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El “delito” de ser homosexual

Género, diversidad sexual y cambio social.

Las agresiones contra una pareja del mismo sexo en un centro comercial en Bogotá despiertan varias reflexiones y confirman que el problema no es ser LGBTI sino quien percibe esto como una amenaza.

Esteban Miranda, estudiante de Medicina de la Universidad Nacional, pasaba la tarde del domingo 14 de abril junto a su novio en el Centro Comercial Andino en Bogotá. En algún momento decidieron ir a tomar algo y mientras avanzaban al lugar donde comprarían las bebidas, se pararon frente a una piscina de pelotas de una zona infantil para ver una discusión entre dos niños. En ese momento se abrazaron como lo hacen muchas parejas heterosexuales, un gesto de afecto común contra el que nadie protesta.

De repente, Pedro Costa se les acercó y de manera violenta les ordenó retirarse del lugar. Ellos sin entender muy bien qué pasaba, le respondieron que no lo harían. Costa, evidentemente molesto, empezó a empujarlos y a señalarlos de “pedófilos” y de abusadores. (Ver: ¿Cómo decirle adiós a la homofobia?).

Para justificar su agresión, Costa ha repetido que los dos jóvenes se estaban “morboseando” a los menores que jugaban allí y tocándose sus penes frente a ellos. Pero Carolina Vegas, periodista y escritora, y a quien Sentiido conoce, lo desmiente porque ella se encontraba en ese mismo lugar junto a su hijo y esposo. A su testimonio se suman el de al menos tres vendedoras de almacenes del centro comercial quienes han dicho que sin motivo alguno Costa se acercó a agredir a los jóvenes.

Además, imaginen por un momento que los señalamientos de Costa fueran ciertos. ¿No habrían intentado la mayoría de padres y madres presentes linchar a la pareja? ¿No habrían llamado de inmediato a la Policía o al personal de seguridad del centro comercial para advertir lo que estaba pasando? De hecho, algún tuitero (@juanro1234) que no tuiteaba desde 2104, casualmente lo hizo para respaldar a Costa, señalando que la pareja de jóvenes “llevaba más de 20 minutos tocándose el pene”. ¿Y en 20 minutos ningún papá o mamá hizo nada? ¿Se los permitieron tranquilamente? ¡Por favor!

Debido a que Costa continuó amenazando a la pareja con agredirlos afuera del centro comercial, los jóvenes llamaron a la Policía. Cuando esta llegó, atendiendo solamente la declaración de Costa y de quienes lo acompañaban -porque no les permitieron ver las cámaras- les pusieron un comparendo a los jóvenes argumentando “exhibicionismo”. ¿Cómo entender que las víctimas y no el agresor sean quienes terminen castigadas?

Lo sucedido despierta varias reflexiones. La primera: por qué la idea de ocultarles a los menores que hay parejas del mismo sexo. La diversidad es la realidad. Y desde temprana edad los padres de familia deben explicarles a sus hijos que así como hay amor entre un hombre y una mujer, también existe entre dos hombres o entre dos mujeres. Es además una manera de enseñarles a respetar la diferencia y de evitar que agredan a otras personas por ser LGBTI. (Ver: ¿Ustedes por qué siempre están juntas?).

Vegas lo explicó muy bien en sus redes sociales: “no me parece aceptable que un hombre homófobo se atreva a violentar gente que no está haciendo nada malo frente a mi hijo. No acepto que nos parezca más grave que dos personas expresen su cariño a que un hombre ciego de furia sea capaz de agredirlos. No lo acepto. No frente a mi hijo. Tu homofobia no defiende ningún derecho, señor de camisa gris que literal me hizo llorar de ira hoy en una tarde de domingo feliz con mi familia. #NoALaHomofobia. #NoFrenteAMisHijos. (Mi esposo, muy valiente, se fue a tratar de hacer entrar al hombre en razón, yo solo gritaba)”.

La gerente del Centro Comercial Andino expidió un comunicado donde lamentó la situación y rechazó cualquier acto de discriminación en este espacio.

