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El amor se tiñe el pelo de azul

Cofundadora y directora de Sentiido. Profesional en Estudios Literarios y Doctora en Historia de la Universidad de Los Andes. Lectora, periodista empírica y aprendiz de ilustración.
Finalmente se estrena en Colombia la película francesa “La vida de Adèle”, inspirada en la novela gráfica “El azul es un color cálido” y galardonada con la Palma de Oro en 2013.
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Más que una película polémica, “La vida de Adèle” es una gran historia de amor.

Contrario a lo que se ha dicho de la película francesa La vida de Adèle, traída a Colombia por Babilla Ciné, esta no tiene nada de polémica. Es probable que lo que más se recuerde al salir de la sala sean las escenas de sexo explícito entre las protagonistas, Adèle y Emma, una de las cuales alcanza los diez minutos ininterrumpidos. Son escenas bien logradas, creíbles y cargadas de mucha sensualidad y estética. De eso no hay duda.

Sin embargo hay que reconocer que La vida de Adèle es mucho más que el polémico filme anunciado por algunos medios. Es una hermosa historia de amor de juventud, que construye a su alrededor un universo lleno de símbolos y recuerdos sobre el significado de la pasión y de la entrega total a otra persona.

Si tuviera que resumir el argumento de la película, diría que Adèle es una joven que está terminando su bachillerato y que encuentra en Emma, una estudiante de Bellas Artes, todos sus motivos para ser feliz. Esto es todo lo que se necesita saber antes de entrar a la proyección, porque los 179 minutos que dura dicen el resto.

La película fue dirigida por el tunecino Abdellatif Kechiche (1960) y, aunque a simple vista parezca irrelevante, el hecho de haber nacido en un país africano y haber crecido en Francia se refleja en aspectos que hacen de esta historia un escenario para mostrar un mundo habitado por el mestizaje cultural.

Por ejemplo, una escena sorprende a los espectadores cuando la protagonista intenta bailar bachatta y salsa con un colega (aunque baila y aplaude como si fuera música flamenca); en otra situación vemos que Adèle estudia con varios compañeros de diferentes razas y que un hombre que conoce en una reunión familiar (en la que bailan música de oriente medio) es de origen árabe.

A pesar de que muchas de las películas europeas que llegan a Colombia (aunque, en realidad, no son tantas) se alejan de los estereotipos que inundan las producciones estadounidenses, no logro recordar más de tres o cuatro de ese continente que presenten una realidad social diferente a la blanca predominante.

En La volteadora de páginas (Francia), Cuatro minutos (Alemania), La ola (Alemania) y V de venganza (Inglaterra), no hay ningún personaje relevante que no sea blanco o que coma Kebab en algún almuerzo.

Por el contrario, en La vida de Adèle el entorno de la protagonista se plantea lleno de diferencias. En los nombres, en los orígenes de las personas, en sus profesiones y en lo que Adèle misma enseña a los pequeños en la escuela para la que trabaja unos años más tarde.

Así mismo, el amor entre Adèle y Emma hace parte de ese universo en el que los prejuicios existen pero no son el principal motivo de los conflictos de los personajes. Antes que enfrentarse a “salir del clóset” con su familia, Adèle debe confrontar sus propios miedos al sentir que puede estar perdiendo a Emma.

Ese otro mundo es uno de los aspectos más valiosos de la película. El mundo en el que transcurren los días, se trabaja, se pide un sándwich griego en la calle para almorzar, pasan las estaciones y se recuerdan días que fueron más felices. Nadie se ahoga en el mar, nadie llega al aeropuerto corriendo a detener al ser amado, ni descubre que toda su vida ha sido un engaño.

El valor de la historia de Adèle es tener que enfrentarse a las cotidianidades de la vida de cualquier ser humano: amar e ir a trabajar.

Si bien la película rehúye exitosamente los estereotipos en los que puede caer una historia de amor entre dos mujeres, no deja de haber algunos encasillamientos esporádicos que suelen ser inevitables.

El más notorio, aunque no grave, es el de proponer una relación entre dos mujeres en la cual la más femenina es la que tiene dudas sobre su orientación sexual y no tiene reparos en acostarse tanto con hombres como con mujeres; mientras que la más masculina es aquella que no cuestiona su homosexualidad.

Es como si el eterno destino de las sexualidades fuera ser juzgado por la forma como se visten las personas. Sin embargo, este reparo no puede hacérsele directamente al guión de la película, sino más a la novela gráfica El azul es un color cálido, creada por Julie Maroh, obra en la cual se inspiró la película.

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Adèle es un personaje introvertido y taciturno que experimenta el amor en su máxima expresión al encontrarse con Emma.

Las actrices, por su parte, logran con sus actuaciones que los personajes sean verdaderamente creíbles.

No es solo el excelente trabajo de maquillaje y vestuario lo que hace ver que el carácter de Adèle y Emma corresponde a los personajes que interpretan.

Es también el reto de enfrentarse a un director conocido por sus exigencias a la hora de grabar: las extenuantes jornadas, la repetición de tomas, la búsqueda de escenas extensas y silenciosas y el esfuerzo por mostrar ángulos de los propios cuerpos que no sean obvios.

Adèle Exarchopulos, quien interpreta a la protagonista, crea un personaje taciturno e introvertido que deja ver sus facetas más sensibles cuando se trata de los sentimientos que experimenta. Sus expresiones faciales lo dicen casi todo y lo que no, lo dice el llanto tímido que deja escapar en varias ocasiones (en este aspecto se recomienda discreción: habrá muchos mocos sin pasar por el pañuelo a lo largo de la película).

Hay mucha delicadeza en la forma como las dos actrices lograron construir la relación necesaria para que no solo interpretaran a una pareja, sino también fuera creíble que eran una pareja.

Hay un gran trabajo en el manejo de los ademanes, en las expresiones sutiles como las caricias, el tacto, las miradas y las sonrisas escondidas. Son elementos que le dan mucha fuerza a la historia y le dan más espacio a los silencios que a los guiones llenos de texto y de palabras que se pierden fácilmente.

Sorprende positivamente que la película no haya sido cortada en las escenas más explícitas para ser proyectada en Colombia. Si bien Babilla Ciné suele ser menos temeroso en el material que proyecta en sus salas, bien sabemos que el cine que se ve en Colombia es, en términos generales, bastante conservador o al menos más políticamente correcto de lo que se produce en diferentes lugares del mundo.

Recomendación final: Prestarle mucha atención al diálogo inicial durante la clase de literatura francesa, pues ahí se discuten algunos aspectos de la novela La vida de Marianne de Pierre de Marivaux, que resultan fundamentales para el desarrollo del argumento de La vida de Adèle. [Esta técnica no es nueva: películas como Match Point, de Woody Allen, aluden a la novela Crimen y Castigo de Fedor Dostoievski para relacionar las historia de los protagonistas con las de la obra literaria].

FICHA TÉCNICA

Título original: La vie d’Adèle – Chapitres 1 et 2
Año: 2013
Duración: 179 minutos
Director: Abdellatif Kechiche
Protagonistas: Adèle Exarchopulos y Léa Seydoux

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