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Feminismos del tercer mundo

Filósofo de la Universidad Nacional, profesional en Estudios Literarios de la Javeriana y Máster en Escrituras creativas. No se define ni como hombre ni como mujer, profesor y practicante de yoga kundalini y performer.

En esta segunda entrega de mi aventura de entender el género, abordaré cómo algunas críticas coinciden en que el feminismo blanco desconoce la manera en que la raza, la clase, la etnia y la cultura dicen mucho de esta categoría e ignora la resistencia de otras mujeres.

Feminismos del tercer mundo
La profesora Chela Sandoval afirma que el feminismo hegemónico blanco no le hace justicia a la relación entre raza, clase, cultura y género. No se involucra con la diferencia, sino que hace una narrativa unificada.

¿Qué pasa con el género en el caso de las personas de color del tercer mundo, como yo? Para responder esta pregunta consulté un texto “pionero” y “legendario” (según Ángela Davis, filósofa y feminista afroamericana) de la autora Chela Sandoval, profesora asociada de Estudios Chicanos en la Universidad de California.

En el texto “U.S. Third World Feminism: The Theory and Method of Oppositional Consciousness in the Postmodern World” Sandoval critica lo que ella identifica como “feminismos blancos hegemónicos” por desconocer cómo la raza, la clase, la etnia y la cultura dicen mucho de la categoría género. (Ver: Feminismo: de dónde viene y para dónde va).

Sandoval desarrolla la teoría sobre la conciencia diferencial, que no se centra en identidades fijas sino en tácticas y en la revisión constante de ideas. Esta propuesta se entiende mejor en contraste con los feminismos blancos, y es por eso que Sandoval ofrece una revisión de la historia del feminismo escrita por feministas blancas.

La confrontación del feminismo blanco a la luz de la praxis de las mujeres de color es el núcleo de la propuesta de Sandoval.

En esta historia, se han identificado cuatro instancias que “se han convertido rápidamente en las historias oficiales por las cuales el movimiento de mujeres blancas se entiende a sí mismo“. De acuerdo con el primer tipo de feminismo, nombrado como “liberal” por las mujeres blancas y “de igualdad de derechos” por Sandoval, más allá de las aparentes diferencias físicas entre hombres y mujeres, hay igualdad entre los géneros y, por tanto, unos y otras deben tener los mismos derechos y acceso al poder.

El segundo tipo de feminismo afirma que las mujeres son diferentes a los hombres y, debido a eso, los cambios deben lograrse de acuerdo con esa diferencia. Este sería el feminismo “marxista” o lo que Sandoval llama “revolucionario”. La tercera instancia dice que las mujeres no solo son diferentes, sino superiores a los hombres, con acceso privilegiado al conocimiento del mundo, especialmente en lo que respecta a la ética. Este sería el feminismo “cultural” o “radical” que Sandoval llama “supremacista”. (Ver: Es feminismo: no humanismo ni “igualismo”).

La última forma de feminismo sería la que incorpora el vector raza en la ecuación y tiene la “intención” de ser antirracista. Este feminismo es denominado “socialista” por las feministas blancas y “separatista” por Sandoval. Estas cuatro tipologías ella les resume así: “las mujeres como iguales a los hombres”, “las mujeres como diferentes de los hombres”, “las mujeres como superiores” y “las mujeres como una clase dividida racialmente”.

La observación que Sandoval le hace a este feminismo hegemónico blanco es que no le hace justicia a la compleja relación entre raza, clase, cultura y género. No se involucra con la diferencia, sino que trata de ser una narrativa unificada: “Los teóricos y activistas feministas hegemónicos están atrapados dentro de la racionalidad de esta estructura“. En su rígido sistema, el feminismo blanco ignora la praxis y la resistencia de las mujeres de color que atraviesan el marco de igualdad de derechos para ir al revolucionario, supremacista o separatista de acuerdo con movilizaciones estratégicas. Esta postura móvil sería el quinto tipo de feminismo que Sandoval nombra como “diferencial” y que indica un “embrague” (una metáfora que ella usa) para ir cuando sea necesario a las otras posiciones como una táctica para la liberación.

Los cuatro feminismos blancos son formas de resistencia a la opresión. Sin embargo, crean sujetos rígidos y definidos. La conciencia diferencial se acercaría a los sujetos desde una perspectiva fluida y no hegemónica. El feminismo estadounidense del tercer mundo comienza con el reconocimiento de la diferencia en lugar de borrarla.

La conciencia diferencial no crea alianzas basadas en una categoría unificada de mujeres, raza o clase, sino de acuerdo con determinados objetivos de liberación.

En una relación con la concepción de género, el argumento de Sandoval significa que las mujeres de color tienen una experiencia diferente con el género a la de las mujeres blancas. Esto no significa que estas últimas no tengan género sino que: “la raza, la cultura o la clase a menudo niegan el acceso cómodo o fácil a cualquiera de las categorías [masculino / femenino]. Las interacciones entre categorías sociales producen otros géneros dentro de la jerarquía social“. Y esos “otros géneros” a los que Sandoval se refiere crean un colorido grupo de términos: tortillera, machorra, femme, etc.

En la próxima entrega de entender cómo el género se entrelaza con palabras como etnia y clase, muy relacionadas con quien soy, abordaré cómo tener una perspectiva sobre el género cuando consideramos las condiciones de trabajo en el capitalismo y la tecnología.

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