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En defensa de Transmilenio

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A pesar de las críticas que a diario recibe este sistema masivo de transporte, hay muchas razones por las que vale la pena mantenerlo. Estas son las más importantes. Humor.

Críticas contra Transmilenio Bogotá
Atletas del Sistema, alistándose para la competencia. publimotos.com

Me cuesta entender por qué la gente se queja tanto de Transmilenio. Supongo que será porque extraña los llamados buses ejecutivos con letreros de Germania o Gaitana y con sillas especialmente diseñadas para que a uno lo robaran sin que nadie se diera cuenta.

Todavía me pregunto: ¿cuál sería el criterio para determinar el largo de los espaldares de las sillas de esos buses?

¿Será que los colombianos somos de espalda larga y aún no se ha explotado esta cualidad? Es decir, aún no se ha utilizado en los documentales que promueven a Colombia con frases como: “país de hermosas mujeres, gente pujante, trabajadora y de larga espalda”.

De ser cierta esta característica, yo dejaría de lado los trillados eslóganes de “el riesgo es que te quieras quedar” o “Colombia es pasión” por uno como “Colombia, país de buena espalda”.

Ahora bien, las críticas contra Transmilenio también pueden deberse a que los bogotanos disfruten transportándose en busetas que acostumbran triplicar el cupo para el que fueron diseñadas.

Estos vehículos, que los conductores llaman ‘carro’, me hacen acordar de esas mañanas en las que le sacaba el brazo a la ‘Pasadena’, la cual me recogía con un sobrecupo tal que los primeros minutos terminaba mareada de ir en la rueda.

La silla vacía

En algunas ocasiones, después de lograr pasar la registradora, veía con sorpresa un puesto libre al fondo. No sabía si era un espejismo, pero como tenía la certeza de ser mucho más viva que toda esa partida de bobos que prefería irse de pie, superaba, mediante las mejores técnicas de lucha libre, la barrera humana que me impedía llegar hasta allá. Una vez lo lograba, mi viveza terminaba al encontrarme con un vómito o con una estructura metálica que recordaba que en ese espacio alguna vez hubo uno silla.

Era entonces cuando mi poca o mucha dignidad salía a relucir y optaba por sentarme en los tubos simulando que nunca había viajado más cómoda, o por demostrar que, por supuesto, sabía lo del vómito pero que poco me importaba acomodarme a su lado.

Es posible, también, que quienes maldicen de Transmilenio extrañen las frenadas de los buses en las que terminaban sentados en las piernas del conductor, la sacada de machete cuando estos discutían con sus colegas o los: “muy buenos días… ¡QUE MUY BUENOSSS DIASSS! En el día de hoy les vengo ofreciendo este rico y delicioso caramelo…”

¿Será que les hace falta los “todo niño mayor de tres años paga pasaje y ocupa puesto” o las premisas escritas en los forros de las sillas estilo “millos es una goF&%$#! Santa Fe tu papá”?

Lo cierto es que, injustamente, Transmilenio ha sido maltratado. Las entidades de salud manifiestan con frecuencia su preocupación por el sedentarismo de los colombianos. Crean campañas con nombres como “muévete Bogotá” o “20 minutos diarios de ejercicio” pero la verdad es que en ninguna parte se ve tanta actividad física como en los llamados articulados.

Los olímpicos bogotanos

Lo único que falta para facilitar las marcas de los atletas, es cambiar el piso de metal de las estaciones por una pista atlética. Es en este espacio donde la mayoría de ciudadanos corren a las velocidades más insospechadas, cargando paquetes o niños, con tacones o con corbata, de día o de noche…

Transmilenio es el espacio en el que muchos encuentran un remedio efectivo para sus problemas de insomnio. Lo único que necesitan es sentarse en una de las sillas azules y esperar a que una persona mayor o una mamá con un niño se ubique enfrente de ellos para, de inmediato, caer en un sueño profundo.

