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El camino para que Colombia sea un Estado laico

Género, diversidad sexual y cambio social.

Otra paradoja es asumir que todos los soldados son católicos y que el agua bendita tiene importancia para ellos. ¿No hay soldados budistas, judíos o cristianos? “Esto es una falta de respeto con los que tienen otros credos o son ateos y con toda la ciudadanía porque se trata de un sacerdote con el que no todos los colombianos se sienten representados”, afirma la columnista.

Además, la Corte Constitucional ha dicho que en los actos oficiales no puede hacerse mención a ningún tipo de creencia.

El camino es largo…

qué significa que Colombia sea un Estado laico
Alejandro Ordóñez, Procurador General de la Nación. Foto: semana.com

Otro hecho que impide hablar de Colombia como Estado realmente laico es destinar fondos provenientes de la ciudadanía, por ejemplo de impuestos, para pagar ceremonias católicas.

“¿Qué pasa si lo que paga una persona agnóstica va para la construcción de una iglesia católica?”, se pregunta Ruíz-Navarro. Además, es inconstitucional destinar dineros del presupuesto nacional para la creación y sostenimiento de instituciones católicas.

Si Colombia fuera en la práctica un Estado laico, no se permitiría la existencia de capillas católicas en sitios públicos, como en el aeropuerto, porque se le estaría dando prelación a una religión. Tampoco habría ciudades donde las actividades de Semana Santa fueran tan públicas al punto de obligar a sus ciudadanos a participar en ellas.

Parte del problema radica, agrega Ruíz-Navarro, en que muchos colombianos aún no diferencian entre pecado y delito o entre creencias personales y función pública. “Es necesario avanzar a una sociedad que se rija por una ética civil y no por una ética sacralizada. El pecado deriva de la fe y el delito de la razón jurídica”, completa Ligia Galvis.

Otro factor a tener en cuenta es que quienes ejecutan la ley son personas y no máquinas que aplican las leyes de manera neutral. “Y los jueces tienen una serie de prejuicios adquiridos en su historia de vida”, afirma Ruíz-Navarro.

La ley general de educación firmada en el Gobierno del Presidente Uribe señala que ninguna persona está obligada a recibir educación religiosa en las instituciones públicas, pero en últimas esta cátedra suma para el puntaje final. “Entonces, de cierta manera, se hace obligatoria”, dice Rincón Perfetti.

Y esa educación religiosa es justamente la que reciben los jueces, lo que les impide ejercer su trabajo de manera neutral. De hecho, en alguna oportunidad uno de estos funcionarios empezó una sentencia con una frase de la Biblia. También se afirma que en Barranquilla hay una jueza, pastora cristiana, que obliga a sus empleados a asistir a sus celebraciones religiosas.

Por su parte, algunas Empresas Promotoras de Salud (EPS) están negando los abortos en las tres causas despenalizadas por la Corte Constitucional y ciertos jueces, por objeción de conciencia, no amparan este derecho fundamental. En estos casos, la tutela es un buen mecanismo para sentar precedentes.

Privado vs. Público

El hecho de que existan servidores públicos que ignoren que están en un Estado laico, significa que no son aptos para sus cargos: las creencias religiosas son un asunto personal de la moral privada mientras que las funciones públicas tienen que regirse por la Constitución y las leyes.

Esto también aplica para los periodistas quienes, en teoría, deberían ser imparciales. “La gente supone que, en las noticias, no están sus opiniones. Sin embargo, ellos recibieron la misma educación católica que buena parte de los colombianos y trabajan con este filtro”, enfatiza Ruíz-Navarro.

Un ejemplo de esto es cuando preparan una noticia sobre el debate del aborto. Para este tema acostumbran entrevistar a un jerarca de la iglesia católica cuando ellos no forman parte del Gobierno y no tienen parte en este asunto.

“Podrían entrevistarlo desde el punto de vista moral y religioso pero, en ese caso, tendrían que entrevistar también a representantes de otras religiones y separar fuentes oficiales de las religiosas”, dice la columnista.

Ahora, el hecho de pertenecer a una religión no significa una contradicción con el Estado laico. Se puede ser judío, cristiano, Testigo de Jehová o del credo que sea y laico. Según Sandra Mazo, coordinadora de la organización Católicas por el derecho a decidir, la oposición es a un gobierno en nombre de Dios y al autoritarismo de los dogmas que se intentan imponer como verdades absolutas.

En Colombia, el Estado está separado de las religiones y las iglesias tienen que cumplir con las leyes ordinarias: son las religiones las que deben someterse a la legalidad del Estado y no al revés.

