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Hablar de libertad de expresión para imponer una ideología

Género, diversidad sexual y cambio social.

La denuncia de agresión a una pareja del mismo sexo demuestra lo difícil que es hablar de paz en Colombia, mientras algunas organizaciones o movimientos insistan en imponer sus ideologías.

hasta dónde llega el derecho a la libertad de expresión
Esta fue la denuncia que publicó el portal digital Radio Macondo.

Una pareja del mismo sexo denunció en el portal Radio Macondo que el sábado 11 de octubre, a las 8:30 de la noche, fue agredida en Transmilenio en Bogotá.

Una de las víctimas manifestó que uno de los atacantes tenía en su chaqueta el símbolo del Partido Nacional-Socialista de Alemania y el otro, un tatuaje con las letras TF, iniciales de Tercera Fuerza.

En sus redes sociales, esta organización se define como: “centro de estudios sociopolíticos en defensa de la tradición y la cultura hispánica, que promueve el nacionalismo identitario”.

Tercera Fuerza se ampara en los artículos 20 de la Constitución Política de Colombia y 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sobre la libertad de expresión. Sin embargo, una cosa es difundir un pensamiento y otra muy distinta tratar de imponerlo.

Los integrantes de esta organización señalan que los medios de comunicación desinforman acerca de su misión y les adjudican actos violentos que no cometen.

Pero ¿cómo podría llamarse al hecho de que dos de sus miembros o seguidores, fundamentados en el discurso de Tercera Fuerza, se refieran de manera despectiva a una pareja del mismo sexo, al punto de decirles “vamos a enseñarles a las loquitas a ser varones”?

Además de esto, antes de bajarse de Transmilenio, los empujaron, les escupieron y les dijeron “maricones hijueputas”, según el testimonio de una de las víctimas.

Así en sus redes sociales los integrantes de Tercera Fuerza afirmen no ser “neonazis”, denuncias como estas demuestran un interés por restringir y descalificar la diversidad, propio de las doctrinas nacionalistas que intentan anular las diferencias. Se trata, además, de actos que están en sincronía con algunas de las opiniones que publican y que estimulan este tipo de agresiones:

Si en realidad Tercera Fuerza se acoge a la Constitución de Colombia, debe tener en cuenta que el artículo 13 señala: “todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades”.

Por su parte, el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Aún en Colombia hay personas a quienes les resulta gracioso que en América Latina existan grupos que se identifiquen con ideologías nacionalistas radicales como las surgidas en Europa durante el siglo XX . De ahí que se hable con burla de los “morenazis”, como si se tratara de “bobadas de jóvenes”.

Sin embargo, se ha visto que en varios países estos grupos han estado relacionados con hechos violentos. Un caso emblemático es el de Daniel Zamudio en Chile.

Más que ser vistos como “curiosidades latinoamericanas”, en realidad constituyen un fenómeno al que los gobiernos y los ciudadanos deben prestar mayor atención. Se trata de una estrategia que busca uniformar y silenciar, descalificar la diversidad y presentarla como una amenaza y una característica social que debe suprimirse.

La libertad de expresión no puede entenderse como imposición de una ideología, ni como incitación al odio o al señalamiento de las personas, en este caso por su orientación sexual o identidad de género. Si realmente se quiere hablar de paz en Colombia, actos como el sucedido contra esta pareja deben ser denunciados, sancionados y repudiados.

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