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Cine en rosa

Elijo ser Chiki para hablar recio a los poderosos. También, porque soy chik. Soy una cuarentona sexy que tiene barba. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

Hasta el 15 de junio tendrá lugar en Bogotá, la decimotercera versión del Ciclo Rosa Audiovisual. Para La Chiki, quien participó en este evento, estos son espacios oportunos para recordárle al mundo que la diversidad no se oculta ni se acalla sino se celebra. 

Ciclo rosa audiovisual
La Chiki, en la inauguración del Ciclo Rosa Audiovisual, durante la lectura del monólogo ¡Ay días, Chiqui! de José Manuel Freidel. Foto: Carlos Lema / IDARTES.

En junio volvió el Ciclo Rosa a Bogotá. Yo, muy emocionada, he sido parte de la celebración puesto que fui invitada a leer el monólogo ¡Ay días, Chiqui! de José Manuel Freidel, en la inauguración. Este año el ciclo rinde homenaje a este interesante dramaturgo asesinado en la calle en 1990.

Leí a la Chiqui ante un amable público que se reía de las tristezas de esta personaja animala trista encerrada en su cloaca; leí sus temores y tuve una nueva impresión sobre el texto y lo que nos cuenta. No le habla al pasado…

Freidel escribió en una época en que las travestis eran perseguidas, desaparecidas, esfumadas, asesinadas en las calles. Si bien estos crímenes han disminuido, me pregunto si la persecución terminó.

Leer a la Chiqui, en clave rosa… Creo que es un ejercicio que deberíamos hacer en más espacios para recordárle a la sociedad su afán de integrar y volver iguales a todas las personas. Para que cada vez nos paremos más fuerte y gritemos con más ganas que la diversidad no se oculta ni se acalla.

Los cortos

Por lo anterior, estoy muy presente en este ciclo. También aparezco en dos de los cortos que se de la selección nacional. Estos dos cortos son el resultado de experiencias colectivas que no buscan la tolerancia ni el respeto; pretenden la celebración de la diversidad.

En uno, las chicas extraordinarias se toman las calles con sus pintas poco usuales y hacen de las suyas. Divierten el pavimento y el cemento mientras los transeúntes las miran asombrados.

En el otro, aparezco buscando a mi amigo Leo K, artista croata borrado del círculo artístico de su país durante años por el poder burocrático de los políticos. Los dos videos también nos hablan de las diferencias y de la lucha por no dejarnos integrar  ni homogeneizar.

Mi persistencia, en este espacio y otros que habito con cuerpo y palabra, ha sido la diferencia radical. No me quiero parecer ni integrar a la sociedad de las machas, de las manchas, de las masas.

Somos distintas; “somos las flores que adornan la noche”. Así que me crispo cuando las colectividades de activistas se integran a lo establecido con la loable intención de reclamar acceso a derechos:

¡Que somos familia!

¡Que tenemos matrimonio!

¡Que somos padres y madres!

Para mí, estos reclamos contribuyen a borrar e invisibilizar nuestra cultura diversa. Lo leo como si dijéramos: miren cómo somos de normales las marikas; nacemos, crecemos, copulamos, procreamos y morimos.

¡Qué triste!

Entiendo que tengamos derechos pero no hay derecho a que eso nos impulse a adoptar estereotipos y modos de vida impuestos por la sociedad. Es como si tuviéramos que recibir la vacuna para entrar a “esa sociedad”. Es como si nos formatearan el género para que seamos remedo de familia convencional.

Géneros

En el Ciclo Rosa acabo de ver tres películas. De lo más aclamadas y recomendadas; pero lo que realmente me sucedió con las tres fue presenciar  la vida de unos personajes atrapados por pasiones que justamente son impuestas por los rígidos esquemas de la sociedad.

Me esperaba presenciar tragedias: tener un héroe o una heroína que lucha contra la adversidad.

Me esperaba relatos épicos: que contaran las hazañas de un personaje que funda las bases de un colectivo

Me esperaba la comedia: la exageración de los rasgos cómicos por el destino.

Al contrario, me encuentro la imagen de seres lacrimosos que sufren porque no pueden aceptarse como son ni menos enfrentarse al modelo de familia impuesto por su entorno social. Me encuentro tres culebrones y me parece un síntoma. El mensaje es claro: hay un formato al cual nos adaptamos con diferentes niveles de conciencia sobre el asunto.

Sucede a varios niveles. Estos guionistas escriben cine como si fuera telenovela. No se salen de los límites de lo aceptable. En esa medida, considero que estas tres películas no son Rosa, porque en lugar de reivindicar el rosa, lo transvisten de melodrama.

Más aún, este tipo de película lleva el claro mensaje de que si una no se formatea, o se invisibiliza, sufre como una demonia porque se queda sin la familia, la pareja, la comunidad ideal.

Para mí, lo ideal es romper el marco y ser como una es. Como decía La Agrado en Todo sobre mi madre de Almodóvar: ¡Porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma! Y agrego: no a lo que soñaron los otros, las machas, que una fuera…

Las tres películas que me encrisparon de esta forma son:

×          Bésame  – Alexandra-Theresa Keining – Suecia 2011
×          Azul no tan rosa – Miguel Ferrari – Venezuela – 2012
×          Caída libre – Stephen Lacant – Alemania – 2013

Las tres, galardonadas con diferentes premios. Las tres, tan patéticas, tan estereotipadas: Es mi humilde opinión. Me siento mejor cuando el cine Rosa, hace ver lo perverso del entorno y no las maneras de asimilarse y acomodarse.

Kulo

Cuando se permite lo prohibido, pierde su interés. (De la película Mi vida en rosa – Alain Berliner – Bélgica – 1997)

Enlaces relacionados:

Llega el Ciclo Rosa Audiovisual 2013
Revista Acénto, cuando el periodismo colombiano salió del clóset.

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