En Brasil, por ejemplo, uno de los principales problemas para aprobar las leyes contra la discriminación de las personas LGBTI es la presión de los congresistas evangélicos. En Colombia, lo que el Procurador General considera pecado, es declarado inconstitucional. Y obligar a otra persona a regirse según una determinada religión es un abuso de derecho.

El Procurador tiene derecho a ser católico, pero en su investidura pública debe ajustarse a la Constitución sin anteponer sus convicciones privadas.

Las gafas de la igualdad

En  temas como el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, las investigaciones con células madre, la inseminación artificial, la fertilización in vitro o los derechos sexuales y reproductivos, el Procurador y otros funcionarios deben desligarse de sus creencias religiosas para verlos desde la garantía de los derechos humanos.

“Todas las religiones son legítimas y tienen la verdad en sus templos. El único libre sagrado en Colombia es la Constitución. El resto son importantes para quienes así lo consideran en su proyecto personal de vida”, afirma Rincón Perfetti.

En un Estado laico la función pública implica la organización social en función de todos, para todos y con todos. Y todas. “Precisamente son los movimientos feministas los que tienen más enraizado el tema de la laicidad porque las mujeres han sido las principales receptoras de los prejuicios de los Estados confesionales”, dice Galvis.

La laicidad invita a un cambio de las formas sagradas de legitimar a las democráticas, basadas en la voluntad popular y los derechos humanos. Según Sandra Mazo, hay unas libertades fundamentales en un Estado laico: la de conciencia (excepto para negar derechos fundamentales), la de creencias y la de cultos.

Al respecto, cabe preguntarse: ¿existe en Colombia libertad de conciencia? ¿Es evidente la autonomía de lo político frente a lo religioso? ¿Hay realmente igualdad de los individuos ante la ley?

Ninguna religión debe interferir en asuntos que competen a un Estado laico, pluralista y democrático. Y con mayor razón la católica. “No hay institución más antidemocrática que la representada por el vaticano: conformada solamente por hombres no elegidos mediante voto público, que no reconocen a las mujeres, con posturas anacrónicas frente al cuerpo, la sexualidad, el placer, la homosexualidad y el VIH y que encubre a los sacerdotes violadores de niños. Es peligroso que una estructura piramidal, misógina y hegemónica como esta se entrometa en política”, señala Sandra Mazo.

Si bien Colombia tiene aún mucho camino por recorrer para ser realmente un Estado laico, ha tenido avances importantes al respecto: la Corte prohibió citar pasajes bíblicos en sentencias judiciales, se evitó que una iglesia se convirtiera en patrimonio nacional y existe un proyecto de ley que busca derogar la religión como cátedra obligatoria.

Uno de los primeros actos de Sergio Fajardo como Gobernador de Antioquia fue suspender la celebración de la misa católica en el estadio, cerrar la capilla de la Gobernación, destituir a su capellán y suspender la transmisión de la misa por TeleAntioquia. Lo hizo porque todas las confesiones son igual de válidas.

Más funcionarios laicos

El paso a seguir es lograr legisladores más comprometidos con los derechos humanos, el pluralismo y las libertades. Se necesita un Presidente que no invoque a Dios cada vez que se dirige a los colombianos, que no existan capillas en las instituciones y una sociedad que diferencie fuero interno del público.

La gran apuesta es lograr que no existan partidos políticos que representen los intereses de ninguna religión ni funcionarios que promuevan una agenda religiosa en el marco de sus responsabilidades.

En la mesa de negociación del proceso de paz se reclama la presencia de la jerarquía eclesial. Según Sandra Mazo, el problema no es que participe, sino que todavía se reclame la legitimidad religiosa de procesos como este. La meta debe ser un estado neutral y garante de los derechos humanos, no moderado por una moral particular, sino por una ética pública.

2 Comentarios

  1. Es inaceptable e imporpio que se utilice la denominación “cristiano” como referencia de un tipo de cristianismo protestante. Lo más usual es oponer “protestante” a “católico”; nunca “cristiano” a “católico”. La seriedad y la misma perspectiva de inclusion que presenta este medio periodístico es afectada cuando no se tienen en cuenta este tipo de errores tan comunes en otros sectores más descuidado. Se podría decir “evangélicos”, como el artículo llama a los protestantes en Brasil, e incluso como “neopentecostales”, como una persona anota en estos comentarios, pero, por favor, no reproduzcan más ese uso indebido.

    • Alfredo, gracias por comentar y señalar el uso adecuado de los términos. En efecto, es importante distinguir y aclarar este tipo de diferencias. Un saludo del equipo de Sentiido.

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