Inicio A Fondo “Busco hombre acuerpado y cero plumas”

“Busco hombre acuerpado y cero plumas”

Género, diversidad sexual y cambio social.

10. Andrés Useche

Director del Colectivo Hombres Gay de Bogotá.

Andrés Useche. Foto: archivo particular.

¿A qué le atribuye la discriminación que se dice existe entre algunos hombres homosexuales por razón de su apariencia o comportamiento?

Obedece a adoptar patrones de belleza y de consumo “americanizados”. Es una manera de encontrar pareja y de ser aceptado socialmente: así no tenga nada en la cabeza, el cuerpo habla. Entonces, si la persona no tiene un perfil físico “esperado por la sociedad” pasa a ser alguien de segunda categoría. Esta es una realidad muy visible en los sitios de rumba: hay quienes señalan a otros de no encajar en el patrón de belleza que se ha estipulado “deben tener” los hombres con una orientación sexual diversa. El discurso de quienes discriminan por estos motivos no va más allá de creer que los únicos hombres gays que valen son los que tienen abdominales marcados y un buen culo.

¿Existe entre buena parte de hombres homosexuales un “culto al cuerpo”?

Ese es un tema de más o menos un 40 por ciento de los hombres homosexuales. Para muchos, se es un hombre gay no por lo que construye a partir de su orientación sexual sino por lo que tiene entre las piernas. Esto forma parte de una sociedad en la que se cree que si no se es atractivo no se sale adelante. Me pregunto: ¿quienes no son muy atractivos o no les interesa crear un modelo físico sino un conocimiento, no están incluidos en la sociedad? Hay personas que se quedan en estereotipos, en ser pasivos o activos como su carta de presentación.

¿Qué opina de la manera en que algunos hombres homosexuales se anuncian (con fotos de la zona genital, de los glúteos o sin ropa) en grupos y redes sociales concebidas para concretar encuentros entre ellos?

A veces el rostro no vende y el cuerpo se convierte en una carta de presentación. En esas redes sociales aún se impone que quien muestre un buen culo o una buena verga comunica qué tan bueno es en la cama. Pero ¿de qué nos sirve hablar de una ley antidiscriminación, una política pública para la garantía de los derechos de las personas LGBT, si a veces nosotros mismos reforzamos esos imaginarios de discriminación?

¿Qué tan frecuente es el matoneo entre los hombres gays cuando no se cumple con ciertos parámetros físicos o manera de vestir, por ejemplo?

Eso se suele ver por estrato social. Una vez no me dejaron entrar a un sitio de rumba de la Avenida Primera de Mayo con el argumento de que yo vivía y rumbeaba en Chapinero. El matoneo es visible también en sitios de encuentro donde los hombres gays, a partir de los 40 años, son considerados viejitos y por tanto excluidos y, si tienen sobrepeso, aún más. El matoneo también es reforzado en los colegios y en zonas de prostitución donde muchos jóvenes deben simular una cierta construcción física y un determinado comportamiento para poder ofrecer sus servicios. Aunque el matoneo existe, también es cierto que están tomando fuerza los modelos de nuevas masculinidades.

¿Cuál sería su propuesta para empezar a superar esos “mandatos” como que los hombres gays deben ser “masculinos” o “cero plumas”?

La clave está en tener un discurso que rompa barreras. El discurso desarma. El cuerpo debe ser una herramienta política. A veces su construcción es superficial: solo se buscan cuerpos de gimnasio, mientras que el discurso desarma esos mandatos físicos. La discriminación que a veces se ve desde afuera del movimiento también hay que verla adentro. La diversidad debe trascender, ir más allá de estereotipos físicos.

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2 Comentarios

  1. Bien por Fabian Chibcha, me parece la intervención más aterrizada, un saludo desde Tunja, lo importante al final es el respeto y la valoración

  2. La felicidad consiste en hacer lo que a cada uno le gusta. Si su felicidad es “matarse” en un gym sacando el cuerpazo, hágalo. Si su felicidad es comer papas fritas y gaseosa hasta parecer un balón, hágalo. Quien realmente es feliz, lo es sin importar lo que piensen los demás y sin detenerse en los rótulos que ciertos pseudogurús quieran imponer.

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