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Guillermo Vives: tenemos que ser visibles

Cofundadora y editora de Sentiido. Comunicadora social y periodista, magister en Periodismo Digital. Ha trabajado, entre otros medios, en Revista Diners, Editorial Televisa Colombia y Revista Semana.

El empresario Guillermo Vives está convencido de que las personas LGBT con algún reconocimiento público tienen la responsabilidad de contribuir a abrirles el camino a las nuevas generaciones para que puedan ser quienes son con mayor libertad, con igualdad de derechos y lejos de la discriminación.

Fotos y vídeo: Andrés Camilo Gómez de goTeam.

Guillermo Vives: tenemos que ser visibles
Guillermo Vives tiene 55 años, nació en Santa Marta, es la cabeza del bar y restaurante Gaira y es hermano de Carlos Vives. Foto: Andrés Camilo Gómez.

“Sean visibles. No se oculten. No sientan vergüenza de ser quienes son y salgan lo más pronto posible del clóset”, les propone el empresario Guillermo Vives a las nuevas generaciones de personas lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT). A sus 55 años lo tiene claro: vivan sin importar el qué dirán. (Ver: Salir del clóset: justo y necesario).

Antes sentía mayor necesidad de saber qué opinaba la gente de él, pero hace mucho tiempo que eso dejó de preocuparle y ya ni se lo pregunta. “No ando a la expectativa de lo que digan o piensen los demás”, señala.

Guillermo invita a las personas LGBT a no reprimir su orientación sexual o identidad de género por lo que otros puedan pensar: quien quiera casarse que lo haga y quien quiera cambiar el sexo en sus documentos de identidad que no encuentre barreras para hacerlo. (Ver: El decreto para el cambio de sexo: un paso más para las personas trans).

“No se escondan. Si quieren tomar de la mano a su pareja o darle un beso por la calle ¡háganlo! No le están haciendo daño a nadie. ¿Por qué unas parejas deben ocultar públicamente su afecto y otras no? El amor no es motivo de vergüenza”, afirma.

Guillermo, cabeza del bar y restaurante Gaira, ha tenido la tranquilidad de vivir fuera del clóset y de que su familia y amigos respeten sus decisiones. Sin embargo, esta es la primera vez que habla públicamente de su orientación sexual en un medio de comunicación aunque sabe que tampoco ha sido un secreto. (Ver: ¿Cómo salir del clóset?).

No duda de que las personas LGBT con algún reconocimiento tienen la responsabilidad de ayudarles a abrir el camino a quienes vienen. “Es importante enviar mensajes de apoyo y respaldo hacia la diversidad sexual y de género”. (Ver: El plan B de Mauricio Toro).

“Qué bueno que cada vez se hable más de diversidad pero necesitamos más personas LGBT visibles en todos los espacios”.

En marzo de este año se filtró en algunos medios un video de su matrimonio con José Leonardo Maya, ingeniero industrial de Urumita (Guajira). Sí. Guillermo Vives, empresario, actor, cantante y hermano de Carlos Vives, se casó con otro hombre y el mundo no se acabó. “Seguramente tendré hijos que crecerán con los mismos principios con los que fui educado”. Y nada pasará. (Ver: Viviana y Tatiana: “sí, acepto”).

No es un favor, es igualdad

Yo, como muchas personas heterosexuales, pago impuestos y genero empleo, ¿por qué, entonces, no podría casarme? Si cumplo con las mismas obligaciones de una persona heterosexual, ¿por qué no voy a tener los mismos derechos?”, dice.

“Las personas LGBT no van por la calle pidiendo dinero. Reclaman igualdad. Así como cumplen con los mismos deberes, exigen los mismos derechos”.

Siempre lo supo. No lo descubrió en su adolescencia ni al entrar a la universidad, como les pasa a otras tantas personas LGBT. Desde que tuvo uso de razón supo que era gay. (Ver: Aceptarse).

Pero como suele pasar, Guillermo recibió una educación en la que se da por hecho que todas las personas son heterosexuales y en la que, les guste o no, hombres y mujeres deben ajustarse a unos determinados roles. (Ver: La obligación de ser heterosexuales).

En su caso, el título “hombre” era sinónimo de masculinidad, de tener novias (ojalá muchas) y de reprimir el menor asomo de feminidad, lo que se asocia con rechazar prendas rosadas, con no expresar los sentimientos y con demostrar fuerza y valentía de manera permanente. (Ver: “Desde que las niñas son rosadas y los niños azules, estamos jodidos”).

