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Bienvenidos a mi comunidad LGBT

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

Un lector de Sentiido comparte la segunda parte de su columna “Nace un nuevo movimiento”. Ahora describe cómo será su “comunidad LGBT”.

Por: Jorge S.A.S.

cómo son los activistas LGBT de Colombia
Fachada de mi comunidad LGBT ubicada en Chapinero (Bogotá).

Como algunos activistas y medios de comunicación insisten en hablar de “la comunidad LGBT” a la hora de referirse a las personas lesbianas, gais, bisexuales y trans, tomé la decisión de crear una propia.

La primera vez que contemplé esta posibilidad fue hace un año cuando alguien me preguntó: “¿tú perteneces a la comunidad LGBT?”

Fue entonces cuando dije que no formaría parte de una comunidad cualquiera sino que fundaría la mía. Quise aprovechar que así me lo permite una de las acepciones del término “comunidad” que aparece en el diccionario de la Real Academia Española: “congregación de personas que viven unidas bajo ciertas reglas”.

La mía estará ubicada en un espacio insigne de Bogotá. Para ser precisos, estará en esa zona que los medios de comunicación acostumbran citar como la que reúne el mayor número de personas homosexuales por metro cuadrado. Al parecer, un estudio así lo revela.

Mi comunidad LGBT quedará en Chapinero, donde actualmente está ubicado el llamado Parque de los Hippies (Carrera Séptima con Calle 59). Será un moderno edificio de cristal dotado con gimnasio y saunas donde en las noches resplandecerán los colores del arco iris.

Para pertenecer a mi comunidad no será necesario hacer lobby ni manejar una “agenda gay”. Sin embargo, en la ventanilla de afiliaciones tendrán prioridad los hombres que, según algunos expertos, son los ejemplares más auténticos del mundo homosexual: con buen gusto, sensibles, amantes del diseño, el lujo, el arte y la cocina fusión.

Les entregaré una tarjeta VIP a aquellos que demuestren ser los mejores amigos de las mujeres heterosexuales, tener un jardín con plantas exóticas diseñado por ellos mismos, usar pañuelos de seda de colores fuertes en el bolsillo de sus chaquetas y saber combinar, a la perfección, el color de sus sacos con las medias que llevan puestas.

Teniendo en cuenta que la mayoría serán hombres adinerados y amantes de los viajes, les alquilaré locales comerciales a agencias de viajes, firmas de seguros y empresas de gadgets. Los atraeré diciéndoles: “este es un nicho de mercado interesante que nadie ha explotado lo suficiente. Además, como todos son ricos y no tienen hijos, serán sus mejores clientes. Así lo demuestran los estudios de mercadeo”.

En mi comunidad no habrá una dictadura de la diversidad. Sin embargo, desde ya anuncio que en la premiación anual que organizaré a “lo más destacado del mundo LGBT”, el reconocimiento al activista del año me lo ganaré yo de manera vitalicia. Es lo justo.

En el marco de la política…

La comunidad también dispondrá de una Oficina Para Asuntos Varios (OPAV). La cabeza de esta dependencia contratará a cinco personas, por decreto, como su equipo base de trabajo. Los dos requisitos fundamentales de elección serán: que sean amigos suyos y que su orientación sexual sea heterosexual, de manera que le permita cumplir con las cifras de inclusión previstas en los estatutos LGBT. Finalmente, dentro del marco de la política de la comunidad, eso estará permitido.

Ahora, tampoco será grave si de vez en cuando a uno de estos funcionarios se le escapa en Twitter el calificativo de “loca” para referirse a algún activista que no esté de acuerdo con uno de los proyectos que la OPAV maneja. En últimas, esas son bobadas de la comunidad.

Tendré un ideólogo. Se trata de la persona responsable de comunicar en las redes sociales la filosofía de la comunidad, de compartir en Facebook estados como: “destejiendo y deconstruyendo la esencia normada desde lo patriarcal y lo heteronormativo”, atentamente: ideólogo internacional de la comunidad LGBT.

También escribirá: “somos comunidad, con los sueños que tejemos, los sentimientos que mostramos y la realidad que nos acompaña. Somos comunidad: orgánicos, naturales y en construcción”, (ideólogo internacional y mundial de la comunidad LGBT).

La nómina incluirá un vocero oficial o responsable de dar a conocer las “noticias en desarrollo”. Así, cada vez que una pareja se separe, esta persona leerá un comunicado dirigido a la opinión pública, encabezado de la siguiente manera: “como vocero de la comunidad LGBT les informo que una de nuestras parejas tomó la decisión de disolver su unión”.

Entre sus funciones también estará conseguir parejas que quieran salir en revistas de farándula dándose un beso, acompañadas de titulares como: “las mujeres (o los políticos, los jóvenes, los artistas, los profesores, los profesionales, los estudiantes…) salen del clóset”. Una de las preguntas que, sin falta, tendrán que responder es: “en su relación ¿quién hace de hombre y quién de mujer?”

Otro de los funcionarios de planta será “el administrador”. No habrá administradores sino “el administrador”. En sus tarjetas personales, junto a sus dos nombres y dos apellidos, vendrá su cargo: “el administrador de la comunidad LGBT”. Con este título, autoimpuesto, firmará los comunicados de prensa que enviará semanalmente a los medios de comunicación para que, en los artículos que publiquen, lo citen de tal manera.

