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Después de junio, ¿dónde quedan los logos con arcoíris?

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Una vez se acaba junio, los edificios apagan sus luces de colores y las marcas le quitan el arcoíris a sus logos. ¿Dónde queda, entonces, el orgullo los otros 11 meses del año y las prácticas y premisas de inclusión LGBT?

Por: Fernando Jaramillo*

junio logos arcoíris
Hoy más que nunca están vigentes las ideas del escritor y artista chileno Pedro Lemebel (1952 – 2015), expuestas en su manifiesto “Hablo por mi diferencia” o ese llamado a reconocer esas vidas que cada día luchan por la posibilidad de ser.

Durante junio todo es arcoíris: los logos de marcas, las campañas, los cruces peatonales, las luces en los edificios de entidades públicas y las banderas que ondean. Todo para celebrar el orgullo LGBT o el hecho de que el 28 de junio se conmemora la posibilidad de ser diversos y la lucha por poder amar y vivir sin miedo. (Ver: La importancia de las marchas LGBT).

Sin embargo, una vez se acaba este mes todo vuelve a la “normalidad”: los edificios apagan sus luces de colores y las marcas le quitan el arcoíris a sus logos. Entonces, ¿dónde queda el orgullo los otros 11 meses del año?

De hecho, justo el 28 de junio se conoció en Medellín la lamentable noticia del asesinato en las inmediaciones de su casa, de Eillyn Catalina, una mujer trans. Hasta su muerte fue reportada en algunos medios con violencia al referirse a ella como un hombre, desconociendo su identidad de género. (Ver: Cuando la pandemia aprieta: Alejandra y la desatención a las vidas trans).

Por esto me pregunto si todos estos arcoíris que marcas y entidades públicas ponen durante junio no serán más que estrategias para vendernos la idea de apoyo y compromiso por esta lucha por la igualdad y la no discriminación, lucha que no solamente tiene lugar en junio, sino los 365 días del año, sin descanso.

“La igualdad es una lucha que requiere los 365 días del año para resistir a un sistema que busca limitarnos”.

No desconozco que las acciones simbólicas son necesarias e importantes para avanzar en la transformación de imaginarios, pero me preocupa que solamente en junio muchas empresas y personas se muestran abanderadas de una lucha cayendo en una especie de pink washing o en estrategias vacías que se quedan en un logo o en una calle con cebra de arcoíris. (Ver: Decálogo de las empresas incluyentes).

Esos activismos light evidencian, en últimas, falta de compromiso para que esto no sea un asunto de un mes. ¿Qué tal, mejor, si estos gestos simbólicos van acompañados de acciones y compromisos concretos? ¿Cómo nos juntamos para exigirles a las empresas y entidades públicas la implementación de políticas de inclusión, así como de protocolos y rutas de atención con enfoque diferencial para los casos de discriminación / acoso / violencia contra las personas LGBT? (Ver: Ser LGBT en el mundo laboral).

El orgullo es un asunto de todo el año, no es una estrategia para usar un mes. Y, de hecho, más que orgullo, siguiendo la idea del filósofo español Paul Preciado, es la posibilidad de reconocernos humanamente diversos, es rechazar la imposición de unas etiquetas como las únicas formas posibles de organizar la realidad. (Ver: Queer para dummies).

Como ciudadanía, deberíamos preguntarnos qué puede hacer cada quien para evitar que ser “pluma” “marica” “indefinido” o “loca”, sean en tantos lugares casi que una sentencia de muerte. ¿Cómo podemos lograr que más personas entiendan realmente el riesgo que corren las personas trans, especialmente las mujeres? Como lo han dicho tantas organizaciones trans: ellas no son un peligro, ¡están en peligro!

Hoy más que nunca están vigentes las ideas del escritor y artista chileno Pedro Lemebel (1952 – 2015), expuestas en su manifiesto “Hablo por mi diferencia” o ese llamado a reconocer esas vidas que cada día luchan por la posibilidad de ser.

“Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy”

Pedro Lemebel

El reto está en lograr que tantas personas puedan alguna vez poner de lado los privilegios que tienen para ver la realidad de quienes la sociedad y la fuerza pública violentan y rechazan por “raros”. Puede que para muchas personas habitar el espacio público sea un hecho que dan por sentado, que ni siquiera se cuestionan, pero para otras significa aguantar insultos y “atajar cuchillos” de quienes buscan erradicar la diferencia.

Como decía Lemebel:
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

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