“La sociedad pretende quitarnos el lado femenino que todos los hombres tenemos. hasta el más macho”.

Lo único que esa educación logra es incentivar el machismo y temerle a una parte importante de nuestra identidad”, señala Guillermo. Para la muestra, explica, no hay ningún problema en que dos mujeres vayan juntas al baño o tengan muestras de afecto entre ellas, pero que dos hombres lo hagan ¡nunca! “Está bien si su hija comparte la cama con una amiga, pero cuidado si es el niño quien lo hace con un amigo”.

Ideas que, según Guillermo, son más fuertes en el Caribe colombiano, lo que en muchos casos implica matoneo hacia las personas LGBT o que se sospecha que lo son. Entre más se les note, mayor agresividad. (Ver: A mí sí se me nota).

Esto, por supuesto, llenó a Guillermo de miedo de ser percibido como marica. “Yo vivía con temor al ver lo que les pasaba a otras personas que eran como yo. Así el bullying no me lo hicieran a mí, lo adoptaba como propio”. (Ver: ¡Listos los resultados de la primera encuesta de bullying LGBT de Colombia! 9 voces opinan).

Me acuerdo que cuando pasaba por la cancha de fútbol, donde medio torciera el caminado, de inmediato venía el ‘ayyy’. Lo obligaban a uno hasta a caminar de una determinada manera”, recuerda Guillermo.

La presión social

En la adolescencia la presión por la masculinidad tradicional era tan fuerte que así no le interesara, tuvo relaciones con mujeres. Buscaba así “superar” su atracción por los hombres, como si una orientación sexual – la que sea – pudiera cambiarse al gusto de la sociedad.

Guillermo Vives: tenemos que ser visibles
Guillermo Vives dice que nunca sintió presión por salir públicamente del clóset sino más bien una responsabilidad de hacerlo por las personas LGBT. Foto: Andrés Camilo Gómez.

En ese entonces no sabía que el problema no era suyo sino de los demás y se llama desconocimiento sobre diversidad sexual y de género. Guillermo simplemente se sentía distinto a muchos de sus compañeros, diferente a como tenía que comportarse. (Ver: Bullying: ni inofensivo ni normal).

Así haya quienes piensen que las personas LGBT somos débiles, el hecho de crecer sintiéndonos distintos nos hace más verracas. Vivimos en un mundo que nos cierra tantas puertas que eso nos llena de temores. Por eso desde la infancia estamos intentando vencer esos miedos”, señala.

¿Cuánto dolor y cuántos resentimientos y suicidios nos evitaríamos si antes de expresar un comentario ofensivo sobre un niño con ademanes femeninos o una niña con comportamientos masculinos, la persona pensara en el daño que sus palabras pueden causar?, se pregunta. (Ver: Dos años después, Sergio Urrego vive).

“Entre más temprano entendamos que no somos menos que nadie, más difícil será la discriminación”.

Como su mamá, Aracely Restrepo, es de Medellín, en su adolescencia Guillermo visitaba con mucha frecuencia esta ciudad. “Allí rápidamente sentí un ambiente más abierto que en el Caribe hacia quienes somos LGBT. No me sentía juzgado. En muchos bares compartíamos sin problema personas heterosexuales y LGBT”.

Por esto, aunque viene de familia costeña, la mayoría de sus novios de juventud fueron paisas. “Por miedo, me privé de conocer gente de mi región. En Medellín me sentía más tranquilo, en una ciudad mucho más gay friendly”.

Como tantas otras personas, Guillermo creció con un desconocimiento total sobre diversidad sexual y de género, al punto de que en algún momento creyó que su homosexualidad “avanzaría” hasta llegar a ser una mujer. Y sin embargo, todavía hay quienes se oponen a que en los colegios se imparta una educación sexual de calidad. (Ver: 5 claves para entender el enredo de los manuales de convivencia).

Más de una vez se preguntó si llegaría el día en que conocería a alguien con quien establecer una relación de amor. Eran tiempos sin Grindr o cualquier otra aplicación para conocer gente, en los que pensaba que él era el único gay en kilómetros a la redonda.

Hasta que llegó el momento de conocer a otros hombres homosexuales. Le llamaban la atención los mayores porque siempre ha sido una persona curiosa y desde niño sentía que podía aprender más de la gente grande. “Yo me quedé en esa etapa de la infancia donde todo es ¿y por qué?”.

