Inicio En mis zapatos El verdadero orgullo gay

El verdadero orgullo gay

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

Decir que lesbianas, gais, bisexuales y trans son responsables de la violencia que sufren por no ser lo suficientemente masculinos o femeninas es culpar a la víctima de los actos del victimario.

Por: Sergio Ramos Reyes.

orgullo gay
Imagen tomada durante la marcha LGBT de Bogotá, 2015.

Cada año, a finales de junio, encontramos a algunos “defensores de la honra gay” diciéndonos que salgamos a la marcha LGBT vestidos como “personas serias”. Dicen que al mostrar nuestros cuerpos entorpecemos el reconocimiento de nuestros derechos, somos objeto de burla y nadie nos tomará en serio.

Parten de la base de que somos los culpables de la discriminación que vivimos por no encajar en el modelo de “hembra perfecta” o de “macho serio”. Suponen a la víctima culpable de los actos del victimario.

Quienes así razonan seguramente son las mismas personas que dicen que una mujer se busca ser víctima de un abuso sexual por usar escotes y minifaldas o que las personas trans no consiguen trabajos dignos por no comportarse de manera “aceptable”.

También dirán que los campesinos y los diversos grupos étnicos tienen la culpa de ser asesinados por habitar en regiones ricas en recursos naturales.

Estas personas usan el lenguaje del opresor. Son oprimidos que oprimen. Esperan que los hombres homosexuales sean “todos unos varones” y, las lesbianas, unas “gentiles damiselas”.

¿Qué esperarán de las personas transgénero quienes con su existencia y vivencias nos han demostrado que el género no es más que una máscara?

No se trata solamente de la marcha del orgullo LGBT sino de la violencia simbólica impartida desde los mismos sectores LGBT cuando desde allí vienen estas críticas. Seguramente han olvidado las historias de quienes sufrimos intimidación en el colegio por nuestro tono de voz, ademanes o nuestra forma de desear y de amar.

Dejan atrás a las personas torturadas, encarceladas y asesinadas de manera impune por no ser partícipes de la “dictadura del macho” o no acomodarse a la doctrina del buen gay, la buena lesbiana o el buen trans, aquella que no altera los postulados de la sociedad.

Adquirir derechos significa también adquirir responsabilidades e implica respetar a los demás y entender antes que juzgar sus actos y su forma de vivir y de manifestar su inconformismo con un mundo que atropella.

También implica entender la situación del otro y, si no compartirnos su lucha, se trata de al menos de respetarla o de discutirla con argumentos, no con prejuicios. Eso es lo que se llama solidaridad y es lo que en el fondo deberíamos rescatar y, ahí sí, sentirnos orgullosos de ser quienes somos.

Para finalizar, una pequeña serie de obras que ayudan a fomentar ese orgullo y reflexionar sobre él: La dominación masculina de Pierre Bourdieu, Orlando de Virginia Woolf y la obra poética de Porfirio Barba Jacob y de Luis Cernuda. También, la película cubana Fresa y chocolate.

El libro El mensajero de Fernando Vallejo, tiene la siguiente anécdota que podría ser moneda de uso común entre la llamada “comunidad LGBTI”:

Amigo Barba Jacob, me siento tan perdido, que si volviera a nacer, y naciese mujer, me gustarían las mujeres.
Pues yo me siento más definitivamente perdido, porque si volviese a nacer, y naciese mujer, me seguirían gustando los hombres.

En ese título, Vallejo también recuerda que alguien le preguntó a Ricardo Arenales, seudónimo utilizado por Barba Jacob, cómo piensa ir a cierto baile de disfraces y el poeta responde: “Como estoy: disfrazado de hombre”.

Enlaces relacionados: 

Lo que pensaba y lo que ahora pienso de las marchas LGBT
¿Victimismo gay? 8 voces opinan
9 miradas a las marchas LGBT de Colombia
“Busco hombre acuerpado y cero plumas”