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El peso corporal como termómetro de éxito y felicidad

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La reflexión más importante que deja la columna de Alejandra Azcárate es desde cuándo lo que indica la báscula mide la satisfacción de una persona con su vida.
cómo enfrentar la presión social por ser flacas
Foto: Carling Hale/Flickr

Una vez superada la efervescencia por la famosa columna de Alejandra Azcárate, las múltiples respuestas y la carta de disculpas por parte de ella, es hora de ir más al fondo de los hechos.

Sus ‘7 ventajas de ser gorda’ generaron el doble o el triple de reacciones, tweets y columnas que las que produjo la brutal violación y posterior muerte de Rosa Elvira Cely.

Sin minimizar la burla de Azcárate, la pregunta es: ¿por qué las mujeres, especialmente aquellas con sobrepeso, se sintieron ofendidas? O mejor aún ¿desde cuándo lo que marca una báscula es indicador de éxito y felicidad?

No entiendo por qué un buen número de mujeres se tomaron la molestia de salir a gritarle a ella y al mundo que con kilos de más también se puede tener pareja y vivir feliz. Aún me pregunto por qué, tanto la columnista como las cientos de mujeres que le respondieron, dudan de que así pueda ser.

La verdad es que me cuesta creer que cause más rabia y dolor que Alejandra Azcárate diga que las flacas son más felices que las gordas y no que una mujer sea despiadadamente abusada hasta la muerte en el Parque Nacional en Bogotá.

Ideas pesadas

Toda la revolución que la columna causó demuestra que algunas mujeres se sienten más ofendidas por que alguien diga que los hombres siempre le ceden el puesto a aquellas con sobrepeso por miedo de que se les sienten encima, a que  una mujer sea cruelmente empalada.

Es bien sabido que unos kilos de más pueden repercutir en la salud, pero acá el tema de discusión no era el colesterol alto sino la estética. Azcárate empezó el primer round diciendo que a una gorda le queda más difícil tener pareja, comprar ropa y, en últimas, ser feliz.

En otras palabras, actuó como vocera de marcas como Diesel, Esprit y demás que tienen una escasa oferta de ropa más allá de la talla 8 porque a sus productores no les interesa que sus prendas las lleve puesta gente con sobrepeso.

También actuó como embajadora de los diseñadores que solo escogen para sus desfiles modelos que rayan con la anorexia, lo que obliga a que buena parte de aquellas que quieran surgir en este mundo padezcan trastornos de alimentación.

El segundo round vino por parte de mujeres con sobrepeso diciendo que sí son felices, que sí tienen sexo, que compran la ropa que les gusta y no la que les toca o explicando que una gorda sí puede ser feliz.

Pero nuevamente: ¿desde cuándo lo que una persona pese se convirtió en un termómetro de la felicidad o del éxito que tenga en la vida? ¿Por qué a alguien se le ocurre pensar que una flaca puede ser más feliz que una gorda?

Todo esto es reflejo de una sociedad, unas marcas de ropa y algunos diseñadores que les parece cool que solamente gente delgada luzca sus prendas.

Atreverse a escribir una columna de semejante calibre solo demuestra que Azcárate, como muchas personas, está convencida de que una mujer delgada puede ser más feliz que una con sobrepeso.

El asunto por tanto es más de fondo. Va más allá de si la columnista es una desgraciada. Es de reflexionar sobre el grado de importancia que ha venido adquiriendo el peso corporal y la estética hasta el punto de que algunos estén convencidos de que el índice de masa corporal es el real indicador del éxito y la felicidad de una persona y, peor aún, que otros salgan a justificarse y a decir que a pesar de tener unos kilos de más, sí son felices.

PD. Se equivoca el columnista Ricardo Silva cuando asegura en una reciente columna que Alejandra Azcárate miente cuando se compara con Daniel Samper Ospina porque, en pocas palabras, lo de él si es ironía, sarcasmo y crítica bien hecha y lo de ella no.

¿Es ironía y sarcasmo burlarse de la piel del ex ministro Fernando Araújo y de la de Fabio Valencia Cossio o de los labios del registrador o de la boca del vicepresidente Angelino Garzón? ¡Es exactamente lo mismo! Lo que pasa es que él se llama Daniel Samper y es el director de la revista Soho.