No estaba solo

En ese entonces muchos hombres gais sentían la necesidad de ser muy cultos para que socialmente les perdonaran la maricada”. Conocer a estas personas le fue de gran ayuda. Le dio mucha tranquilidad no sentirse tan solo como durante años lo experimentó. Fue un tiempo de muchos silencios. (Ver: “Cuando acepté que ser homosexual no era enfermedad ni pecado, mi vida cambió”).

A los 19 años, cuando se graduó del colegio, conoció a su primer novio. Se enamoró. Supo que lo que sentía no tenía reversa y que no podía seguir engañando a las mujeres ni a sí mismo. Decidió ser feliz.

¿Qué podrían decirle?: “Marica”, “cacorro”, “roscón” o “más dañado que agua de florero”. ¿Te importa?, se preguntó. No, respondió. Entonces, adelante, así aún estuviera la lucha por convencerse de que no era una persona “distinta” ni “enferma” sino un ser humano más que espera recibir el mismo respeto que da.

Guillermo Vives: tenemos que ser visibles
Para Guillermo, hablar de “no heterosexuales” le suena a negación y a un miedo a decir gais, lesbianas y bisexuales. Foto: Andrés Camilo Gómez.

Un día, después de un fin de semana de puente en el que se había ido de paseo con su novio, guió una conversación con su mamá hasta llegar a lo siguiente:

Al fin qué hiciste el fin de semana – le preguntó Aracely.
Salí con mi novio – respondió Guillermo.
¿Cómo así que novio? – preguntó ella.
Sí. Novio – repitió él.
Ya lo sabía – afirmó ella.
¿Qué sabías? – dijo Guillermo.
Que quizás por tragos has tenido relaciones con hombres – señaló Aracely.
Mamá: desde que tengo uso de razón los hombres me atraen – concluyó él.

Aracely cerró la conversación diciendo que ella tenía cuatro hijos, que cada uno es único y que a todos los amaba por igual. “Sé respetuoso, sal adelante, cuídate de las drogas y sé feliz”, fueron sus palabras. (Ver: “Lo de menos es que mi hijo sea gay, lo importante es él como ser humano”).

Desde entonces Guillermo empezó a llevar a sus amigos y a sus parejas a su casa y a ir con ellos a los paseos familiares. “Si yo estaba en mi cuarto con mi novio, mi mamá entraba con un jugo de naranja para cada uno”.

 “Dentro de esta gran batalla que era mi vida, mi familia era mi oasis”.

El amor de su mamá fue decisivo en su proceso de aceptación. Ella decía que prefería pecar por exceso y no por falta de amor. Que nada de lo que les pasara a sus hijos sería por falta de afecto.

Al principio, para algunos de sus hermanos el tema fue duro. “A veces, uno sale del clóset y la familia entra en él porque no se vuelve a hablar del asunto. Pero yo no seguí ese juego. Me encargué de que para ellos no fuera un tabú. Resolvía sus dudas y hacía chistes porque no quería que fuera algo oculto o un motivo de vergüenza”. (Ver: Los hermanos Lanz: dos caras nuevas del activismo LGBTI).

Poder ser con libertad

¿Qué tan difícil es ser una persona reconocida en publicidad siendo gay? – le preguntó Guillermo a un profesor del que se volvió muy amigo cuando era estudiante de Publicidad.
Me he esforzado para que la gente diga ¡qué gran publicista!… ¡Ah! Y es gay. Es decir, que primero se detengan en mi desempeño profesional y después en mi orientación sexual – le respondió el profesor.

Esa conversación lo marcó. Por un lado, se dio cuenta de que ser gay no implicaba necesariamente ser peluquero. “No tengo nada contra este oficio, tengo grandes amigos peluqueros, pero durante mucho tiempo pensé que esa era la única alternativa para un hombre homosexual”.

Guillermo Vives: tenemos que ser visibles
Guillermo está convencido de que es fundamental trabajar por la plena inclusión de las personas LGBT para que puedan desarrollarse libre y tranquilamente. Foto: Andrés Camilo Gómez.

Eran años en que la homosexualidad era un tema oculto (mucho menos se hablaba de bisexualidad o transexualidad), algo propio de la vida privada o que la persona solamente podía compartir con el espejo del baño. (Ver: Diversidad sexual y de género para dummies).

Uno vivía con miedo, con una sensación de soledad y en una constante lucha con uno mismo. Era un tema vetado en medios de comunicación. Las personas vivían de manera oculta sus relaciones y los bares gay eran clandestinos. Cuando uno llegaba, se fijaba 20 veces que nadie lo viera entrar. Estaba ese temor de que en cualquier momento llegara la Policía y se llevara a la gente en un camión”. (Ver: Sí, todo mejora). 

