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Declaración de amor

Abogada, experta en Derechos Sexuales y Reproductivos. Activista feminista por la no violencia contra las mujeres y por la igualdad de derechos LGBT. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

Me honra vivir en Bogotá. Amo esta ciudad por sus ciclos y sus climas, por sus posibilidades de reivindicación, porque nos acoge a todos y por sumarse al permorfance “Un violador en tu camino”. Amo a sus mujeres por bellas, por bravas, por apasionadas.

Declaración de amor Bogotá
Imagen tomada durante el performance “Un violador en tu camino” en el Parque de los Hippies en Bogotá el domingo 8 de diciembre. Foto: Julián Espinosa, El Tiempo.

Nací en Cali, lo que me hace caleña. Crecí y me crié en Manizales y por eso mi corazón es manizaleño, pero llevo más de veinte años en Bogotá y estoy enamorada de esta ciudad. Es mi caso más grave de poliamor. (Ver: Poliamor: mucho más que tener varias parejas).

Bogotá está preciosa. La vi bella en todo mi recorrido hacia el lugar donde haríamos el performance “Un violador en tu camino”: Teusaquillo y sus calles de estilos distintos, los árboles que han sobrevivido a los arrebatos de poda, los pájaros locales que cada vez distingo más y ese cielo azul que enamora y que se pone de “traje de diciembre”.

Claro, todos sabemos cómo es ella, así que era de esperarse que ese día Bogotá se vistiera de un sol esplendoroso y picante primero y de una lluvia feroz después. Tan impredecible y temperamental como siempre.

Amo esta ciudad porque, entre otras cosas, se compromete contra las violencias.

Mi arrebato de amor más reciente nació la noche del viernes 22 de noviembre de 2019. Ante un “toque de queda” desproporcionado, la memoria ancestral de esta ciudad y los huesos de sus muertos del 9 de abril de 1948 se resistieron a repetir la barbarie, a pesar de la celada infame que pretendía desatar la furia a través del miedo, con esa orden sin sentido, realizada por gente sin determinar, aunque todos sepamos que los determina su vocación por la violencia.

En lo que habría podido ser una noche de pesadilla, un segundo “bogotazo”, y el origen de décadas de violencia, la gente de Bogotá con su amalgama de orígenes regionales, optó por la razón y la verdad. Y la mentira tuvo que volverse a meter en su oscura y putrefacta madriguera. La gente de Bogotá defendió su ciudad de una violación.

En este caso también cabía un estribillo ya famoso: “Y la culpa no era mía / Ni donde estaba / Ni cómo vestía”. Lo había ensayado en casa y lo había visto en vídeos desde muchas partes, hechos por mujeres indígenas, por mujeres con juventud acumulada, por mujeres en India y por las mujeres chilenas que nos enseñaron a todas. A pesar de los ensayos me equivoqué un par de veces.

El domingo 8 de diciembre salí a la calle porque quería apoyar el paro y, como cientos de mujeres, porque quería participar en el performance “Un violador en tu camino”.

El performance lo hicimos en el Parque de los Hippies y, al menos en mi caso, fue muy liberador. Sin duda, ha sido sorprendente para todo el mundo la enorme fuerza que traían consigo las frases de ese vídeo que vimos emocionadas, recién Las Tesis, en Chile, hicieron el performance original que dio génesis a esta movilización ya planetaria.  

Me encantó encontrarme con mujeres de tantos estilos, de tantas experiencias, con tantos sueños y en tantas pintas. Me enamoré muchas veces. Todas esas mujeres convencidas de estar ahí por sentirse llamadas a estar. Solo eso. (Ver: “Venimos a dejar el mundo mejor de como lo encontramos”).

Algunas fueron vestidas de fiesta porque la idea es mostrar los entornos en los que las mujeres están más vulnerables a una violación y, de paso, confrontar el hecho de que nos podemos vestir de la manera que sea y nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a violarnos, tocarnos o hacernos sentir incómodas por eso.

Otras iban en pinta habitual, se escaparon de sus trabajos, un rato al menos, para participar y regresar luego. Recordando que en los entornos laborales también se está expuesta a la violencia.

Así que me vi rodeada de mujeres de todos los tamaños y colores, sonrientes, bellas, de todas las edades, emocionadas, expectantes al momento en el que podríamos repetir el mantra “el violador eres tú”, porque ese es un nuevo mantra para las mujeres del mundo.

Es el recorderis de que la culpa nunca es de la víctima.

Es un recordatorio incómodo que ha sacado algunas tensiones en hombres que se han sentido aludidos por la generalización. Obvio, seguramente cada vez que escuchan “hombre lobo en París” asumen también que la canción se refiere a ellos.

En algún punto el tumulto fue tan apretado que ni siquiera pude subir los brazos y señalar en las direcciones acordadas. Así que cerré los ojos y me dejé arrastrar por la masa compacta que me rodeaba y escuché, en sonido envolvente, muchas, muchas voces de mujeres gritando: “El Estado no me cuida, a mí me cuidan mis amigas”.

En ese punto sentí algo de tristeza porque esa afirmación implica para todas violencia e impunidad, pero luego sentí la fuerza, la sororidad, la enorme concentración de energía que había y el incontestable hecho de que estamos uniendo las voces de millones de mujeres alrededor del mundo, mientras se canta ese mantra una y otra vez. Ya era hora.

Amé ese:
“Ahora que estamos juntas
Ahora que sí nos ven
Abajo el patriarcado
se va a caer, se va a caer”.

Me dio esperanza pensar que el rechazo a la violencia contra las mujeres es cada vez más colectivo y la claridad de que la cultura patriarcal nos afecta a todos, también a los hombres, aunque muchos aún se esmeren en negarlo.

Todo esto quedó grabado en retinas y memorias a través de cientos de cámaras que registraron las voces de miles de mujeres que gritaron su rabia, su frustración y sus duelos con la frase potente de reclamo: “el violador eres tú”.

Así que amé la experiencia. Amé que sucediera en la ciudad que habito, en mi ciudad. Y amé que sucediera en la calle y que hubiera miles y miles de personas haciendo presencia, gozándose el concierto, protestando por un Gobierno impresentable, por unas violaciones de derechos humanos inaceptables, cantando arengas, gritando, bailando y presenciando un performance feminista, todo al tiempo. Poderoso. (Ver: Es feminismo: no humanismo ni igualismo)

Y también amo a sus mujeres, por bellas, por apasionadas. En esta ciudad he tenido el honor de conocer a activistas de muchas causas, mujeres bravas que no se limitan a ocupar un espacio, sino que ante lo que ven desequilibrado, se comprometen y luchan por las causas que consideran justas. Por supuesto, me he enamorado de algunas.

Así que amo esta ciudad porque todo el tiempo se esmera en sorprender, en generar otros lenguajes, en cambiar, en hacer otros espacios. Está llena de mujeres bravas y de gente que no se deja engañar, gente que toma decisiones responsables como votar por la opción más calificada para que la administre, que apoya una causa social de importancia como el feminismo y la denuncia de “Un violador en tu camino”.

Y, sobretodo, gente que se abstiene de dejarse seducir por la violencia que le siembran los que están dispuestos a verla destruida, arrastrando consigo los destinos del país.

Por eso me honra vivir acá. Por eso la traga con esta ciudad: por sus ciclos y sus climas, por sus posibilidades de reivindicación y lucha, por sus mujeres bravas, porque nos acoge a todos. Por eso le brindo una sonrisa y cada vez con más frecuencia, cuando me desplazo por sus calles, le repito: Te amo Bogotá.

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