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Eliana, una colombiana atrapada en Hong Kong

Género, diversidad sexual y cambio social.

Lo sucedido con Eliana Rubashkyn  evidencia la urgencia de que Colombia cuente con una ley de identidad de género. ¿Cuántos candidatos al Congreso se tomarán en serio este tema y no solo en campaña? Esta es su historia.

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Eliana, a la entrada de un templo budista, en Hong Kong. El templo está ubicado muy cerca de las oficinas de la ONU.

El 16 de septiembre de 2013 la vida de Eliana Rubashkyn cambió radicalmente. Hasta ese día, era una colombiana de 25 años, estudiante de una maestría en la Universidad de Taipéi, ubicada en la isla de Taiwán.

Aplicó a una beca para viajar a un país tan lejano cultural y geográficamente de Colombia, porque sentía que en su país natal ser una mujer transgénero la ubicaba en uno de los grupos poblacionales más vulnerables a la violencia y la discriminación.

“Aunque me despedí de mi familia y amigos con un ‘nos vemos pronto’, tenía planeado no regresar a Colombia. ¿Cómo podía volver a un país donde mi familia no me apoyaba y mi vida corría peligro?”

Escogió Taiwán como destino porque tiene una legislación favorable para las personas trans. Allí se respeta la elección de la identidad de género como parte de la naturaleza humana.

“El cuerpo es percibido como una corteza: la verdadera esencia está adentro. Por todo esto, Taiwán se convirtió en un destino seguro para estudiar, ser yo misma y empezar mi tránsito de masculino a femenino. Además, este proceso allá me resultaba más económico”.

Sin embargo, desde el pasado 16 de septiembre, Eliana no tiene nacionalidad, está atrapada en Hong Kong y tiene el estatus de refugiada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

A partir de ese día y durante seis meses, se vio obligada a compartir habitación con alrededor de 30 personas, refugiados LGBT, y a dormir en el suelo. “Viví con personas adictas a las drogas y enfermas terminales de VIH”.

“Fue una etapa que le agradezco a la vida porque abrí más mi corazón a la temática LGBT. Aprendí a brindar ayuda, fui una especie de médica y consejera. Si no hubiera tenido ese lugar me habría quedado en la calle. No fue el espacio más cómodo, pero tuve la oportunidad de conocer gente maravillosa”.

Todo empezó en julio de 2013 cuando Eliana llevaba un año de estudio en Taiwán y debía renovar su visa para continuar con el segundo. Por el tratamiento hormonal que seguía -como parte de su transición física- su cara y su cuerpo habían cambiado radicalmente, incluso sin haberse sometido a ninguna intervención quirúrgica.

Por tanto, al llegar a renovar su visa, el gobierno de Taiwán le dijo que no podían hacerlo porque su imagen actual no coincidía con la de su pasaporte ni con el registro fotográfico que tenían de ella.

Próximo destino: Hong Kong

El paso a seguir era contactar al consulado de Colombia más cercano (está en Hong Kong) para renovar su pasaporte. Desde julio de 2013, Eliana se comunicó con ellos para que le ayudaran a resolver la situación. “Sentía miedo de viajar allá, pero no me dejaron otra alternativa”.

El 16 de septiembre, día que empezaban las clases de su maestría, viajo a Hong Kong con la idea de quedarse máximo tres días, tiempo que se tomaban en elaborarle un nuevo pasaporte. Sin embargo, sus planes cambiaron desde que llegó al aeropuerto de ese país: los oficiales de inmigración le negaron la entrada argumentando inconsistencias entre su pasaporte y su apariencia actual.

Se vio obligada a desnudarse y dos agentes la tocaron y se burlaron de ella. Aprovechando que en su pasaporte aparecía una M (masculino) en vez de una F (femenino), legalmente no estaban haciendo nada prohibido: según las leyes de Hong Kong, solo hay abuso sexual cuando tiene lugar de una persona de sexo masculino a una de sexo femenino. Y como para ellos Eliana es un “hombre”, no había delito.

Después de pasar casi un día detenida en el aeropuerto, obligada a usar el baño de hombres, los oficiales le negaron su derecho a ponerse en contacto con el consulado de Colombia. Por suerte, en algún momento pudo encender su celular y pedir ayuda a través de sus redes sociales.

Cuando los oficiales de inmigración fueron conscientes de la violación a los derechos humanos que habían cometido, optaron por buscar la manera de deportarla a Colombia. “Pero yo no podía volver a un país del que salí huyendo porque mi familia no me aceptó y fui víctima de dos intentos de asesinato”.

Una de las ocasiones en las que casi pierde la vida fue en 2009, justo la tercera vez que salía a la calle vestida de Eliana. “Yo guardaba el maquillaje y la ropa femenina en mi maleta, le decía a mi mamá que me iba a estudiar a la casa de un compañero y ella me prestaba el carro. Allí me cambiaba y seguía para un bar ubicado cerca de la iglesia de Lourdes en Chapinero (Bogotá)”.

