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Este país necesita una generación de machos

Género, diversidad sexual y cambio social.
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Foto: www.todanoticia.com

Este país está en decadencia. Primero, la Corte Constitucional le dice al Congreso de Colombia que no puede legislar en contra de las parejas del mismo sexo, lo que implica que en menos de dos años la degeneración de una parranda de invertidos será legal.

Después se le pide la renuncia al técnico de la selección de fútbol, Hernán Darío Gómez, por una corrección que decidió hacerle a su compañera de bailes y fiestas.

Y por último, la senadora Liliana Rendón es vilmente abucheada por la ignorancia que reposa en la joven gleba de la nación, al escucharla decir lo que todos debemos aceptar como verdad: que si a la mujer se le golpea, es porque lo merece.

Y decimos esto de que el país está entrando en un insalvable deterioro moral porque nos damos cuenta de que los principios se han convertido en una baratija de feria pueblerina.

Cualquier persona cree que por tener un par en el bolsillo puede hacer lo que se le venga en gana en detrimento de lo que debe salvarnos de la debacle: la bienamada familia que imita la versión sagrada de José, María y Jesús, o en su defecto, la del Procurador Alejandro Ordóñez, su mujer y vástagos.

La nostalgia por la buena moral que alguna vez se respiró en este país de variopintas regiones nos ha entrado al leer un editorial que el otrora ejemplar presidente de la República Laureano Gómez publicara en el periódico El Siglo el 1° de marzo de 1942 bajo el título “Reeducación de la hombría (en el enlace se puede acceder al texto completo, favor desinteresado que le hacemos a la sociedad colombiana).

A continuación, unas líneas que abrirán la puerta a una reflexión sobre la necesidad de reconocer la verdadera autoridad que debe regir las diferentes instituciones de nuestro país:

Las grandes crisis son propicias para descubrir los puntos débiles en la estructura de un país; y ésta que ahora estamos atravesando, compleja crisis de hombres, de valores morales, de ideales políticos, pone de presente que es una necesidad nacional emprender la reeducación de la hombría.

La gente colombiana se ha ido desvirilizando. Observemos desde un buen mirador (…) el paso del torrente humano, y nos saltarán a la vista pruebas de este hecho monstruoso.(…)

“Este país necesita una generación de machos”, dijo alguna vez el General Ospina. Jamás fue más exacta esta frase que a la hora presente.

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Foto: http://lialdia.com

Hace alrededor de cuatro años surgió una fútil polémica por una grabación que circuló por los medios de comunicación, en la que el expresidente Álvaro Uribe Vélez (noble ejemplar de esta generación reeducada que estamos anhelando) le decía en términos dicharacheros a un antiguo funcionario de Palacio:

“Estoy muy berraco con usted y si lo veo, le voy a dar en la cara, marica”.

Si tenemos en cuenta el tono y la actitud presidencial, entendemos perfectamente por qué, durante los cortos ocho años que duró el mandato del señor Uribe, se puso en práctica de manera exacta y puntual el editorial de su antecesor arriba citado.

Este modelo, el de la autoridad verbal, es una de las prácticas más efectivas por la manera eficaz en que se despierta el miedo de “esa muchedumbre de mozos y viejos vividores y desaprensivos que constituyen el ejército de las empresas laicistas”, para ponerlo en términos laureanistas.

Es un formato útil porque da ejemplo, en cuanto la cabeza, el primer gobernante, el ministro de ministros, es quien le muestra al pueblo cómo se le debe hablar a un funcionario de débiles convicciones, parecido a un homosexual.

El otro modelo, el del tacto y la corrección de posturas, está representado por el ya mencionado “Bolillo” Gómez. Haciendo gala de su sobrenombre, este estratega deportivo optó por corregir lo que estaba torcido con una herramienta materializada.

Sin duda, las palabras a veces no bastan y por eso es necesario insistir de una u otra manera para que, quien se lo buscó, comprenda que la hombría no es una cuestión de “hombres hendidos, confusos, desequilibrados como los que desde los institutos oficiales se empeñan en moldear la juventud colombiana (…) indecisos, moralmente flacos, a lo sumo cínicos” según nuestro expresidente conservador del siglo pasado.

Es por eso que Gómez, siguiendo las sabias palabras de don Laureano, prefirió saltarse el paso por el instituto y saltar a las canchas y a las discotecas con bolillo firme.

El General Ospina tenía razón. Este país necesita una generación de machos. Una generación de personas que sepa decirle “marica” a otro en la cara en son de insulto, que de vez en cuando entrene el tríceps mientras baila al son de la guaracha, que promulgue la imperiosa necesidad de deshacerse de la gleba inmoral que ha perdido el temor a Dios.

Esa es la hombría que, como la senadora Rendón (vocera de todas las hijas defectuosas de Dios) ha defendido, debe marcar en las tablas del siglo XXI el mandamiento de nuestra sociedad. Pues sin ésta, ¿se imaginan lo que le puede pasar a este país de afeminados y malandrines?

3 Comentarios

  1. LA VERDAD ES QUE AQUI EN COLOMBIA SON FELICES DEGRADONDO EL BUEN NOMBRE DE LAS PERSONAS ……. “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?” SI SE TRATARA DE JUZGAR A TODO EL QUE COMETE UN ERROR ….CREANME QUE NO EXISTIAN CASAS , POR QUE TODOS ESTARIAMOS CONDENADOS A MANTENER EN CARCELES…….. YA QUE ES AHI DONDE SE PAGAN LAS CULPAS!!!!!!!!!!
    ” EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA”
    ¡¡¡¡SIEMPRE ESTAMOS LISTOS PARA JUZGAR PERO NUNCA PARA QUE NOS JUZGUEN!!!!!!!!!

      • Si bien Tonetta (ni yo) estamos de acuerdo ni con el caps-lock ni con la opinión de Claudia no veo el motivo de la grosería, eso es lo incomodo de estas columnas, ademas que le quita toda seriedad a lo que piense usted Tonetta, hay que respetar.

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