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Conocer personas trans

Periodista de la Universidad del Rosario. Orgulloso de pertenecer a la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género. Aliado del feminismo de tiempo completo. Siempre lleva un libro y una revista en su maleta. Le encanta tomar fotos con el celular. Sueña con hacer una maestría en estudios de género y seguir en la lucha por un mundo diverso e igualitario. @agualaboca

Haber tenido la oportunidad de conocer la vida y de escuchar las voces de algunas personas trans, aún tan silenciadas, me ha llevado a cuestionarme mis privilegios y a tener claro que hay mucho por hacer.

Conocer personas trans
Para el especial sobre religión y diversidad sexual que Sentiido está llevando a cabo, Sergio Camacho Iannini, periodista, será el encargado de contar la historia de Laura Weinstein, directora de la Fundación GAAT.

Hasta hace algunos unos años no conocía a ninguna persona trans. Las razones son varias, pero creo que el desconocimiento se reflejaba en una falta de interés por hacerlo. (Ver: Diferentes formas de ser trans).

Tampoco las veía en los espacios que solía frecuentar: colegio, universidad, trabajo, fiestas, bares, reuniones, parques, centros comerciales, calles, salas de espera y estaciones de buses. Los escenarios más cotidianos y comunes que puedan imaginarse.

No verlas no me generaba ninguna inquietud. Nunca me pregunté: “¿Dónde están?“. En realidad, aún no las veo. Han sido expulsadas del espacio público y privado simplemente porque todo aquello que no se inscribe dentro de la categoría “mujer-vagina” y “hombre-pene” es raro, loco, lo que hay que reformar o, en el peor de los casos, aniquilar. (Ver: La libertad de ser quien uno es).

Las personas trans no llegan a viejas porque las matan y a pocas personas parece importarles.

Pero la vida, que es bien bonita, me ha llevado a espacios en los que he podido compartir con ellas y, tal vez lo más importante, he tenido la oportunidad de escucharlas. Sus vidas y sus voces han sido y aún son silenciadas pero tienen mucho para contarnos y lo justo es escucharlas.

Entre tantas enseñanzas, valoro enormemente la posibilidad que me han dado de hacerme preguntas que, en medio de mis privilegios, jamás se me habrían pasado por la cabeza. (Ver: Adiós a los privilegios absurdos, bienvenida la diversidad).

Es como si me hubieran zarandeado y, de repente, apareciera ante mí un mundo que simplemente no existía. Por ejemplo, hace poco tuve la oportunidad de escuchar a Niki, quien dejó en mí una pregunta que nunca me había hecho: “¿Cómo es para un hombre trans ir al ginecólogo?“. (Ver: Diversidad sexual y de género para dummies).

Pareciera un interrogante simple, pero detrás esconde la discriminación que sufren las personas trans en el sistema de salud. Discriminación que se extiende al derecho a la educación, al trabajo, a una vivienda digna y hasta en el amor. (Ver: Por qué #MeGustanTrans).

También escuché a Camila: “¿por qué cuándo comencé mi tránsito mis amigas no me dejaban entrar a sus casas y me cerraron las puertas?”.

“¿Por qué mi sueño de ser médica forense se vio frustrado?, ¿Por qué piensan que somos peligrosas?” o “¿por qué mataron a Danna (una chica trans de 19 años) si era mi hermana y mi amiga?”. (Ver: “Una mujer más, eso es todo lo que quiero ser”).

Poco a poco los prejuicios se esfuman. Poco a poco se aprende a ver que el mundo está lleno de seres diversos. Porque al final, si algún día logramos quitarnos las categorías -a veces odiosas, otras veces necesarias- eso es lo que tenemos en común: somos seres humanos. (Ver: Chao prejuicios).

No importa cómo nos vistamos, cómo nos veamos, qué tengamos entre las piernas o a quién amemos: somos seres humanos.

No me malentiendan. No quiero sonar como si hubiese descubierto una raza extraña, no es así. Lo que quiero expresar es que está mal y es injusto que un grupo de personas se tengan que aguantar la discriminación y la violencia de una sociedad que decidió que “lo normal” es un modelo en el que mujer es quien nace con vagina y es delicada, y hombre quien nace con pene y es todo un macho. Quien no acepte esto, pues de malas, se jodió y su vida será imposible.

Conocer personas trans me ha cambiado mi cotidianidad. Por poner un ejemplo, cuando estoy en una reunión y nos vanagloriamos de ser un grupo muy diverso porque hay hombres y mujeres, incluyendo algunas lesbianas y algunos gais, pregunto, o al menos me hago a mí mismo la pregunta: “¿dónde hay una mujer o un hombre trans?”.

Hay mucho por hacer. Un primer paso es comenzar a cuestionarnos los privilegios que tenemos las personas cisgénero y hacer algo con ellos. (Ver: ¿Cis… Qué?).

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