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Gracias Disney por tanta “inclusión”  

Filósofo de la Universidad Nacional, profesional en Estudios Literarios de la Javeriana y Máster en Escrituras creativas. No se define ni como hombre ni como mujer, profesor y practicante de yoga kundalini y performer.

La Bella y la Bestia, la “revolucionaria” película de Disney que tienen vetada en algunos países y puso de mal genio a un concejal de Bogotá, sí es una propuesta ofensiva, pero para las personas LGBTI. 

La Bella y la Bestia Disney
En esta versión de La Bella y la Bestia, el personaje gay está escrito para burlarse de él. En la película original es el loco que desespera a Gastón y termina lleno de barro con los marranos.

El fin de semana festivo mi mamá y yo buscamos, como muchos de quienes no viajaron, algo para ver en cine. Cuando nos encontramos con el cartel de La Bella y la Bestia dije, apenas enterándome de que Disney la había producido, que me gustaría verla para recordar mi niñez.

Claro, no le dije a mi mamá que también quería verla porque Emma Watson es una guapura y uno de mis amores platónicos Hollywoodenses (como el de miles de jóvenes lesbianas). Pero de mis gustos por las mujeres no se habla con mamá. (Ver: 8 miradas al discurso de Emma Watson).

Ella me respondió: “Ah, sí, la película de la que tanto han hablado porque tiene a un gay”. No quise indagar en esa polémica para no dañarme el almuerzo y tal vez desencadenar una pelea familiar.

Sin embargo, me quedé pensando ¿un gay en La Bella y la Bestia? Me pareció loco y fugazmente repasé posibles personajes de mi película de infancia que fueran candidatos para tal rol. Esto me huele mal, pensé, pero terminamos viendo la película.

Es cierto que durante años hemos estado viendo una “inclusión” (pongámoslo así) de las razas y los géneros no normativos en los productos culturales masivos gringos.

Un ejemplo es la primera princesa negra protagonista de Disney, Tiana, en La princesa y el Sapo (2009) o el flojísimo papel de villano gay de Javier Bardem en las mundialmente reconocidas machistas películas de James Bond (Skyfall, 2012).

Entonces, uno podría pensar “wow, qué avanzados estamos en la apertura a la diversidad” para que en una película de un target infantil y tan taquillera como La Bella y la Bestia metan a un gay e, incluso, que personas afro, mujeres y hombres, bailen a la par con sus pelucas aristócratas en el salón del príncipe.

Por supuesto es toda una transformación de nuestra sensibilidad ver a una persona afro adornada con tan lujosos vestidos, joyas y demás alhajas de época que nuestra sociedad racista jamás le permitió usar a una persona que no fuera blanca.

Salí llorando… Pero de la rabia

Con mi corazón de niña de 1991 (tenía entonces cinco años cuando salió La Bella y la Bestia animada de Disney) comencé a ver la película con los ojos llorosos de nostalgia y a tararear las canciones que todavía me sé.

Nunca pensé que saldría llorando, pero de la rabia, cuando comenzaban los créditos. Entonces, mi niña de 5 años dejó de existir y mi adulto activista absolutamente enfureció y, más que todo, recordó.

Hay por lo menos una razón de peso para que los productos culturales actuales sean tan “incluyentes” y “diversos”.  Debemos ser políticamente correctos porque las personas afro y las homosexuales (más adelante vendrán las trans, ya verán) ahora tienen mayor poder adquisitivo y los “nobles corazones” de las productoras no piensan perder esos dolaritos.

Pero ¿por qué esa tan “revolucionaria” inclusión de Disney que tiene vetada la película en Malasia y altera al señor concejal bogotano, es en realidad ofensiva para las personas LGBTIQ? Por lo de siempre, porque meter a un gay es ¡tan gracioso!

“Ser gay sí que es chistoso ¿no? Qué divertido es que un hombre se enamore de otro (las lesbianas ni se asoman). Ay no, qué risa”.

El personaje gay, Lefou (nombre que traduce “el loco”, mira nada más), compañero de Gastón, está escrito para burlarse de él. En la película original es el loco que desespera a Gastón y que termina lleno de barro con los marranos. Por supuesto, el personaje gay no podía ser cualquiera otro, qué se yo, el reloj o un aldeano cualquiera.

¿Cómo vamos a mostrar que es gay si no lo ridiculizamos, si no hacemos de su orientación sexual algo de qué reírnos? Ese es todo el punto.

Cuando hacemos inclusión forzada y falsa no podemos hacer que el personaje esté en el mismo nivel narrativo de los demás, porque de los otros personajes no cuestionamos su orientación sexual. Por eso resulta fracasado el intento si no estamos haciendo Moonlight o Fences (de las cuales habrá mucho que decir también).

Y pasa exactamente lo mismo con las personas afro. El príncipe que se esconde tras la Bestia es más blanco que un adonis sueco. Es blanco de pies a cabeza, “mono ojiclaro”.

El hermoso príncipe no iba a ser negro. no. jamás. Pero claro, somos tan “incluyentes” que ahí está tu negra cantante y tu negra criada.

Lo más ridículo es que somos tan patéticos que los padres, los curas, los políticos y los países enteros están terriblemente escandalizados porque si los niños ven esta película de pronto se contagian, les dan ideas locas, perversas, en contra de la moral y de lo correcto y van y “se vuelven gais” (dios nos ampare). (Ver: Nace o se hace, ¿importa?).

Los bufones o los malos

Pasa exactamente lo mismo con el personaje de Javier Bardem en James Bond. Si los gais no son los bufones de la película entonces son los villanos despreciables vomitivos. En Skyfall, el personaje de Raoul Silva está construido para que nos repudien sus escandalosos coqueteos homosexuales.

Y no nos digamos mentiras, no puede ser de otra forma. En la industria cultural las apariciones de la gente afro y las personas de sexualidad diversa no pueden ser otras que las que traen burla o muestran desprecio y maldad.

De lo contrario, tendríamos que meterlas en una historia profunda donde estos personajes no solo sean negros o gais, sino pluridimensionales, no gritando escandalosamente su orientación sexual o su color de piel porque supuestamente es chistoso, sino seres humanos complejos. Pero eso sí que no, por favor, eso sería demasiado, eso sí sería verdadera diversidad. (Ver: 3 películas que “vuelven” homosexuales a los niños).

Y ni hablar del asomo trans en la dichosa película que obviamente es uno de los cúlmenes hilarantes de la trama. El “clóset-persona” toma a los corsarios que atacan el palacio y los trasviste para detenerlos. Muy gracioso que a uno de ellos le queda gustando y sonríe a la cámara con su maquillaje y su vestido para que padres y chicos estallen en carcajadas.

Gracias Disney. No solo arruinaste las cabezas de millones de niñas que aprendieron que tenían que enamorarse de una bestia maltratadora que las encierra en la casa para que esperen que algún día se vuelva príncipe, sino que ahora nos muestras cómo es de gracioso ser gay y tener la piel de otro color.

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