Inicio A Fondo Camilo Colmenares: la música me salvó la vida

Camilo Colmenares: la música me salvó la vida

Cofundadora y editora de Sentiido. Comunicadora social y periodista, magister en Periodismo Digital. Ha trabajado, entre otros medios, en Revista Diners, Editorial Televisa Colombia y Revista Semana.

Ser el hijo de un pastor evangélico y de una exmonja católica llevó a Camilo Colmenares a debatirse durante muchos años entre la represión, el miedo y ser quien es. Hoy, libre de las creencias que lo limitaron y orgulloso de su talento, está listo para que el mundo lo conozca. Ya no quiere ser invisible.

Fotos Andrés Camilo Gómez de Goteam 

Camilo Colmenares: la música me salvó la vida
Camilo Colmenares estudió Pedagogía Musical, cantó en la zarzuela de Jaime Manzur, formó parte de la Ópera de Colombia, estudió actuación y lleva seis años con su show “Yo no me llamo Feddie Mercury”.

Poco después de graduarse del colegio, Camilo recibió la llamada de una excompañera, quien sorprendida le preguntó cómo había hecho para no suicidarse durante su etapa escolar. Camilo no se lo dijo, pero sí hubo momentos en los que quiso morirse. Lo detuvo ser el hijo de un pastor evangélico y de una exmonja católica: estaba convencido de que si se quitaba la vida se iría directo al infierno.

En realidad, solo habría cambiado de infierno. Desde primaria hasta primer semestre de universidad Camilo Colmenares, el hoy artista reconocido por su voz y por su show “Yo no me llamo Freddie Mercury”, sufrió bullying. “¡Loca!”, “¡marica!” o “¡camine como hombre!” eran frases que escuchaba a diario.  (Ver: Bullying escolar LGBTI: más fuerte y dañino).

“Muy rápido la gente empezó a molestarme por mi manera de caminar”

El colegio fue despiadado conmigo. Desde los cinco años no podía comportarme como yo era porque la gente corregía mi forma de caminar, de sentarme y de hablar”. De hecho, una vez que optó por hacerse una permanente (ondularse el pelo) para cambiar de look, sus compañeros más cercanos tuvieron que encerrarlo en un salón de clases para evitar que lo agredieran por los pasillos del colegio. Ese día lloró.

Camilo, además, estudiaba en un colegio evangélico. En uno donde les pasaban vídeos sobre el infierno y donde los contenidos científicos eran remplazados por discursos religiosos. Los profesores no tenían la menor formación sobre cómo prevenir y manejar el bullying. “Un docente alguna vez me dijo ‘pégueles duro que yo lo respaldo’. Pero yo qué iba a tener herramientas para defenderme y tampoco las buscaba porque vivía dormido”, recuerda Camilo. (Ver: Bullying y homofobia en el colegio: hablamos mucho pero hacemos poco).

“Yo no tenía herramientas para defenderme porque creía que quienes me hacían bullying tenían razón”.

Sin embargo, buscaba la manera de hacerse una cotidianidad más interesante. Intentaba vivir riesgos como hacer copia y pasársela al resto del salón. “Era la manera de sentir un poco de adrenalina. Yo no tenía expectativas de nada: quería amanecer para morirme”.

Lo mantenía vivo la amistad con su mejor amiga, a quien conoce desde tercero de primaria. Con ella aprendió a jugar baloncesto como si el mundo se fuera a acabar porque era una de las pocas actividades que realmente disfrutaba. “Ella hizo mis días más felices y sigue siendo mi mejor amiga”.

Camilo Colmenares: la música me salvó
En el colegio Camilo era minoría por ser homosexual y por ser músico. Algunos profesores pretendían que él aprendiera música solamente para que tocara el himno del colegio. “El arte es visto como algo marginal”, dice.

Un día un compañero del colegio se le acercó y le dijo “dígame la verdad”, pero Camilo era incapaz de responder: “sí, soy gay y qué”. “En un contexto tan adverso al tema, era imposible aceptar la verdad. Ni siquiera se lo dije a mi mejor amiga. Además, por todos los estereotipos que existen, tenía miedo de que si lo reconocía, mis compañeros fueran a pensar que yo les iba a caer y pasaran de las agresiones verbales a las físicas”. (Ver: Bullying: ni inofensivo ni normal).

“Yo viví bullying hasta el primer semestre de universidad cuando tuve la fuerza suficiente para decir ‘sí, soy gay y qué’”

Desde muy temprano en su vida Camilo tuvo clara su orientación sexual. Cuando tenía cuatro años vio la película de Superman y aquel superhéroe le gustó. Pero rápidamente también supo que ser homosexual sería motivo de sufrimiento.

