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Dólares de arena: un drama donde cada quien saca provecho

Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Literatura y Cultura del Instituto Caro y Cuervo. Candidata doctorado en Español y Portugués en la Universidad de Massachusetts. Descansa montando en bicicleta, tomando fotos y haciendo yoga.

Sentiido habló con Laura Guzmán, directora de la película Dólares de arena, un drama dominicano que aborda la homosexualidad femenina y el turismo sexual. También se refirió al rol de las directoras latinoamericanas.

Dólares de arena: un drama donde cada quien saca provecho
“Todavía hay mucho tabú con respecto a la homosexualidad. No es muy aceptada. Y mucha gente no vio la película porque solamente la veían como eso y nada más”.

Ha sido difícil concretar la llamada porque Laura Guzmán está en un proyecto, parece que siempre está en mil proyectos. Contesta el teléfono con una familiaridad encantadora. El huracán María acaba de golpear a Puerto Rico y hablamos un poco de cómo la gente está afectada por ello.

Mientras ella camina por las calles de Santo Domingo (República Dominicana), yo desde un pueblito perdido en Estados Unidos, nos ponemos a hablar de una de las películas más interesantes que he visto: Dólares de arena.

La película fue estrenada en 2014 en el Festival de Cine de Toronto. Es un drama dominicano dirigido por Laura Guzmán e Israel Cárdenas que aborda la homosexualidad femenina y el turismo sexual. Cuenta la historia de Noelí, una joven que se rebusca un dinero con el turismo sexual y Anne, una francesa mayor, es una de sus clientas.

¿Cómo llegaste a Dólares de arena? ¿Cómo fue ese proceso de hacer una película a partir del libro de Jean Noël Pancrazi, Les dollars des sables?

Para mí, después de hacer la película Jean Gentil quedó claro que tengo una conexión fuerte con Terrenas (Samaná), una región de República Dominicana. La he visto crecer desde que era niña cuando era un pueblo de pescadores, a lo que es hoy en día: un pueblo turístico alternativo, más cultural, con gente más abierta.

En esta ocasión quería trabajar con los chicos y chicas de Terrenas que hacen lo que sea por salir del país, es un tema que salta a los ojos. Eso estaba claro: trabajar con la región. Luego, fue cuando encontramos el libro y compramos los derechos para hacer una adaptación. Pero había algo que no me convencía del todo.

En el libro Les dollars des sables los dos personajes son hombres, pero el francés no se puede llevar al personaje de Noelí por temas de visa y entonces se va con una italiana. Cuando estaba haciendo el casting para el personaje de la italiana apareció la posibilidad de trabajar con la actriz estadounidense Geraldine Chaplin.

A Geraldine Chaplin le gustó la idea de trabajar con nosotros. ella lo había dicho en la prensa.

Ella había visto Jean Gentil porque había sido parte del jurado en un festival en el que la película ganó un premio. Nos llegó mucha prensa de ella hablando de la película y eso me pareció muy interesante, así que la contacté para ese papel de la italiana y ella inmediatamente se subió al barco.

Ahí fue cuando hicimos el ejercicio de cambiar la historia de dos hombres a dos mujeres y fue cuando la historia se volvió nuestra, ya no era el libro. Nos despegamos y nos dimos cuenta de que si ya estábamos cambiando los personajes, podíamos cambiar la historia.

En ese proceso en que la vida real se impuso y demandó un cambio en los planes, ¿qué tantos vínculos hay entre la obra literaria y la película?

Pues la película y el libro son más un diálogo que una copia o algo por el estilo porque al final son dos puntos de vista diferentes. Todo el tiempo estuvimos en contacto con el autor, él leyó varias versiones, hubo mucha y muy buena comunicación, pero había una cosa que siempre era diferente: desde dónde veíamos esta historia.

Nosotros ya habíamos visto estas historias de emigrantes contadas por autores franceses, historias sobre el sur contadas desde el norte, pero lo que pensé fue que si esta era una película con financiamiento dominicano, lo lógico sería ver la historia en la otra dirección, desde acá, cambiarle la focalización: que no fuera el europeo viendo hacia el dominicano, sino el dominicano hacia el europeo.

