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El día en que nada y todo cambió

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Cuando mi papá me preguntó “¿tú eres gay?” Le respondí “sí, lo soy”. Después de años de luchar conmigo mismo, no estaba dispuesto a decir más mentiras ni a cargar con el peso tan grande que significaba ocultar una parte tan importante de mi vida. 

Por: Juan Felipe Hernández González*

Marcha del orgullo LGBT
Foto: Andrés Camilo Gómez Giraldo de GoTeam, especial para Sentiido.

El sábado voy a ir a un festival de música que harán en Andrés de Chía. Salgo tipo 9:00 de la mañana y regreso el domingo, porque van a presentarse varios artistas – le dije a mi mamá.
Bueno pues, mucho juicio y me estás llamando – respondió ella.

Había estado planeando asistir a la marcha del orgullo LGBTI, pero aún no era capaz de contarle a mi mamá y mucho menos a mi papá. Él aún no sabía de mi orientación sexual. Con Nicolás, uno de mis mejores amigos, acordamos contratar a una maquilladora profesional. ¿Por qué no? Si aquel día todo se vale, podemos expresarnos sin temor alguno, podemos dejar volar nuestra imaginación. (Ver: Marcha LGBTI de Bogotá 2018: ni un paso atrás).

Llegó el domingo primero de julio y a las 9:30 a.m. estaba en el barrio La Candelaria, en Bogotá, en la casa de un amigo, esperando a que llegara Vrinda para maquillarnos. Teníamos el tiempo justo para arreglarnos e irnos. Alrededor del mediodía llegamos al Parque Nacional y, para ser sincero, estaba nervioso, era mi primera marcha, tenía muchas expectativas de lo que iba a ver. (Ver: Lo que pensaba y lo que ahora pienso de las marchas LGBTI).

Personas trans, parejas del mismo sexo, padres acompañando a sus hijos, colectivos de distintas organizaciones participaban con orgullo de este compromiso anual. Pero todo esto era nuevo para mí, porque si bien es cierto que al amor entre personas del mismo sexo no era ajeno para mí, nunca en mi vida había visto tantas demostraciones de amor y afecto en público y, sobre todo, sin sentir miedo al rechazo ni a las agresiones.

La marcha empezó poco después de la una de la tarde, llena de comparsas y arengas que hacían énfasis en el respeto por las personas LGBTI. Hacia las 4:30 p.m. llegamos a la Plaza de Bolívar, donde había una multitud de personas apoyando y celebrando la diversidad. Estuve allí con mis amigos hasta las 6:00 p.m. porque la lluvia de Bogotá nos impidió quedarnos más tiempo.

Luego nos fuimos a Theatron a cerrar la noche.

Pero lo verdaderamente importante de esta historia vendría una semana después. Estando en vacaciones de mitad de año, me fui a Villa de Leyva con unos amigos. Recuerdo aquel miércoles cuatro de julio, cuando al mediodía mi mamá me llamó:

Juan, tu papá me acaba de llamar y me dice que vio unas fotos donde tú estás maquillado, ¿dónde estuviste? – me dijo.
Ma, estuve en la marcha del orgullo – le respondí.
Hmmm. Yo no sabía qué responderle a tu papá, así que le dije que habías estado cubriendo un evento para hacer un reportaje para la universidad – me dijo ella.
¿Qué? No mamá. Yo no voy a negar lo que soy y estoy dispuesto a aprovechar esta situación para “salir del closet con él”. No quiero más mentiras en mi vida, y menos con él – le respondí.

Sabía que lo que venía no sería fácil. Mi papá ya tiene sus años y tres matrimonios encima. Y el machismo está presente. Pensaba que me iba a pegar o que incluso no iba a volver a dirigirme la palabra. No sabía cómo reaccionaría y sentía miedo. Pero de una cosa sí estaba seguro: no me iba a retractar e iba a enfrentar la situación. Ya antes había tenido conflictos conmigo mismo y con otras personas por mi orientación sexual. Recuerdo haber llorado ese día preocupado pensando en su reacción.

“amo profundamente a mis papás y estaba asustado, no quería que nada cambiara entre nosotros”.

Esa semana, mi papá fue a mi apartamento. Aquel domingo se sentó con mi mamá y conmigo. Yo estaba muerto del susto, esperando el momento.

Hijo, Sharon (la hija de su exnovia) me mandó unas fotos donde tú estás en la marcha del orgullo LGBTI. Estás maquillado. ¿Eso qué quiere decir? Sé que ser gay es algo inherente a algunos seres humanos, pero ¿tú res gay? – Me preguntó.
Pa no te voy a mentir. Llevo años luchando conmigo mismo por ser quien soy. Sí, soy gay – le respondí.

Lo que más recuerdo de aquel día es que mi papá llorando y con la cabeza abajo, me dijo:

No entiendo por qué no me lo dijiste antes, sabes que siempre has sido mi orgullo y que siempre lo serás. Nuestra relación no tiene por qué cambiar. Siempre te apoyaré – fueron sus palabras.

Así, un domingo cualquiera le dije a mi papá que soy gay. Luego de años de mentiras y de esconder quien soy, por fin me quitaba un gran peso de encima. Y lo mejor de todo, mi papá me entendió, me expresó su apoyo y me sigue queriendo como soy. Tanto miedo en vano.

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*Estudiante de Relaciones Internacionales y de Comunicación Social en la Universidad Javeriana.

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