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De la ley, al “sexo inane”

Coordinadora de proyectos en Sentiido. Doctora en Lenguas y Literaturas Romances (Universidad de California, Berkeley). Profesora de Género y Sexualidad y Literatura Latinoamericana en American University (Washington DC).
Lo que se oyó en el debate del Matrimonio Igualitario esta semana en Colombia sorprende por dos cosas: La poca preparación de sus detractores y la solidez de los argumentos de sus defensores.
cómo fue el debate por el matrimonio igualitario en Colombia
Los defensores del Matrimonio Igualitario se manifestaron durante las tres sesiones en las que se debatió el proyecto. Foto: Daniel Gómez Pulgarín.

Esta ha sido una gran semana para los derechos humanos y la igualdad.

Francia, Nueva Zelanda y el estado de New Hampshire en los Estados Unidos celebran la aprobación del  matrimonio igualitario.

Colombia  presenta un triste contraste con estos logros.

Si muchos franceses, neozelandeses y norteamericanos hoy descansan sabiendo que sus Estados los protegen y reconocen, en Bogotá, Cali, Bucaramanga, Sincelejo y tantos otros lugares, miles de colombianos se fueron a dormir ayer sabiendo que deberán esperar aún más tiempo para que sus derechos y su dignidad sean reconocidos.

No niego que haya habido avances. De alguna manera, el proyecto logró dar patadas de ahogado más tiempo del que se esperaba, y varios senadores argumentaron de manera seria e informada su postura.

Además, el hecho de que el honorable senador Gerlein vaya de mal en peor en sus intervenciones ante el senado con respecto a esta materia, llegando incluso a generar franca estupefacción en algunos miembros de la bancada conservadora al negar el sexo recreativo entre los heterosexuales, hace que sus posturas sean cada vez más vergonzosas e inaceptables para la opinión pública en general.

Sin embargo, es deprimente escuchar a congresistas mentir abiertamente o decir cosas tan absurdas e irresponsables como que en los países que han aprobado el matrimonio igualitario no hay población infantil para adoptar.

Este debate se parece un poco al del control de armas que hubo hace poco en los Estados Unidos: desde el principio fue una fachada.

Los senadores se reunieron, hablaron a favor y en contra, pretendieron hacer un debate y al final todo el mundo votó como iba a votar al principio, no porque sus convicciones fueron más fuertes que los argumentos ajenos, sino porque los votos estaban comprometidos, porque ahí también había una Ilva Myriam, con su ya célebre Blackberry, y porque los intereses que hay de por medio son mucho más importantes que los derechos y la dignidad de nuestros ciudadanos y familias.

La moral no viene con la orientación sexual

Además, argüir que la heterosexualidad es una salvaguarda de la moral es no sólo vivir en franca negación sino prácticamente en un universo paralelo.

¿Será que el señor Procurador ignora que, por lo general, son hombres muy católicos los que golpean a sus esposas, matan a sus hijas a golpes por sacar malas notas en el colegio o le pagan a un habitante de la calle para echarle ácido en la cara a una mujer que ya no quiere ser su compañera sentimental?

¿Ignora la bancada conservadora que basta un rápido análisis de las denuncias y las cifras de medicina legal para darse cuenta que la mayoría de victimarios y de víctimas de violencia intrafamiliar y abuso infantil hacen parte de la tan mencionada “familia nuclear”?

Ahora, esto no es un argumento en contra de la familia, muy por el contrario, es un intento de señalar que ninguna estructura asegura la “idoneidad moral”. Esta pertenece exclusivamente a las personas y en consecuencia es individual y se relaciona con el carácter y la ética de cada quien, no con su orientación sexual o su identidad de género.

Hay heterosexuales que son pésimos padres y homosexuales que son esposos modelos. También hay homosexuales que son muy malos maridos y heterosexuales que entregan todo por sus hijos y son un ejemplo de devoción y ética.

La orientación sexual no nos dice nada sobre las cualidades morales, intelectuales o personales de nadie; la especificidad de las relaciones entre las personas de carne y hueso es lo que importa y es eso lo que la ley está llamada a proteger.

Por eso es una desilusión, que una vez más triunfe el interés político y personal por sobre el bienestar de la sociedad y los valores realmente democráticos.

¿Legislar según las mayorías?

Si el gobierno no protege a las minorías ¿quién lo hará?, ¿cuándo y en dónde se ha visto que las mayorías sedan gustosas sus privilegios a las minorías que marginan?, ¿acaso la esclavitud se acabó porque el 73% de la población estaba a favor de emancipación?

No. Los más importantes cambios en nuestra sociedad se han hecho porque en momentos clave hemos reconocido que el deber del gobierno es proteger y defender a quienes la mayoría ha discriminado y violentado históricamente.

Así, para concluir, me uno a las reflexiones de la bancada liberal del pasado martes 23 de abril y subrayo que contrario a lo que pueda parecer, la discusión sobre el matrimonio igualitario tiene poco que ver con las opiniones personales sobre los homosexuales. La discusión aquí es sobre el papel del Estado.

Creo firmemente que el Estado tiene la obligación de proteger a todas las religiones, incluso las que creen que la homosexualidad es una abominación.

También creo que el Procurador está, a título personal, en todo su derecho de no volverle a hablar a una de sus hijas en el hipotético caso de que  una de éstas fuera lesbiana, y en consecuencia pudiera incurrir en el deleznable acto del sexo recreativo e inane. Sin embargo, estas actitudes no pueden ser parte de nuestra Carta constitucional.

Colombia es un país laico y el matrimonio un contrato civil. Nadie pretende obligar a ninguna fe a realizar ceremonias religiosas entre personas del mismo sexo, ni a dar homilías de tolerancia a la diversidad sexual durante el Domingo de Pascua. Pero el Estado no puede seguir discriminado a sus ciudadanos por culpa de atavismos religiosos y rezagos patriarcales.

La ironía es aún mayor si pensamos en que en los otros tres países en los que la medida se sometió a consideración esta semana, fue aprobada. Otros Estados nos muestran el camino.

Sin lugar a dudas, en la jurisprudencia y en las sociedades de los países occidentales hay una clara tendencia hacia el reconocimiento de la igualdad moral y jurídica de las personas LGBT. Ojalá a nosotros no nos tome mucho tiempo averiguar de qué lado de la historia queremos estar.

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