Lo curioso es que en esa búsqueda yo me identificaba más con el punto de vista del extranjero -quizá por el nivel de estudios o experiencias de vida- y entonces a partir de ahí se tomó una decisión importante: dar el mismo protagonismo a las dos miradas.

Los dos personajes se aprovechan del otro, sin haber un bueno y un malo, sino que ambas sacan provecho como pueden.

En ese sentido fue muy interesante cómo el autor recibió la película. Él estuvo con nosotros en la premier en Toronto y cuando subimos a presentarla, él respondió una de las preguntas del público -muy similar a la que me estás haciendo– y dijo que sentía que esta historia es más real que la que él escribió, que sentía que el libro que él había escrito tenía más de ficción que la película. Se ríe.

Ricardo Ariel Toribio, Jeremy en la película, tuvo mucho contacto con ustedes. ¿Qué tanto tuvo él que ver con la construcción del punto de vista dominicano del que hablas?

Nos ayudó muchísimo. Él es un chico del pueblo que ya llevaba varios años en Santo Domingo y que tenía mucho contacto con el medio artístico.

Él era una suerte de traductor entre nosotros y el pueblo porque, aunque yo sea dominicana, recibí una educación bilingüe, fui a una escuela francesa, así que por más dominicano que seas hay una barrera y una distancia socioeconómica con el pueblo que estábamos retratando.

Él nos ayudó muchísimo a mantener lo autóctono, la manera de caminar, de mirar de la gente, de reaccionar a las cosas.

Es interesante porque él nunca había hecho cine, siempre había estado dedicado a la música, pero después de haber participado tan intensamente en el proceso de hacer más real ese guión ahora está estudiando cine. También participó en nuestra película que sacamos después de Dólares de Arena que se llama Sambá.

¿Y Yanet Mojica, Noelí en la película, cómo entró en ese proceso?

A ella la conocimos varios meses antes de la fecha de rodaje cuando Geraldine Chaplin nos visitó para conocernos y hacer pruebas. Eso fue como en junio y el rodaje era en noviembre. La conocimos bailando en una discoteca, la invitamos a hacer un casting, al otro día se presentó con una amiga.

La verdad es que habíamos hecho muchos castings: modelos o actrices, gente de la calle, pero sobre todo gente de campo. El problema es que a veces cuando la gente viene a la ciudad empieza a hacer cosas que no son naturales y eso me irritaba, que quisieran pulirse más de la cuenta, yo quería alguien muy auténtico.

Con Yanet fue muy especial porque ella no le tenía ningún miedo a la cámara. entró en el juego inmediatamente.

Yo tenía el temor de la disciplina porque la película recaía sobre Yanet y tenía miedo de tomar la decisión de elegir a una persona que en su vida no ha tenido ninguna responsabilidad, que no ha tenido ningún trabajo por más de dos semanas.

Me daba miedo que se fuese a cansar porque el trabajo de cine es pesado, los llamados son temprano en la mañana, se trabajan largas horas.

Las primeras semanas siempre hay una ilusión, pero luego se vuelve una rutina y se podía cansar y desertar. Así que seguimos buscando y buscando, pero ninguna como ella y pues tomamos ese riesgo que creo fue acertado.

¿Y cómo fue la producción de la película Noelí en los países?

Dólares de arena estuvo en varios festivales y en uno de esos había una amiga italiana directora que justo ese año había ganado la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes a mejor directora, con una película que se llama Las maravillas.

Ella tenía que hacer ese año un fashion infomercial por encargo de Prada y vio a Yanet en mi película y le gustó, así que la escogió para su película que se filmaría en Venecia. Yo funcioné como enlace entre ellas, casi como agente.

Yo estuve haciendo un detrás de cámaras, filmando todo el proceso, especialmente de los tiempos muertos como en el hotel, o de ella descubriendo una ciudad fría, descubriendo el invierno, descubriendo Europa que era en su ideal otra cosa, todo el mundo acá quiere ir a Europa, pero allá es otra cosa. Ella lo detestó: el frío, la gente fría, todo.