Ahora, es cierto que todas las personas tienen prejuicios o ideas que carecen de fundamento porque provienen de primeras impresiones, pero que se fijan de tal manera que en muchos casos se convierten en el criterio a seguir. Sin embargo, como lo ha explicado María Mercedes Gómez, PhD en teoría política y estudiosa del tema, una persona ve una cosa, pero el conocimiento determina otra.

Costa se aferra a la idea de que la pareja se estaba “morboseando” a los menores como quien se aferra a una noticia falsa o a una cadena de WhatsApp solamente porque encaja perfecto en su visión de mundo. Sin importar que la información no sea cierta, la replica porque confirma sus creencias sobre las personas homosexuales. Entonces, como a él le incomodan los hombres homosexuales concluye que son “pedófilos” y “pervertidos”.

A partir de su prejuicio, hace un señalamiento general. Y con sus gritos y violencia pretende convencer a los demás de su “verdad”. Es decir, no solamente se da razones para justificar su comportamiento sino que busca el respaldo de más gente. En este caso, sus acciones van en sintonía con las sociedades que consideran la heterosexualidad como la única manera apropiada de ser y de existir.

Las personas tienden a incorporar los sentimientos de rechazo y exclusión que históricamente han visto hacia las personas LGBTI.

Quienes actúan como Costa pueden empezar por reflexionar de dónde viene la idea de que lo distinto a la heterosexualidad sea malo. ¿Qué sienten o qué les incomoda cuando ven personas LGBTI? Costa, como lo hacen otras tantas personas, ha repetido no ser homofóbico, “tener amigos gais” y que solo actuó para proteger a los niños, pero ¿por qué se refería a la pareja en femenino? ¿En qué contribuiría en su supuesta defensa de los menores esa manera de nombrarlos o tratarlos de “animales”?

En algunos casos, la incapacidad de aceptar la propia orientación sexual homosexual llega al extremo de atacar a otras personas que abiertamente lo son por el mecanismo defensivo de la proyección: ver en alguien externo a mí los miedos o lo que no me gusta de mí. En todo caso, el problema no es ser LGBTI, el problema está en quien le incomoda que otros lo sean: el “pero” no está en una determinada orientación sexual o identidad de género, sino en la persona que percibe esto como una amenaza. (Ver: Un beso no incomoda, la homofobia sí).

Los jóvenes afectados, por su parte, están en proceso de instaurar las denuncias pertinentes teniendo en cuenta que, entre otras cosas, el artículo 134 A del Código Penal colombiano señala: “El que arbitrariamente impida, obstruya o restrinja el pleno ejercicio de los derechos de las personas por razón de su raza, nacionalidad, sexo u orientación sexual, discapacidad y demás razones de discriminación, incurrirá en prisión de doce (12) a treinta y seis (36) meses y multa de diez (10) a quince (15) salarios mínimos legales mensuales vigentes“.

Vale la pena destacar los gestos de solidaridad hacia los jóvenes que la abogada y activista Elizabeth Castillo resume muy bien en esta frase: “gracias todas a Carolina Vegas por contar lo que vio, por intervenir y por no dejar que la homofobia, la violencia y la discriminación pasaran ante sus ojos, y más importante aún, ante su hijo, sin sentar su voz de protesta”.

Por último, algunos activistas están convocando a un plantón frente al Centro Comercial Andino. La pregunta que nos surge es por qué allá si finalmente la gerencia rechazó públicamente la discriminación y los actos de violencia no fueron protagonizados ni por guardias ni personal de seguridad de este espacio. El escenario en este caso es aleatorio y el único responsable de lo sucedido es Pedro Costa.

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1 Comentario

  1. Pareciera que las personas LGTBQ+ no podemos convivir con parejas heterosexuales con niñes y debemos llevar una vida individualista y movernos por nuestros ámbitos pero no es verdad. En manifiestoisterico/wordpress.com desarrollo unas comunidades feministas, ecologistas, autosuficientes y laicas en las que las personas LGTBQ+ nos encontraríamos muy a gusto.

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