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El engaño de la mujer transgénero

Coordinadora de proyectos en Sentiido. Doctora en Lenguas y Literaturas Romances (Universidad de California, Berkeley). Profesora de Género y Sexualidad y Literatura Latinoamericana en American University (Washington DC).

¿Es un palo de golf más importante que la vida de una mujer transgénero? Para algunos periodistas, editores y jugadores, parece que la respuesta es afirmativa.

casos de discriminación contra mujeres transgénero
La “engañosa” identidad de género de la Doctora Vanderbit pesó más que cualquier otra circunstancia a la hora de exponerla públicamente como un fraude. Foto: Purolipan.

El pasado15 de enero la página de entretenimiento Grantland publicó un artículo titulado “Dr. V’s Magical Putter”, lo que se traduce  como “El palo de golf mágico de la Doctora V”.

El texto cuenta cómo Caleb Hannan, un periodista deportivo y jugador aficionado al golf, en medio de una noche de insomnio se propuso investigar si un novedoso y extraño palo de golf, creado por la misteriosa Doctora V., realmente servía o no.

De ser cierto lo que algunos dicen, este invento básicamente revolucionaría la historia del golf y cambiaría el modo en el que el deporte ha sido pensado.

Sin embargo, al leer la historia este punto se pierde de vista y pronto el artículo se vuelve una especie de melodrama detectivesco en el que la vida personal de la doctora pasa a primer plano y se llega a la conclusión final de que su invento, así como sus credenciales profesionales y su vida misma, son un engaño.

En medio de sus pesquisas científico-golfísticas, el periodista descubre que a la Doctora V. se le asignó el sexo masculino al nacer, es decir, es una mujer transgénero.

El texto concluye con el trágico anuncio de que, tras ser descubierta y ante la posibilidad de que su secreto fuera revelado, la doctora tomó la decisión de suicidarse. El 18 de octubre de 2013 Essay Anne Vanderbilt, también conocida como la “Doctora V.”, fue encontrada muerta en su casa por una sobredosis de pastillas y con su cabeza envuelta en una bolsa plástica (el artículo puede ser leído aquí).

Los primeros días después de su publicación el texto pasó desapercibido. Sin embargo, el viernes 17 de enero comenzó a desatarse una tormenta mediática que, con razón, se preguntaba sobre la manera en la que los medios de comunicación tratan a las personas trans.

Discutían si un reportero tiene derecho de “sacar del clóset” a alguien que no lo desea y resaltaban el amarillismo y la insensibilidad que lleva a un periodista a hacer de un complejo tema personal un espectáculo, el elemento sorpresa que lo ayudará a vender mejor su texto.

La “mentira” revelada

El artículo es casi un ejemplo de irresponsabilidad periodística e ineptitud editorial. Pese al trágico desenlace de la historia, el escritor no se informa sobre cómo hablar de las personas trans de manera respetuosa y en varias ocasiones utiliza pronombres masculinos para referirse a la Doctora V.

Más aún, el autor describe su reacción ante esta “revelación” con un tono dramático que centra el discurso en sí mismo y no en la persona que no quiere que esta información sea revelada.

“Cliché o no, un escalofrío bajó por mi espalda” dice Hannan, motivando a los lectores a identificarse con su sensación de sorpresa y horror, no con la discriminación que lleva a una persona a ocultarse y eventualmente a suicidarse.

Como si esto fuera poco, el artículo cae en una de las malinterpretaciones más comunes al hablar de personas trans. Casi sin darse cuenta, Hannan pasa de una investigación sobre la ciencia que revolucionaría para siempre los palos de golf a un libreto de Corín Tellado.

Para el escritor, el hecho de que el palo de golf diseñado por la Doctora V. no sea tan “mágico” como dice su publicidad, y que las credenciales académicas y laborales de la doctora sean falsas, está relacionado con el hecho de que ella sea una mujer transgénero.

Hannan es incapaz de separar la vida privada de Vanderbilt de su vida profesional, y de las posibles implicaciones que ésta tiene para su reportaje. Para Hannan, ser una persona transgénero equivale a un engaño más de Vanderbilt, la mayor prueba de que no es una persona en la que se pueda confiar. La lógica de Hannan parece decirnos algo como “¿qué se puede esperar de alguien que dice ser mujer cuando “realmente es hombre”?”.

