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Hombres ¿feministas?

Género, diversidad sexual y cambio social.
Hombres feministas
Alexis Hernández. Foto: archivo particular.

Alexis Hernández

Activista mexicano por el aborto seguro y por la deconstrucción del género.

“No debemos necesitar ser nombrados ‘hombres feministas’. nuestra ansia debe ser transformar los sistemas establecidos”.

Alexis llegó al feminismo hace más o menos 15 años buscando espacios de sanación personal. Sentía malestar respecto a ciertas exigencias sociales y creció en un entorno social de violencia.

Inicialmente se acercó a los temas de género pero después, dice, tuvo la fortuna de encontrarse con mujeres feministas que resultaron reveladoras para él. Empezó, entonces, a formarse en el tema.

Aunque lo sigue estudiando, ahora está enfocado en llevar el feminismo a su vida diaria. Sin embargo, no se define como un “hombre feminista” porque de entrada no quiere ser hombre de la manera como la sociedad lo ubica.

“Quisiera cada vez ser menos hombre para ser un mejor humano, una mejor persona. No tengo una ansiedad o una necesidad de ser reconocido de esa manera”.

Según Alexis, un ejercicio interesante sería que los hombres empezaran a construirse y a reflejarse no solamente en la mirada masculina, sino en la femenina y feminista. “Y el feminismo no es para hacernos sentir bien sino para cuestionarnos”.

“Para mí es más importante estar expuesto a la mirada crítica del feminismo que ante una complaciente como la que se construye desde las nuevas masculinidades al ubicarlos en un lugar de privilegio, al decirles ‘qué bueno lo que hacen’ y aplaudirlos. Yo prefiero una mirada que me confronte en mi cotidianidad”.

Alexis está convencido de que el patriarcado (sistemas donde los hombres tienen el poder) quiere a los hombres lejos del feminismo y en disputa con las feministas.
Nos necesita indiferentes, ciegos y sordos ante las causas feministas.

“También necesita que estemos desarticulados. Le sirve la desconfianza y la sensación de desesperanza. El patriarcado gana cada vez que renunciamos a las posibilidades de construir alianzas y códigos comunes de compromiso anti patriarcal”.

1. Hace unos días en una entrevista en el portal La Silla Vacía, la psicóloga y feminista Florence Thomas dijo: “ningún hombre puede ser feminista, pero sí pueden ser solidarios”. ¿Qué opina de esta afirmación?

Estoy de acuerdo. Sin embargo, es una declaración que no hay que entender literalmente, sino de manera más profunda. La idea de “hombre feminista”, teniendo en cuenta la carga histórica, política y simbólica de la palabra “hombre” en estas sociedades de dominación masculina, es contradictoria con el término “feminismo”.

Según el cuerpo con el que llegamos a este mundo, recibimos una herencia de representación y, en el caso de los cuerpos masculinos, ciertos privilegios en relación con los cuerpos femeninos. Es posible cuestionar esos roles pero no desprenderse del todo porque socialmente son leídos como hombres.

“Mientras sigamos viviendo y siendo tratados como hombres, será muy difícil el enunciado ‘hombres feministas’. Además, no nos corresponde a nosotros llamarnos de esa manera”.

He visto que algunos hombres tienen ansias por ser nombrados y reconocidos como feministas e incluidos en estos espacios, más que llevar el feminismo a su cotidianidad. Lo más importante es valerse de sus postulados para transformar otros escenarios. Nuestra ansia debe ser por cambiar sistemas establecidos.

2. La periodista Catalina Ruiz-Navarro expresó en una columna que cualquier persona, incluidos los hombres, pueden ser feministas siempre y cuando estén dispuestos a desmantelar las discriminaciones y desigualdades en todos los aspectos de su vida. ¿Qué opina de esta posición?