La comunidad también tendrá un único representante en el exterior o fuera de Colombia. No habrá, en plural, ni representantes, ni voceros ni embajadores, sino una única persona que, aún sin que nadie lo haya nombrado, se atribuirá dicho cargo.

Una vida política

La palabra “político” deberá estar a la orden del día. Será utilizada tanto para calificar el hecho de que una pareja almuerce, como para referirse a una persona que duerma por la noche. El mandato será que el vocablo “político” esté presente el mayor número de veces posible. Para lograr esto, se puede decir por ejemplo: “no hay nada más político que tomar café al desayuno”.

Otras palabras de carácter obligatorio serán: desde, visibilizar, imaginarios, transgredir, territorializar, transversalizar, hegemónico, sensibilizar, empoderar, así como la expresión “chicas trans”. Si lxs demxs personas no lxs entienden y se convierte en unx especie de jerga de l@ comunidad, no es mi problem@.

En la comunidad también habrá espacio para la diversión. Se dispondrá de una gigantesca discoteca con diversos ambientes en donde las mujeres trans presentarán espectáculos y reinados para el entretenimiento de los demás. La única recomendación es que, en sus días de descanso, no intenten entrar como clientas porque, en ese caso, será necesario aplicar las políticas de ingreso que, acá entre nos, prohíben su entrada.

Ahora, si alguna de ellas se queja de discriminación en la OPAV, perderá su tiempo. La discoteca Palatron será, sin duda, uno de los sitios de rumba predilectos de sus funcionarios.

La comunidad también tendrá un “comité de peros y obstrucciones”. Su principal labor será entorpecer cualquier iniciativa. Así, si la junta directiva decide hacer unas jornadas pedagógicas para “socializar” la comunidad en el resto de localidades de Bogotá, alguno de los funcionarios del comité deberá decir: “¿pero por qué pedagógicas? No van a tener ningún impacto, necesitamos articular acciones más estratégicas”.

Si se opta por realizar un evento deportivo, otro de los integrantes del comité tendrá que manifestar: “interesante pero muy discutible. Como lo señalaba mi agudo y sensato tío tercero: ¿será que los, las, les y lis habitantes de la comunidad tendrán los recursos para comprarse los uniformes requeridos?”

Aunque en los estatutos quedará establecido que “torpedear procesos” será la razón de ser de este comité, no faltarán quienes digan que lo único que les interesa a estos funcionarios es el poder o, en otras palabras, mi cargo: director, fundador, gerente general y propietario vitalicio de la comunidad LGBT, el cual, de una vez les advierto, no estoy dispuesto a delegar.

Es más, ante los posibles ataques y reclamos que pueda recibir por parte de personas externas a la comunidad, todos mis empleados deberán utilizar sus redes sociales personales para defenderme. Hashtag como #ElQueMePagaSeQueda serán bienvenidos.

Los funcionarios del comité de eventos, por su parte, serán unos de los empleados con mayor carga laboral. Parte de su misión será concebir actividades de alto impacto que integren a la comunidad con la población de afuera.

El problema radica en que, como los eventos terminan teniendo como actores y espectadores a los mismos de siempre y nunca a esa “población masiva” a la que se intenta llegar, parte de la tarea de los integrantes del comité será “cranearse” esa gran actividad que, algún día, logre ese anhelado objetivo.

Ingresos asegurados

En cuanto a los ingresos de la comunidad, no habrá problema. Destinaré un equipo para que esté atento en Google a cualquier nueva mención de las palabras “virus” o “infección”. Apenas las vea, deberá enviar un proyecto solicitando financiación para ofrecer, de manera gratuita, pruebas de detección de estos.

En la comunidad también tendré un equipo interdisciplinario de especialistas listo a defender a sus integrantes de los ataques provenientes de concejales, procuradores y senadores que insistan en que, en ese espacio, estaba prevista la construcción de un escenario religioso.

Fundaciones como “Esposo y Esposa”, “1 Macho + 1 Hembra” y “Malla Familia Colombia”  solicitarán que mientras la ley defina cuál debe ser el uso correcto de ese espacio, el edificio esté cubierto con un plástico verde, para no contaminar a los menores de edad con esas “ideologías de comunidad”.

Estas entidades liderarán manifestaciones frente a la portería de la comunidad con insignias tales como: “es nuestro deber denunciar a esta comunidad progresista que inexorablemente destruye el tejido moral de Bogotá y a la familia natural y normal. Atentamente: Los BIENHECHORES DE LA FAMILIA”.

Otros de sus carteles dirán: “no permitiremos el adoctrinamiento de nuestra muchachada en una ética relativista y una visión pervertida de la sexualidad ¡abajo la comunidad!”

Por último, y pensando en un eslogan que resulte original, he decidido que el de mi comunidad LGBT será: “Por una comunidad más persona, porque acá se puede existir”.

PD: Decir “yo hice”, “yo dije” y “yo fui”, evitando hablar en plural, será requisito indispensable de vinculación a la comunidad.

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1 Comentario

  1. Hola, yo soy gay y quiero ser parte de este movimiento, quiero convertirme en un lider o cómo podrí participar.

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