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“Desde mi sencillo lugar de loca atómica, le pido que nos deje en paz”

Elijo ser Chiki para hablar recio a los poderosos. También, porque soy chik. Soy una cuarentona sexy que tiene barba. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

La Chiki comparte una carta abierta al Papa Francisco, en la que le dice que no se moleste en integrarla a una sociedad que considera su orientación sexual como una “tendencia”.

Papa Francisco y homosexualidad
Me encantaría que algún día usted abunde en frases con un efecto real sobre la equidad en el mundo.

Pereira, marzo de 2015

Señor Francisco:

No había podido escribirle antes esta carta. Me encontraba ocupada en algunos asuntos que usted seguramente juzgará mal, por desconocimiento, ignorancia o por la ceguera que han demostrado sus comentarios, a los que me referiré más adelante.

No es que yo lo considere a usted un ignorante. Creo que para ocupar el alto cargo jerárquico que ostenta en una iglesia, se requiere mucho estudio.

Sin embargo, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Así que algunos asuntos que usted ignora son porque quiere aparentar ceguera.

Me permito seleccionar algunas frases de sus declaraciones y sacarlas de contexto, porque creo que cuando usted las ha dicho o escrito, no le ha importado el contexto actual. A la iglesia que usted encabeza sólo le importa el contexto cuando se refiere a sus propios intereses y casi siempre se refieren a un concepto de humanidad que dista mucho de abarcar a personas como yo.

Empiezo por esta frase suya del año 2013: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?” El catecismo de la Iglesia católica explica esto de forma muy linda.

Dice que no se deben marginar a estas personas por su homosexualidad. “Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia…” Me parece que su intención era buena al decir que a “estas personas” hay que integrarlas a la sociedad; pero, desde mi punto de vista, esa sociedad a la que usted nos quiere integrar, no es un lugar interesante para vivir.

Una sociedad que debe integrar a quienes no cumplen con preceptos antediluvianos y que considera mi orientación sexual como “tendencia” no tiene nada que ofrecerme.

En su frase no se ve intención alguna de cambio de las estructuras responsables de la discriminación por siglos. También hubiera sido adecuado que se manifestara usted de manera más fuerte sobre los casos de pedofilia de los curas: sus respuestas tenían más evasivas que las de cierto senador-expresidente de Colombia.

Es verdad: ¿quién es usted para juzgar a alguien? Yo tampoco soy nadie para juzgarle a usted, no lo juzgo, sólo enfatizo sus subterfugios. Se limitaba a decir que su postura es la misma de la iglesia. Es decir, la misma de hace milenios, pero la sociedad de hoy se ha transformado.

“¡Entienda el que pueda!” (Mt. 19:12)

Enfrentamos un mundo lleno de complicaciones y con la siguiente declaración que quiero citar, usted demuestra que esa postura, la de la iglesia, no va a contribuir a soluciones constructivas.

Me refiero a cuando dijo, a propósito del terrible atentado a la revista Charlie Hebdo en Paris, a principios de 2015, esta frase sabia: “Es verdad que no puedes reaccionar violentamente. Pero, si el Dr. Gasbarri, mi gran amigo, dice algo contra mi madre, puede esperar un golpe. Es normal”.

No entiendo qué es lo normal de esa reacción ni su relación con el tema de la libertad de expresión; usted había sostenido que la libertad se debería ejercer con responsabilidad.

Creo que fue muy afortunado que se expresara con tal honestidad, porque así el mundo puede entender cómo es usted realmente: “aquellos que hacen un juguete de la religión de otros… están provocando”.

Es decir, aunque se haya dicho lo contrario, usted justifica la violencia. Unas semanas después leí en el periódico otra perla salida de su excelentísima santidad: “Una vez, en una reunión, escuché a un padre de familia decir: ‘a veces tengo que golpear un poco a mis hijos pero nunca en la cara, para no humillarlos’”. ¡Qué lindo!, pensé, él tiene sentido de la dignidad.

O sea que el golpe que usted le daría a su gran amigo que habló de su progenitora estaría muy bien, sería muy digno siempre y cuando no fuera en la cara.

Para mí la postura que usted defiende va quedando clara; aunque tengo la duda de si los golpes dignos que esquivan la cara sólo aplican para infantes.

Hasta aquí, mi imagen sobre usted se definía como alguien que cree en prácticas que se han revaluado en muchos sectores de este mundo donde (desafortunadamente) cohabitamos. Es decir: el ojo por ojo y el castigo físico, por una parte, y la necesidad de integrar a las personas en una sola masa, por otra.

Sin embargo, usted no se detuvo. No sabe quedarse callado y mucho menos se abstiene de juzgar: “la ignorancia es atrevida”.

Por ahora, termino con otra cita. Usted se expresó contra aquellas personas que “manipulan” sus cuerpos, los asimiló a “Herodes” y afirmó que esto “destruye, conspira contra los designios de la muerte y desfigura el rostro del hombre y de la mujer, destruyendo la creación”.

Y siguió: “Pensemos en las armas nucleares, en la posibilidad de aniquilar en unos instantes un número muy elevado de los seres humanos. (…) Pensemos también en la manipulación genética, en la manipulación de la vida, o en la teoría de género, que no reconoce la orden de la creación”.

Creo que se refería usted a las personas trans. Gracias de nuevo por aclarar su postura y la del rebaño que pastorea. Ahora usted queda en un lugar muy distante. Me corrijo, soy yo quien se aleja definitivamente.

No quiero volver a leer las babosadas que usted profiere. Me encantaría que sus frases desatinadas no fueran consideradas doctrina por quienes discriminan, maltratan y ejercen todo tipo de violencias en mi país; pero estas mismas frases son las que hacen difícil que muchas personas construyamos la vida que queremos para nosotras.

Más distancia: sólo pido, desde mi sencillo lugar de loca atómica, que nos deje en paz. Que de verdad no nos juzgue, y que cuando hable, aclare antes, durante y después de sus discursos, ruedas de prensa aéreas y libros, que se dirige sólo a sus borregos. Las demás tenemos derecho a hacer con nuestra vida lo que nos dé la gana.

Yo creo que tengo derecho a creer que no es normal responder con golpes, que no hay nada de dignidad en el maltrato, que no se justifica ninguna violencia por una “provocación”.

Por suerte, somos muchas y como se dice por estas tierras: “la igualdad es imparable”. Le deseo que pueda seguir con la conciencia tranquila mientras sus “posturas” obstaculizan la vida de otros seres humanos.

Me encantaría que algún día usted abunde en frases con un efecto real sobre la equidad en el mundo y que ayuden a dar más justificaciones para el amor.

Me despido con un fraternal beso…

Cordial saludo,

Chiki T.

PS. Le dejo esta hermosa cita y le dedico de todo corazón la canción.

…Usted que inventó el pecado
olvidose de inventar
el perdón.
A pesar de usted
mañana ha de ser
otro día…

(“A pesar de usted”Chico Buarque)

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