Inicio Miradas Diversidad sexual y religión: el paso a seguir

Diversidad sexual y religión: el paso a seguir

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

Es momento de construir estrategias en equipo para enfrentar la fuerza con la que algunos sectores religiosos pretenden llegar a las elecciones de 2018, con el objetivo de ascender a espacios de toma de decisiones.

Por: Fidel Mauricio Ramírez*

Diversidad sexual y religión: el paso a seguir
En medio de la incertidumbre, algunas personas sienten que solo les queda abrazar la fe que les prometa esperanza. Foto: Mauricio Wills de Paradoja.

Hace poco más de un año publiqué un artículo en Sentiido en el que abordaba la creciente influencia de algunos sectores religiosos en espacios políticos. (Ver: La creciente y preocupante influencia de la religión en la política).

El propósito de estos sectores no es otro que lograr que sus creencias sean impuestas a todas las personas, sin importar si las comparten o no.

Después de haber visto las marchas de 2016 contra la llamada “ideología de género” a lo largo y ancho de América Latina y de haber sido testigos del auge de líderes religiosos en escenarios políticos en la región, queda claro que su proyecto es bastante más ambicioso. (Ver: La tal ideología de género, ¿de dónde viene y para dónde va?).

Parte de su estrategia es apelar al miedo de las personas desinformadas o confundidas para sumarlas contra lo que llaman “un enemigo” que, curiosamente, nunca muestran ni explican de qué se trata.

Dicen que “la familia” y “el futuro de la humanidad” están en peligro porque una perversa “ideología de género” se está tomando la política y la educación y que “llegó el momento de hacer algo”. (Ver: Lo que dejó el debate de los manuales de convivencia).

Buena parte de estos líderes religiosos se aprovechan de la crisis de gobernabilidad y de la desconfianza que muchas personas sienten respecto de sus líderes políticos para capitalizar su indignación.

la desigualdad y la incertidumbre que muchas personas sienten se han convertido en aliados de los grupos religiosos que quieren imponer su visión de mundo.

En medio de la incertidumbre que algunos perciben, sienten que solo les queda abrazar la fe que les prometa esperanza de que todo puede estar mejor. (Ver: Nerú, ¿un traidor de la homosexualidad?).

De hecho, esa sensación de miedo fue la gran aliada del cristianismo durante los primeros siglos de la era cristiana. Por la presión de personas muy cercanas a Constantino, emperador de Roma –incluida su madre Helena– en el año 312 d.C se vio obligado a abrazar al cristianismo como su fe.

Así, rápidamente, esta religión llegó a posicionarse como la única del imperio romano, tanto que aquellos que no la acogían eran declarados enemigos. De esta manera, el cristianismo se “imperializó”.

Las jugadas políticas, las alianzas con el poder y la manipulación de las masas han sido estrategias con la que algunos sectores del cristianismo han mantenido su hegemonía religiosa en Occidente por más de dos siglos.

El poder como sea

Quienes hemos estudiado la historia de la Iglesia Cristiana nos hemos dado cuenta de las intrigas y las violencias a las que algunos jerarcas han acudido para mantenerse al lado del poder durante tanto tiempo.

Buena parte de la Iglesia Cristiana, en sus distintas denominaciones, ha estado presente como protagonista o como cómplice silenciosa de hechos atroces: las cruzadas para recuperar los territorios santos en las que se acabaron con pueblos y culturas.

Durante la inquisición, en la Edad Media, fueron asesinados cientos de hombres y mujeres de ciencia. El exterminio de los pueblos indígenas y el holocausto judío también son muestra de esto.

Ahora, en un resurgimiento de estos grupos que pretenden recuperar la hegemonía que han perdido gracias a los avances del laicismo, capitalizan nuevamente la estrategia de fijar enemigos y después buscar alianzas para supuestamente enfrentarlos. (Ver: El camino para que Colombia sea un Estado laico).

Así, con el pueblo de su lado, negocian con los gobiernos para conseguir un espacio privilegiado. Aunque el panorama no es alentador, hay lecciones valiosas que podemos aprender.

La primera, quienes trabajamos para avanzar en derechos sexuales y reproductivos debemos ir de la mano con las personas de la base. Impulsar la movilización social. (Ver: El activista espiritual).

Ganar espacio en el terreno jurídico no es suficiente si no logramos que las personas tengan certeza de la importancia de hacer valer sus derechos.

Es importante visitar los barrios y tocar las puertas de las organizaciones para hablar de lo que significa la imposición de una ideología religiosa. Nada más peligroso que el dogmatismo se tome el poder.

Es momento de fortalecer movimientos que reivindiquen la democracia, la pluralidad y la diversidad.

La segunda lección es definir los espacios en los que debemos estar. Lo único que han logrado los debates en medios masivos de comunicación entre líderes religiosos y activistas LGBT es polarizar la opinión pública. (Ver: “A muchos medios les interesa lo LGBT cuando hay enfrentamiento”).

Mientras que los primeros hablan desde su fe, los activistas lo hacen a partir de un marco jurídico y así la comunicación no es viable. No se trata de que los activistas cuestionen las ideas religiosas, sino de que muestren lo inapropiado de dichos argumentos en una democracia pluralista.

Las transformaciones en materia doctrinal deben tener lugar en las comunidades de fe, un trabajo que nos corresponde liderar a quienes formamos parte de ellas.

En todo caso, es momento de unir fuerzas para contrarrestar la fuerza con la que algunos grupos religiosos aspiran llegar a los comicios electorales de 2018 y de esta manera intentar imponer sus creencias. Brasil es un claro ejemplo de esto.

Enlaces relacionados:

La mezcla entre religión y política, ¿inevitable?
Diversidad sexual y nuevas alternativas espirituales
El activista espiritual
La sanación emocional
El budismo, de la mano con los derechos humanos
El sí pero no de la Iglesia Católica frente a los homosexuales
Por sus obras les conoceréis
Nerú, ¿un traidor de la homosexualidad?
Ser homosexual y ser feliz
Andrés Gioeni, el primer exsacerdote católico casado con otro hombre

* Licenciado en Filosofía, Pensamiento Político y Económico; licenciado en Teología; magister y doctor en Educación. Investigador en temas de religión, sexualidad y derechos humanos.