A mí siempre se me notó. Y los papás, además, suelen darse cuenta. Por eso a ellos les daba miedo que yo saliera a fiestas y cuando les dije que quería ser bailarín, la idea les aterró por la creencia de que esto podría ‘homosexualizarme’”. (Ver: Diversidad sexual y de género: lo que se dice vs. lo que es. I parte).

Más grande, sus papás le recomendaron que buscara novia. Y la tuvo. Pero sentía que era como darle besos a una buena amiga. Optó, entonces, por decir que prefería orar y estar en paz solo.

Camilo Colmenares: la música me salvó
Camilo no se identifica como católico, pero reza rosarios; tampoco como evangélico pero le gustan algunas de las canciones que cantan en los cultos y no es hinduista pero repite algunos mantras.    

El peso religioso

El ambiente religioso en el que creció fue determinante en su crianza. Al principio pesaron las ideas católicas. Su mamá lo llevaba a ceremonias religiosas. De hecho, a los 14 años un catequista intentó seducirlo pero Camilo lo rechazó.

Cuando era adolescente, su papá se volvió pastor evangélico y esperaba que, algún día, Camilo asumiera las funciones del “hijo del pastor”. Él, sin embargo, no fue a la Iglesia a la que asistía su papá sino a otra: la Misión Carismática Internacional. Lo hizo desde los 16 hasta los 21 años.

“Yo crecí pensando que el mundo era un lugar hostil”.

Yo me debatía entre mi esencia, la represión y el miedo o entre ser quien era y la amenaza constante de que Dios vendría en cualquier momento”. (Ver: “Cuando acepté que ser homosexual no era enfermedad ni pecado, mi vida cambió”).

Durante años no puso sobre la mesa su orientación sexual. No dudaba de que tal como se lo habían dicho, ser gay era pecado y motivo para condenarse en el infierno. “Yo asumía que las interpretaciones que hacían de la Biblia los líderes religiosos que conocía, no tenían discusión”. (Ver: ¿Qué dice la Biblia realmente sobre la homosexualidad?).

Eran los mismos líderes religiosos que le prohibían la música, las fiestas y hasta ir a donde peluqueros gay porque a través de sus manos podrían pasarle el “espíritu de la homosexualidad”.

“Lo que más lamento es haber botado mis CD de Marilyn Manson”.

Pero una cosa es evadir la propia homosexualidad y otra enamorarse. Y en la Misión Carismática, donde Camilo evangelizaba, se enamoró de uno de sus discípulos. Tenía 20 años y por primera vez alguien le había dicho “te amo”.

Camilo Colmenares: la música me salvó
A Camilo le parece muy peligroso el discurso de algunos líderes religiosos que hacen política electoral manipulando versículos bíblicos. “Dios nos proteja de tanto odio”, señala.

Llegó, entonces, la ruptura con la Iglesia y su primera relación. Su ahora exdiscípulo le empezó a mandar cartas de amor que sus papás vieron. Habló con ellos. La tragedia. No tenían las herramientas para manejar esa información de otra manera. Le dijeron que se fuera de la casa pero como Camilo tuvo que someterse a una cirugía de último momento, la tensión familiar disminuyó.

¡No más!

Ahí empezó su tránsito espiritual: pasó de buscar una salvación en la religión a intentar vivir en paz su día a día. Poco a poco entendió que él es el único responsable de su vida, nadie más. “Yo había aprendido que todo era obra de Dios o culpa mía si no activaba su mano”.

“Las religiones ponen en otro ser las responsabilidades de cada quien”.

Supo, entonces, que el mundo iba más allá de las ideas que le habían vendido. “Me tomó tiempo superar el miedo de que el infierno me consumiría. Y aún más poder dar un beso tranquilamente. Durante mucho tiempo pensé que espiritualidad era sinónimo de rezar, pero aprendí que es estar aquí y ahora y tener empatía o aprender a ponerse en los zapatos del otro. La espiritualidad de una persona no la determina una iglesia ni una doctrina, es una experiencia de cada quien”. (Ver: Diversidad sexual y nuevas alternativas espirituales).

Camilo Colmenares: la música me salvó
Camilo siente el cambio entre ser LGBTI hace 20 años y ahora. “Mucha gente ha luchado para hacer visible lo que parte de la sociedad quiere que sea invisible. Por eso, quienes podemos, debemos ser visibles”.

Una vez dejó la Iglesia, empezó a cuestionarse la idea de que las personas “eligen” ser LGBTI, como quien escoge irse por el mal camino. “Yo hice ayunos y vigilias para supuestamente dejar de ser gay y fui a que me hicieran una liberación de demonios pero el mismo pastor me dijo ‘váyase, usted no tiene nada’”. (Ver: Nace o se hace, ¿importa?).

Las personas fanáticas, dice, están convencidas de que Dios no “crea” personas LGBTI. “De ahí que consideren las mal llamadas ‘terapias de conversión’ que solo causan dolor y sufrimiento”. (Ver: Ser homosexual y ser feliz).