Si esto es grave en el habla común, pues asocia a las personas trans con seres desviados y mentirosos, y reproduce la idea de que ser transgénero es un secreto vergonzoso que debe ser develado por quienes buscan la verdad, lo es mucho más para un profesional cuyas palabras alcanzarán a miles de personas y en consecuencia tendrán una repercusión mucho mayor.

Además, el caso de Hannan es interesante porque, al ser un texto pensado principalmente para jugadores o fanáticos de golf, las connotaciones de clase que con frecuencia tiñen los discursos sobre identidad de género se hacen aún más fuertes.

Como es sabido, y como Hannan mismo lo dice en su artículo, la gran mayoría de quienes practican el golf son hombres blancos de más de 40 años, y casi todos provienen de contextos socioeconómicos acomodados. Escrito desde, y pensado para personas privilegiadas, el artículo tiene una falta de empatía y un desconocimiento absoluto de la difícil situación que enfrentan las personas transgénero.

Contar la historia de otra manera

A lo largo de su texto Hannan se burla del recargado lenguaje de Vanderbilt, y de su tono de voz, sospecha de su altura, y no se detiene en su indagación de la vida personal de la Doctora incluso cuando ésta le dice en un correo electrónico que se siente agredida por él y que su actitud se asemeja al acoso experimentado “en el patio de la escuela”.

Hannan continúa su “investigación” y se enorgullece de exponer el fraude que, según el autor, Essay Anne Vanderbilt es y ha hecho de sus credenciales.

No se le ocurre a Hannan que quizás la falsificación de sus credenciales, aunque sin duda inexcusable, puede estar relacionada con las muchas barreras que las personas transgénero tienen para acceder a la educación formal y la discriminación que impera en el mercado laboral.

Esto no quiere decir que esté bien que Vanderbilt haya mentido sobre su experiencia académica, pero sí que la historia habría podido narrarse de otra manera. Se habrían podido visibilizar las estructuras de discriminación que excluyen a muchas personas de las instituciones educativas de élite a las que la Doctora V. dice haber asistido, y hacen que muchas mujeres trans tengan que recurrir a complejas estrategias de adaptación si no quieren acudir a las únicas dos profesiones que parecen no discriminarlas: la peluquería y el comercio sexual.

Pero más allá de la responsabilidad directa a de Hannan, este debate es importante para todos los medios de comunicación, pues apunta hacia una (in)cultura institucional y editorial. Como el propio Bill Simons —fundador de la página— reconoció en su disculpa pública, fueron muchos los editores que leyeron el artículo y ninguno de ellos percibió que era problemático.

Simons aclara que en toda su compañía no hay ninguna persona transgénero y que nadie en el comité editorial conoce de estos temas. Esto es de por sí problemático, y, una vez más, resalta la importancia de tener espacios laborales incluyentes y diversos.

Pero además muestra una preocupante falta de sensibilidad y profesionalismo pues aún después de la muerte de Vanderbilt ninguno de los editores sintió la necesidad de consultar a alguien que tuviera experiencia en el tema.

Como lo señala Christina Kahrl en su genial respuesta publicada en el mismo medio, esto denota una grave falta de sensibilidad y educación de muchos medios que continúan reproduciendo estereotipos perniciosos sobre las personas con identidades de género o sexualidades diversas.

Este debate sirve para humanizar la discusión y ojalá un próximo artículo indague sobre qué lleva a una mujer brillante, con una gran capacidad creativa, a esconder quién es y a inventar credenciales falsas para poder sacar su empresa adelante.

También hace falta investigar y denunciar por qué un periodista persigue a una  mujer transgénero e insiste en exponer públicamente su vida privada.

Ojalá un próximo artículo averigüe por qué el 41% de las personas transgénero han intentado suicidarse y por qué la expectativa de vida de las mujeres trans en Latinoamérica son los 38 años.

Y que este artículo cuente con un comité editorial serio, que impida que un periodista siga victimizando a quien ya no puede defenderse y que las ventas y el morbo no puedan más que el respeto, la empatía y la humanidad.

Otras lecturas

Grantland es una filial de ESPN, el gigante estadounidense de noticias deportivas, y no sobresale por sus énfasis en diversidad ni por su tacto y sensibilidad ante estas cuestiones. Sin embargo, esta vez fueron demasiado lejos. Como varios críticos han señalado. Algunos de los mejores artículos son:

Transgender People Are Paying The Price For The Media’s Willful Ignorance
Digging too Deep
What Grantland Got Wrong
The 4 Most Important Points In Bill Simmons’ Apology For Publishing A Piece Outing A Trans Woman

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