Al lado de este establecimiento había un pequeño parqueadero. Eso era perfecto para ella: entraba al bar en cuestión de minutos sin necesidad de exponerse en la calle. “Era uno de los pocos lugares, llamados ‘LGBT’, en los que permitían el ingreso de personas trans”.

El ataque

Un día, sin embargo, no pudo parquear en el lugar de siempre sino a cinco cuadras del bar. Cuando la rumba se terminó, Eliana se fue caminando hacia su carro. De repente, un hombre se le acercó y la insultó. “Me rodeó con sus brazos sosteniendo un cuchillo. Intentó violarme y me abrió una herida en la espalda. En ese momento una patrulla de la Policía pasó cerca, él se asustó, yo logré zafarme y empecé a correr”.

“Mi herida sangraba. Por mi mente pasaba: si voy a la Policía, seguramente se burlarán de mí o seré vulnerada por ellos. Y si voy a una clínica o centro médico, significa salir del clóset y aún no estoy lista para eso”. Así que decidió irse a su casa y cocerse sola la herida. Ni su familia ni amigos se enteraron de este episodio.

Ahora su realidad es otra. Después del aviso de alerta que envió desde su celular en el aeropuerto de Hong Kong, su caso llegó a oídos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En menos de un mes, le otorgaron la condición de refugiada. Desde entonces, está oficialmente protegida de cualquier agresión por parte del gobierno de Hong Kong.

En este país hay actualmente alrededor de 50 personas con este estatus y más de 6000 haciendo fila para tenerlo. A su caso le dieron prioridad. Sus entrevistas con las Naciones Unidas tomaron dos semanas mientras que, en promedio, pueden demorarse dos años.

La agilidad en el trámite se debió a dos condiciones que aumentaban su vulnerabilidad. “La primera: estaba en Hong Kong sin el sello en mi pasaporte y, en cualquier momento, podrían capturarme y deportarme a Colombia. De acuerdo con las leyes de este país, yo podría ser enviada a un lugar de detención masculino, lo que sería vulnerar cada segundo de mi existencia”.

Por tal motivo, la ONU elaboró un documento especial en el que reconocía que el género de Eliana es femenino. “Esa era la única manera de ser menos vulnerable mientras estuviera en Hong Kong”.

Por otra parte, el tratamiento hormonal que seguía en Taiwán incluía el consumo de Acetato de Leuprolide, medicamento que no debe ser suspendido de manera repentina porque puede ser causa de trastornos metabólicos. Eliana había llegado a Hong Kong con la dosis prevista para poco tiempo y allí se negaron a prestarle cualquier ayuda médica. Su salud se estaba deteriorando y entró en depresión.

¿Paciente psiquiátrica?

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Eliana Rubashkyn

Integrantes de Rainbow of Hong Kong (ONG que trabaja por la visibilidad e igualdad de derechos de las personas LGBT) decidieron protestar para que el gobierno le prestara atención médica.

Un día, producto del desorden metabólico por el que pasaba, Eliana se desmayó. La llevaron al Hospital Queen Elizabeth. Cuando allí se dieron cuenta que era una persona trans, de inmediato la ubicaron en una habitación para pacientes psiquiátricos.

“Me amarraron a una cama argumentando que era una enferma mental. En lugar de prestarme asistencia médica por la causa del desmayo: la falta de hormonas”.

Funcionarios de ese mismo hospital le dijeron: “la ausencia de ese medicamento puede producirle hasta un infarto, pero no se lo podemos dar porque el gobierno no nos lo permite. Entonces, si le pasa algo, acá la atendemos”.

Como las protestas de los líderes de Rainbow  salieron por los diferentes medios de comunicación, rápidamente el gobierno puso a disposición de Eliana, psiquiatra, endocrinólogo y los medicamentos que necesitaba. Desde enero, todo su tratamiento ha estado cubierto por el sistema de salud de Hong Kong.

“Para muchas personas, este es un país del primer mundo, ejemplo de  desarrollo. Sin embargo, su sociedad no reconoce a las personas trans. Esto no pasa en Taiwán a pesar de ser países con historias similares”.

Según Eliana, desde el momento en que firmó su estado de refugiada y los funcionarios de la ONU destruyeron su pasaporte, perdió su pasado, su maestría, su nacionalidad y su tratamiento médico y hormonal en Taiwán. Por ahora no puede regresar a Taiwán: es una ciudadana de las Naciones Unidas y esta isla no forma parte de la ONU. “No puedo volver hasta tener el pasaporte de un país que mantenga relaciones con Taiwán”.