“El otro es nuestro espejo: eso que me molesta del prójimo, es lo que en el fondo me incomoda de mí”.

La música siempre ha sido para Camilo una vía de escape, un respiro. Y en los tiempos del colegio y de la iglesia, con mayor razón. “Escuchaba música en inglés para escapar de mi realidad. Oír lo mismo que los demás solo me recordaba sus prejuicios. Go west de Pet Shop Boys era una canción que me hacía soñar”. (Ver: Chao prejuicios).

Cuando tenía 16 años, un profesor le dijo a su mamá que él tenía aptitudes musicales. Así que decidió estudiar Pedagogía Musical. Sacó cinco en el recital final. Después de graduarse cantó en la zarzuela de Jaime Manzur y formó parte de la Ópera de Colombia. “Para mí fue revelador encontrar que una pareja gay la dirigía. Fue muy importante conocer a otros hombres homosexuales que no le temían al infierno”.

“Yo estaba roto por dentro pero intentaba remar hacia fuera”.

Le gustaba cantar en francés. Y ya se iba a ir a estudiar a Francia cuando un amigo le pidió que remplazara al vocalista de su banda en una canción de Freddie Mercury para un festival de rock.

Camilo Colmenares: la música me salvó
Camilo durante una de las presentaciones de “Yo no me llamo Freddie Mercury”. Foto: Sentiido.

Me presenté con unos jeans, una camisa amarilla y mi pelo crespo. No había llegado a la tarima cuando la masa de gente que yo veía, se burlaba de mí. Empezaron a reírse y a chiflar. Me sentí como en el colegio. Y como supuse que sería la última vez que cantaría en público dije ‘me van a ver la puta casta. Y canté”.

Silencio total. Cuando terminó se pararon a aplaudirlo. Ahí decidió que no seguiría cantando ópera: haría su propio repertorio. “Freddie Mercury me acababa de enseñar que mi maricada no iba a pesar más que mi talento y me lancé a componer en inglés y en español”.

Grabó, entonces, con Richard Blair de Side Stepper y recientemente presentó su sencillo “hombre con hombre” donde canta uno de los aleluyas más profundos que ha interpretado en su vida. “Con Freddie Mercury nos pasó al contrario: él creció añorando la ópera mientras que yo crecí cantando ópera pero anhelando el rock y el pop”.

“Estudiar teatro fue definitivo para aprender a estar en el presente”

Años después de graduarse del colegio decidió que para empezar a sanar el dolor que aún sentía por el bullying escolar, les escribiría a dos de las personas que habían liderado el matoneo. No quería esperar a ver si un día, de la nada, el dolor se le pasaba, sino tomar la iniciativa para cerrar ese ciclo. (Ver: El camino para decirle “no” al bullying por homofobia).

El mensaje advertía que no las contactaba para que le pidieran disculpas. Les decía: ustedes me hicieron tales cosas y quiero que sepan que los perdono. Uno de ellos le respondió que era psicólogo, que lamentaba lo sucedido, que se arrepentía de lo que había hecho y que estaba dispuesto a contribuir a sanar sus heridas. “Yo le respondí que con su mensaje era suficiente”. (Ver: Pido perdón por el bullying que hice).

Hace poco se encontró con el capellán del colegio quien le dijo que el grupo de oración rezaba por él, por el maltrato que recibió. “Supongo que al principio rezaron para que me convirtiera en heterosexual. Ahora lo harán con menos frecuencia, pero seguramente no pierden la esperanza”.

“Mucha gente que me hizo la etapa escolar tan difícil tiene vidas muy complicadas pero yo les mando todo mi amor”.

Otro día, en un matrimonio, una compañera del colegio le preguntó: “¿cómo pasaste de ser la persona anulada que eras a ser este gran artista?”. En parte, dice Camilo, gracias a su show “Yo no me llamo Freddie Mercury”. “Cada presentación me va sanando. Ese espectáculo es una forma de recordarle a mi yo de 15 años que todo va a estar bien”. (Ver: Sí, todo mejora).

Alguien le dijo que él canta con tanta fuerza por toda la represión que vivió. De hecho, confirmó que su camino sería la música el día en que le dijeron que cantara con rabia. Sonó en toda la ciudad y más allá: si antes se sentía invisible, ahora su voz lo hacía poderosamente visible.

Las señales de la vida

Al reality #YoMeLlamo de Caracol Televisión llegó después de pedir una señal. Mucha gente le había dicho que se presentara interpretando a Freddie Mercury, pero él no estaba seguro. Un día cantando en un matrimonio, el sacerdote le dijo: “usted debería presentarse a Yo me llamo”. Allá llegó.