Asimismo, estas sillas se han convertido en un buen espacio para que quienes se niegan a tinturarse las canas, no importa si tienen 15, 20 o 30 años, le saquen provecho a su filosofía de vida haciendo valer las dos canas que tienen como pasaporte para aferrarse a este lugar.

Otros más histriónicos, ponen cara de adulto mayor amargado para que nadie se atreva a pararlos del puesto que, por supuesto, aún está lejos de corresponderles.

Las sillas azules promueven, además, la fecundación y la reproducción de los colombianos. Por eso, muchas veces cuando se sube una persona de la tercera edad, algunas mujeres, generalmente menores de 20 años, justamente se enteran de que están embarazadas: la silla y ella serán padres.

Es cierto que uno de los sueños de la humanidad es volar. Y aunque pocos lo reconozcan, Transmilenio ha dado pasos importantes para lograrlo. Hasta el momento, traslada a miles de personas de un punto a otro sin necesidad de apoyar los pies en el suelo: basta con pararse en una hora pico en la puerta de una estación como la 100, esperar que llegue una de las rutas que se dirigen al centro y levitar hasta llegar adentro del vagón.

La buena educación

Contrario a lo que muchos creen, Transmilenio es un medio que promueve la educación. Es un espacio eficaz para que microbiólogos y virólogos tengan a su alcance un verdadero laboratorio y la posibilidad de estudiar el más amplio portafolio de virus y mutaciones.

Es, de paso, el lugar ideal para que los gestores de aquella campaña que invitaba a estornudar en la parte interior del codo, sepan que de su idea quedó muy poco.

Los estudiantes de dermatología que se quedaron sin lugar de práctica, deben saber que estos buses son una buena opción.

Allí, a milímetros de cientos de personas, podrán estudiar las diferentes patologías epidérmicas.

También son un buen espacio para que los futuros ginecólogos o las futuras madres conozcan con detalle el proceso de lactancia. Eso sí, el día de estudio son los domingos cuando los articulados se convierten en salas de alimentación infantil.

Transmilenio, además, ha demostrado que la única función de los senos no es la lactancia sino permitir que cualquier persona tenga de donde sujetarse. Con mayor razón, si tenemos en cuenta que las barras para sostenerse fueron diseñadas por los mismos creadores de los espaldares de los antiguos buses ejecutivos.

Este no es solamente el espacio apropiado para poner a prueba el desodorante propio sino también el ajeno. Y, de paso, el lugar para que los expertos en el tema hagan estudios sobre el nivel de transpiración de los colombianos. Ofrece, en últimas, una importante oportunidad para llevar a cabo el más importante análisis sociológico del uso desodorante jamás visto en la historia del país.

Transmileno ha probado que no es necesario ir a San Gil (Santander) o a Tobia para experimentar actividades extremas: basta con querer entrar o salir de un bus en una hora pico con la ya conocida consigna: “¡Dejen saliiiir!”

En estos buses se ve que a los colombianos les gusta el debate y que están lejos de conformarse con cumplir al pie de la letra lo que los demás les dicen. Así, en el espacio donde la flecha indica entrada, toda la gente sale y, en la que señala salida, las personas ingresan.

Por último, no podría dejar de reconocer que Transmilenio fomenta la industria colombiana. ¿O alguien no está de acuerdo en que es una eficiente fábrica de carne molida?

  • Alejandro Garcia

    La verdad! SI! Nosotros los ciudadanos bogotanos somos la parte mas importante del trasmi, ahora bien, gran parte de la la percepción y experiencias al interior del articulado o estación dependen de nuestro comportamiento y sentido ciudadano.

    La cuidad la hacemos todos y solo las grandes masas podemos generar esos cambios que tanto necesitamos

    Y TOTALMENTE DE ACUERDO! los buses de transporte publico, los peores!!!!!!!!!! con el respeto que se merecen pero en verdad que mal servicio prestan ademas que siempre los accidentes y atascos tienen que ver con ellos :/