“Yo he vivido con los principios con los que fui educado en mi casa. Esos no cambian según la orientación sexual o la identidad de género”.

El problema de esconderse o de llevar una doble vida, dice Guillermo, es que se crea un conflicto entre intimidad y sexualidad. La persona se acostumbra a llevar una vida sexual oculta como si se tratara de algo malo y después le resulta difícil sostener relaciones afectivas sanas y públicas porque simplemente creció viendo que su orientación sexual era señalada y castigada.

Por eso, quienes tenían los recursos para hacerlo se iban del país a ciudades donde las personas LGBT eran menos maltratadas. De hecho, hasta hace muy poco, no se veían en Colombia personas abiertamente LGBT en el campo político ni tantas parejas del mismo sexo visibles con vidas comunes y corrientes.

Pensar en lo trans

Y aunque todavía es difícil ser LGBT, Guillermo reconoce que la situación es particularmente compleja para las personas trans. “Hay mucha gente sufriendo en las ciudades pequeñas, en el campo, porque a veces se nos olvida que hay campesinos trans. Todavía hay muchos prejuicios sobre el tema”. (Ver: Chao prejuicios).

“Para que una persona LGBT pueda vivir tranquila y sin sentirse menos que los demás, el apoyo de su familia es fundamental”.

Aunque Guillermo no ha sido activista ha estado cerca del activismo. “Mi ex fue presidente de GLAAD (Gay and Lesbian Alliance Against Defamation) en Estados Unidos y unos amigos fueron los encargados de que en ese país se tumbara la ley ‘Don’t ask, don’t tell’ que planteaba que una persona gay podía estar en el ejército siempre y cuando no revelara su orientación sexual ni se la preguntara a nadie”.

Sabe que el activismo requiere de muchos esfuerzos y de recursos económicos y que en Colombia quienes podrían aportar están en el clóset o no quieren ser asociados con el tema. “Por eso admiro tanto a personas como Claudia López o Angélica Lozano”.

“No entiendo cómo hay personas LGBT que apoyan a políticos que están en contra de sus derechos. Tenemos que escoger gobernantes que nos respeten”.

Guillermo cree firmemente que la manera de seguir avanzando en el cambio social es apostándole a una educación de calidad que llegue a todos los rincones del país. “Detrás de los prejuicios hay ignorancia, de ahí la importancia de promover una educación que enseñe a respetar las diferencias”. (Ver: Un imán llamado Juan David Aristizábal).

Por los huecos que ha dejado una educación deficiente es fácil que entren conceptos como la tal “ideología de género”, en vez de enseñar desde temprana edad a no agredir ni a señalar a quien es distinto a mí. “Cuando una persona está bien informada y ha recibido conocimiento es más difícil que se crea esos cuentos”. (Ver: La tal ideología de género, ¿de dónde viene y para dónde va?).

Guillermo Vives: tenemos que ser visibles
Según Guillermo, cada vez hay más parejas del mismo sexo visibles, muchas de las cuales tienen hijos que comparten el colegio con niños de parejas heterosexuales. Foto: Andrés Camilo Gómez.

Aunque sabe que la religión es una parte importante de la vida de muchas personas, el problema llega cuando estas creencias se convierten en fanatismo o cuando la vida de una persona se limita a lo que les diga el pastor o el cura. (Ver: Rodrigo Uprimny: Dios sería el primero en defender el Estado laico).

“No comparto el odio del fanatismo. Las religiones están para ofrecer amor, respeto y entendimiento y no para juzgar a alguien por ser LGBT”.

Guillermo se resiste a creer en un Dios que vive con un dedo acusador listo para juzgar a una persona por ser LGBT. “De la educación religiosa que recibí me quedo con las enseñanzas de respeto, paciencia y amor. Me parece válido todo lo que se diga en pro del otro, del valor de todas las personas y de la sana convivencia. Yo creo en un Dios que ama”. (Ver: Estrategias de los discursos religiosos que discriminan).

“A las nuevas generaciones les digo: enfrenten lo antes posible los sentimientos de vergüenza por ser quienes son para evitar que la vida se les vaya tratando de luchar contra imposiciones sociales. No esperen hasta sentirse más seguros porque puede ser tarde: la vida les dio una orientación sexual y una identidad de género así que ¡disfrútenla!”.

“No se derriben. No crean en estereotipos. Sepan que no están solos. Nadie es menos que otra persona por su orientación sexual o identidad de género. Entre más temprano entiendan esto, menos espacio habrá para la discriminación”.

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