Como parte de su preparación, Camilo leyó más sobre Freddie Mercury y se dio cuenta de que tenían mucho más en común. “Los dos anhelábamos el amor. Era lo que yo más quería en la vida hasta que entendí que nadie me iba a amar si yo no me aceptaba y amaba primero”.

Camilo Colmenares: la música me salvó
“En mi show hablo de mi vida, del bullying y de temas religiosos y LGBTI”. Foto: Sentiido.

Contrario a lo que podría pensarse, Camilo no se siente encasillado en el rol de Freddie Mercury: sabe que él es Camilo Colmenares. De ahí el énfasis en “yo NO me llamo Freddie Mercury”.

“Entre más tabú permitamos que un tema sea, más oculto se vuelve. Pero no deja de existir”.

Un tema que cada vez le interesa más es el de las identidades de género trans. “Uno habla al respecto y de inmediato nota las caras de incomodidad. Pero si no hablamos de frente, estamos sembrando miedo en quienes vienen. A mí me interesa todo lo que la gente quiere pensar que no existe porque eso fue lo que a mí me pasó. Entonces, si la gente dice no hablen de VIH, yo voy a ponerlo sobre la mesa”.

Su diagnóstico llegó en 2012. “Una vez tuve un encuentro sexual con una persona que conocía y aunque hubo protección, percibí que hubo prácticas que pudieron ponerme en riesgo. No sabía que esa persona vivía con VIH, después me contaron. Yo lo confronté y él lo negó”. Lo cierto fue que tres meses después, su resultado fue VIH positivo.

Lo asumió con tranquilidad. Pero la EPS a la que estaba afiliado le formuló un medicamento que le afectaba el hígado. Vino entonces la ayahuasca (bebida tradicional indígena también conocida como yagé). “La medicina ancestral enseña  que la puerta y la llave de la curación de una persona están en uno mismo. Somos nuestra propia medicina”.

Aunque muchos médicos le advirtieron que se quedara solamente con el tratamiento antirretroviral y no tomara ayahuasca, al ver los resultados le dijeron: “sigue tomando lo que sea que estés tomando”. “En términos científicos no se puede decir que yo esté curado de VIH, pero desde 2014 soy indetectable”.

Camilo tiene muy claro que todo lo que ha vivido son aprendizajes. “Yo creo que antes de nacer uno escoge lo que va a vivir. Yo elegí nacer en medio de tanta represión para aprender de la libertad del espíritu”.

Ahora tiene una buena relación con sus papás. “Me centré en ser hijo y en recibir lo mejor de ellos. En el momento en que yo me puse en sus zapatos y empecé a mirarlos con compasión -que no es lástima- todo cambió. Pero no fue un paso que ellos dieron, lo di yo. El día en que una persona acepta lo que es, su entorno cambia. Cuando realmente estuve en paz con el hecho de que los hombres me gustan, tuve una sensación física de descanso que antes no tenía”. (Ver: “La vida y Dios me premiaron con un hijo gay”).

“Yo empecé a cambiar la forma de ver a la gente y la gente empezó a cambiar su forma de verme”.

En 2013 Camilo compartió públicamente que vive con VIH. “Mucha gente me decía ¿por qué hablas en público de algo tan privado? Y yo pensaba ¿por qué no consideran que hablar de tener gripa o tos no es algo privado?”.  

Camilo Colmenares: la música me salvó la vida

Ahora, cada vez está más convencido de que vale la pena tender puentes entre sectores progresistas y conservadores religiosos. “Mientras nosotros decimos ‘ellos no entienden’, los sectores religiosos dicen ‘ellos no entienden’”.

“A mí me han preguntado ¿cuándo te volviste gay? Como si antes hubiera sido otra cosa. Siempre he sido quien soy”.

Es importante reconocer la humanidad de un pastor, que no es lo mismo que aceptar maltratos. Hay unos límites legales que nadie puede superar. Me refiero, más bien, a acercarse al otro con una compasión real sin intentar convencer a nadie de nada para poder ver mutuamente al ser humano. Así es más fácil dialogar”.

A las personas LGBT que siguen una religión, Camilo les dice que no permitan que las palabras de otros pongan en duda su amor propio. “Sepan que los textos sagrados no pueden asumirse de manera literal”. El cambio real vendrá al entender que la diversidad existe y que vale la pena celebrarla. “Por fortuna nada es estático. Todo cambia. Lo sé por experiencia propia”.

Enlaces relacionados

¿Qué dice la Biblia realmente sobre la homosexualidad? 
Hay muchas voces religiosas que no son “antiderechos” 
Diversidad sexual y religión: el paso a seguir 
La mezcla entre religión y política, ¿inevitable? 
Diversidad sexual y nuevas alternativas espirituales 
El activista espiritual 
La sanación emocional

1 Comentario

  1. Interesante relato, hace unos días presencié a Camilo en una actuación, pienso volver a verlo el 20 de este mes.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here