FF es una costumbre de viernes para invitar a seguir a determinados tuiteros. Tampoco existe un usuario llamado “@contramatrimoniogay”.

Es 4 de abril de 2013. Faltan 10 minutos paras las 7:00 de la mañana. Fui la primera en llegar a la puerta de dicho auditorio que servirá como escenario del foro denominado “implicaciones y efectos del Matrimonio Igualitario en Colombia”.

El evento está organizado por algunos de los opositores al proyecto de ley que, por ese entonces se discutía en el Senado de la República, para reglamentar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Mientras autorizan el ingreso, espero parada en el andén simulando hacer algo con el celular. Un perro que alguna vez fue blanco y que viene bajando por la Calle Sexta se encuentra de frente con uno café, de menor tamaño, que avanza en sentido contrario. Interactúan como viejos amigos.

Algo me hace pensar que dentro del auditorio la amistad no fluirá de igual manera entre quienes están a favor y en contra del Matrimonio Igualitario.

Ahora son cerca de las 7:20 a.m. Un joven, con traje de corbata, que carga en sus brazos una buena cantidad de periódicos recién impresos, se acerca a la puerta del auditorio y confirma con el vigilante si allá tendrá lugar el foro convocado por los senadores Claudia Wilches y Edgar Espíndola. Ya no seré la única asistente.

A los cinco minutos llega más gente, entre ellos, el grupo de jóvenes que lucen las camisetas de #No Callaré. Saludan al que carga los periódicos. Los escuchó planear lo que parecen ser “estrategias para enfrentar a los activistas LGBT”. Lamentan que entre ellos, los cristianos, no cuenten con más voces académicas que logren desvirtuar con más fuerza los argumentos a favor del Matrimonio Igualitario esgrimidos por  “la comunidad LGBT”.

¿Buenos vs Malos?

Al girar su cabeza hacia la izquierda, el joven de los periódicos nota mi presencia y se me acerca. Alcanzo a pensar que quiere preguntarme algo así como: “¿usted está del lado de los buenos o de los malos?” No lo hace.

Me entrega un ejemplar de la edición #1 de Mirador 42, que se define como el “medio oficial de comunicación del Movimiento Amor por la Familia, inspirado en el artículo 42 de la Constitución de Colombia”. En las ocho páginas del periódico hay cinco fotos, una de ellas en portada, de Marco Fidel Ramírez, concejal de Bogotá.

Una vez adentro del auditorio, me siento en la cuarta fila del ala izquierda. Escucho que una mujer le pregunta a su vecino: “¿qué es ser transgénero?” Él piensa un poco y responde: “son unos depravados”. Después los oigo despotricar de “un señor que se viste como mujer y habla como hombre”.

Una vez revisa la lista de los panelistas, una mujer sentada a mi lado le dice a su vecina: “oiga, pero en este foro debería haber una voz a favor del Matrimonio Igualitario para saber qué piensan ellos ¿no?” Mientras tanto, en el ala derecha del auditorio, algunos jóvenes se toman fotos sonrientes con carteles que dicen #noalmatrimoniogay. Este hashtag sí les habría funcionado.

El senador Edgar Espíndola es el primero de los expositores en intervenir. Una y otra vez repite: “la familia es el núcleo fundamental de la sociedad”. Me resulta inevitable no acordarme de las clases de democracia de primaria.

“Cuando salgo al campo, miro cómo evoluciona el ciclo hidrológico, cómo el agua se evapora, se condensa en las nubes, cómo cae en la tierra en forma de lluvia, cómo está en ríos y mares y cómo se evapora nuevamente. Esto forma parte del derecho natural”, dice Espíndola. Vienen a mi mente las reseñas escritas en la parte de atrás de las láminas del álbum Historia Natural de chocolatinas Jet.

“Cuando salimos al campo y miramos la naturaleza, encontramos cómo el fruto de esos árboles -que son deliciosos además- forman parte del derecho natural. Pero para que ese fruto llegase a la mano del ciudadano, tuvo que intervenir el proceso natural o el componente macho y hembra”, agrega.

Me asalta la duda de si no sería Gerlein u Ordóñez el apellido del científico que, según explica, dijo: “si las personas en Colombia o en el mundo se volvieran homosexuales, al cabo de 50, 60, 70 años, el género humano se extinguiría”.

“No soy homofóbico”

Llega el momento en que intuyo lo peor. El senador advierte: “no soy homofóbico”. Después de esta frase no suele venir nada bueno. Y no me equivoco. “Amamos a quienes tienen, a nuestro juicio, una disfunción de su identidad sexual. Hay mucha gente que tiene cosas rarísimas en la cabeza. Cada quien decide su comportamiento: el que fuma, toma alcohol o consume droga. Pero no podemos modificar la Constitución por el gusto sexual de una minoría”.

La siguiente expositora es la senadora Claudia Wilches. El plato fuerte de su intervención son los resultados del estudio “Nuevas Estructuras Familiares”, dirigido por Mark Regnerus, profesor de la Universidad de Austin (Texas, Estados Unidos).