Actualmente solamente dispone de dos documentos de identificación: un certificado de refugiada de las Naciones Unidas con su nombre anterior y el alias de “Eliana”, donde se refieren a ella como “él/ella”. “Esta es una de las primeras veces que la ONU escribe un documento de esta naturaleza, que me protege de ser deportada a Colombia”.

El otro escrito es uno que le prohíbe salir del refugio donde actualmente se encuentra. “La ONU tiene refugios para hombres y para mujeres. Después de vivir seis meses en uno en el que dormí en el piso, ahora estoy en uno de mujeres trabajadoras sexuales. La mayoría son de Tailandia, Filipinas y Vietnam”.

Quién la recibe

El paso a seguir es encontrar un país que le brinde asilo. A pesar de que la ONU tiene alrededor de 40 opciones, Noruega, Dinamarca, Bélgica, Canadá, Francia o Italia, entre otros estados, la obligarían a hacerse una cirugía de reasignación sexual (quitarse sus órganos genitales masculinos) para reconocerla legalmente como mujer.

Por otra parte, los sistemas de salud de otros países no le garantizan atención médica a las personas transgénero, lo que significa que no podría continuar con su tratamiento.

Así, el grupo de 40 países se reduce a cinco. Y de acuerdo con la disponibilidad de cada uno, solamente tres son idóneos para ella: Nueva Zelanda, Suecia y Estados Unidos. La ONU ya aplicó para que Eliana viaje al primero.

Ahora su única alternativa es esperar a que Nueva Zelanda responda su solicitud. Aunque es evidente que en Hong Kong violaron sus derechos humanos, ella no cuenta con el dinero suficiente para contratar un abogado. “Si alguno pudiera intervenir desde una instancia internacional, sería muy positivo porque están todas las pruebas. Diferentes medios de comunicación locales han publicado material acerca de lo sucedido, el caso ha tenido amplia difusión”.

Hoy Eliana está viviendo en una habitación de dos por dos metros, esperando que un país le otorgue un pasaporte. Y todo esto por la negativa a reconocer su identidad de género.

Eliana fue detenida, retenida y sometida a abusos por la única razón de ser una mujer transgénero. “Nunca me imaginé que en el segundo centro financiero más grande del planeta, al que diariamente llegan y salen miles de personas de distintas partes del mundo, me fuera a pasar esto”.

Su sueño ahora es vivir tranquila siendo ella y seguir estudiando hasta tener su doctorado. “Aunque sea química farmacéutica de profesión, con todo lo que me ha pasado tengo ganas de vincularme con las humanidades”.

También espera que su caso sirva de precedente para que países como Colombia tengan una ley de identidad de género. “Sin desconocer la importancia de seguir luchando por una ley a favor del Matrimonio Igualitario, este tema no puede ser el protagonista de la agenda LGBT”.

Para Eliana, la ley de identidad de género va más allá de adquirir un derecho social construido: es lograr que las personas puedan desarrollar libremente su personalidad. “Tener o no matrimonio no afecta la esencia ni la cotidianidad de una persona, mientras que carecer de esta ley sí, ante la imposibilidad de que le reconozcan a uno su identidad. Nosotras luchamos para que nos dejen vivir”. 

Su historia

Eliana nació en Bogotá. Su mamá, de familia judía, es de Ucrania (Rusia) y llegó a Colombia proveniente de la Unión Soviética en la década de los 70. Es pediatra. Su papá es colombiano e ingeniero aeronáutico. Eliana vivió la mayor parte de su infancia y adolescencia en Bogotá, con algunos breves periodos en Chipre y Rusia.

Estudió Química Farmacéutica en la Universidad Nacional y posteriormente Biología Molecular en la Universidad de Granada en España. Habla cinco idiomas.

“Desde los 6 años me di cuenta de que mi género asignado según mi genitalidad no coincidía con mi sentimiento interior. Tuve que crecer como una persona que no era. En mi adolescencia, los cambios relacionados con la pubertad me llevaron a intentar suicidarme”.

A los 17 años comprendió que era una mujer transgénero. “Entendí, también, que era una manera de existir complicada, llena de barreras, soledad y aislamiento”. Desde entonces y durante años intentó ser ella, sola en su habitación. Fue hasta los 20 años que tuvo la fuerza para salir a la calle de noche, sin que nadie lo supiera, vestida y arreglada como Eliana. “Tratando de dejar salir lo que tenía atrapado adentro”.

Estando en Colombia, antes de viajar a Taiwán, decidió empezar su tránsito de masculino a femenino. Esto no fue bien recibido en su familia. “Mi mamá es la única persona con la que tengo contacto”. Fue entonces cuando emprendió su viaje a Taiwán. Sabía que si quería ser ella, tenía que salir de su país. Y así lo hizo.

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