La otra cosa es que la mamá de Yaneth vivía en España desde hacía seis o siete años así que después del rodaje en Venecia paramos en Madrid a verla. Cuando llegamos su mamá le dice: “Llegaste, ¿no?”, como asumiendo que se quedaría, como se considera natural porque todo el mundo acá se quiere ir allá y quedarse.

Pero ella le dijo: “No, no, yo prefiero quedarme en República Dominicana, aunque sea dando clase de bachata en la playa”. Así la película empieza en Venecia, va a Madrid y termina en República Dominicana. Ella es como nómada, anda ligera como una pluma.

¿Qué opinas del rol de las directoras mujeres latinoamericanas? ¿Es importante visibilizar el trabajo de las mujeres en el cine?

Hace 10 años cuando empecé a hacer películas éramos poquitas y ahora somos un montón. Por ejemplo, voy a empezar una película en estudios acá en República Dominicana y se van a estar filmando dos más al mismo tiempo y todas son de directoras mujeres. (Ver: “Le agradezco a mi mamá que no me obligó a ser una nenita”).

Me da gusto ver cómo se está equilibrando la cantidad de mujeres en la industria.

Yo estudié fotografía –dentro del mundo del cine- y cuando empecé fue muy difícil para mí porque es un mundo muy machista, a los hombres les costaba mucho trabajo recibir órdenes de mujeres. (Ver: La convivencia pacífica con el machismo). 

Hoy lo veo desde otro punto de vista. En parte porque codirijo con Israel, no te puedo decir que me haya sentido excluida. Me parece importante que eso esté cambiando, aunque bueno, los festivales de mujeres no me gustan, me ponen en una situación que no me gusta.

¿Y la situación del cine en República Dominicana?

El cine en República Dominicana está viviendo un boom importante. Desde hace 8 años hay una Ley de Cine, parecida a la de Colombia, que promueve la industria y entonces eso ha hecho que nuestra cantidad de películas aumente considerablemente.

Hace 10 años se hacían dos películas al año, y hoy se están haciendo cinco en promedio todos los años.

Al principio se hacían más comedias y productos de consumo local, y ahora cada vez se están viendo películas dominicanas que están saliendo a festivales, que están ganando premios y reconocimientos y que están siendo distribuidas fuera, así que es un gran logro en muy poco tiempo.

¿El público dominicano consume cine dominicano?

Muchísimo. Lo que pasa es que son tantas películas que no hay suficientes salas que siguen en manos de los Blockbusters, entonces hay pocas salas para el cine local o alternativo. Para el comercial sí hay, pero para el cine alternativo local no hay casi espacios.

¿Y cuál fue la recepción de Dólares de arena en República Dominicana?

Siempre ha habido mucho tabú con el tema de género y la homosexualidad, no son muy aceptados. Mucha gente no vio la película porque la veían sólo como eso y ya, no iban más allá.

A otros no les gustó porque no quieren aceptar que mucha gente vive así, que busca y ofrece el turismo sexual: ese tipo de relaciones que salta a los ojos, que es muy visible.

El problema es que acá mucha gente vive de la conveniencia, del trabajo del otro, del trabajo fácil, de la remesa, de los parientes que viven en Estados Unidos o en España, entonces se les hace un poquito difícil aceptar la realidad.

Ahora, el hecho de que acá se haya estrenado después de que circuló afuera y que tuviera un recorrido exitoso internacionalmente, ayudó a que la gente tuviera curiosidad. Sobre todo, la crítica local es muy buena, pero luego el público general, la masa, busca otra cosa.

¿Hay alguna pregunta que siempre hayas querido que te hagan?

No, a mí no me encantan las entrevistas, soy un poco tímida y torpe con las palabras, por eso hago cine.

Cuelga riéndose.

Nota: Dólares de arena está disponible en la plataforma Kanopy y en Netflix (en algunos países).

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