Según el documento, el mayor consumo de marihuana y de tabaco, el mayor número de arrestos, desempleo, pensamientos de suicidio, víctimas de abuso sexual y enfermedades de transmisión sexual, así como el más bajo nivel educativo, está entre quienes crecieron con padres del mismo sexo.

Me pregunto si sería de ese mismo estudio del cual la modelo Natalia Paris y el presidente de Bolivia, Evo Morales, tomaron el dato de que los niños que consumen pollo con hormonas “se vuelven homosexuales”.

Ahora, ¿podrá creerse en la imparcialidad y rigurosidad de una investigación liderada por una persona que formó parte de la lista de conferencistas del evento “Se necesita una familia para levantar una villa”, patrocinada por el Instituto Ruth, fundado por una abierta opositora al matrimonio homosexual?

Este Instituto, además, junto con la Organización Nacional por el Matrimonio, está entre las entidades aliadas del Instituto Witherspoon, el cual financió la mayor parte del estudio “Nuevas Estructuras Familiares”.

El siguiente panelista en intervenir es Alejandro Ordóñez, procurador general de la nación. Escucho su voz lenta, mesurada y fatigada y creo que muchas personas podrían pensar que quien habla no es el polémico procurador de Colombia, sino un tierno abuelo que disfruta contándoles anécdotas a sus nietos: “en el año 2011, cuando yo era procurador…”.

También es fácil imaginarlo en una escena familiar diciéndoles a sus hijas: “antes sí había valores, había moral, no como ahora…”.

Pero en la vida real Ordóñez está diciendo: “¿Por qué no consultarles a los padres de familia si están de acuerdo o no con la legalización de la droga, con que los hijos maten a los padres y con la aprobación del matrimonio de un mismo sexo?”

Llega la acción

De repente, algunos activistas LGBT presentes en el auditorio se ponen de pie y enseñan, en silencio, sus banderas de arco iris. El público, mayoritariamente cristiano, protesta y el procurador dice entre despectivo y molesto: “déjenlos”.

Sin embargo, algunos asistentes incómodos con la situación improvisan carteles que dicen: “los jóvenes creemos en el matrimonio entre hombre y mujer”.

Ordóñez continúa: “sí que sabemos algunos acá lo que significa el matoneo y el bullying mediático. Muchos de esos periodistas, entre porro y porro y entre pase y pase, tienen el deporte de estigmatizar a quienes no aceptamos determinada ideología”.

Horas después aclararía que, con la palabra “porro”, él se refería al ritmo musical del Caribe colombiano. Me queda la duda de cómo se baila “el pase”.

“Tanto que se quejan esos librepensadores del tribunal de la inquisición, esos que son unos redivivos inquisidores”, explica Ordóñez en el foro. Y si lo afirma una autoridad en la materia, habrá que creerle.

Asegura, también, que del debate del Matrimonio Igualitario solo pueden quedar excluidos quienes actúen a través de agresiones y descalificaciones personales, degradando el debate político. Pensé que finalizaría con un “como por ejemplo el senador Roberto Gerlein”. De manera sorprendente, no lo hizo.

“Cuando la Corte Constitucional amplía el concepto de familia para incluir a las uniones del mismo sexo, lo hace a partir de una comparación del vínculo de afecto que existe entre estas uniones y en las relaciones entre hermanos, abuelos, tíos. La Corte aclaró que la unión entre personas del mismo sexo está fundada únicamente en elementos afectivos, dentro de los cuales no es necesaria la existencia de un tipo de relación sexual”, asegura el procurador.

Habría que averiguar cuántas relaciones entre abuelos y nietos se consideran pareja y a cuántas les interesa formalizar su unión mediante matrimonio.

Cuando fuertes aplausos marcan el cierre de su intervención, una voz masculina proveniente de una de las personas que está de pie con la bandera gay, dice: “señor procurador estoy aquí como defensor de derechos humanos para recordarle…” De inmediato, los jóvenes cristianos se toman en serio su eslogan de #No Callaré y empiezan a gritarle “shhhh ¡silencio!”

La voz del activista LGBT -que después me enteraría se llama Daniel Sastoque– continúa: “…Por ese motivo la Comisión interamericana de derechos humanos le está haciendo seguimiento y observación…”.

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2 Comentarios

  1. Excelente artículo. Sobre el “estudio” de Mark Regnerus, habría que decir que el mismo autor aceptó que habían errores en su estudio y que le imposibilitaban debatirlo; del mismo modo su estudio está rebatido en absoluto por los estudios de las Asociaciones Americanas de Pediatría y Psiquiatría de EEUU, y que ni siquiera la Corte Suprema de los Estados Unidos lo tuvo en cuenta en el tema de la ley DOMA, por sus innumerables errores, ni qué decir de su financiación, que proviene de la Ultraderecha Estadounidense; hoy solo es un panfleto que tienen algunos conservadores para tratar de “debatir” temas como el matrimonio igualitario y la adopción homoparental.

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