Coincido más con la columna que, posterior a la de Catalina Ruiz-Navarro, escribió su colega Estefanía Vela. Es muy difícil que nos desprendamos totalmente de los privilegios y significados masculinos porque no depende por completo de nosotros. Influye la manera como nos lee la sociedad.

Estamos inmersos en un sistema que nos trata de una determinada forma por tener un cuerpo masculino. Por más consciente que esté a no ser visto de esa manera, no puedo, porque no depende solamente de mí. Es el entorno quien me trata así.

No me siento en riesgo caminando solo en el espacio público y de eso no podré desprenderme mientras este sistema siga leyendo los cuerpos masculinos como los “no violentables” y los femeninos como los “ultrajables” y “acosables”.

Una de las características del sistema patriarcal es su capacidad para centrarse cada vez, entonces esta idea de nombrarnos “hombres feministas” nos vuelve a centrar en un movimiento que han desarrollado y liderado las mujeres desde su experiencia de vida. Los hombres no podemos tener esto, pero sí podemos ser menos hombres y más humanos independiente de la etiqueta “hombres feministas”.

3. ¿Qué opina de la idea de que no les corresponde a los hombres discutir hacia dónde deben ir los feminismos, sino que el principal deber de un hombre feminista es autoevaluarse para evitar comportamientos discriminadores?

Es poco, por no decir nada, lo que los hombres pueden enseñarle al feminismo. Es al revés. Es más lo que podemos aprender. Me parece inaceptable que los hombres traten de influir o de determinar hacia donde deben ir los feminismos. Asimismo, tampoco me siento cómodo señalando lo que “deberían” hacer los hombres. Nos corresponde explorar más qué “podríamos” hacer para contribuir a las causas feministas.

4. Algunas personas coinciden en que no les compete a los hombres decir si pueden o no formar parte de la lucha por la igualdad de género sino que este es un asunto exclusivamente femenino. ¿Qué opina al respecto?

No estoy de acuerdo. Somos actores políticos y sociales que contribuimos a reproducir o a cuestionar las normas. En ese sentido, me parece que sí podemos tomar la iniciativa de involucrarnos en temas de igualdad de género.

De otra manera, me parecería una participación muy pasiva y de ubicarnos en una actitud cómoda de esperar a que las mujeres nos inviten a participar. Es importante que nos asumamos como actores activos en este proceso.

5. ¿De qué manera cree que los hombres pueden aportar, de la mano de los feminismos, a darle un nuevo significado a ser hombre y a trabajar en temas como las nuevas masculinidades?

No hay recetas. Cada sujeto construye sus propios procesos, pero en principio, una manera de contribuir es no obstaculizando las demandas feministas y reconociendo cómo de manera consciente o inconsciente somos barreras para sus avances.

Otra manera de aportar es escuchando las preocupaciones, críticas y posibilidades de articulación feministas. Preguntarnos qué tanto nos preocupamos por traer el feminismo a nuestra vida y a nuestros espacios cotidianos.

Por otra parte, no creo en la promoción de “nuevas masculinidades”. El discurso y las acciones de estas propuestas se han quedado en dar recetas de lo que los hombres podrían hacer, pero de poco sirve quedarnos en el nivel de nuevos comportamientos de masculinidad si no se cuestionan las prácticas de fondo, los asuntos de raíz.

El discurso de las nuevas masculinidades es un espacio que algunos hombres han utilizado para cuestionar el feminismo y hablar de “victimización”. Es un brazo sofisticado del machismo. ¿Por qué no más bien huir de la masculinidad?

Quizás estos espacios de las nuevas masculinidades reproducen el privilegio masculino. Para la muestra, la relevancia mediática y social que se le da a pequeños gestos emprendidos por hombres en comparación con los que han hecho las mujeres.

Incluso, una acción o declaración dicha por un hombre toma una importante relevancia posicionando estas “nuevas masculinidades” en un espacio de privilegio. ¿Por qué en vez de transformar la masculinidad, no construir algo nuevo?

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