Inicio A Fondo “Busco hombre acuerpado y cero plumas”

“Busco hombre acuerpado y cero plumas”

Género, diversidad sexual y cambio social.

La voz de un experto: Denis Pascon

Psicólogo especializado en temática LGBT radicado en Madrid (España).

Denis Pascon. Foto: archivo particular.

¿A qué le atribuye la discriminación que se dice existe entre algunos hombres homosexuales por razón de su apariencia o comportamiento?

Entender cualquier forma de discriminación sin hablar de prejuicios y estereotipos es imposible. Siempre están a nuestro alcance. En cada instante de nuestra vida se ofrecen como una barata interpretación de la realidad y pueden influir en nuestras acciones y pensamientos. La cultura heteronormativa (donde las relaciones heterosexuales son las dominantes) nos enseña que una persona puede nacer varón o hembra: no hay otras posibilidades. El varón tendrá una identidad de género masculina y, la hembra, una femenina. No se permiten situaciones que no sean coherentes con estos principios. A lo largo del tiempo, de hecho, se ha ido explicando la homosexualidad como un curioso equívoco entre sexo biológico y género. El hombre homosexual, en su clásico estereotipo, es un varón afeminado, sexualmente pasivo y emotivamente inestable.

Muchos hombres gays pueden sentir la necesidad de negar rotundamente este estereotipo. Y si por un lado esto es positivo (cada persona vive su orientación sexual de manera única), por otro, representa un peligro llamado justificación. Para la muestra, solamente basta pensar en algunas frases que escuchamos a menudo o que leemos: “Soy un hombre homosexual, pero no tengo plumas” o “soy gay pero muy varonil”. Detrás de estas frases a veces podemos ver una sutil vergüenza de no considerarse como los otros y, por tanto, la necesidad de justificar lo que somos.

¿Existe entre buena parte de hombres homosexuales un “culto al cuerpo”?

A veces, el mismo cuerpo masculino se convierte en un instrumento de justificación. De allí el culto del físico varonil: los músculos, el gimnasio y la búsqueda de otros cuerpos perfectos. No cabe duda de que también en el colectivo gay hay posibilidad de discriminación, pero creo que está presente sobre todo en las personas que han olvidado nuestra historia y objetivos. ¿Qué pueden tener en común lesbianas, gays, transexuales y bisexuales? Creer que la normalidad es algo a lo que tenemos que ajustarnos justificando nuestras acciones y no algo que tiene que ajustarse a nosotros.

Un hombre gay que sienta la necesidad de justificarse al mundo exhibiendo su masculinidad, podría caer en la tentación de aceptar el estereotipo según el cual el sexo nos hace más fuertes y, el sentimiento, más débiles. Imaginamos las posibles ventajas de una “comercialización” de la sexualidad homosexual y del culto homosexual del cuerpo: el target de la población homosexual masculina es muy apetecible por el comercio de productos y servicios.

Hablamos de hombres que a menudo viven en condiciones económicas medio altas. Pensamos en bares, saunas, discotecas, gimnasios y productos cosméticos. Y también, en aplicaciones para celulares como GRINDR (permite localizar y comunicarse con otros hombres homosexuales que estén cerca), un escaparate de posibilidades sexuales y una oportunidad para vender publicidad extremadamente específica.

El verdadero problema que hay detrás de esta “comercialización de los deseos” es que el cuerpo se convierte en un objeto con sus respectivas consecuencias psicológicas. Investigaciones clínicas recientes llevadas a cabo en Estados Unidos detectan en la comunidad homosexual masculina un trastorno psicológico llamado “Physical Anxiety”. La persona que lo padece sigue percibiendo su cuerpo como constantemente juzgado e inapropiado. Intenta cuidarlo obsesivamente, no se siente a la altura de las expectativas sociales.

¿Qué opina de la manera en que algunos hombres homosexuales se anuncian (con fotos de la zona genital, de los glúteos o sin ropa) en grupos y redes sociales concebidas para concretar encuentros entre ellos?

En general no tengo prejuicios sobre grupos, chats y redes sociales dedicados al sexo. Creo que para los hombres homosexuales representan mucho: la posibilidad de vivir y experimentar libremente su propia sexualidad. Personalmente y profesionalmente he conocido más de una pareja cuya relación empezó por casualidad en un sauna. Lo que no me gusta es la imagen social que estos recursos fomentan del hombre homosexual. La imagen del cuerpo desnudo masculino se utiliza para alimentar las fantasías y los deseos sexuales tanto como se usa la imagen del cuerpo desnudo femenino. Los peligros del cuerpo como objeto son los mismos. En ambos casos se fomenta una imagen ideal y absurda de lo que es la belleza. Al mismo tiempo la sexualidad se convierte en algo agobiante y vacío.

¿Qué tan frecuente es el matoneo entre los hombres gays cuando no se cumple con ciertos parámetros físicos o manera de vestir, por ejemplo?

En Madrid (España), donde vivo y trabajo, no percibo esta discriminación y rechazo. Creo que, en general, hay variedad en los parámetros físicos y en las maneras de vestir. Claro que esta situación cambia mucho de lugar en lugar.

¿Cuál sería su propuesta para empezar a superar esos “mandatos” como que los hombres gays deben ser “masculinos” o “cero plumas”?

La solución siempre es la misma: rechazar las respuestas fáciles e inmediatas, y descubrir una manera propia de vivir nuestra orientación sexual, nuestro cuerpo, nuestra persona. La identidad siempre es un proceso de búsqueda continua: arriesgarse a actuar más allá de las expectativas sociales y culturales y de pensar por estereotipos o de convertirse en un estereotipo. Saber que la sexualidad es un fenómeno mucho más complejo de lo que creemos y que en un mundo ideal no hay ni heterosexuales, ni homosexuales, ni bisexuales, sino personas que entran en contacto con los propios deseos y que se aprecian por lo que son y no por lo que tendrían que ser. Personas orgullosas de ser diferentes, personas que creen en el valor de su historia mucho más que en el valor de su cuerpo.

2 Comentarios

  1. Bien por Fabian Chibcha, me parece la intervención más aterrizada, un saludo desde Tunja, lo importante al final es el respeto y la valoración

  2. La felicidad consiste en hacer lo que a cada uno le gusta. Si su felicidad es “matarse” en un gym sacando el cuerpazo, hágalo. Si su felicidad es comer papas fritas y gaseosa hasta parecer un balón, hágalo. Quien realmente es feliz, lo es sin importar lo que piensen los demás y sin detenerse en los rótulos que ciertos pseudogurús quieran imponer.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here